Reggio’s Weblog

Regulación e intervención para la crisis, de Francisco Bustelo en El País

Posted in Economía, Política by reggio on 6 febrero, 2009

Si no tiene sustituto, ¿qué cabe hacer con el capitalismo cuando, tal como sucede en estos últimos tiempos, se descalabra? ¿Cómo se escamonda, es decir, cómo se purga, limpia y recompone? Las recetas varían con las ideas políticas. La derecha ha sido siempre procapitalista y partidaria de la autorregulación del mercado, aunque ahora, ante la cuantía de los estragos, reconoce a regañadientes que algo hay que hacer, siempre, vade retro, que no sea socializar, con la excepción en todo caso de las pérdidas empresariales.

La izquierda, como hasta hace relativamente poco fue anticapitalista, tendría más razones para criticar al sistema e intentar corregirlo. Sin embargo, no es eso lo que ha hecho. Hace ya tiempo que la izquierda de aquende y allende las fronteras, cuando gobierna, no introduce cambios de fondo en la economía capitalista, a la que encuentra más bien encomiable. Es cierto que mientras marche bien, por injusta que sea, esa economía permite atender a necesidades sociales como salud, educación, pensiones, desempleo y demás, lo que resulta satisfactorio para todo gobernante progresista y explica sin duda la aceptación gozosa de lo que en su día se consideró el arquetipo de la explotación del hombre por el hombre.

Sin embargo, una de las reflexiones que suscita la crisis es que las apariencias engañan, por lo que ahora, aunque no cabe resucitar la idea de que hay que enterrar al capitalismo, sí hay que plantearse si no habrá que modificar en él aspectos sustanciales para mantener el progreso económico y social. ¿Pero qué aspectos serían ésos? En un debate parlamentario, el presidente del Gobierno dijo que la producción de bienes y servicios ha de dejarse a la iniciativa privada. Tiene razón, pues está demostrado que si se nacionaliza, esa producción va de mal en peor. El porqué es un misterio, pero parece algo irrefutable. Quizá sea un designio divino para desarmar a la izquierda; al fin y al cabo, tal y como siempre ha creído la gente de derechas, Dios, probablemente, es de ideas conservadoras.

Con ello y con todo, entre una imposible nacionalización de los medios de producción y la liberalización a ultranza de toda la actividad económica hay muchos matices intermedios. Por ejemplo, cabe una mayor regulación. Si toda empresa ha de cumplir obviamente las leyes civiles, penales, mercantiles, laborales, fiscales y hasta ecológicas, ¿no tendría que observar también las leyes económicas? ¿Acaso las cumplían las constructoras que durante la burbuja inmobiliaria actuaron desaforadamente y ahora están asfixiadas, con los consiguientes perjuicios para muchos ciudadanos? ¿No debería haber intervenido el Gobierno para que entraran en razón antes de que fuera demasiado tarde?

Ese mayor intervencionismoregulador, que parecía impensable antes de la crisis, ahora se antoja un corolario lógico de lo que sucede. Un ejemplo es el de los servicios financieros. Tal como se ha visto en Estados Unidos, esos servicios se hipertrofian y descontrolan con facilidad. En ellos se originó la crisis y en ellos es donde ha habido más contagio sistémico, que es como se llama ahora a lo que se extiende por todo el mundo. Como tales servicios son esenciales habrá que extremar la vigilancia sobre las entidades financieras para que no se desmadren, pero también para que no cierren el grifo, como parece que está ocurriendo ahora.

La cuestión, reconozcámoslo, no es sencilla. La raíz del mal puede estar en uno de los defectos principales del capitalismo, esto es, su propensión a la codicia. Fue el afán de ganar más y más lo que impulsó el irrefrenable empacho crediticio que cuarteó al sistema financiero norteamericano. Por ello, tal vez hubiera que empezar por difundir la idea de que incluso dentro del capitalismo cabe una ética que no sea la del becerro de oro. Vaya ingenuidad, dirán algunos, pero ya explicó Max Weber hace cosa de un siglo que podía haber una ética capitalista, la del empresario calvinista, de eficacia y austeridad tanto en lo societario como en lo personal.

Quién sabe si la crisis actual no supondrá un punto de inflexión en el sistema de valores vigente. ¿No cabría combatir en la asignatura de Educación para la Ciudadanía la idea tan extendida de que los triunfadores son quienes apalean millones? Puesto que la codicia es un pecado capital, ¿no podrían los señores obispos, tan proclives a aleccionarnos, oponerse más al materialismo de la sociedad y organizar, como hacen con otros motivos, magnas concentraciones condenatorias? Por lo que se refiere a la política, hasta que empezó a gobernar a principios de los años ochenta, el PSOE era algo extremoso y propugnaba la “propiedad colectiva, social o común”, aspiración que figuraba en el carné de los militantes todavía hace poco. Ese radicalismo de antaño se trocó en la complacencia de hogaño y así, poco antes de la crisis, el presidente socialista se fijaba como objetivo principal ser cada vez más ricos, sin referencia alguna a las deficiencias últimamente tan aparentes y sin hablar para nada de la necesidad de una ética distinta.

Ser un país rico no es nada malo, claro está, pues permite que mucha gente tenga un buen pasar. Sí habría que procurar, sin embargo, que gracias a esa mayor riqueza los pobres fuesen pocos, hasta que llegue el feliz y lejano día en que no haya ninguno. Muy ricos tampoco debería haber, por mor de la equidad, pero evitar tal cosa no se antoja posible en el capitalismo. Al contrario, incluso la izquierda, cuando gobierna, suprime el impuesto sobre el patrimonio o las sucesiones y reduce el tipo fiscal que se aplica a las rentas mayores, con el argumento de que esos tributos inciden también sobre la clase media. Lo cual, siendo verdad, no debería impedir gravar más a los muy ricos, que, según parece, en España, por fas o por nefas, pagan poco. La crisis que padecemos suscita así muchas reflexiones. Es posible que conduzca a cambios grandes en la economía. Y en política, ¿habrá cambios también? La derecha no se da por aludida cuando principios que siempre ha defendido se ven ahora en entredicho, al no haber funcionado bien el liberalismo económico. Tiene la ventaja, en cambio, esa derecha de que cuando las cosas van mal, el ciudadano, descontento, tiende a hacer recaer, con razón o sin ella, buena parte de la culpa sobre el Gobierno. Pero ello no debería conducir al Partido Popular a jugar al catastrofismo, como ya hizo en la legislatura anterior con malos resultados. Decir que lo que hace la izquierda cuando gobierna, en razón de sus equivocadas ideas, es una catástrofe, ya se trate de lucha antiterrorista o de política económica, tiene el inconveniente de que si no se materializan los desastres anunciados, a la hora de votar hay una mayoría que no vota a los catastrofistas.

En cuanto al PSOE, tendría que ser menos triunfalista. La crisis podría ayudar a que unos y otros mejoraran su forma de hacer política. Aunque sea más el ruido que las nueces y afortunadamente no estemos como en los años treinta, ¿no cabría aprovechar que los serios problemas actuales no tienen solución certera, y mucho menos partidista, para que se arrumbara el juego político infantil de tonto tú, listo yo?

Francisco Bustelo es catedrático jubilado de Historia Económica y rector honorario de la Complutense.

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La segunda derrota de Israel, de Ignacio Sotelo en El País

Posted in Derechos, Internacional, Justicia, Libertades, Política by reggio on 6 febrero, 2009

El general prusiano Carl von Clausewitz define la guerra como “un acto de violencia para obligar al contrincante a cumplir nuestra voluntad”. Una guerra se gana si con la utilización de la fuerza se logra imponer al adversario lo que se pretende. En la última intervención militar en Líbano el objetivo era destruir la capacidad militar de Hezbolá, debilitándolo de tal forma que resultase inofensivo. Israel no lo consiguió en el plazo que Estados Unidos le concedió para actuar por su cuenta, de modo que tuvo que retirarse con la sensación amarga de la derrota.

