Reggio’s Weblog

El discurso inaugural del año 9, de Pedro J. Ramírez en El Mundo

Posted in Política by reggio on 25 enero, 2009

CARTA DEL DIRECTOR

Apenas iniciado el discurso con una referencia nada casual al «peso enorme de la responsabilidad» que provocó toses y carraspeos, el recién proclamado nuevo presidente abordó el asunto que más preocupaba a los norteamericanos: la crisis económica. Y lo hizo arremetiendo contra «los abusos de poder de las grandes acumulaciones de capital», defendiendo las últimas medidas de su antecesor que «pusieron fin a políticas viciadas que causaron la alarma popular», advirtiendo del incremento del déficit a causa «de la caída de la actividad que siguió al pánico financiero» del año anterior, reivindicando el papel de «un gobierno moderno más allá de los principios del viejo laissez faire» y anunciando que emprendería con espíritu ecologista «importantes trabajos para salvar y restaurar nuestros bosques y vías fluviales» que implicarían «una fuerte inversión pública».

No, aunque ustedes escucharon el pasado martes frases casi idénticas o al menos perfectamente intercambiables, no estoy glosando el discurso inaugural de Barack Obama, sino el de todo un caballero llamado William Howard Taft. Y es que no me estoy refiriendo a la toma de posesión presidencial del 20 de enero de 2009 sino a la del 4 de marzo de 1909.

Y si digo que lo del «peso enorme» ni fue banal ni pasó inadvertido es porque el prócer en cuestión pesaba 330 libras -casi 150 kilos al cambio- y su cara de satisfacción auguraba, como efectivamente ocurrió, que seguiría engordando. Con lo de «todo un caballero» me he permitido aludir a la celebrada anécdota de unos años antes cuando, recién nombrado gobernador de Filipinas, Taft telegrafió al Secretario de Defensa: «El viaje bien. Monté durante veinticinco millas». A lo que su jefe le contestó: «¿Cómo está el caballo?».

Cuarenta y ocho horas después de la elección de Obama el joven escritor afroamericano Colson Whitehead publicó en The New York Times un divertido artículo titulado «Al fin, un presidente flaco».Era una especie de parodia del engolamiento de quienes celebraban la negritud del vencedor, centrándose él en su constitución asténica.Como si no hubiera habido antes presidentes enjutos -Woodrow Wilson, el propio Lincoln- su tesis era que las posibilidades de tener un flaco en la Casa Blanca, no digamos un flaco negro, ni siquiera habían sido hasta ese momento delgadas, sino francamente escuálidas.

Pues bien, si seguimos examinando este contraste entre el gordo del año 9 y el flaco del año 9, podremos constatar que así como nada parece haber cambiado en el debate sobre los excesos de las grandes corporaciones -con los bancos de inversión haciendo el papel, mutatis mutandis, de las compañías de los ferrocarriles-, afortunadamente el siglo transcurrido no sólo ha quitado centímetros a la cintura del protagonista, sino que también ha servido para adelgazar considerablemente la dimensión de sus prejuicios.

Tras referirse a la necesidad de «minimizar los males fruto de la admisión de inmigrantes asiáticos que no pueden ser amalgamados con nuestra población», Taft entró de lleno, y por supuesto sin ningún eufemismo verbal, en la cuestión de los «negros». En el apogeo de las llamadas «leyes de Jim Crow» que regulaban la segregación racial y en la práctica excluían a la población de color del derecho al voto, al vincularlo a un determinado nivel educativo, Taft adoptó el tono paternalista del amo del Tío Tom: «Los negros deben basar sus esperanzas en los resultados de su propio esfuerzo, contención, ahorro y éxito económico, así como en la ayuda, el apoyo y la simpatía de sus vecinos blancos del Sur».

Poco antes de prometer que «sólo los ignorantes e irresponsables de ambas razas» continuarían privados del voto, Taft se pronunció sobre el debate de si los negros mejor preparados deberían poder acceder a cargos municipales, en términos tan alambicados como maquiavélicos: «Al margen de qué raza se trate, debe admitirse la duda de si la designación de uno de los suyos para un puesto público en una comunidad en la que el sentimiento racial sea tan extenso y agudo como para interferir en el normal ejercicio de sus funciones en la administración local, supone un beneficio suficiente, en términos de estímulo para esa raza, como para compensar el incremento del sentimiento racial que ese nombramiento tendría todos los visos de engendrar». Como lo han leído.

O sea que si los negros debían seguir manteniendo la cabeza agachada, era por su bien. Tendría que llegar el tristemente célebre editorial de The Times de Londres abogando por la destrucción de Checoeslovaquia a manos de Hitler en pro de la «homogeneidad» de sus grupos étnicos, para encontrar un texto más cínico y ominoso en la literatura política del siglo XX en un país democrático.

Taft no era un mal tipo -todo lo contrario: su principal obsesión era ir escondiendo comida por los rincones para poder seguir zampando a espaldas de su esposa- pero representaba a la perfección la mentalidad de su tiempo. Si durante el siglo precedente la gran República fruto de la emancipación de las 13 originarias colonias británicas de la costa atlántica había completado su expansión hasta el otro océano y consolidado su unidad tras una guerra civil terrible, era en ese momento en que la elección de Taft parecía una mera prolongación de los dos mandatos de su patrono y protector Teddy Roosevelt, cuando los Estados Unidos emergían como una potencia mundial a la que el «América para los americanos» de la doctrina Monroe empezaba a quedársele pequeño.

Lo que vino a continuación ha sido bautizado con toda propiedad como «el siglo americano». Como algunos autores lo hacen coincidir con los propios límites del siglo XX y otros retrasan su inicio hasta la implicación del sucesor de Taft -el presidente de la Universidad de Princeton Woodrow Wilson- en la Primera Guerra Mundial, bien podemos enmarcarlo hoy entre estas dos tomas de posesión del año 9. La gran incógnita, impresa en la mirada de muchos de los cientos de millones de personas que el pasado martes se asomaron al balcón de la globalización para contemplar con una mezcla de admiración y estupor los formidables fastos de esta República laica consagrada a Dios, es si han sonado ya para ella los clarines del atardecer. Si la única página que le quede ya por escribir deberá ser la de la inexorable mengua que siempre sucede al auge de las más grandes potencias.

Obama cogió enseguida ese toro por los cuernos al referirse al «temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y la próxima generación tiene que rebajar sus miras» y dedicar el resto de su excepcional discurso a explicar cuál es su antídoto. He elegido mi adjetivo con la misma meticulosidad con que Juan Antonio Samaranch etiquetaba en la ceremonia de clausura cada uno de los Juegos Olímpicos que le tocó presidir, en función del grado de excelencia que habían alcanzado. Soy consciente de que la acogida del discurso en la prensa norteamericana refleja una cierta decepción, en parte porque las expectativas eran muy altas y en parte porque es cierto que no incluyó ninguna de esas figuras retóricas a base de «antorchas» y «trompetas» tan seductoramente utilizadas por Kennedy. Pero, en cambio -y de ahí su excepcionalidad- se trata tal vez de la única pieza oratoria destinada a impactar, ilusionar y emocionar de forma instantánea que va ganando en sustancia, significación y profundidad en cada relectura.

Obama nos ha presentado nada menos que una propuesta de conservadurismo revolucionario, poniendo los «viejos valores» que «son verdad» a trabajar al servicio de un proyecto genuinamente progresista, es decir a la vez pragmático e idealista, a la vez liberal y redistribuidor de riqueza. Conciliar todas esas aparentes antinomias es el reto que se ha marcado de forma explícita este cimbreante hombre delgado porque «es falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales». Como es falso que haya que elegir de modo excluyente entre libre mercado y dirigismo económico, entre repliegue y expansionismo, entre inhibición y ataques preventivos.Su observación sobre la economía es extensible a los demás ámbitos: «La pregunta no es si nuestro gobierno interviene demasiado o demasiado poco, sino si [esa intervención] sirve de algo».

¿Frío utilitarismo gatuno a lo Deng Xiao Ping? No porque, con visos de eco de la ya lejana pero siempre seminal sentencia de los Papeles del Pentágono, Obama advierte que «nuestro poder no puede protegernos por sí solo, ni nos da derecho a hacer lo que queramos nuestra seguridad nace de la justicia de nuestra causa». Y, atención nacionalistas palurdos y constitucionalistas vergonzantes, «nuestra herencia multicolor es una ventaja, no una debilidad las líneas tribales pronto se disolverán».

Recogiendo el guante de su guiño final al Ricardo III de Shakespeare, confiemos en que «este invierno de nuestras dificultades» -a un fino intelectual debió de parecerle demasiado obvio escribir «descontento»- se «convierta [pronto] en glorioso verano merced al sol de York» que él encarna. Y confiemos en que España sepa aprovechar la oportunidad de reengancharse a ese carro, pues no en vano, de todas las fuerzas de verdadero alcance global que operan en nuestro planeta, los Estados Unidos son la única, -y así ha venido siendo con sus errores, aciertos e incluso aberraciones durante todo el «siglo americano»-, repito, la única que vincula la promoción de sus intereses a la causa de la democracia y los derechos humanos.

Aunque Zapatero ya está suficientemente motivado por la oportunidad de demostrar que aquel mal gesto ante las barras y estrellas, tan impropio de nadie con buenos modales, no iba contra los Estados Unidos sino tan sólo contra la Administración Bush, he aquí un curioso y estimulante eslabón perdido entre estas dos tomas de posesión del año 9 que encima nos concierne.

Resulta que aquella mañana de marzo en uno de los dedos del presidente saliente, Teddy Roosevelt, relucía un anillo que le había regalado su secretario de Estado John Hay poco antes de morir en pleno ejercicio del cargo. Ese anillo llevaba incorporada una cápsula en cuyo interior había un cabello. Además estaba circunvalado por una inscripción latina: «Longas o utinam, dux bone, ferias praestes Hesperiae».

Hay había sido, compartiendo junto a su tocayo John Nicolay un austero dormitorio en la Casa Blanca, uno de los dos secretarios personales de Lincoln durante sus cuatro años y 41 días de mandato y estaba presente la noche del magnicidio en el Teatro Ford de Washington. El cabello incrustado en el anillo había sido recogido entonces, como muestra forense, por el médico que hizo la autopsia del mártir de los derechos civiles que tanto inspiraría -y posibilitaría- la carrera de Obama.

En cuanto a la inscripción latina, elegida por Hay para honrar a su superior, no ha sido difícil descubrir que se trata del comienzo de la última estrofa de la quinta oda del Libro Cuarto de Horacio dedicada al emperador Augusto: «Ojala que tú, oh jefe bueno, des a Hesperia largas ferias».

