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Diferencias entre recesión y depresión, de Ramón Tamames en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 5 febrero, 2009

Se trata de un tema escasamente analizado, y que cuando se suscita genera no poca controversia; no sólo de interés semántico, sino también a efectos de desarrollo de políticas económicas diferentes en función del diagnóstico.

Para empezar, recordaremos que según el Eurostat, se entra en recesión al evidenciarse crecimientos negativos del PIB en tasa interanual durante dos trimestres seguidos. Con una regla menos sintética en EEUU, donde el NBER (National Bureau of Economic Research) aplica una serie de criterios más complejos para definir oficialmente si se está o no en recesión. Debe aclararse, en cualquier caso, que antes de 1929, el término en cuestión no existía, pues normalmente toda caída de cierta relevancia del PIB se denominaba depresión. Pero en la posguerra, al hacerse las depresiones más cortas y suaves (los tiempos del stop & go, con stop o freno al recalentarse la economía, y go para reimpulsarla tras algún excesivo enfriamiento), comenzó a aplicárseles el nombre de recesión, reservándose lo de depresión para las situaciones más prolongadas y graves.

Actualmente todavía no existe una definición generalmente aceptada de depresión, por mucho que el vocablo inspire la idea, ya aludida, de mayor duración y gravedad en el declive. Y a partir de ahí, Saul Eslake, economista jefe del Banco ANZ, propone que se considere que nos hallamos en depresión cuando la caída del PIB sobrepasa el 10 por ciento, o cuando la recesión inicial se dilata durante tres años. En ese sentido, en la Gran Depresión iniciada en EEUU en 1929 se cumplieron sobradamente ambas circunstancias: contracción de un 30 por ciento del PIB a lo largo de los años de 1929 a 1933.

En un comentario sobre el tema, en el Economics Focus del The Economist, de 3 de enero del 2009, se hizo el repaso de las doce depresiones contabilizadas en el siglo XX; con sus fechas e intensidades, resultando el cuadro adjunto: un ranking en función de las caídas de PIB, en el que el premio grande se lo llevó Rusia tras la disolución de la URSS. Más que por una coyuntura adversa, por el traumatismo de ese cambio político, que asoló muchas de las facetas del anterior régimen soviético.

En ese sentido, no se trata sólo de la mayor o menor duración e intensidad para calibrar si estamos ante una recesión o una depresión. Pues como subraya el ya citado Eslake, en línea con lo comentado sobre Rusia, la causa del declive también importa, a efectos de caracterizar la verdadera situación. De modo que, prima facie, la recesión puede considerarse como efecto de una fase muy estricta de política monetaria -”el boom no se acaba, lo mata la Reserva Federal”, se dice en EEUU-, a causa de los tipos de interés elevados para enfriar la economía. En tanto que la depresión emerge cuando se produce el pinchazo de una burbuja de activos: inmobiliarios, por ejemplo, por la saturación del mercado, la caída de precios y una fuerte e inesperada contracción del crédito ( credit Crunch ).

Depresiones en el siglo XX

En esa perspectiva, puede decirse que la depresión que empezó en 1929 acusó una fuerte caída del valor de los activos, y el PIB se hundió casi un 50 por ciento. Aunque peor fue lo sucedido previamente, en la depresión 1893/1907, que tanto impresionó a John Maynard Keynes en sus tiempos juveniles, antes de pensar ni lejanamente que un día acabaría escribiendo su Teoría General.

La política económica a seguir en recesión o depresión debe ser muy diferente. Así, la recesión originada por la ya mencionada política monetaria restrictiva, cabe curarla bajando tipos e inyectando liquidez desde el banco central. En cambio, en la depresión con fuerte contracción del crédito, y síntomas de deflación, se necesita ir más allá de la política monetaria; para entrar en el área de la fiscalidad y de los estímulos más diversos a fin de frenar el desempleo, sin olvidar la reforma del sistema financiero para evitar los abusos de la codicia y los efectos de una autorregulación a veces disparatada.

Por lo demás, caer hoy en una depresión como la acotada para 1929/1932 parece difícil, pues ahora no se actúa como sucedió en aquellos tiempos. Cuando en EEUU la Reserva Federal dejó que se hundieran en la quiebra decenas de bancos; al no establecerse las garantías necesarias para los depósitos, reducirse la liquidez, y subir tipos. Eso no está sucediendo ahora; lo cual no significa que no haya otras situaciones muy inquietantes.

Y por último una anécdota del propio The Economist: en 1978 Alfred Kahn, uno de los asesores económicos presidenciales, fue reprendido por Jimmy Carter, quien entendió que se estaba amedrentando a la ciudadanía, al anunciar que tal vez se acabaría en una depresión. Mr. Kahn en su siguiente discurso sustituyó el nefasto vocablo de manera un tanto extravagante al decir: “Estamos amenazados por la peor banana de los últimos 45 años. Pudiendo decirse, incluso que, la economía de EEUU se sitúa ante un peligroso racimo de bananas”.

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