El que quedó tocado de muerte no fue Hezbolá, sino el Gobierno de Olmert. Pero, en vez de aprender de esta experiencia, vísperas de unas elecciones en las que su partido, Kadima, parecía condenado a perderlas, y aprovechando el vacío de poder de las últimas semanas de un presidente que había cometido los mismos errores en Irak y Afganistán, también con consecuencias catastróficas para el mundo occidental, decide un ataque violentísimo sobre la superpoblada franja de Gaza para acabar con Hamás, asumiendo la responsabilidad de centenares de víctimas civiles, incluidos mujeres y niños, para ejecutar a dos o tres líderes y unas pocas decenas de combatientes de Hamás.

El tiempo del ataque inmisericorde expira con la llegada al poder del presidente Obama, y otra vez Israel tiene que retirarse sin haber destruido al enemigo. Al contrario, sale fortalecido por el odio que ha vuelto a expandir entre la población palestina y árabe en general, con el prestigio de Israel bajo mínimos. Pierden también los Gobiernos de Egipto, Jordania y Al Fatah, que confiaron en que el ataque israelí les libraría del adversario que más temen, un movimiento de resistencia islamista. Pero lo verdaderamente trágico es que esta violentísima operación -peor que un crimen, un gravísimo error- contase con el apoyo entusiasta del 85% de la población judía israelí.

Israel había convertido la franja de Gaza en un campo de concentración, con el fin de que la población se distanciara de un Gobierno elegido democráticamente, pero decidido a resistir a todo trance. Más que una amenaza militar, los cohetes que han lanzado, y pueden seguir arrojando si ambas partes no respetan la tregua, son un grito de insumisión que manifiesta que no van a aceptar las servidumbres que les quieran imponer. Se comprende que los cohetes de Hamás levanten tanta indignación en Israel, al dejar constancia de que por grande que sea su superioridad militar y por mucho que los castiguen brutalmente, los prisioneros de Gaza no están dispuestos a rendirse.

Empero, lo verdaderamente descorazonador es que no se divise una salida. La comunidad internacional, incluido Estados Unidos, parece estar convencida de que la única solución al conflicto pasa por reconocer un Estado palestino que, después de haber negociado de nuevo las fronteras, se comprometa a vivir en paz con su vecino. Aunque Israel no puede negarse a esta negociación, hará todo lo posible con exigencias que la otra parte no podrá aceptar, o apelando a su seguridad para rechazar las palestinas, para impedir que se llegue a un acuerdo.

Israel se encuentra en la dificilísima coyuntura de no poder pactar una solución tan frágil como un Estado dependiente, una especie de protectorado, porque los palestinos no lo soportarían por mucho tiempo y volverían a rebelarse. Pero tampoco que se estableciese un Estado palestino, realmente independiente, porque, tanto si con la ayuda internacional lograra consolidarse, como si resultase un Estado fallido, tan impredecible como amenazador, en ambos casos no se descarta que el odio acumulado no se dirigiese contra Israel, si son fuertes, para vengarse, y si son débiles, para acusarlos de su impotencia.

Pero el obstáculo mayor a una reconciliación árabe-judía, supuesto imprescindible de una paz duradera, es el distinto crecimiento demográfico. Incluso la población palestina con nacionalidad israelí aumenta más deprisa que la judía, a la vez que se muestra cada día menos dispuesta a tolerar el apartheid. Un Estado palestino la reforzaría mucho y complicaría la situación interna.

La solución ideal, una confederación palestina-israelí, resulta imposible, tanto porque el sionismo, al pretender un Estado judío, no puede integrar la pluralidad existente -como por las implicaciones políticas de considerar Israel la tierra prometida-. En Israel ha quedado de manifiesto que la democracia únicamente puede funcionar en una sociedad secularizada. La intromisión política de la religión -y Palestina es el hogar de las tres religiones del libro- cercena, cuando no imposibilita el libre despliegue democrático.

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Defensa y el comercio de ‘armas pacíficas’, de Henry Kamen en El Mundo

Posted in Derechos, Justicia, Política by reggio on 6 febrero, 2009

TRIBUNA: POLITICA INTERNACIONAL

Al autor le parece disparatado que la Audiencia Nacional juzgue al Estado israelí por crímenes de guerra. Crítica la demagogia del Gobierno, que se jacta de ‘pacifismo’ mientras aumenta la exportación de armamento

Parece que algunos jueces españoles han decidido perseguir al Estado de Israel por crímenes de guerra. Desde hace años, uno o dos magistrados se han hecho famosos por prestar más atención a los crímenes de otras naciones, como Argentina y Chile, que a los de España. ¿Buscan fama, dinero o ambas cosas? Uno se queda perplejo ante las posibles implicaciones legales que tendría el que los jueces de todo el mundo empezaran a perseguir a personas de otras naciones por crímenes reales o presuntos.

Pero la arrogancia moral no se limita sólo a los jueces. La ministra de Defensa española, Carme Chacón, declaraba recientemente en un periódico francés: «Soy una mujer pacifista y el Ejército también es pacifista». A diferencia, por supuesto, del Ejército israelí, del estadounidense o del francés, por citar tres ejemplos.Claro, estos ejércitos sí son capaces de cometer crímenes de guerra. Es por ello que algunos jueces en España se hallan tan ocupados persiguiendo crímenes en otras naciones.

¿Estarían también interesados en perseguir naciones que facilitan la venta de armas a Israel? Después de todo, estas armas posibilitan que éste cometa supuestos crímenes de guerra. ¿Y qué ocurre si el proveedor de armas resulta ser de su propio país: España? Hace sólo unos días, en el programa de TVE Tengo una pregunta para usted, un miembro del público le preguntó al presidente del Gobierno por las armas que España está vendiendo a Israel.Zapatero replicó, con semblante irritado, que «no se ha matado a ningún palestino con armas españolas». Es una respuesta que invita a una intensa reflexión.

¿Significa esto que si los israelíes compradores de las armas sabían que eran españolas, nunca las usarían para hacer daño a nadie? ¿O significa que las armas eran de tan pobre calidad que los israelíes preferirían no utilizarlas para luchar contra Hamas? ¿O significa que, ante lo inesperado de la pregunta, Zapatero no supo contestar con tino? La última respuesta parece la más razonable. Desconcertado por la pregunta, el presidente no sólo olvidó decir que los fusiles, pistolas, ametralladoras y silenciadores estaban entre las armas pacíficas vendidas a Israel, sino que también cifró equivocadamente el volumen de armas que se comercian con este país, que resulta ser cuatro veces lo que dijo en televisión.

El supuesto pacifismo de la ministra de Defensa, y la declaración del presidente del Gobierno de que las armas españolas son estrictamente pacíficas y no pueden causar daño, le animan a uno a observar con atención la cuestión de la venta de armas por España. Pocas veces nos damos cuenta de que éste es uno de los mayores proveedores de armas del mundo. Según el prestigioso Instituto de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), España es el octavo suministrador mundial de armas convencionales, tras EE UU, Rusia, Alemania, Francia, Holanda, Reino Unido e Italia. El Gobierno permite estas exportaciones, negando (en 2007) sólo el 2% de licencias para exportar este tipo de material. La ministra, por supuesto, puede alegar que las ventas se realizan en pro de la paz. Tendría derecho a defender el aumento del comercio.