Pocos españoles saben que Hay, reincorporado a la carrera diplomática tras el asesinato de Lincoln, pasó año y medio en Madrid como primer secretario de la embajada americana entre la primavera de 1869 y el otoño de 1870. Eran los meses de la regencia del general Serrano en los que España tenía que optar entre Monarquía y República y hacer frente a las primeras demandas de independencia que llegaban de Cuba. En tan breve periodo de tiempo Hay aprendió nuestro idioma, se hizo amigo de Castelar -ni que decir tiene que todas sus simpatías estaban con el líder republicano moderado cuya oratoria le fascinaba-, presionó en vano a favor de la causa cubana y dejó escrito un libro de viajes y observaciones con el título de Castillian Days. En su primer capítulo sostiene que «Madrid es más grande que Chicago, pero Chicago es una gran ciudad y Madrid, un pueblo grande».

Si para la Monarquía de la Restauración la Guerra de Cuba engendró casi 30 años después el «desastre del 98», para Hay -así se lo puso por escrito a Roosevelt- fue «una espléndida guerrita» que bien podía contribuir a acercar su tan largamente aplazado sueño de una mayor democratización de España. ¿Cómo no pensar entonces que, a la hora de elegir unos versos clásicos que acompañaran la reliquia de Lincoln e inclinarse por la invocación a un «jefe bueno», capaz de promover «largas ferias», o sea fiesta, bienestar, felicidad, paz y libertad, en el mítico jardín cultivado en el occidente del mar por las tres ninfas llamadas «hespérides», lo hiciera a sabiendas de que desde que el geógrafo Estrabón situó tal vergel en nuestro Tartessos andaluz, Hesperia pasó a convertirse en uno de los nombres de España?

Y si queda alguna duda, que Zapatero se lo pregunte a Obama.

pedroj.ramirez@elmundo.es

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Los momentos más duros, de Jordi Sevilla en Mercados de El Mundo

Posted in Economía by reggio on 25 enero, 2009

LUCES LARGAS

Ha llegado el infierno. Lo adelantó la vicepresidenta cuando dijo en septiembre aquello de «vendrán más trimestres difíciles».Pero la confirmación de Solbes, unida a la puntilla de Almunia, de que en 2009 viviremos los momentos más duros de la crisis, está a punto de desatar el pánico. Los mismos que criticaron al Gobierno por negar, supuestamente, la gravedad de la situación, le acusan ahora de constatarla. Y quienes nos situábamos peligrosamente cerca del pesimismo, ahora, sin movernos, corremos el riesgo de convertirnos en moderadamente optimistas, sobrepasados por todos los que corren en busca de la última peor previsión.

Las cosas no pintan bien. Es cierto. La desaceleración iniciada a mediados de 2007 -transformada en crisis a cámara lenta a lo largo de 2008- se ha convertido en la más importante recesión de nuestra historia reciente, puede durar un año y medio más antes de iniciar la recuperación, y está alterando algunos parámetros fundamentales.

Se trata de una crisis mundial, generalizada, con un claro detonante financiero, pero con la dimensión y las características de un gran acontecimiento histórico, cargado de grandes incertidumbres mucho más importantes que el estéril debate actual en torno a unas décimas de previsión.

Una crisis que no se está quieta. Que cambia de contenido, de dirección, y cuyo recorrido total no ha terminado porque aún hay activos susceptibles de intoxicarse. Esa es la primera gran incertidumbre: ¿por dónde evolucionará esto? Siguiendo el símil del Titanic que ya utilicé en otra columna, ahora hay mamparas que todavía aguantan con dificultad la presión del agua que entra.Pero no sabemos si lo podrán seguir haciendo durante mucho más tiempo o si cederán, y el resultado global será muy diferente en uno u otro caso.

Este análisis es distinto de la tradicional discusión sobre cuándo tocaremos fondo, porque sólo sabremos que lo hemos tocado después, cuando pase. Entonces veremos durante cuánto tiempo nos arrastraremos por ese fondo antes de volver a subir. Y puede ser largo. Pero todo depende ahora de la fortaleza de esas mamparas y de lo que haga el Gobierno-fontanero para reforzarlas.

Sobre este asunto quiero dejar clara mi posición: el Gobierno hace lo que debe, lo que puede, lo que están haciendo el resto de gobiernos. Y lo que proponen otros en nuestro país, aquello de austeridad en las cuentas y recorte del gasto público para compensar reducciones impositivas sin disparar la deuda, junto al nacionalismo pseudoproteccionista, es exactamente la política económica que fracasó a comienzos de la depresión de los años 30, quedando desplazada, afortunadamente, por las orientaciones contrarias encabezadas por Roosevelt y Keynes.

Porque el Estado ni es, ni se comporta, como una familia, ya que la acción colectiva, el todo, es siempre mucho más que la suma de sus partes, especialmente en situaciones de crisis. Y este reconocimiento es lo que pone fin a la ilusión neoliberal de un mercado perfecto que se equilibra sólo a base de sumar comportamientos individuales.

La segunda incertidumbre actual es saber hasta cuándo estarán taponadas las vías de salida de esta situación, ya que vivimos nuestra primera gran crisis con el euro. La economía española ha salido de estas situaciones con una secuencia relativamente constante: primero se recuperan las exportaciones, luego las ventas en comercios, el turismo, y la vivienda. Pero claro, eso era cuando podíamos devaluar nuestra peseta y, además, el resto del mundo iba un poco por delante de nosotros en el ciclo, iniciando la recuperación también antes.

Ninguno de estos elementos están presentes hoy, y todavía no sabemos dónde estará la senda de la recuperación esta vez. En todo caso, algo parece claro: hasta que no volvamos a construir y consumir medio millón de viviendas nuevas al año, no empezaremos la recuperación. Si eso es así -y aunque los procesos no pueden sustituirse de manera artificial- resulta urgente definir, entre las tres administraciones afectadas y la banca, una política articulada, global y sostenible para el sector de la construcción residencial que empiece por ayudar a absorber el remanente invendido que se acumula hoy por toda España.

La tercera incertidumbre es saber dónde y hasta dónde tiene el Estado que ejercer una cierta tarea planificadora, junto al sector privado, sobre el destino de los cuantiosos volúmenes de recursos públicos puestos en circulación para hacer frente a lo peor de la crisis, incluyendo las contrapartidas exigibles a la iniciativa privada para acompasarlos. Esto vale tanto para las ayudas bancarias como para la proliferación de ERE que deberían convertirse en auténticos planes de reconversión sectorial como los de antes, en línea con las actuaciones de otros países como Francia.

Si esto va para largo, deberemos tener claro que las ayudas públicas tendrán que mantenerse también durante un tiempo. Y más vale hacerlo con la intensidad adecuada, pero de forma coherente y planificada por actuaciones, y no por ministerios o autonomías.

La cuarta incertidumbre sobre nuestra situación actual se refiere a cuándo el Gobierno planteará a los interlocutores sociales un cambio en la actual regulación de la protección por desempleo para… ampliarla. El auténtico debate con relevancia social y política no es apostar por si rebasaremos determinado número de parados a finales de año, sino ver cómo mejoraremos la situación de aquéllos que, de manera creciente en los próximos meses, no encuentren empleo, tengan la cobertura agotada y no cumplan los requisitos para acceder al subsidio.

Hacer frente a la crisis sin recortes sociales, como ha destacado de manera reiterada el presidente del Gobierno, significa exactamente eso. Porque el mercado de trabajo es secundario respecto al crecimiento, y ni el paro ni el empleo se generan de manera endógena desde las reglas del mercado de trabajo, a pesar de las mejoras introducidas en los servicios públicos de empleo.

Espero que el próximo debate parlamentario sobre la crisis, el quinto que protagonizará el presidente del Gobierno esta legislatura, ayude a despejar las dudas, a templar los ánimos y a resaltar la crudeza de las cosas, pero también nuestras fortalezas y oportunidades.

jordi.sevilla@diputado.congreso.es

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Cuando España ganó la Triple A, de Luis de Guindos en Mercados de El Mundo

Posted in Economía by reggio on 25 enero, 2009

APUNTES ECONOMICOS

Ocurrió hace ahora siete años. Moody’s otorgó a la deuda del Reino de España la máxima calificación crediticia. Standard&Poor’s, la otra gran agencia de rating, lo haría en 2004. El contexto en que se produjo venía marcado por una fuerte desaceleración económica internacional -Estados Unidos entró formalmente en recesión en 2001- y la Unión Europea tuvo un crecimiento prácticamente cero en 2002. Ello era consecuencia del estallido de la burbuja tecnológica y de la aparición de escándalos de gobierno corporativo como el caso Enron.

En dicho entorno, el comportamiento de la economía española fue francamente positivo, con un crecimiento económico de más del 2,5%, lo que permitió acelerar el cierre de la brecha de renta per cápita con nuestros socios del euro, pero sobre todo romper con la elevada prociclicalidad de la economía española, que nos llevaba a crecer más que la media europea en los tiempos de bonanza y a perder ese diferencial en los de vacas flacas ya que entonces nosotros caíamos siempre más que dicha media.

El rating de la deuda soberana constituye el resumen más simple, pero también el más observado y ponderado, de la solvencia económica de un país y de sus cuentas públicas. En el caso de España, varios fueron los factores que sin duda influyeron en la obtención de la Triple A. En primer lugar, la fortaleza de nuestro crecimiento en los años previos y los avances en todos los indicadores del mercado laboral, como creación de empleo, aumento de población activa y reducción de la tasa de paro.

En segundo lugar, la mejora espectacular de los ratios fiscales y presupuestarios, principalmente la práctica eliminación del déficit público y la vertiginosa caída del ratio de deuda pública/PIB.Sin embargo, y esto es algo que en ocasiones se olvida, las decisiones sobre la calificación crediticia de la deuda pública se basan fundamentalmente en lo que es la sostenibilidad de las finanzas públicas en el medio y largo plazo, puesto que se están valorando bonos cuya vida puede llegar a ser de 30 años.

Por ello, en la concesión del máximo rating a la deuda española tuvieron que ver no sólo los meros datos de mejora presupuestaria, sino que incluso jugó un papel más fundamental la percepción de que la economía española, como consecuencia de las reformas realizadas, había elevado su potencial de crecimiento, es decir, el crecimiento alcanzable sin generar desequilibrios inflacionistas o de déficit exterior. Además, seguramente, un factor especialmente relevante en la decisión de otorgar la máxima calificación fue nuestra incorporación al euro y la necesidad de cumplir las condiciones impuestas en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento que gobierna la Unión Económica y Monetaria.

La concesión de la Triple A tuvo consecuencias importantes para la economía española. Por primera vez en mucho tiempo, España carecía de riesgo de tipo de cambio -por nuestra incorporación al euro- y el riesgo crediticio diferencial se esfumó por la obtención de la máxima calificación. Derivado de lo anterior, los agentes económicos españoles -entidades bancarias, familias y empresas y el propio Estado- consiguieron una financiación sin límite y a un coste muy reducido, lo que sin duda facilitó no sólo el crecimiento de nuestro país, sino también la internacionalización de nuestras empresas, que realizaron abundantes adquisiciones en el exterior aprovechando al máximo el nuevo marco financiero.

¿Qué supone que S&P nos haya rebajado la calificación crediticia de Triple A? Independientemente de que resulta evidente que las agencias de rating han sufrido en su prestigio como consecuencia de las calificaciones otorgadas a los bonos estructurados y por potenciales conflictos de interés en su actuación reciente, no se trata de una buena noticia. El problema no es tanto que estén previendo un deterioro notable de los parámetros presupuestarios, lo cual ya constituye una realidad reconocida por el propio Gobierno, como que plantean dudas sobre el comportamiento futuro de la economía española y sobre nuestras posibilidades de recuperar tasas de crecimiento próximas a las que de media hemos vivido en los últimos 12 años.

Se considera que el ajuste de nuestra economía va a ser muy brusco por culpa de la crisis financiera internacional en conjunción con unos desequilibrios específicos de España. El alto nivel de endeudamiento de las empresas y familias españolas, nuestra elevada exposición al sector inmobiliario y la pérdida de competitividad acumulada son elementos que van a desencadenar en su proceso de corrección un ajuste muy intenso y que van a dañar con profundidad diferencial a nuestro mercado de trabajo.

Y la rebaja de calificación se produce a pesar de que España contaba con una mejor situación de partida desde el punto de vista presupuestario tanto en términos de superávit en 2007 como de ratio de deuda pública -uno de los más bajos de Europa- que muchos de nuestros socios del euro. Creo que en esta reconsideración ha influido también la rapidez del deterioro del saldo presupuestario a lo largo de los últimos meses, lo que puede llevar a pensar que más allá del juego de los estabilizadores automáticos y las medidas discrecionales tomadas por el Ejecutivo, existía un cierto espejismo en el aumento de los ingresos tributarios que derivaba de circunstancias bastante extraordinarias de nuestro modelo de crecimiento que difícilmente se volverán a repetir en un futuro próximo.

¿Cuáles son las consecuencias de la decisión de Standard&Poor¿s? La más evidente ha sido la ampliación del diferencial de tipos de interés entre el bono español y el alemán. Esto lógicamente no se circunscribe a lo que es la deuda pública, sino que se va extender al coste de financiación de la totalidad de las empresas y familias españolas que van a tener que pagar una prima superior a partir de ahora. Pensemos simplemente en que los avales que el Tesoro español va a extender a las emisiones que realicen bancos y cajas en los mercados internacionales no van a ser tan atractivos como en principio pensábamos. Pero, tal vez, las consecuencias de la decisión de S&P van más allá de nuestras fronteras, y se reflejan en la caída del euro en los instantes posteriores al anuncio de la agencia de rating. Pero de esto hablaremos otro día.

luisdeguindos@hotmail.com

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¿Chicago? No, la arrogancia al descubierto, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 25 enero, 2009

CUADERNO DE MADRID

Isabel de Valois se aburría en Toledo. La encontraba fría y oscura. Le oprimía tanto incienso. Y a la corte le faltaba espacio. Fue entonces, allá por el año 1561, cuando Felipe II decidió que el reino principal de los Habsburgo debía tener una capital estable en Castilla. Se pensó primero en Valladolid, pero la pequeña villa de Madrid fue la escogida. Era un lugar soleado que gustaba a la joven reina francesa. Siempre taciturno y vestido de negro, dicen que Felipe II sentía verdadero afecto por su tercera esposa. Hubo, sin embargo, otro motivo: en Madrid no mandaban los curas. No era sede episcopal, dada su pequeñez. Los funcionarios de la Corte se quitaban de encima el diario roce con obispos, ecónomos, canónigos y cardenales. ¡Podían mandar a sus anchas!

Ese sesgo, esa voluntad de poder, figura en el acta fundacional de Madrid como ciudad política. Ese congénito afán ayuda a entender el Madrid agitado de estos días, que la periodista Montserrat Domínguez, sincera y alarmada, ha comparado con el Chicago de los años veinte en nuestro diario. Una ciudad con el pulso alterado, donde las bandas se tirotean de madrugada y la política vuelve a mostrar su cara más zafia. Un distrito federal a la americana,que capea la crisis gracias a una gran masa crítica de funcionarios, directivos y altos cargos, pero que también sufre el angustioso desplome de miles de economías domésticas. La crisis es dura y amarga en la enorme y anónima periferia madrileña. La crisis es un drama escandinavo en Pitis, donde no hay nada, nada de nada, sólo una estación de metro. Habrá que volver pronto al desierto de Pitis, para escribir unas notas sobre el vacío existencial que acecha al abrupto final de fiesta español.

Madrid, sin embargo, no es Chicago. (Montse, no te pongas estupenda, que diría, gentil y ceceante, el marqués de Bradomín, dándote estéticamente la razón, como don Latino de Hispalis se la daba a Max Estrella en su noche delirante.) Madrid se está endureciendo -todas las ciudades españolas se van a endurecer si no amaina pronto la escalofriante crisis-, pero deberíamos distinguir entre gangsterismo y golfería.

Cuando las aguas descienden bruscamente, en los barcos y en los muelles suelen quedar a la vista unos bajos muy trabajados por el óxido y el liquen. Unos bajos oscuros y viscosos. Eso es lo que está pasando. El Madrid galáctico, como es bien sabido, se ha ido a tomar viento. El sistema de poder generado por más de quince años de aceleración económica se está desbaratando por el brusco colapso de sus dos principales motores, el negocio inmobiliario y las grandes contratas de obra pública.

Quedan otros motores, sin embargo. Madrid tiene más empresas de mediano tamaño (con más de 200 trabajadores) que Catalunya. Exporta menos, pero ha captado mucho capital extranjero. El Gran Madrid tiene una osamenta fuerte. Cuenta con un aeropuerto impresionante y la radialidad de los trenes le ha convertido en el tercer gran ferropuerto del mundo, detrás París y Tokio.

Las aguas están descendiendo y estos días de agitada crisis de los espías,observamos la golfería acumulada en algunos bajos del nervioso poder madrileño. La desfachatez y la arrogancia del nuevo rico en horas bajas.

Ha comenzado en España una fase de durísimo ajuste a todos los niveles. Mucha gente va a sufrir y no pocos de los esquemas y contradicciones de los últimos treinta años van a perder sentido de manera paulatina. Si no amaina, es probable que antes de dos años estemos discutiendo sobre la conveniencia de seguir en el euro (puede que el debate nos lo impongan los alemanes). Se hablará pronto de emergencia nacional y se hará del todo necesario un nuevo contrato entre el centro y la periferia. Pero eso será después. Ahora, en el hilo musical Obama recita unos bellos discursos neoclásicos, el ocurrente ministro Sebastián propone el regreso a la autarquía (¡comprad productos españoles!), el presidente del Gobierno planea nuevas gestas publicitarias, y Aznar gana puntos como bombero y árbitro de una derecha en llamas.

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Obama y la economía (y 3), de William Polk en La Vanguardia

Posted in Economía, Internacional by reggio on 25 enero, 2009

La entrada de Obama en la Casa Blanca ha marcado el desplazamiento del énfasis de su Administración sobre los asuntos internacionales hacia los internos. Ha identificado el problema más abrumador que afronta su Administración: el declive de la economía estadounidense. Esto es, la caída de importantes aseguradoras, la práctica bancarrota de los mayores bancos, incluidos el Citigroup y el Bank of America, la amenaza de insolvencia de Ford, General Motors y Chrysler, las ejecuciones de los cientos de miles de hipotecas y la pérdida de millones de puestos de trabajo.

De los 700.000 millones de dólares destinados por el Congreso al rescate de los bancos y otros sectores, la Administración Bush ya asignó la mitad. El Congreso ha alegado que los fondos no se distribuyeron de modo equitativo y no protegieron a los propietarios de viviendas, aparte de ser supervisados de forma deficiente. Los asesores financieros de Obama han indicado al Congreso que es necesario asignar el resto de los fondos de modo “inmediato y urgente”. Se prevé que Obama amplíe el alcance de este programa, aunque imponiendo mayores restricciones sobre su modo de empleo.

La Administración Obama articula actualmente el denominado plan estadounidense de recuperación y reinversión, que pretende impedir que las autoridades estatales y municipales tengan que recortar los presupuestos destinados a la ayuda social y educativa.

Se pondrá el acento en nuevas áreas, destinando unos 54.000 millones de dólares a la inversión en energías no contaminantes, duplicando la producción de energías alternativas y mejorando la eficiencia energética en edificios de la administración y privados. El presidente y sus asesores creen que tal iniciativa creará medio millón de nuevos puestos de trabajo.

La reparación de las infraestructuras existentes – puentes, presas, carreteras, vías férreas, escuelas y proyectos de abastecimiento de agua-absorberá la suma de 90.000 millones de dólares y se prevé crear unos 400.000 puestos de trabajo. Los nuevos programas podrían crear más de 200.000 nuevos empleos. Además, proyectan ampliar la indemnización por desempleo en 43.000 millones de dólares.

Como dijo recientemente el presidente en una entrevista por televisión, “llevará cierto tiempo ponerlo en práctica de forma efectiva”. “Pero si el plan declara: ´Actuemos con valentía, actuemos con rapidez´, no debemos limitarnos a que arranque la economía (…) y a salvar tres millones de empleos, sino que debemos hacer un desembolso inicial para solucionar algunos de los problemas estructurales…”.

Sin embargo, dos de los principales asesores económicos de Obama creen que la creación de empleo alcanzará un listón bastante inferior a las expectativas del presidente y no se hará realidad hasta finales del 2010. En consecuencia, la pregunta a continuación es: ¿de dónde saldrá el dinero? La respuesta no es halagüeña: se prevé que el Gobierno federal alcance este año un déficit presupuestario de 1,2 billones de dólares. Con la economía en declive y el endeudamiento externo casi al límite, Obama pide una reducción de impuestos por valor de 300.000 millones de dólares, por lo que los fondos a disposición del Gobierno disminuirán aún más.