Según un informe que el Gobierno presentó en el Congreso en septiembre de 2008, la venta de armas creció por encima del 130% durante la primera legislatura de Zapatero, pasando de un valor de 400 millones de euros en 2004 a 933 millones de euros en 2007. Como otros países proveedores de armamento, los vendedores españoles buscan beneficios y no piensan en la inevitable pérdida de vidas.No se trata sólo de una cuestión de si las armas españolas matan palestinos, o incluso israelíes, sino de que se han vendido sin distinción a países que por supuesto las usan para matar.

En el pasado, Amnistía Internacional denunció al Gobierno español por vender armas a Sudán -pese a la prohibición de la Unión Europa de suministrar armamento a este país-. Según AI, alrededor del 40% de la exportación española se dirige a países implicados en conflictos regionales o que no respetan los derechos humanos, como China, Cuba e Irán. Se puede añadir que España ha vendido armas a algunos de los países más pobres del mundo, como Angola, o a países que destinan más recursos al gasto militar que al desarrollo humano, como Ecuador, Pakistán y Turquía.

Hace algún tiempo, EEUU criticó con fuerza el apoyo de Zapatero al régimen venezolano y la venta a Chávez de 12 aviones y ocho fragatas militares por valor de 1.700 millones de euros. Zapatero hizo una de sus frecuentes declaraciones surrealistas, aduciendo que la venta era una «operación comercial con armas pacíficas».Es de suponer que aviones de guerra y buques de guerra son materiales típicamente pacíficos y jamás se usarían para matar a personas.

La facilidad con que se mueven las armas en el mercado español, con el apoyo activo del Gobierno pacifista, ha permitido que personas como Monzer al-Kasar puedan actuar libremente. Al-Kasar, un sirio que ha residido durante largos periodos en España, fue arrestado aquí en 2007 y extraditado a Nueva York para ser procesado.Dedicó su carrera a exportar armas que pagaba con drogas. Por suerte, la Administración estadounidense se interesó en sus actividades.A la red de crimen y corrupción en España, hay que añadirle una creciente dedicación al comercio de armas. El pasado verano, un importante periódico pro socialista admitía que «las exportaciones españolas de material de Defensa no han cesado de crecer desde 2001, hasta multiplicarse por cuatro en sólo seis años y acercarse a la barrera psicológica de los mil millones de euros».

Cuando los políticos empiezan a distorsionar el lenguaje, al estilo de la novela 1984 de Orwell, diciendo que su Ejército nacional es pacifista y no intenta dañar a nadie, o que sus armas son pacíficas y no pueden matar a personas, conviene tener muchísimo cuidado. Alguien está tratando de engañar al público. El engaño deliberado empeora cuando el Gobierno se esfuerza en aprobar una ley con el argumento de que el comercio de armas es perfectamente inofensivo, porque se realiza de una manera que no perjudica a nadie. El Congreso de los Diputados aprobó a finales de 2007 la Ley de Comercio de Armas, por la que se prohíbe la comercialización de material de defensa o de doble uso cuando existen indicios de que «puedan ser empleados en acciones que perturben la paz, la estabilidad o la seguridad, puedan exacerbar tensiones, o puedan ser utilizados de manera contraria al respeto debido y la dignidad inherente al ser humano». Gracias a esta preciosa ley, el comercio de armas ya no es una amenaza para nadie. Todos podemos participar en él sin preocupación alguna. La realidad, por supuesto, es que la ley no tiene fuerza legal en los países receptores de las armas españolas. El Gobierno sigue dando licencia para exportar armas, sabiendo que se usarán en conflictos y en la represión de los derechos humanos.

Una rendija de luz se cuela en esta oscuridad. La opinión pública, en forma de las continuas protestas de las ONG en España en contra de la política armamentística de Zapatero, ha conseguido por fin algo. Después de años repitiendo que él está en contra de las bombas de racimo, mientras al mismo tiempo condonaba su producción en España y su exportación, el presidente se ha rendido a la presión moral. Las bombas de racimo, admite, no son pacíficas.Es oportuno felicitar a la pacifista ministra de Defensa sobre el discurso quizá mas positivo que ha hecho desde que tomó el cargo, el que pronunció en diciembre de 2008 anunciando que a partir de junio de 2009 España dejaría de fabricar bombas de racimo y comprometiéndose a que la destrucción de las alrededor de 6.000 bombas de racimo y granadas existentes en los arsenales militares se complete antes de junio de este año.

Es el mayor avance que el actual Gobierno ha tomado en esta materia, después de años de vacilar. Sin embargo, como siempre, hay maneras de darle la vuelta al proceso. La semana pasada una agencia de noticias española pudo imprimir este titular: «Una empresa española oferta bombas racimo por internet». Pero ¿quién sabe?, tal vez haya bombas pacíficas.

Henry Kamen es historiador. Su último libro es Imagining Spain: Historical Myth & National Identity (Yale University Press, 2008).

© Mundinteractivos, S.A.

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Gato encerrado, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Política, Religión by reggio on 6 febrero, 2009

EL REVES DE LA TRAMA

Yo no creo que Zapatero pensara que con un trato tan cordial iba a doblar la voluntad del número dos de la Santa Sede, Tarcisio Bertone, en asuntos fundamentales para el eclesiástico. Ni que confiara en que las artes de De la Vega y los oficios profesionales de Moratinos le ayudarían a apaciguar los recelos vaticanos hacia su política sobre educación, religión y familia. El gato encerrado en el pulcro protocolo no era ése -que conduciría al fracaso más absoluto, como demostraron las manifestaciones del cardenal horas después-, sino otro. Un gato más sutil y con otros destinatarios: los electores.

Zapatero, que no da puntada sin hilo en materia de propaganda, no iba a apaciguar al secretario vaticano de Estado -que, por supuesto, sabe de qué va su política-, sino al electorado, que es lo que más le interesa, acaso lo único que le interesa. Su objetivo es el voto católico que le ha apoyado y que ahora puede estar en periodo de reflexión tras la tensión provocada por, entre otras cosas, la imposición de Educación para la Ciudadanía y la ampliación de la Ley del Aborto. Zapatero ha demostrado una vocación desmedida y una habilidad especial en la propaganda, hasta convertirla en su arma favorita de gobierno. No hay más que ver cómo mantiene encandilada a una parte de la opinión pública con decisiones políticas que no tienen nada dentro. Embalado por ese camino agitador, lo que escenificó con la visita de Bertone fue el intento de sacar provecho poniendo, como reza el dicho popular de manera muy precisa, una vela a Dios y otra al diablo.

Prueba de que el enviado del Papa no se dejó convencer fueron sus palabras de ayer en una conferencia y en una rueda de prensa, en las que condenó aborto y eutanasia (pues la dignidad del ser humano implica el respeto a la vida «desde su concepción hasta su ocaso natural»); rechazó la Ley del Aborto (lo necesario es «restringir, y no ampliar, la posibilidad de abortar»); objetó, nunca mejor dicho, contra EpC (al recordar que se debe respetar el derecho de los padres «a elegir la educación para sus hijos acorde con sus ideas y, en especial, según sus convicciones religiosas»); defendió la libertad religiosa plena (que «traspasa el horizonte que trata de limitarla a una parcela íntima»), y entró a reprochar el matrimonio gay (al defender la vida familiar, que está fundada sobre «el matrimonio de un hombre y una mujer»).