Cabe hablar de dos fuentes de ingresos: la primera, acuñar más moneda, con riesgo de inflación y mayor disminución del valor del dólar, factor que dificultará aún más la capacidad de endeudamiento.

La segunda consiste en recortar los programas actuales. El mayor capítulo susceptible de ser aligerado radica en el Departamento de Defensa, que prevé gastar 541.000 millones de dólares en el año fiscal 2009. Las guerras son, por supuesto, enormemente caras. En el último año, de acuerdo con la Oficina del Presupuesto del Congreso, este ha destinado la suma de 752.000 millones de dólares a atender los costes de la guerra y la ocupación en Iraq, Afganistán y la “guerra global contra el terrorismo”. Para este año, Defensa solicita una suma adicional de 170.000 millones de dólares. El coste de mantener un solo soldado o empleado de seguridad un año en Iraq es de aproximadamente 500.000 dólares y actualmente hay allí unos 340.000. Algunos programas de defensa exigen examen detallado, rediseño o cancelación. Entre ellos se cuenta el de un nuevo avión de combate (el F-22), diseñado para volar mejor que un avión soviético inexistente, y un nuevo destructor diseñado para luchar contra buques soviéticos asimismo inexistentes. Estos y otros programas no son necesarios ni razonables.

Los intentos de recortar el gasto toparán con oposición en el Congreso porque las asignaciones presupuestarias están muy repartidas. El congresista X se opondrá firmemente a los recortes en los proyectos situados en su distrito electoral por mucho que pueda ser partidario de recortes de conjunto.

Obama ha dicho: “No podemos desperdiciar cinco o seis meses más cuando estamos perdiendo medio millón de puestos de trabajo al mes”. No obstante, Obama prevé déficit para los próximos años.

WILLIAM POLK, del consejo de planificación política del Departamento de Estado con John F. Kennedy, autor de ´Políticas violentas´ (Libros de Vanguardia)

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El rechazo de la opinión de los demás de Joaquím Muns en Dinero de La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 25 enero, 2009

En las últimas semanas se han sucedido, a nivel internacional, varios informes sobre la economía española y sus perspectivas. Las valoraciones han procedido de organismos internacionales, de servicios de estudios de instituciones financieras, de agencias internacionales de calificación de riesgo, en concreto una de ellas, y de otras fuentes que podemos considerar en general solventes. Es el tipo de examen al que están sometidos todos los países que aspiran a ser reconocidos como miembros importantes del sistema económico global y que, por tanto, puede considerarse normal y habitual.

Ha habido práctica unanimidad, en el conjunto de estos informes, en el sentido de considerar que la situación de la economía española es delicada y que las perspectivas a corto y a medio plazo son fuertemente adversas. Naturalmente, estos mensajes son preocupantes, pero, a mi juicio, también lo es, y mucho, la poca receptividad con que han sido acogidos por nuestros gobernantes. En algunos casos, se ha aducido que los que daban su opinión se equivocaban a menudo y en otros, que se trataba de vaticinios demasiado pesimistas. También se ha denunciado la existencia de cierta ligereza metodológica al no tener en cuenta las últimas medidas adoptadas por el gobierno y el efecto que se espera que tengan en la economía española.

La reacción inmediata y automática ha sido, por tanto, la de deslegitimar a los autores de los informes por algún fallo importante de percepción o de método. Creo que esta es una actitud que en nada favorece al país. Un breve repaso histórico por los últimos cincuenta años de la economía española demuestra el peso y la influencia positiva que han tenido los actores internacionales en la modernización y progreso de nuestra economía.

Son diversos los ejemplos que ponen de relieve los efectos beneficiosos que han tenido, en su momento, los consejos del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, de la OCDE y de otros organismos y asesores internacionales.

España ha progresado cuando se ha abierto al exterior no solamente en el terreno de los intercambios de bienes y servicios, sino también cuando lo ha hecho en el campo de las ideas y de los consejos. Las épocas negras del país hay que asociarlas con la cerrazón mental, el aislamiento y el rechazo y miedo sistemáticos a todo lo extranjero. En periodos de profunda crisis como el actual, hay precisamente un mayor peligro de introspección y proteccionismo. Esta es una tendencia general, global, pero puede sin duda acentuarse en los países, como el nuestro, que tienen serios antecedentes históricos de haber transitado muchas veces por este camino.

Creo que si hay un momento histórico para escuchar a los demás es este. Y no sólo porque es complicado y difícil entender lo que pasa y cómo salir de esta situación, sino también porque entramos en una fase en la que necesitamos la comprensión y ayuda de nuestros socios y el respaldo de los mercados, a los que tendremos que acudir para colocar nuestra creciente deuda.

No podemos entrar en una fase de debilidad, desde la que tendremos que reconstruir nuestra economía, sin contar con la complicidad del mundo económico que nos rodea, especialmente de nuestros socios más próximos. Difícilmente llegaremos a esta complicidad si todo lo que nos dicen lo ponemos, de entrada, en tela de juicio.

No ayuda en nada a los países, y tampoco al nuestro, elaborar una versión oficial de la realidad económica que se vive. Este es un síndrome bastante habitual en la historia de España y responde a la irrefrenable tendencia que siempre ha persistido de visionar la realidad de forma partidista. En este contexto de defensa a capa y espada de la versión oficial de la realidad, cualquier opinión discordante es vista con recelo.

Creo que el cuadro macroeconómico que acaba de presentar el vicepresidente Solbes puede ser un punto de inflexión importante de esta tendencia a rechazar las opiniones ajenas. En él se recogen, con realismo, muchas de las previsiones que, en principio, se cuestionaron o se rebatieron. La aceptación de los hechos es un signo de buena política y entre estos hechos figuran, sin duda, las opiniones de los expertos acreditados.

En el momento en que el Sr. Obama acaba de tomar posesión de su cargo y todos los políticos europeos se deshacen en elogios hacia él, quizás sería la ocasión de imitarle además de alabarle. En el contexto de este artículo, me parece interesante destacar su interés, que ha practicado hasta ahora, por escuchar, aprender de los demás y rodearse de los que considera los mejores, independientemente de su filiación política. Ha hablado de la economía norteamericana a sus conciudadanos desde la humildad, el realismo y la valentía. No ha minimizado los problemas ni rehuido la responsabilidad que incumbe tanto al gobierno como a los ciudadanos. Ojalá la admiración por Obama no quede en proclamas retóricas y cale su ejemplo de transparencia, apertura y dignidad cívica.

Joaquim Muns. Economista y abogado. Premio de Economía Rey Juan Carlos I, es catedrático de OEI en la UB y fue director ejecutivo del FMI y del Banco Mundial.

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Bernie Madoff y mi Nueva York, de Barbara Probst Solomon en El País

Posted in Economía by reggio on 25 enero, 2009

La operación de Bernie Madoff era la crónica de un delito anunciado. Una explosión repentina de dinero nuevo en una sociedad no sólo permite la aparición de nuevos peluqueros y restaurantes, sino también de nuevos delincuentes, y, cuando Madoff inventó la gestión electrónica de los traspasos de acciones, la producción industrial se consideraba un remanente sentimental de otra época y a nadie pareció llamarle la atención ni preocuparle que el desempleo se hubiera disparado en el Estado de Nueva York. Harry Markopolos, miembro de una firma financiera, curiosamente situada en Boston y no en Nueva York, advirtió en repetidas ocasiones a una SEC [la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos] de ineficacia criminal de que Madoff estaba llevando a cabo “el mayor esquema de Ponzi del mundo”. Una señal de alarma que deberían haber visto, y no vieron, los investigadores fue que la firma auditora de las actividades de Madoff no era una de las ocho grandes que suelen utilizarse, sino una pequeña oficina que habría encajado muy bien en la película Los productores, con Nathan Lane y Matthew Broderick. The Washington Post publicó informaciones que ponían en duda las actividades de Madoff. ¿Por qué nadie tomó medidas?

¿A quién interesaba desenmascarar a Madoff? No a la SEC, cuyos empleados, mal formados, confiaban quizá en obtener mejores trabajos con él. Ni a los responsables de los fondos alternativos, que podían ser considerados cómplices. Ni a un establishment amorfo, un sistema que quería que los buenos tiempos nunca se acabaran. Ni tampoco a las organizaciones benéficas, que quieren hacer buenas obras como sea y, cada vez más, se despreocupan por el origen del dinero.

No sé qué pasó con Madoff, pero mi propia experiencia de hace muchos años (una joven viuda cuya herencia disminuyó misteriosamente hasta alcanzar, como dijo un amigo, el valor de una bicicleta; mi novela Smart Hearts in the City estaba vagamente basada en el caso, que tardé años en ganar) me enseñó varias cosas sobre el dinero y el sistema. 1. No se descubre un delito de cuello blanco a base de hurgar en auditorías. Primero hay que estar convencido de que existe un delito y luego buscar las auditorías para comprobarlo, no al revés. 2. Es necesaria una gran motivación para soportar la humillación de que a uno le tomen por loco. 3. Lo más importante, hay que aprender a sortear los mecanismos del sistema (cualquier sistema). Los que denuncian cosas no le caen bien a nadie.

Madoff sabía que era fundamental que sus clientes se sintieran tan impresionados por su respetabilidad como por su habilidad con el dinero; era un sociópata que necesitaba engañar a la gente y ganar la partida. Sus víctimas consideraban que era una “suerte” que él las hubiera aceptado y los rechazados sentían que habían caído ignominiosamente en desgracia; ninguno de los dos grupos entendía que lo que le hacía falta a Madoff eran clientes que no necesitasen retirar fondos.

Todo esto habría dado muy buen material a un Balzac, un Proust y, por supuesto, un F. Scott Fitzgerald, pero los novelistas literarios contemporáneos, equivocadamente, no suelen preocuparse por cómo se gana la vida la gente. Y Madoff necesitaba un toque de misterio. El edificio Lipstick (así llamado por su forma ovalada, como de barra de labios), en el que Madoff tenía su despacho legítimo en un piso y su falsa oficina en otro, está fuera del circuito habitual y es un lugar en el que Madoff podía evitar a otros intermediarios y banqueros que observaran sus idas y venidas.

En su búsqueda de respetabilidad, Madoff se centró en la pequeña sinagoga ortodoxa de la Quinta Avenida a la altura de las calles sesenta y tantos. A diferencia del enorme y elegante Temple Emmanuel, constituido a mediados del siglo XIX por judíos alemanes que preferían una religión light, o la rígida sinagoga de españoles y portugueses, con sus profundas raíces históricas, o la amplia Sinagoga Central -con su vasta congregación y sus mujeres cantoras, dedicada al ecumenismo, la cultura, la música, etcétera-, todos ellos lugares llenos de individuos que tenían conexiones propias con Wall Street, la Sinagoga de la Quinta Avenida, más aislada, ofrecía a Madoff una oportunidad única para controlar su entorno. No tuvo que conquistar más a que a una sola persona, su presidente, el gestor de fondos alternativos Ezra Merkin, que, sin saberlo -o sin preocu-parse-, le abrió la puerta a las organizaciones benéficas judías a las que posteriormente robó.

Como el estafador que se casa con una mujer, le roba el dinero y luego le regala unas cuantas joyas compradas con el dinero robado, por las que ella, como tonta, le da las gracias, Madoff contribuyó a las grandes organizaciones benéficas judías con los fondos robados y, de esa forma, se situó como respetable líder de la comunidad.

Al meditar sobre estas revelaciones, recuerdo la época en la que discutía con mis abogados porque pensaba que había algo extraño en la auditoría que nos habían presentado tras la muerte de mi esposo: no podía dejar de mirar un paquete de acciones presuntamente sin valor que rendía 50 dólares cada trimestre. Lo examinaba una y otra vez, cada vez con más detalle. Hasta que resultó que no era un paquete de acciones, como insistían los brillantes abogados, sino una manzana de naves industriales (las naves industriales no son una cosa que se pueda hacer trocitos y enviar a las islas Caimán). Recuerdo el día en que encontré esas naves, el día en que me hice mayor. Mi marido, que era muy de izquierdas (más que yo), había demostrado excesiva ignorancia sobre nuestra fuente de ingresos.

El caso Madoff tiene demasiadas connotaciones. El dinero suscita, o demasiado temor y respeto por el mero hecho de ser dinero, con lo que implica -la autoridad-, o, en el otro extremo, la fe infantil que no necesita ninguna atención; y ambos extremos son muy típicos de Estados Unidos. En otras palabras, una receta perfecta para el desastre.

Barbara Probst Solomon es periodista y escritora estadounidense.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

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Un rescate incierto, de Paul Krugman en Negocios de El País

Posted in Economía by reggio on 25 enero, 2009

La anticuada economía del vudú -la creencia en la magia de las rebajas fiscales- ha desaparecido del discurso civilizado. El culto a la economía de la oferta se ha reducido hasta tal punto que sólo lo profesan maniáticos, charlatanes y republicanos.

Pero algunos informes de prensa recientes dan a entender que muchas personas influyentes, incluidos funcionarios de la Reserva Federal, reguladores bancarios y, posiblemente, miembros del Gobierno entrante de Obama se han vuelto devotos de otro tipo de vudú: la fe en que podemos hacer que los bancos anden celebrando complejos rituales financieros.

Para explicar el problema, permítanme describir la posición de un banco hipotético que denominaré Gothamgroup, o Gotham, para abreviar.

Sobre el papel, Gotham tiene activos por valor de 2 billones de euros y unas deudas de 1,9 billones, de modo que tiene un valor neto de 100.000 millones de euros. Pero una fracción considerable de estos activos -pongamos, 400.000 millones de euros- son activos hipotecarios y otra basura tóxica. Si el banco intentase vender estos activos, no obtendría más que 200.000 millones de euros.

Por consiguiente, Gotham es un banco zombi: sigue funcionando, pero en realidad ya ha quebrado. Sus acciones no carecen por completo de valor (sigue teniendo una capitalización bursátil de 20.000 millones de euros), pero ese valor se basa enteramente en la esperanza de que los accionistas serán rescatados por una ayuda estatal.

¿Por qué iba el Estado a rescatar a Gotham? Porque desempeña una función primordial en el sistema financiero. Cuando se permitió que Lehman quebrase, los mercados financieros se congelaron y durante unas semanas la economía mundial se tambaleó al borde del colapso. Puesto que no queremos repetir la actuación, hay que mantener a Gotham a flote. Pero ¿cómo podemos hacerlo?

Bien, el Gobierno podría limitarse a darle a Gotham unos 200.000 millones de euros, suficiente para que vuelva a ser solvente. Pero esto, por supuesto, sería un enorme regalo a los actuales accionistas de Gotham y también invitaría a asumir riesgos excesivos en el futuro. Aun así, la posibilidad de que se produzca ese regalo es lo que ahora sostiene el precio bursátil de Gotham.

Un método mejor sería hacer lo que el Gobierno hizo con las cajas de ahorro zombies a finales de la década de 1980: se incautó de los bancos difuntos y se deshizo de los accionistas. Después transfirió sus activos morosos a una institución especial, la Resolution Trust Corporation [Corporación del Fideicomiso de Resolución], pagó suficientes deudas de los bancos como para devolverles la solvencia y vendió los bancos saneados a nuevos propietarios.

Sin embargo, los actuales rumores dan a entender que los políticos no están dispuestos a seguir ninguno de estos métodos. Por el contrario, supuestamente se inclinan por una solución intermedia: trasladar los activos tóxicos de los balances de los bancos a un banco malo o banco agregador público, parecido a la Corporación del Fideicomiso de Resolución, pero que no se incautaría primero de los bancos.

Sheila Bair, presidenta de la Corporación Federal de Seguros de Depósitos, intentó hace poco explicar cómo funcionaría: “El banco agregador compraría los activos a un valor justo”. Pero ¿qué significa “valor justo”?

En mi ejemplo, Gothamgroup es insolvente porque los supuestos 400.000 millones de euros de activos tóxicos que tiene en sus libros sólo valen de hecho 200.000. La única manera de que una compra pública de esos activos tóxicos pueda devolver la solvencia a Gotham es que el Estado pague mucho más de lo que los compradores privados están dispuestos a ofrecer.

Ahora bien, los compradores privados podrían no estar dispuestos a pagar lo que los activos tóxicos valen en realidad: “La verdad es que en estos momentos no disponemos de ninguna tasación racional de algunas de estas categorías de activos”, afirma Bair. Pero ¿debería la Administración pública dedicarse a declarar que sabe mejor que el mercado cuánto valen los activos? ¿Y es realmente probable que pagar un “valor justo”, sea lo que sea que eso signifique, bastaría para devolverle la solvencia a Gotham?

Lo que sospecho es que los políticos -posiblemente sin ser conscientes de ello- se disponen a dar gato por liebre: una política que se parece a la limpieza de las cajas de ahorro, pero que en la práctica equivale a hacer a los accionistas de los bancos, a expensas del contribuyente, enormes regalos disfrazados de compras de activos tóxicos a un “valor justo”.

¿Por qué estas contorsiones? La respuesta parece ser que Washington sigue teniendo un miedo mortal a esa palabra que empieza por N: nacionalización. La verdad es que Gothamgroup y sus instituciones hermanas ya son pupilas del Estado, completamente dependientes de la ayuda del contribuyente, pero nadie quiere reconocer ese hecho y aplicar la solución obvia: una absorción pública explícita, aunque temporal. De ahí la popularidad del nuevo vudú, que, como he dicho, afirma que unos rituales financieros complejos pueden resucitar a los bancos muertos.

Por desgracia, este retorno a la superstición puede salir caro. Espero equivocarme, pero sospecho que los contribuyentes estamos a punto de ser víctimas de otra mala pasada, y estamos a punto de que nos den otro plan de rescate financiero que no servirá para nada.

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008.

Traducción de News Clips.

© New York Times News Service, 2009

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Otra semana negra para la economía española, de Ángel Laborda en Negocios de El País

Posted in Economía by reggio on 25 enero, 2009

Podíamos calificar como semana negra la última que ha vivido la economía española. La cuestión es que estas semanas se han ido sucediendo una tras otra desde finales del verano, siempre a peor, desbordando los indicadores publicados cualquier previsión por pesimista que fuera. El cuarto trimestre ha sido terriblemente malo y el único consuelo que queda es que está siendo igual en casi todas las grandes economías, incluida China.

Entre la catarata de noticias negativas, el Gobierno publicó el pasado día 17 la Actualización del Programa de Estabilidad. En realidad no era una mala noticia, sino la constatación de que, por fin, nuestros gobernantes se acercaban a la realidad. El programa incluía en su cuadro de previsiones una caída del PIB del 1,6% para este año y una tasa de paro del 15,9%. Lástima, porque ese ejercicio de realismo se ha vuelto a quedar de nuevo desfasado. Lo peor es que el realismo sólo se aplicaba a la primera mitad de 2009, pues el Gobierno nos decía que a partir de ahí la economía iba a recuperarse a un ritmo muy rápido de forma que en 2010 se alcanzaría un crecimiento del 1,2% de media anual y del 2,6% en 2011. Aún eran más irreales las previsiones de paro y déficit público, que descenderían a partir de 2010.

Supongo que estas previsiones intentan transmitir cierto optimismo y confianza a la ciudadanía, a la par de esconder el enorme déficit público que se alcanzará en 2010 y 2011, pero son nefastas en cuanto que se niegan a reconocer la gravedad, profundidad y consecuencias a medio plazo de la actual recesión. Eso lleva, por un lado, a una pérdida de credibilidad en los dirigentes por parte de los agentes económicos y, peor aún, a no aceptar que la salida a esta situación requiere reformas de calado en el sistema fiscal y en los mercados de factores (trabajo) y de bienes y servicios. Las previsiones de la Comisión Europea, publicadas poco después, vinieron a poner las cosas en su sitio, apuntando a una caída del PIB del 2% en 2009 y del 0,2% en 2010, y a una tasa de paro del 18,7% ese año. Desgraciadamente, tales previsiones pueden quedarse cortas, al menos para 2009.

En cuanto a los indicadores, el más importante de la semana fue la EPA del cuarto trimestre. Esperábamos que la tasa de paro aumentara hasta el 13,5% y se fue al 13,9% [gráfico superior izquierdo]. A lo largo del año (cuarto trimestre sobre cuarto trimestre) el paro aumentó en 1,3 millones de personas. Sólo en el último trimestre el aumento respecto al anterior fue de medio millón (en cifras ajustadas de estacionalidad). El fuerte aumento del paro a lo largo del año se explica prácticamente a partes iguales por el avance de la fuerza laboral (población activa) y por la destrucción del empleo. Pero en el cuarto trimestre, las cosas cambian, pues la destrucción del empleo (en términos ajustados de estacionalidad) explicó el 80% del aumento del paro.