¿Se dejó convencer, entonces, el presidente del Gobierno? Me temo que tampoco. Bertone dijo ayer que Zapatero le aseguró que la reforma de la Ley de Libertad Religiosa, que también prepara, tendrá en cuenta el arraigo de la Iglesia Católica en España y que no se va a una equiparación de todas las confesiones. Pero eso no es decir nada, pues es a lo que obliga la Constitución (art. 16). También le dijo De la Vega que «el Gobierno no es proabortista», cuando está preparando una ley que permitirá abortar libremente hasta las 14 semanas, si no más. Lo más probable es que Zapatero siga a lo suyo mientras sonríe a Bertone, al Papa y hasta a su denostado Rouco (una vez que compruebe que tiene todo el apoyo de Roma) para que el electorado católico no le haga la puñeta. El asunto no es fácil, pero empresas más difíciles han culminado con su manejo de la propaganda, en lo que es, no hay duda, un maestro.

© Mundinteractivos, S.A.

El paro, la peor consecuencia, de Carlos Sentís en La Vanguardia

Posted in Economía, Laboral by reggio on 6 febrero, 2009

VIEJO ESPECTADOR

Se ha dicho que los economistas definen bien los hechos pasados, pero navegan casi sin brújula cuando se trata de predecir acontecimientos futuros. Ahora mismo, en la tan reciente conferencia o reunión anual de Davos, 1.600 congresistas, entre ellos profesores, políticos, banqueros, empresarios, etcétera, han dado opiniones que al ser muchas de ellas casi contradictorias, añaden confusión. En cambio, sí se ha podido constatar lo que ya algunos comentaristas habían señalado como origen de esta crisis epidémica que, como un tifus, ha contagiado país tras país, merced a la globalización.

Estados Unidos, durante muchos años, ha gastado más de lo que ha ingresado. Esta situación ha servido de caldo de cultivo para el gran desarreglo financiero. El déficit lo paliaba con los dólares que depositaban en los mismos Estados Unidos aquellos países que habían vendido sus productos a ese país. En el mercado de Nueva York para jugar en Wall Street quedaba una masa dineraria que aprovechaban circuitos bancarios estadounidenses, pero que en realidad en gran parte pertenecía a extranjeros, como por ejemplo a Japón y China. No era, pues, dinero norteamericano y, por consiguiente, sus propietarios podían retirarlo llegado el caso. Eso es lo que más o menos ha ocurrido. Bancos de inversión famosísimos han tenido que ser salvados de la quiebra por el Estado. Y también bancos comerciales que se añadieron a los inversores, como el New York City Bank. Además de los bancos comerciales se sumaron a la especulación de Wall Street firmas como la del estafador que montó una empresa piramidal. Es decir, la típica estafa de dar un alto interés no proporcionado por ninguna ganancia, sino extraído del dinero fresco de los nuevos entrantes.

A pesar de la experiencia del crac de 1929, se ha repetido una peor situación 80 años después. La memoria financiera es corta. La desregulación ha sido tan manifiesta que una ley del año 1933 (tiempos de Roosevelt) llamada Glass-Steagall Act fue abolida en 1999 por quien se jubiló casi de inmediato y fue nombrado consejero de un importante banco suizo.

Ahora que el Gobierno de Washington ha gastado muchísimos millones de dólares para evitar quiebras bancarias que hubieran profundizado aún más la crisis, se ha propuesto aplicar regulaciones que para algunos de los bancos en juego se acercan a una nacionalización. También los gobiernos de otros países europeos, como Francia o Bélgica, han acudido con muchos millones a sostener importantes bancos para evitar su caída.

Como es sabido, parecida situación no se ha vivido en nuestro país porque aquí sí existía y existe una regulación que da al Banco de España potestad auditora sobre los bancos y cajas de ahorros. Ya que no el sector bancario, ha sido el ramo de la construcción el punto vulnerable. La desconstrucción acaba de dejar en la calle un número de parados superior a cualquier otro registrado en Europa. Paro por un lado y casi un millón de pisos sin ocupar e incluso sin terminar. Hay que atender a los parados y a los pequeños empresarios que integran el tejido básico del problema.

Los representantes de la banca española en una primera conferencia con el presidente Zapatero y su vicepresidente merecieron beneplácito. Después, en otras reuniones, el Gobierno ha ejercido presiones para que se abra más el compás de los créditos. Pero eso puede ser contradictorio con la acción hasta ahora llevada a término por una banca sin la cual la crisis podría ser total. Créditos posibles, pero sin forzar y caer en unos inconvenientes de impagos que hasta ahora no se habían producido. Por otra parte las ganancias, que han sido criticadas, garantizan la existencia de los bancos, ya que si dieran cifras negativas, equivaldría a su hundimiento. Otra cosa pueden ser los sueldos que se atribuyen algunos directivos, que, esos sí, podrían ser susceptibles de rebajas.

Contra la crisis no cabe ponerse nerviosos, ni salir a la calle con protestas. La salvación no es dar pie a deslocalizaciones de industrias, sino a reanudar el ritmo que hasta ahora nos ha permitido vivir en el llamado Estado de bienestar, que existe en Europa pero no en Estados Unidos. Y menos en China, donde los trabajadores ganan poco y trabajan mucho. Al caer la compra de productos chinos, especialmente en Estados Unidos, se ha producido un parón en la gran emergente. En pocas semanas se han podido sumar 20 millones de parados en China. Muchos obreros que habían ido a las ciudades a trabajar han tenido que volver a los campos, donde no tienen nada. Confirmado que la crisis es global: no se salva nadie.

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De Versalles a Davos, de Juan Tugores Ques en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 6 febrero, 2009

Tribuna

La reciente reunión de las élites económicas y políticas en Davos evoca las que tenían lugar en el lujoso marco del Versalles borbónico del siglo XVIII. Considerándose los elegidos, siguen exhibiendo sus planteamientos como los de la máxima lucidez, sin que parezca hacerles mella la situación crítica a que nos han conducido las recetas de las que eran principales oráculos -y beneficiarios- hasta hace pocos días. Incorporan, eso sí, los ingredientes de riesgos y dificultades que permitan seguir esgrimiendo la vieja receta de “nosotros o el caos”. Rechazan -en Davos como antes en Versalles- cualquier responsabilidad de fondo al respecto, con una frialdad sólo equiparable a la que exhiben para tratar de argumentar ahora como las intervenciones públicas con dinero de los contribuyentes deben rescatar al “sistema”, lo que pasa por utilizar a la versión contemporánea del “pueblo llano” (depositantes en entidades financieras amenazadas, reales o potenciales desempleados, etcétera) como rehenes para capturar una porción sustancial de los recursos públicos que ahora se reivindican.

Pero los protagonistas de los foros alternativos errarían si se considerasen los integrantes del nuevo “tercer estado” en trance de convertirse en la nueva “Asamblea nacional” -ahora de la nación global- que las nuevas realidades exigen. Bien al contrario, harían bien en reflexionar acerca de cómo han sido muy principalmente los grandes errores (seamos políticamente correctos) de los más fervorosos partidarios del sistema de mercados desregulados en entornos de rebajada calidad institucional, y no la solidez de las alternativas, los que han acabado decantando la oleada de reacciones sociopolíticas e ideológicas que han convertido en normal volver a hablar elogiosamente del imprescindible papel del sector público. Es tiempo de dudas y recelos: se discute el papel de la globalización, de las tentaciones proteccionistas, de las desigualdades de la etapa de bonanza y su apuntada amplificación en la crisis… Desconcierto es también un concepto de actualidad.

Las élites de Versalles creían que fuera de su mundo no había alternativa, ni a la capacidad para entender y gobernar el mundo ni a la creación de riqueza. Las de Davos, pese a las ahora nítidas evidencias de la fatuidad de los fundamentos de su presunta excelencia y glamur, continúan pensando lo mismo. ¿Estarán tan equivocados estos segundos como estuvieron los primeros?