Entre los muchos datos que proporciona la EPA, sorprende que la fuerza laboral siga creciendo a un ritmo tan elevado como el 3% anual (660.200 nuevos demandantes de empleo al año), lo que se debe fundamentalmente a que continúa la fuerte afluencia de inmigrantes: de ese aumento, el 56% corresponde a extranjeros. Ésta es una de las causas principales que explican el rápido aumento del paro en España en comparación con la zona euro [gráfico inferior izquierdo], aunque también lo es que aquí se destruye más empleo debido a que la recesión azota muchísimo más a sectores intensivos en mano de obra, como la construcción. En este sector la ocupación descendió casi un 21% a lo largo del año, destruyendo 558.500 puestos de trabajo [gráfico superior derecho], aunque también en la industria el empleo descendió un 6,7% (219.500 ocupados menos) y en la agricultura un 4,7% (-42.400 ocupados). Sólo en el sector servicios creció el empleo, un 1,5% (200.200 ocupados más).

La caída interanual del empleo total en el cuarto trimestre fue del 3%, cuatro décimas menos de lo que dio la afiliación a la Seguridad Social, lo que confirma que se está produciendo un aumento de la economía sumergida. A partir de lo que nos dicen ambas estadísticas y todo el resto de indicadores, el PIB podría haber retrocedido este trimestre al menos un 1% en tasa interanual y entre el 5% y el 5,5% en tasa intertrimestral anualizada.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS)

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Hacia la derrota final, de Jesús Cacho en El Confidencial

Posted in Política by reggio on 25 enero, 2009

Aznar lo hizo y Aznar lo deshizo, sembrando, al final de su segunda legislatura, la simiente de la explosión que parece estar a punto de producirse en el Partido Popular, listo el pastiche para saltar por los aires, presta a reventar la solución antidemocrática que el divino dedazo de Franquito implantó por decreto con Mariano Rajoy. Queda Valencia y Madrid como fortines. El primero parece seguro, de momento. En el segundo, valor simbólico como rompeolas de las Españas, Zapatero -tan mal presidente como perfecto conspirador- se ha propuesto acabar con la mayoría popular en el centro de España. Es su gran objetivo de esta legislatura. Barrer a Esperanza Aguirre de la Comunidad de Madrid. Le ayuda en la tarea la indolencia de un Rajoy en quien parecen haber dejado de confiar hasta sus íntimos, y la estulta soberbia de una Aguirre y Gil de Biedma poco leída y peor acompañada por una recua de mediocres ambiciosos, cuya conducta no hace sino alejar a los más sensatos de ese triste invento llamado “la España de las Autonomías”.

La clave de la voladura incontrolada del PP que se avecina no es Caja Madrid, sino la sucesión de Mariano. El sillón vacío de Mariano. Ante la muerte súbita electoral que se aproxima -primer envite, 1 de marzo- quienes dan por muerto al gallego y aspiran al liderazgo intentan asestar puñalada mortal al enemigo. Aguirre contra Gallardón; Gallardón contra Aguirre. Caja Madrid es el instrumento, la palanca financiera -mira, Rita, te daré ese crédito que necesitas para Valencia, pero a cambio me tendrás que apoyar en el Congreso que se convoque para elegir sucesor- capaz de situar a quien la controle en la silla gestatoria de Génova. Solo así se entiende la decisión de Aguirre de cambiar la Ley de Cajas madrileña porque la vigente no servía a sus planes de defenestrar a Miguel Blesa. ¿Qué la Ley no me conviene? La cambio. La traca final de la implosión del PP en mil pedazos estaba servida. Esto suena a fin de fiesta, a despedida y cierre de la derecha política heredera de Aznar. Y tal vez sea mejor así porque este PP, con sus adherencias franquistas, no sirve para la tarea de regenerar nuestra democracia y encabezar las reformas de fondo que reclama el bienestar de las futuras generaciones de españoles.

Y decretadas las hostilidades, antes incluso de cambiada la Ley, las partes enfrentadas en hispánico y mortal garrotazo a lo Goya piden el apoyo del Gobierno y del PSOE, de Moncloa y de Ferraz al tiempo. Y Blesa acude a la primera reunión de banqueros en presidencia del Gobierno y, casi en las despedidas, consigue un fugaz aparte con ZP, presidente, tenemos que hablar de Caja Madrid, me tienes que ayudar, Aguirre amenaza con cambiar la ley con el objetivo de hacerse con la Caja e impedir mi reelección… y Zapatero, con una media sonrisa, le pide calma, ya hablaremos, Miguel, pero no olvides que una Ley Autonómica se cambia con un Decreto Ley. Blesa se ha entrevistado también con José Blanco en la sede de Ferraz, para conocer la posición socialista en torno al conflicto y pedir apoyo a cambio de las oportunas contraprestaciones.

También la otra parte ha pedido el apoyo del vicesecretario general socialista. No está claro si los contactos han sido personales o telefónicos. Hay quien sostiene que Ignacio González, vicepresidente de la Comunidad de Madrid, ha visitado el despacho de Blanco en Ferraz en un par de ocasiones. El aludido lo niega (“yo no he ido a Ferraz, pero puedo asegurar que Blesa sí”). El caso de que, para asombro de Blanco -que es asombro compartido por la mayor parte del PP-, Nacho González se postula como futuro presidente de Caja Madrid, mediante un gran pacto con el PSOE gracias al cual los socialistas ocuparían una vicepresidencia, la dirección ejecutiva de Cibeles y el acceso inmediato a la Comisión Ejecutiva, de la que hoy están excluidos. Y hay quien sostiene también que, para engrasar el pacto, González ha contado con los buenos oficios de Eduardo Zaplana y Javier de Paz, los dos hombres de Telefónica que parecen conformar el lobby más poderoso que jamás haya pisado la piel de toro. Zaplana niega cualquier participación. “Está circulando mucha porquería. ¿Alguien en su sano juicio puede creer que Nacho González necesite a Zaplana para ir a ver a Pepe Blanco? Yo no he pisado jamás la sede de Ferraz”.

Es seguro que, tras la reunión del Consejo de la Caja celebrada el lunes 12, que ordenó al presidente de la Comisión de Control, Pablo Abejas, un fiel de Aguirre, la convocatoria de una reunión del organismo con el único punto en el orden del día de debatir su defenestración como tal, Nacho González dio por bueno la existencia del pacto con el PSOE, porque, para sorpresa de casi todos, Abejas decidió darle gusto a Blesa convocando a la Comisión de Control para el viernes 16. Aquella mañana, alguien sensato alertó a Abejas.

-Pero, Pablo, no reúnas a la Comisión, hombre, no lo hagas, por qué vas a correr ese riesgo, no ves que Beteta [Antonio] te ha facilitado la tarea con el fax que acaba de mandar inhabilitando a Serrano.

-Nada, nada, no te preocupes: me ha llamado Nacho diciéndome que palante, que vamos a ganar la votación. Pepiño Blanco le ha asegurado que los dos vocales del PSOE, además del de UGT, van a votar contra Blesa. ¡Se van a enterar!

Pero fueron Abejas, González y la propia Aguirre, al corriente del supuesto pacto con Blanco, quienes se enteraron. La Comisión, por siete votos contra seis, aprobó la destitución de Abejas y el nombramiento de Fernando Serrano, afín a Gallardón, como sustituto. Y ello gracias a que Francisco Pérez, consejero socialista, votó a favor de Blesa y en contra de las órdenes de su partido, pero en coherencia con la posición defendida por el PSOE y por él mismo en diciembre, cuando pidió por escrito la destitución de Abejas.

José Blanco, genial estratega

El hombre que acababa de hacerse tan grotesco harakiri en directo no salía de su asombro, pero cómo puede ser tan cabrón el tío este, si antes de entrar he hablado con los dos y me han prometido, faltaría más, votar contra Blesa. ¿Traición a la disciplina de partido o gesto de honestidad? Tal vez ni una cosa ni otra. Porque detrás de lo que algún predicador mediático ha calificado de “nuevo tamayazo” podría esconderse algo más. Resulta que Paco Pérez y Pepe Blanco son amigos de antiguo. Abejas explicaba después lo sucedido afirmando que “Pérez está muy cabreado con Blanco, porque lo ha utilizado en muchas operaciones y al final siempre lo deja con el culo al aire; por eso ha votado contra el PSOE”. Para ayudar a tragar esa píldora, Ferraz hizo saber que había abierto expediente a Pérez.

Las risas todavía resuenan por el oeste madrileño, con Moncloa y la calle Ferraz como epicentro de las carcajadas. Que Nacho González, y por ende Esperanza Aguirre, hayan podido llegar a creerse que Rodríguez Zapatero y José Blanco les iban a apoyar en esta guerra es de aurora boreal. Y ahí está el gran Pepe Blanco, genial estratega, prometiendo apoyo a ambos bandos y negándoselo en el momento oportuno, arremangado ahora y en traje de faena, arrojando sudoroso leña a las calderas de dos trenes, en cuyas máquinas viajan Aguirre y Gallardón, que circulan por vía única y en direcciones opuestas. Marchan ya a gran velocidad y sin frenos, porque Rajoy está a punto de caer cual fruta madura, de modo que el choque permite adivinar la desintegración de un partido en el que han dejado de creer las clases más dinámicas y liberales de este país, un partido apesebrado en la idea de la alternancia, de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas, y el usufructo de un Régimen de corrupción que se cae a pedazos. Como dijo ayer Rosa Díez, la crisis nos coge “con el peor Gobierno y la peor oposición”.

Ejemplo de esa corrupción es la historia de espías surgida en la Real Casa de Correos, donde tiene su despacho la presidenta Aguirre. Cutre Watergate a la madrileña. Que en la Comunidad no hayan rodado todavía cabezas explica bien el grado de postración al que han llegado nuestras instituciones. Lo cuenta un alto cargo policial en activo: “esto no tiene mayor historia: Paco Granados contra Nacho González, dos tíos que se odian desde siempre. Y solo a un tipo como Granados se le ocurre fichar a un grupo de policías y guardias civiles apolillados y ponerlos a jugar a los espías. Lo que ha salido es pura chapuza. Más interesante sería saber si alguien ha trincado algún cabo suelto de corrupción, que la hay y a lo grande”.

En esta historia pierde Aguirre, una mujer a la que en los últimos tiempos parecen estar aconsejando sus peores enemigos. Y pierde también Mariano Rajoy, víctima de esa pereza de siglos de que habla Primo Levi en su maravillosa Trilogía de Auschwitz (“la virtud que, en todos los climas, es más necesaria para la conquista del Poder, es el amor al Poder”). Tras los sacos terreros del antiguo edificio de Correos en Cibeles aguarda agazapado Gallardón, éste sí sediento de Poder, un tipo que hace a pelo y a pluma, preocupante figura para cualquier auténtico demócrata. Gana el PSOE, que seguramente estará en condiciones de nombrar presidente de Caja Madrid después del verano. Y gana Zapatero, que puede empezar a soñar con recuperar Madrid para el socialismo. Esperancita se lo está poniendo a huevo.