¿Podrá el tejido empresarial, de profesionales y trabajadores honestos, con su enorme potencial de generación de riqueza, creatividad y cohesión, asumir, como a finales del siglo XVIII, el papel de evidenciar lo desnudos que están los emperadores -de Versalles y de Davos- y que son el fundamento de alternativas sólidas?

Juan Tugores Ques. Catedrático de Economía de la UB.

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Televisiones de pago y pago de televisiones, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía, Medios by reggio on 6 febrero, 2009

Pensábamos que las televisiones de pago eran canales privados a los que era preciso suscribirse instalando aquellos descodificadores que el inolvidado ministro de Fomento, Paco Cascos -premiado con el chirimoyo de oro en Granada cuando el chapapote ennegrecía las playas de Galicia-, quería reinventar simultáneamente a la declaración en el BOE del fútbol como asunto de interés nacional.

Pero el pago por visión, el pay per view para entendernos en castellano, se ha venido abajo con la caída de la Liga de los galácticos y la entrada en liza de La Sexta y su oferta deportiva en periodo de gratis total irresistible para el espectador doméstico, a quien una vez captado se intentará después reconducir hacia el canal de pago de TDT que se espera merecer de Moncloa.

Mientras tanto están pendientes de evaluarse los efectos sobre los establecimientos de hostelería, porque si bien la gratuidad elimina un incentivo para esos clientes deseosos de ahorrarse la compra del partido con cargo a la economía doméstica, hay otro sector afiliado al principio de que como fuera de casa en ninguna parte, para el cual es además irrenunciable el ejercicio de compartir emociones en el bar de la peña donde se concentra la hinchada.

Repetimos, pensábamos que las televisiones de pago eran los canales privados pero acabamos de descubrir que nuestro pensamiento era erróneo y que las verdaderas televisiones de pago son los canales públicos. Con la interesante diferencia de que el pago de las televisiones públicas resulta obligatorio, se carga a la cuenta de los Presupuestos Generales del Estado, de la comunidad autónoma o del municipio de que se trate, según su alcance. Es decir, que carece de la voluntariedad característica del abono libre cuyo importe sólo grava sobre quien desea suscribirse.

Ahora observamos que son los canales públicos los que hemos de pagar de nuestro bolsillo, incluso sin querer. Semejante situación es denunciada por los empresarios de las televisiones privadas, que salen al proscenio para lanzar declaraciones incandescentes, reclamando la desaparición de quienes bajo esa condición de públicos les arruinan al competir de manera ventajista acogidos a la doble financiación de las subvenciones y de la publicidad comercial.

En todo caso, que nadie espere en las líneas que siguen encontrar una apología de los canales privados, cuya ejecutoria considero más que discutible, entregados en ocasiones al ejercicio circense del más abyecto todavía, bajo el principio de todo por la audiencia, de la que se hace la interpretación más degradada. La misma que tenía aquella novelista, buena amiga mía, para quien los hombres eran como las gallinas porque aunque les echaran trigo preferían irse a la mierda. Una tendencia en la que luego se hace hincapié para otorgar los únicos certificados de calidad cuando los expertos interesados dictaminan que no hay buena o mala televisión, que sólo hay dos clases de televisión: la que tiene espectadores y la que no los tiene. O como señalaba nuestro Cuco Cerecedo: millones de moscas no pueden equivocarse cuando señalan la superioridad de la basura.

Pero que nadie suponga tampoco que aquí va a encontrarse con un ataque furibundo a los canales privados. Primero, porque han demostrado otras virtudes, como la de haber dado cierta cancha al pluralismo.

Segundo, yendo a un plano personal, porque les tengo el agradecimiento de que hayan acogido muchas veces mis colaboraciones y las tendencias suicidas en el ámbito laboral deben ser mantenidas a raya, con mayor motivo cuando se presentan situaciones de crisis agudas como sucede en el momento presente.

Tercero, porque empieza a faltar espacio disponible. Así que las líneas finales buscarán ese ten con ten entre el Evangelio y el Remy Martin, que se decía cuando los tecnócratas encabezados por Laureano López Rodó marcaban estilo y nos llevaban ‘por el desarrollismo hacia Dios’ mientras atenuaban los efectos de aquella ‘revolución pendiente’ de los falangistas auténticos,

El próximo viernes atenderemos otras cuestiones pendientes y pediremos las explicaciones que nos son debidas por los 100 millones de pérdidas al cierre del ejercicio de 2008 que calcula la corporación de RTVE, sin que contra lo previsto en la ley de la radio y televisión de titularidad estatal de 5 de junio de 2006 y en el mandato marco para esa misma corporación de 4 de diciembre de 2007 este incumplimiento acarrea las consecuencias legales anunciadas. Continuará.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista

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El Euro, ¿sólo unión de conveniencia?, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 6 febrero, 2009

Esos Estados Unidos de Europa que tanto se desean no son, probablemente, una quimera. Diga usted que sí, Don Ramón. La unión hace la fuerza, incluso en la desgracia. Por eso me cuesta concebir a España abandonando la escena del euro. Fuera de libreto y de imposible improvisación, en la práctica supondría un suicidio económico disfrazado de crimen monetario. Motivos, medios y oportunidad para una víctima propiciatoria de nuestro propio fracaso, culpables de deserción por negligencia en el cumplimiento del deber. Cadena perpetua. Crime does not pay.

Estrategia equivalente a apostar por la balcanización en un contexto de integración monetaria global, a contramano de los procesos de suma cooperativa, sólo conduce al caos cambiario en solitaria travesía por desiertos de crédito y maremotos tóxicos. Cabría contemplar un escenario de implosión monetaria, de desintegración y huidas en desbandada por causa de fuerza mayor, pero entonces éstas u otras reflexiones resultarían fútiles. Difunto el euro, el menor de los problemas sería el colapso sobrevenido de las economías. Default total, motines de subsistencia y caos social. Algunos incluso lo han percibido cercano. Y por ahí no sigo.

Según el triángulo de incompatibilidad de Robert Mundell, es imposible poseer simultáneamente la autonomía en política monetaria, la libertad de fijación del tipo de cambio y la de circulación de capitales sin ser hegemónico. Y en su ya clásico paper de 1961 afirmaba: He mantenido que el argumento de estabilización en favor de tipos de cambio flexibles sólo es válido si se basa en áreas monetarias regionales. Si se puede dividir el mundo en regiones de modo que dentro de cada una haya movilidad de los factores y entre ellas haya inmovilidad, entonces cada región debería tener una moneda propia que fluctuaría respecto a las demás. Esto lleva el argumento en favor de tipos flexibles a su lógica conclusión.

La UME dista de ser un Área Monetaria Óptima. Territorial y productivamente heterogénea, carece de movilidad perfecta de factores de producción; identidad de reacción ante shocks exógenos, flexibilidad absoluta de salarios y precios, y un adecuado nivel de transferencias fiscales tendentes a restablecer desequilibrios interregionales. Dividida entre países core y periféricos siguiendo un modelo de doble disimetría, esta estructura fue percibida como oportunidad en lugar de amenaza al proceso de integración monetaria. Convergencia, moneda única y, a partir de ahí, unión política y social.

Las ventajas iniciales consistían en la eliminación de los costes de información sobre precios, de transacción y de la incertidumbre monetaria y cambiaria. La consecución de economías de escala en un contexto de mayores niveles de integración, por su parte, se apoyaría en el progreso tecnológico, altos grados de formación, mejoras en los procesos de aprendizaje (learning-by-doing), en la especialización industrial y, finalmente, en outsourcing y deslocalizaciones low-cost.

La percepción de irrevocabilidad de la UME dispara el coste de una hipotética disolución, privándola de incentivo, al tiempo que realimenta su estabilidad. Desandar el proceso de una unión de duración ilimitada, irreversible y sin cláusulas secesionistas según Maastricht, implicaría un procedimiento burocrático imprevisto, largo y proceloso, abocando a los tecnócratas huérfanos de Constitución y Tratado de Lisboa a terminar como el rosario de la aurora. Échenle hilo a la cometa.

Pero las razones fundamentales convergen en un análisis coste-beneficio cuyo saldo es netamente deficitario: ataques especulativos al conjunto del sistema financiero anticipando la devaluación; insuficiencia fiscal para rendir cumplido servicio a la deuda, spreads up-rating down; coste político cortoplacista convertido en coste soberano multigeneracional. Insolidaridad con los socios económicos y con el poder adquisitivo de los bolsillos ciudadanos.

Técnicamente, el sellado del sistema para evitar fugas de depósitos ante una iniciativa secesionista, el corralito, es tan factible de implementar como difícil de vender. O fácil de imponer, disfrazado de remedio heroico. Justificada la fiscalización, el control del efectivo es cuestión de voluntad y tiempo. Pero a qué coste. Deudas y activos domésticos sometidos a la presión de la variación en sus retornos esperados, tensiones en el tipo de cambio y/o tipos de interés. Colapso, default. La financiación de aventuras autoexcluyentes está más prohibitiva que nunca.

Fiscalidad sostenible, alianzas monetarias y competitividad global

Bajo una restricción presupuestaria clásica, el gasto público más el servicio de la deuda deben ser financiados con ingresos fiscales, aumentos del endeudamiento y/o emisión monetaria. La diferencia entre ingresos fiscales y gasto público neto de intereses determina la posición primaria del presupuesto. Asumida la racionalidad de los agentes, los gobiernos combinarán sus fuentes de ingresos de forma que se igualen sus costes marginales. Excluida la posibilidad de recurrir al señoreaje puro o a la monetización de deuda como fuente de financiación, las alternativas son incrementar el nivel impositivo y/o elevar el endeudamiento. O incluso mantener un diferencial de inflación estructural. Nada de esto es sostenible a largo plazo.

El aumento del ratio de deuda sobre PIB depende del equilibrio entre el incremento del servicio de la deuda y el superávit primario. Este ratio sube indefinidamente si el tipo de interés real excede la tasa de crecimiento económico, a menos que exista un adecuado ahorro fiscal. La rebaja del rating crediticio de España y el aumento del diferencial de la deuda soberana reflejan, precisamente, el castigo por incumplimiento y el enérgico mensaje sobre los ajustes esperados respecto a responsabilidad y austeridad fiscales. Déficit por cuenta corriente, déficit presupuestario, pérdida de competitividad y de poder adquisitivo. Reformas estructurales inevitables, imprescindibles e inaplazables. Now or never.

La Aldea Global va conformando un puzle de bloques económicos y monetarios integrados, definidos, orientados al equilibrio en competencia mediante recíproca cooperación. Tit for tat. Las cinco divisas majors (CHF, EUR, GBP, JPY, USD) acaparan dos tercios de la oferta monetaria mundial. Si añadimos yuan, rublo y rupia, más de cuatro quintas partes. En un contexto financiero hostil donde el control de recursos estratégicos escasos exige sumar fuerzas, los procesos de uniones monetarias defensivas están más vivos que nunca. Resulta caro ir por libre.

En Asia, la cooperación ASEAN+3 a través de una Unidad de Cuenta Asiática (ACU), dotando de un mecanismo de control de tipos de cambio y de los movimientos de capitales orientado a la consecución de la estabilidad financiera en la región. Sin olvidar los planes del Consejo de Cooperación del Golfo y su petrodivisa. En África, el franco CFA de la CEMAC y su homónimo de la UEMOA, parte integrante de ECOWAS. También, la Zona Monetaria del África Occidental (WAMZ), en integración separada, con el objetivo futuro de fusionar Eco y franco CFA. En ultramar, el dólar del Caribe Oriental o el franco CFP. Incluso la hipotética Unión Monetaria Norteamericana, con su Amero y la pretendida optimum currency area de la NAFTA, según la tesis original del Dr. Grubel. Notate Bene.

Nuestro modelo competitivo, de sobredimensión y despilfarro, efecto exclusión, subvenciones baldías y mileurismo, está tocado y hundido. El exceso de gasto, el alegre endeudamiento y el free riding inflacionista constituyen políticas no cooperativas e insolidarias, dentro y fuera de la UEM. Los programas de estabilidad y convergencia son la propia esencia de la moneda única y no adornos florales. Severa dieta de adelgazamiento fiscal, desmantelamiento del pesebre público multinivel, flexibilidad y movilidad de factores, exigente formación continua y productividad competente. Toma de conciencia tardía, sí, pero parece que sólo cuando nos asomamos a la depresión y la ruina, la catarsis colectiva deviene viable, plausible. Sobrados de raza y casta, nos falta liderazgo, compromiso y eficiencia. Hundirnos en la próxima década o emerger renovados y triunfales. Podemos.

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Botín en estado puro: “El niño se nos ha puesto muy malo”, de Eduardo Segovia en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 6 febrero, 2009

La presentación de los resultados del Santander realizada ayer por Emilio Botín dividió en dos a su auditorio, entre los que alabaron su liderazgo -que respaldan unos resultados muy sólidos-, y los que criticaron que ignorase las cuestiones peliagudas. El caso es que el primer banquero de España estuvo sembrao, se gustó, hizo chistes, quedó bien con todo el mundo, eludió cualquier respuesta comprometida y hasta regaló a los asistentes una muestra de ese inglés macarrónico suyo que tanto juego da en los programas de humor de televisión -aunque poco a poco va progresando- ante la insistencia de un corresponsal extranjero. Otro le pidió después que respondiera en alemán, para hilaridad del público.

Sin duda, lo más gracioso de su alocución fue la respuesta a un periodista que le preguntó si se arrepentía de las famosas declaraciones de finales de 2007 en las que comparaba la crisis española con “la fiebre de los niños”, que sube muy rápido pero vuelve a bajar enseguida. “La verdad es que el niño se nos ha puesto muy malo”, soltó ayer entre las carcajadas de un auditorio compuesto por medios de comunicación y directivos del banco. También afirmó que aquella comparación había sido una broma.

Cómo no, Botín habló de la guerra entre el Gobierno y la banca. “Todos salimos muy contentos de la reunión de Moncloa porque el presidente y el vicepresidente entendieron muy bien cuál es la situación”. Claro, como Sebastián no estaba en la reunión, se ve que él no lo entendió. “Son sólo las declaraciones de un ministro”, zanjó el tema de forma elocuente en presidente del Santander.

Se sumó al coro del sector al defender que la banca no ha cerrado el grifo y que el problema es la crisis económica, que hace imposible que el crédito aumente, a lo que hay que sumar el excesivo endeudamiento de las familias y empresas, que debe reducirse. Pero no se quedó ahí, sino que pasó al contraataque: “La banca haría un flaco favor a la economía dando crédito de forma irresponsable poniendo en peligro la solvencia del sistema” (o sea, lo que había hecho hasta ahora). Y se permitió hasta hacer una propuesta: ampliar las líneas del ICO a empresas de hasta 500 empleados y a créditos de 5 millones de euros, siempre que el instituto público aumente su garantía. “Si se acepta, el Santander se compromete a adjudicar 6.000 millones”, dijo.