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Las raíces de la guerra de Afganistán, de Vicenç Navarro en Rebelión

Posted in Internacional, Política by reggio on 25 enero, 2009

Sistema

El nuevo Presidente de EE.UU., el Sr. Barack Hussein Obama, ha indicado que una de sus intenciones es pedir a sus aliados de la NATO que aumenten su contribución a la guerra del Afganistán. De ahí la urgencia de que la población española esté informada sobre el origen de aquel conflicto. Por desgracia, la gran mayoría de los medios de información españoles han dado una versión sesgada de lo ocurrido en aquel país.

La primera vez que Afganistán apareció en los medios de información españoles fue en los años ochenta cuando tales medios se refirieron a la intervención de EE.UU. para parar la invasión de aquel país por parte de la Unión Soviética. Afganistán corría el peligro de transformarse en una colonia más del imperio soviético, lo cual fue impedido por la intervención estadounidense en apoyo a las fuerzas de liberación que luchaban en contra de un gobierno títere, satélite del existente en la Unión Soviética. Esta es la versión más generalizada de lo que ocurrió en Afganistán en la década de los años ochenta y después.

La segunda vez que Afganistán apareció en tales medios fue cuando, menos de un mes después del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de Septiembre de 2001, las fuerzas armadas de EE.UU. atacaron el régimen talibán existente en aquel país, provocando su caída y sustitución por un gobierno, nombrado en la práctica por el gobierno federal de EE.UU. Hasta aquí la versión oficial, reproducida en los medios de información y persuasión españoles. Tales versiones, sin embargo, (y muy en particular la primera) no se corresponden con la realidad. Y es de una enorme importancia y urgencia que se corrija tal versión, dando a conocer la historia real de aquellos hechos. Existen varios libros que han informado críticamente de la versión de los hechos promovida por los medios de persuasión e información dominantes en EE.UU. y Europa. Entre ellos destaca el informe Afganistán, Another Untold Story, de Michael Parenti, publicado en Znet.

¿QUÉ PASÓ EN AFGANISTÁN?

Afganistán, uno de los países más pobres del mundo, estuvo regido hasta la década de los años setenta por un sistema feudal en el que el 75% de la tierra era propiedad del 3% de la población rural. Era un sistema basado en una enorme explotación, causa de la enorme pobreza de su población. Pero donde hay explotación suele haber también resistencia. Y en los años sesenta las fuerzas opositoras a aquel régimen feudal (gobernado por una monarquía) establecieron el Partido Democrático Popular (PDP) que lideró la resistencia que forzó el derrocamiento de la Monarquía en 1973, siendo ésta sustituida por un gobierno que fue, además de ineficaz, corrupto, autocrático y poco popular. El PDP había tenido la fuerza para exigir la destitución y abdicación del Rey pero no había tenido la suficiente fuerza para cambiar el régimen. La insatisfacción con el régimen, sin embargo, alcanzó tal nivel que en el año 1978 hubo gran número de movilizaciones populares que forzaron la dimisión del gobierno. Y parte del Ejército no resistió tales movilizaciones. Antes al contrario, las apoyaron, estableciéndose así el primer gobierno popular dirigido por el PDP y liderado por un poeta y novelista nacional, Noor Mohammed Taraki, (el García Márquez de Afganistán). El PDP fue el partido gobernante que inició gran número de reformas incluyendo la legalización de los sindicatos, el establecimiento de un salario mínimo, una fiscalidad progresiva, una campaña de alfabetización, y reformas en las áreas sanitarias y de salud pública que facilitaron el acceso de la población a tales servicios. En las áreas rurales, facilitó el establecimiento de cooperativas agrícolas. Una reforma que también tuvo un enorme impacto fue la de favorecer la liberación de la mujer, abriendo la educación pública a las niñas además de a los niños, y facilitando la integración de la mujer al mercado de trabajo y a la universidad. Como escribió el diario San francisco Chronicle (17 de Noviembre de 2001) “bajo el gobierno PDP, las mujeres estudiaron agricultura, ingeniería y comercio en la Universidad. Algunas mujeres tuvieron puestos en el gobierno y siete de ellas fueron elegidas al Parlamento. Las mujeres conducían coches, viajaban libremente y constituían el 57% de los estudiantes universitarios”. El profesor John Ryan de la Universidad de Winnipeg, experto en economía agrícola y conocedor de Afganistán ha indicado que la reforma agraria iniciada por aquel gobierno tuvo un enorme impacto en el bienestar de las poblaciones rurales. Tal gobierno eliminó también el cultivo del opio (Afganistán producía el 70% del opio consumido para la producción de heroína).

Ahora bien, tales reformas generaron unas enormes resistencias por parte de aquellos grupos cuyos intereses estaban siendo afectados negativamente. Entre ellos, tres grupos dirigieron la oposición. Uno fueron los terratenientes propietarios de grandes explotaciones agrícolas; el otro fueron los líderes religiosos, que se opusieron por todos los medios a que las mujeres se emanciparan; y un tercer grupo fueron los traficantes de opio. En ayuda de tales grupos vinieron Arabia Saudí, el estado fundamentalista que aporta ayuda a los fundamentalistas islámicos; el Ejército del Pakistán, temeroso que las reformas afganas contaminaran a las clases populares del propio Pakistán y, como no, el gobierno federal de los Estados Unidos.

¿POR QUÉ EL GOBIERNO FEDERAL DE EEUU?

Hay que subrayar que incluso la CIA, la agencia de espionaje del gobierno federal de EE.UU. había reconocido el carácter popular y autónomo del PDP y nunca (durante el periodo que tal fuerza política batalló en contra del régimen feudal) se refirió al PDP como “agente de Moscú”. Era plenamente consciente que tal fuerza política respondía a una demanda propia que tenía su propia independencia y autonomía. A pesar de ello, y antes de que la Unión Soviética interviniera en Afganistán, el gobierno federal de EE.UU. estaba financiando las fuerzas extremistas y fundamentalistas afganas que estaban intentando sabotear las reformas que el gobierno PDP (incluyendo las escuelas públicas en las zonas rurales que educaban a las niñas). El señor Brzezinski, del Consejo Nacional de Seguridad del Presidente Carter, ha admitido que el gobierno estadounidense financió a las guerrillas extremistas que realizaron tales actos de sabotaje, quemando, por ejemplo, las escuelas públicas. Es más, el gobierno federal de EE.UU. alentó un golpe miliar en contra del gobierno PDP que tuvo lugar brevemente en 1979 y que asesinó a Tarak y a miles de dirigente del PDP antes de que militares próximos al PDP retomaran el poder.

La hostilidad del gobierno federal de EE.UU. hacia las reformas del gobierno PDP se basaba, en parte, en la oposición del gobierno de EE.UU. hacia la nacionalización de la tierra y otras intervenciones que entraban en conflicto con el ideario del gobierno federal estadounidense, reformas que, además, contaban con el asesoramiento de técnicos procedentes de la Unión Soviética. El gobierno de EE.UU. estaba preocupado por la posible expansión de la influencia soviética. Detrás de tal apoyo había un anticomunismo fundamentalista, reflejado en la figura de Brzezinski (un polaco anticomunista fundamentalista), que consideraba que el objetivo fundamental de la política exterior de EE.UU. debiera ser eliminar la influencia de la Unión Soviética en el mundo, a costa de lo que fuera, incluyendo a costa de apoyar algunas de las fuerzas más retrógradas y reaccionarias existentes en el mundo, como eran los fundamentalistas musulmanes afganos.

La alianza de EE.UU., Arabia Saudí y Pakistán era enormemente poderosa y amenazaban la continuidad del gobierno del PDP. De ahí que el gobierno pidiera ayuda a la Unión Soviética, ayuda que fue rechazada en varias ocasiones, hasta que por fin, el gobierno de la URSS aceptó enviar fuerzas armadas en ayuda del Ejército Afgano (leal al PDP) que estaba en contra de las guerrillas fundamentalistas de Mojahidden (Islamic guerrilla fighters) apoyadas por EE.UU., Arabia Saudí y Pakistán.

LA ENTRADA DEL EJÉRCITO SOVIÉTICO EN AFGANISTÁN

Por fin, en 1979, el gobierno de la Unión Soviética aceptó la petición del gobierno PDP de enviar tropas en ayuda del ejército en contra de aquella movilización de fuerzas internacionales que estaban cuestionando su estabilidad y viabilidad. En parte esto era también lo que deseaba el gobierno federal de EE.UU. pues inmediatamente se tomó tal invasión como excusa para movilizar el mundo musulmán en contra del apoyo de la URSS a un gobierno lacio, progresista y deseoso de modernizar el país. EE.UU. y Arabia Saudí, las fuentes de la reacción, gastaron 40 billones de dólares en apoyo de los Mojahidden, a los cuales se unieron 100.000 musulmanes fundamentalistas procedentes del Pakistán, Arabia Saudí (incluido Bin Laden), Irán y Argelia, armados y asesorados por la CIA.

Diez años más tarde las tropas soviéticas abandonaron Afganistán. La guerra, sin embargo, continuó tres años, período en el que el gobierno PDP continuó siendo popular, y ello a pesar de los enormes destrozos de la infraestructura del país, resultado de la gran hostilidad de la alianza reaccionaria. Incluso después del colapso de la URSS, el gobierno continuó gobernando un año más, a pesar de no recibir armas que pudiera utilizar para defenderse de las fuerzas extremistas apoyadas por los gobiernos de EE.UU., Arabia Saudí y Pakistán. Una vez más, tal como ocurrió en la República Española, la falta de armas fue la causa de que la oposición venciera aquel conflicto, iniciándose un gobierno de los Mujahidden que iniciaron una enorme represión, pillaje, con ejecuciones en masa, cerrando las escuelas públicas, oprimiendo a las mujeres en campañas de violación sistemática, destruyendo las zonas urbanas. En un informe de Amnistía Internacional del 2001 esta acusó a los Mujahidden de “violar sistemáticamente a las mujeres como manera de aterrorizar a las mujeres y a la población, y como recompensa a las tropas”. El gobierno inició de nuevo el comercio del opio, con la ayuda de los servicios de inteligencia paquistaníes y de la CIA (que trabajaron conjuntamente, en apoyo de los mujahidden) convirtiendo Afganistán en el mayor productor de heroína del mundo. Varias de las fuerzas militares Mujahidden dejaron Afganistán y fueron a luchar a Algeria, Chechenia, Kosovo y Cachemira iniciándose así la red terrorista en defensa del fundamentalismo musulmán.