Por supuesto, después de la de arena vino la de cal para Zapatero: “El Gobierno ha actuado como debía y ha hecho lo que tenía que hacer, por lo que también tomará las medidas adecuadas cuando se plantee el momento” de entrar en el capital de las entidades. Hasta fue amable con el eterno rival, después de la indigestión que le provocó a Francisco González al pisarle la presentación de resultados la semana pasada: “El BBV (nótese que lo dijo sin “A”) es un gran banco y lo he dicho muchas veces antes de esta situación”.

Hubo muchas muestras de su capacidad para verlo todo de color rosa. Un ejemplo: “Estamos muy contentos con Banif, es el mejor banco privado de España y no hay ningún problema, salvo estas dos averías (Lehman y Madoff)”. Como es sabido, el descontento de los clientes de su banca privada ha obligado al Santander a ofrecer una compensación, que inicialmente se negó a dar porque no asumía ninguna responsabilidad.

Siguiendo por ahí, Botín también dijo que “los clientes afectados por Madoff están muy satisfechos con la solución que le hemos ofrecido, que es la mejor”. Ayer se presentó la segunda demanda colectiva (class action) en EEUU contra Santander por este asunto, los demandantes en la primera han solcitado que el juez prohiba que el banco haga llegar la propuesta de solución a los afectados -decidirá sobre ello el día 19- y varios despachos de abogados en España han pedido también a la CNMV que la prohíba, a lo que el supervisor respondió ayer con un documento que intenta aclarar una oferta muy difiícil de entender para el común de los mortales.

Y más: “Rodrigo Echenique hizo una visita normal a Madoff porque es bueno ir a ver a las personas y tratar directamente los temas con ellas”, y añadió que, “si el banco hubiera sospechado lo que ocurría, no habría tenido ninguna relación con Madoff”. Como publicó en exclusiva El Confidencial, Echenique quiso retirar el mandato de gestión a Madoff por las sospechas de que había algo irregular, pero el gurú le respondió “el que se va no vuelve”.

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Los beneficios del Santander, de Fernando González Urbaneja en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 6 febrero, 2009

El Banco Santander aspiraba a ofrecer cinco dígitos millonarios de beneficio neto, pero las nuevas realidades han impuesto gramos de modestia y han dejado ese beneficio en 8.876 millones de euros, que a muchos les ha sonado a demasiado. Podríamos construir el caso de otra forma: imaginemos que el banco destinara todos esos beneficios a limpiar mora, dudosos y a más provisiones y que el beneficio hubiera quedado en cero, ¿qué diríamos?

Tampoco es que las entidades financieras puedan cerrar sus cuentas como les dé la gana, en la composición final entran muchos factores y opiniones, incluidos los auditores externos e incluso el supervisor que suele ser consultado (aunque eso no signifique aval alguno) antes formalizar las cuentas públicas.

¿Es mucho el beneficio del Santander? Y el argumento sirve para los otros bancos. Pues depende de las comparaciones. Parece mucho comparado con los demás grandes bancos del mundo; de hecho es el segundo banco por beneficios en el mundo (excluidos dos bancos chinos que pertenecen a otro universo), justo detrás del HSBC, el banco anglo-asiático con sede en Hong-Kong y Londres. Pero si comparamos esa enorme cifra de beneficios con los recursos gestionados o con los recursos propios del banco, las magnitudes son más normalitas.

El Santander es un banco fundamentalmente comercial, que gana el dinero con muchas operaciones, duro a duro. Para llegar a esos 8.876 millones de beneficios finales almacena una cartera de créditos a clientes por valor de 621.000 millones y unos recursos de clientes por valor de 825.000 millones. Así que la relación de beneficio neto sobre activos es del 1%, que es un porcentaje razonable para un banco. Y si la relación se establece sobre los recursos propios, sobre el valor de la empresa en Bolsa, el rendimiento es del 17%, en un momento de caída drástica (40%) de los precios bursátiles. Con las comparaciones y con la referencia de tamaño, los beneficios de los dos grandes bancos españoles parecen enormes, pero no lo son tanto.

El otro ámbito del debate se refiere a la actividad crediticia de los bancos. Botín dijo al presentar los resultados que aceptan el 75% de las operaciones que les plantean los clientes. ¿Es poco, es mucho? ¿Qué prefieren los clientes de depósito que hagan las entidades con sus depósitos a la hora de prestarlos?, ¿dirán que lo hagan con largueza y generosidad o con prudencia y tino?

La encuesta de las Cámaras de Comercio, con debilidades metodológicas que no conviene desdeñar, decía que el 80% de las pymes piden financiación y que el 17% no la consiguen. Y que del 20% que no busca financiación casi la mitad estima que no la conseguirían y por eso no piden. De manera que algo más del 20% de las pymes no encuentra financiación según la citada encuesta, dato que es similar al que relata Botín.

¿Es desmesurado que uno de cada cuatro demandantes de crédito no lo logren? Cada cual obtendrá la conclusión que le parezca conveniente. La impaciencia del ministro de Industria (reiterada con el paso de las horas) debería aconsejarle alguna consideración adicional, por ejemplo, respecto al sistema de pagos a proveedores. El 80% de los demandantes de crédito pretenden financiar circulante, en su mayor parte para hacer frente a los retrasos de pagos. Si no hubiera retraso no necesitarían crédito. Y entre quienes retrasan pagos las administraciones públicas se llevan la palma. ¿Debería el ministro de Industria advertir a los que remolonean a la hora de pagar que el Gobierno puede perder la paciencia si no pagan a tiempo?

Entre Davos y Belem, de Josep Borrell en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 6 febrero, 2009

Como todos los años por estas fechas, se han celebrado al mismo tiempo los dos grandes foros sobre la globalización, el de Davos, que reúne a la éelite financiera y política mundial, y el de la contestación altermundialista, iniciado en Porto Alegre hace 8 años, y que esta vez se ha reunido en Belem.

La gran crisis económica-financiera, y pronto social, que sacude al mundo ha sido el común telón de fondo de ambos foros. La incomunicación entre ellos ha sido mayor que nunca y las respuestas operativas para hacer frente a la crisis que se han generado tanto desde las nieves suizas como desde la humedad amazónica han sido escasas.

Tanto en Davos como en Belem el ambiente ha sido muy distinto al de años anteriores. Lo de Davos me lo han contado y en Belem lo viví personalmente. El Foro Social Mundial ha sido más que nunca una experiencia de “caos creativo” en la que participaban 130.000 personas de todo el mundo pertenecientes a 5.800 asociaciones a través de 2.000 seminarios, encuentros y debates. Después de los latinoamericanos, los europeos éramos la mayor representación continental, con 491 organizaciones, entre ellas el Foro Progresista Global, al que representábamos un grupo de eurodiputados.

El gigantismo iba a la par con el colorido del ambiente, en plena Amazonia y con una presencia masiva de los pueblos indígenas que recordaba la relación entre el hombre y la naturaleza en un encuentro que ha dedicado a la crisis ecológica tanta o más atención que a las cuestiones financieras.

Por supuesto, nada parecido a la exquisitez selecta de Davos. En el barro y bajo la lluvia, con botas y paraguas, sorteábamos los problemas de traducción, organización y transportes dentro del gigantesco campus universitario que se extiende a lo largo de uno de los brazos del delta del Amazonas.

Pero Belem ha confirmado al Foro Social Mundial como un efervescente laboratorio de experiencias y propuestas. Ha sido la reunión con la mayor participación de la historia del Foro Social Mundial. Y la crisis le ha dado crédito al validar las críticas y profecías altermundialistas que hasta hace poco no producían sino desdeñosas sonrisas de superioridad y desprecio.

Desde Belem está clara la interacción de las diferentes crisis, alimentaría, energética, ambiental y financiera, que sacuden el planeta. Todas están ligadas y no es posible pretender resolverlas manteniendo un sistema que consume de forma insostenible los recursos naturales y con los paraísos fiscales como agujeros negros del sistema financiero que hacen inútiles sus escasas regulaciones. Otra cosa es la capacidad propositiva para definir y la fuerza política necesaria para aplicar un modelo diferente al que ha naufragado.

La presencia de Lula, que ha aprovechado para presentar a la que será su sucesora como candidata del Partido de los Trabajadores a la próxima elección presidencial, acompañado de otros cuatro jefes de Estados latinoamericanos de la región, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Paraguay, aportaba parte de esa fuerza política, condenando el neoliberalismo y la gestión del sistema financiero que se ha impulsado desde EEUU y que ha conducido a la actual catástrofe. Una catástrofe que va a generar un inmenso dolor humano en términos de desempleo, pobreza y conflictos sociales, sin que sus responsables se hayan ni siquiera excusado ni nadie les haya exigido que devuelvan sus paracaídas dorados.

Ciertamente, un mitin conjunto de estos cinco jefes de Estado de la izquierda latinoamericana es un acontecimiento bien diferente del de los educados debates de Davos. Aunque también allí los animal spirits, de los que hablaba ese Keynes que está ahora tan de moda, han evolucionado.

Davos y Belem son dos ejemplos bien diferentes de lo que puede dar de sí la psicología colectiva, con sus modas y con los comportamientos gregarios que induce. Esa evolución se manifiesta a través de la cambiante relación de fuerzas entre el mundo empresarial y el político que se exhibe en Davos como en una pasarela de desfiles de moda.

Esa relación de fuerzas se ha invertido completamente. Desde que en los 90 empezó la gran oleada de especulación y globalización financiera que ahora se acaba, los gobiernos se arrodillaban ante los empresarios y financieros multinacionales para obtener sus inversiones y los empleos que creaban. Y “los mercados”, impersonales y ademocráticas fuentes de poder, sermoneaban a los políticos dándoles lecciones sobre las reformas que tenían que aplicar para flexibilizar sus economías. Unos banqueros de inversiones indecentemente pagados exigían reducir los costes salariales con argumentos simplistas sobre los beneficios de la competencia global…

Muchos de esos predicadores de ayer han perdido su empleo, aunque sus indemnizaciones por despido, que ellos mismos se han fijado, no son precisamente las que predicaban para los demás. Y el denostado Estado se ha convertido en tabla de salvación ante la que pasan la gorra pidiendo recapitalizaciones, inversiones, subvenciones y regulaciones.

Un poco más y los gurús del ultraliberalismo de ayer se ponen a pedir barreras proteccionistas y abjuran del libre cambio y de la competencia… La crisis puede generar esa gran tentación que aflora en el horizonte, la de convertir las demandas de protección en políticas proteccionistas. Los ejemplos no faltan, desde las invitaciones a consumir nacional, en España y en EEUU, a las leyes que obligan a usar acero fabricado en casa en las inversiones públicas, al rechazo de los trabajadores inmigrados para defender el empleo propio.

Ciertamente, ante la crisis la demanda de protección aumenta y es lógico que así sea. Pero necesitamos una protección que se base en más solidaridad y no en una deriva hacia actitudes de cierre de fronteras y rechazos xenófobos del que el mundo tiene ya amargas experiencias.

josep.borrellfontelles@europarl.europa.eu

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¿Será por financiación?, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 6 febrero, 2009

Estamos enfrascados desde hace ya demasiados días en una polémica tan estéril como pintoresca y, en cualquier caso, muy alejada de lo que debería ser el epicentro de las preocupaciones de quienes deberían buscar medidas eficaces para conjurar la crisis. Lo de si la culpa de la crisis la tienen los bancos o los americanos, lo de si las empresas se van al garete porque no tienen financiación, lo de si la paciencia de algunos ministros es más corta que su previsible vida política, lo de si la banca tendría que ser intervenida o al menos debería abrirse, como antaño, un subsector financiero de titularidad pública (gran oportunidad, por cierto, para los nacionalismos periféricos, que increíblemente están dejando pasar esta oportunidad) desde el que hacer feliz a todo el mundo dando créditos a diestro y siniestro, para todo el que lo pida… Un debate, con efectos colaterales varios, que dice muy poco de la altura de ideas de los protagonistas de la vida económica, política y empresarial del país, que están teniendo con ello una oportunidad para olvidar debates más serios como el del empleo. Mejor dicho, la falta de empleo.

¿Por qué no se ha convertido en tema de debate, apasionado incluso, el hecho de que España haya destruido en enero tanto empleo como Francia en un año completo? Francia, ese país vecino al que Zapatero pretendía alcanzar en renta per capital en cuestión de dos o tres años, registró durante todo el año 2008 un aumento del número de parados de 217.000 personas y el asunto ha hecho saltar las alarmas. En España llevamos cuatro meses con aumentos mensuales del paro de cuantía más o menos similar a las de un año completo en el vecino país. Ello, teniendo en cuenta que el nuestro es un país que tiene unas dimensiones bastante más reducidas en casi todo, debería ser motivo serio de reflexión. Y entre otras cosas debería suscitar alguna reflexión. Si es verdad que esta crisis que padecemos es de ámbito internacional, como se afanan en decir los portavoces oficiales, ¿cómo es que genera mucho tres o cuatro veces más parados en España que en Francia?

Francia tiene 72 millones de habitantes por 46 millones España. El PIB de Francia es casi el doble que el español. El PIB por habitante es sustancialmente superior, 26.000 euros en Francia, unos 22.000 euros por persona en España. Francia considera un escándalo que en un año su fuerza laboral se haya visto mermada en 217.000 personas. En España este parece ser un asunto menor, aunque nos esté sucediendo, desde el verano pasado, casi cada mes. Es decir, desde el verano, la economía española ha arrojado al paro tres veces más gente de lo que ha hecho la economía francesa en los doce últimos meses. ¿No es para preocuparse? Y la ausencia de medidas económicas que traten de afrontar este grave problema en España, ¿no es para sonrojarse?

El debate sobre el empleo suele durar en España un día, a principios de cada mes, cuando salen las cifras del mes anterior y todo el mundo muestra grandes dosis de preocupación pero poco espíritu de enmienda y desde luego ninguna fórmula para tratar de evitar que se repita. Hay un diálogo de sordos que suele durar uno o dos días y luego todo vuelve a la normalidad mientras la economía corre cuesta abajo y la sociedad vive un estado de creciente improductividad que pone en serio peligro esas profecías de Zapatero de alcanzar incluso a Alemania en renta por habitante, sin hablar de lo de la “legislatura del pleno empleo”.

Pero como el asunto de la falta de financiación se ha convertido en la coartada del momento, tendremos desviada la atención hacia lo que hagan los bancos en los próximos meses a la hora de hacer llegar a familias y empresas la financiación necesaria en función de lo que demanden. Pero ¿demandan realmente algo, está consumiendo la gente sin miedo y como si estuviéramos en el momento cumbre del ciclo económico, están invirtiendo los empresarios cargados de ilusión y expectativas de futuro? Cuesta creerlo. Pero de momento, para que no decaiga el debate, los bancos se han lanzado estos días, tras la reunión con Zapatero, a una subasta de ofertas de nuevas líneas de crédito. Santander salió con 4.000 millones, luego BBVA con 5.500 mientras La Caixa ponía sobre el tapete 6.000 más y Caja Madrid no se ha quedado atrás y acaba de pujar con sus 6.000 millones de rigor. Habrá que darles a los bancos algunas semanas para ver cómo cumplen sus objetivos. De momento, que por falta de financiación que no quede.

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