Una fracción de los Mujahidden fueron los talibanes, el grupo más fundamentalista de tal alianza, que por su fanatismo, disciplina y crueldad se impusieron acabando con gobernar amplias zonas del país y por último tomaron el poder. Prohibieron la música, las escuelas, la educación lacia, las bibliotecas y cualquier síntoma de modernización. Establecieron orden, ejecutando a todos aquellos que creaban desorden desde oponentes políticos a ladrones comunes. Impusieron las Burkas como vestimenta a las mujeres y prohibieron a los hombres que se afeitaran. Mujeres fueron privadas de derechos, incluido el de educarse, y aquellas que fueron consideradas inmorales eran apedreadas y quemadas vivas. Por otra parte terminaron las violaciones de las mujeres por los Mujahidden y también la producción de opio. Este gobierno talibán contó con el apoyo del gobierno federal del Presidente Clinton. Según Ted Rall (“it is about oil”. San Francisco Chronicle. Nov.2, 2001), el gobierno de EE.UU. pagó hasta el año 1999 el salario de los funcionarios talibanes y no fue hasta el año 2001, cuando a raíz del ataque a las torres gemelas, que el presidente Bush -a fin de movilizar el apoyo de la población estadounidense al bombardeo de Afganistán- denunció el tratamiento de las mujeres en Afganistán. Más tarde, incluso la señora Laura Bush se convirtió en feminista y denunció tales abusos. El 11 de Septiembre significó el fin de la alianza talibán-U.S. y la caída del gobierno talibán sustituido en Diciembre 2001 por otra facción pro-US de los Mujahidden que inició la lucha contra los talibán. La producción de opio apareció de nuevo.

Una pregunta que exige respuesta es ¿cómo podía EE.UU. apoyar al gobierno talibán, sabiendo de su apoyo a Bin Laden y al grupo de terroristas (que había sido financiado en su origen por EE.UU.)? ¿Cómo es que el gobierno talibán nunca había sido declarado “un gobierno que apoyaba el terrorismo”? Una de las razones es que de haber hecho esto hubiera significado que las compañías pretolíficas estadounidenses no pudieran haber firmado un acuerdo con el gobierno talibán para construir un oleoducto que permitiera el transporte del petróleo de Kazajstán y Turkmenistán al Océano Índico. En realidad, el apoyo hubiera continuado de no haber ocurrido el 11 de Septiembre. Y desde entonces la historia es bien conocida.

En todo este proceso, se ha olvidado de que si se hubiera permitido que el gobierno PDP hubiera hecho las reformas que el país necesitaba, no habría habido “invasión” soviética de Afganistán, no habría habido guerra de Afganistán, no hubiera habido Bin Laden y Al Quaeda y no hubiera habido un 11 de Septiembre. Y es esta precisamente la verdad que se oculta. La historia habría seguido otros derroteros. Probablemente habría surgido Al Quaeda, pero el lugar y el formato habrían sido diferentes. En el fondo del conflicto está la resistencia del gobierno federal de EE.UU. (y sus aliados y muy en especial Arabia Saudí), y su oposición a las reformas progresistas y laicas. Ni que decir tiene que existen otras causas de la existencia del terrorismo islámico. Pero esta resistencia hacia las reformas necesarias y urgentes lideradas por grupos laicos y progresistas es una de las causas más importantes. La oposición a la enorme explotación que existe en el mundo musulmán se ha canalizado a través de fuerzas enormemente reaccionarias en las que el fundamentalismo religioso se ha promovido para parar las movilizaciones populares laicas que habrían reducido y eliminado tal explotación.

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Historia de un diálogo inconcluso, de David Brooks en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 25 enero, 2009

Según documentos recientemente desclasificados, todos los presidentes que convivieron con Fidel Castro tantearon algún tipo de acercamiento. Carter fue el que llegó más lejos, pero el conflicto en Angola frustró el intento.

Desde tiempos de John F. Kennedy hasta Bill Clinton, los presidentes de Estados Unidos exploraron secretamente la posibilidad de normalizar las relaciones bilaterales con Cuba, según documentos oficiales recién desclasificados y presentados por primera vez.

La organización independiente National Security Archive, en Washington, presentó hoy una serie de documentos oficiales del gobierno estadounidense, hasta ahora secretos, que revelan desde una entrevista secreta entre un asesor de Kennedy con el Che Guevara, hasta los intentos de Kissinger por abrir un diálogo sobre la normalización de relaciones con representantes de Fidel Castro.

Estos documentos, argumenta el director del proyecto sobre Cuba del Archive, Peter Kornbluh, podrían servir de guía para el gobierno de Barack Obama. “La historia demuestra que presidentes desde Kennedy hasta Clinton consideraron el diálogo tanto posible como preferible a una continuación de la hostilidad y agresión en la política estadounidense hacia Cuba. Este rico historial desclasificado del pasado ofrece un mapa a seguir en el futuro para el nuevo gobierno estadounidense”, declaró hoy.

De hecho, una directiva secreta emitida en marzo de 1977, poco después de que Jimmy Carter asumió la presidencia, marca la primera y única vez en que un presidente ordenó la normalización de las relaciones con el gobierno de Castro. “He concluido que deberíamos lograr la normalización de nuestras relaciones con Cuba”, afirma la directiva presidencial NSC-6.

Carter dio instrucciones para impulsar “un proceso que llevará a restablecer las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba”. Las negociaciones brindaron resultados como el establecimiento de las secciones de interés diplomático en Washington y La Habana, y hubo hasta un diálogo secreto con Castro, pero el esfuerzo se descarriló por la demanda estadounidense del retiro de tropas cubanas de Africa antes de que Carter estuviera dispuesto a considerar suspender el bloqueo económico de la isla.

Un par de años antes, en 1975, un asesor de alto nivel del entonces secretario de Estado Henry Kissinger elaboró un informe secreto titulado “Normalizando relaciones con Cuba”, que afirmaba que “nuestro interés es lograr poner el asunto de Cuba detrás y no prolongarlo de manera indefinida”. Agrega que “si hay un beneficio para nosotros en un fin del estado del ‘antagonismo perpetuo’, reside en sacar a Cuba de la agenda doméstica e interamericana, en sacar el simbolismo de un tema intrínsecamente trivial”.

Al inicio de ese mismo año, el 11 de enero de 1975, el secretario asistente de Estado, William Rogers, y representantes del gobierno cubano se reúnen en secreto por primera vez en una cafetería pública en el aeropuerto LaGuardia, en Nueva York, donde el estadounidense entrega un documento aprobado por Kissinger a Ramón Sánchez Parodi, representante de Castro. “Estamos reuniéndonos aquí para explorar las posibilidades de una relación más normal entre nuestros dos países”, y agrega que “Estados Unidos puede y está dispuesto a progresar sobre tales temas, aun con naciones socialistas con las que tenemos un desacuerdo ideológico fundamental”, dice el documento sin título ni firma.

Pero estos intentos comenzaron desde casi el principio. Entre los documentos revelados hoy, hay un informe de una reunión con el Che Guevara en agosto de 1961. El asesor presidencial de Kennedy, Richard Goodwin, cuenta de su conversación informal con Guevara en Montevideo, Uruguay, donde dice que se tocaron, entre otros puntos, el deseo de Cuba de establecer un modus vivendi con Estados Unidos. Guevara también informó que aunque Castro estaba dispuesto a hacer algunas concesiones para lograr ese objetivo, era innegociable el sistema político cubano.

Guevara también sugirió que una negociación podría arrancar sobre temas secundarios para encubrir una conversación sobre los asuntos principales. Esta reunión, según el Archive, marcó el primer diálogo de alto nivel entre representantes de ambos países desde que se rompieron las relaciones diplomáticas, el 3 de enero de 1961.

“Es un hecho poco conocido que desde cuando el gobierno de Eisenhower rompió relaciones con Cuba, el 3 de enero de 1961, cada presidente ha participado en alguna forma de diálogo con Fidel Castro, a excepción de George W. Bush”, escribe Kornbluh con William LeoGrande, en el amplio artículo “Hablando con Castro”, en el numero más reciente de la revista Cigar Aficionado.

El artículo está basado en esta documentación hasta hoy secreta y un proyecto de investigación del Archive sobre los diálogos secretos entre ambos países a lo largo de los últimos 50 años, desde Kennedy, pasando por Carter y Kissinger durante el gobierno de Gerald Ford, hasta Bill Clinton, donde está, entre otros, el esfuerzo ya conocido de Gabriel García Márquez de promover un diálogo hacia la normalización de relaciones.

El artículo ofrece la historia de negociaciones tanto abiertas, sobre temas como migración, a los intentos secretos, frecuentemente a través de intermediarios, de buscar alguna manera de proceder hacia una mayor normalización. De hecho, cuenta que al mismo tiempo que Kennedy autorizaba actividades hostiles, también daba luz verde a la exploración de una reacomodación diplomática. Los principales intentos hacia ese objetivo fueron promovidos primero por asesores de Kennedy, y se repitieron en tiempos de Carter, Ford y Clinton.

Aunque todos fracasaron, Kornbluh y LeoGrande argumentan que esta historia cobra nueva relevancia en esta coyuntura, ya que el ahora presidente Barack Obama afirmó durante su campaña que estaba dispuesto a reunirse con Raúl Castro “sin precondiciones”.

Lo repitió en un debate contra su ahora secretaria de Estado, Hillary Clinton, que criticó esa postura, y en el cual Obama dijo que con preparación previa era factible, ya que “es importante para Estados Unidos no sólo hablar con sus amigos, sino también con sus enemigos. De hecho, ahí es donde la diplomacia hace la mayor diferencia”.

Los autores señalan que Carter fue el más parecido a Obama en su visión diplomática de buscar una solución pacífica a los asuntos internacionales, incluida Cuba. “Sentía entonces, igual que hoy, que la mejor manera de promover un cambio en el régimen comunista de Cuba era abrir el comercio, las visitas y las relaciones diplomáticas”, comenta a los autores en una entrevista. Carter indicó que viendo hacia atrás, “ya sabiendo lo que sé desde que dejé la Casa Blanca, yo debí haber procedido y debí haber sido más flexible en el manejo con Cuba y en el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas”.

Los autores indican que esta historia de intentos y diálogos entre Washington y La Habana, muchos de ellos secretos hasta ahora, es una guía para el nuevo gobierno en una coyuntura que tal vez es la más prometedora en estos últimos 50 años para dejar atrás una política fracasada y repudiada por la comunidad internacional y voltear esta página de la historia.

David Brooks. De La Jornada de México. Especial para Página/12.

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