La lección de Barenboim, de Susana Fortes en El País de la Comunidad Valenciana
Ni media palabra. Silencio de piedra. Ninguno de los grandes intelectuales judíos que admiramos ha condenado la masacre de Gaza. Todos han contemplado los bombardeos, sin decir esta boca es mía. Callados como efigies. Ni Steven Spielberg que estará todavía evaluando sus pérdidas por la estafa de Madoff, ni el gran Philip Roth con su sensibilidad exquisita, ni Bob Dylan que quizá esté buscando respuestas en el viento, ni Woody Allen que anda estos días tocando el clarinete por Murcia, ni Dios. Ninguno se ha dignado siquiera a pedir una mediación internacional en el conflicto. Sólo el músico Daniel Barenboim ha dejado oír su voz. Fue durante el concierto de Año Nuevo en el Musikverein de Viena. Antes de iniciar el último vals, paró la orquesta en seco y pidió justicia para el Próximo Oriente. No fue mucho. Pero fue algo. Después sus músicos interpretaron como nunca El Danubio Azul.
Barenboim fundó con el filósofo palestino Edward Said la Orquesta West-Eastern Divan, destinada a descubrir jóvenes talentos musicales árabes e israelíes con el objetivo de hacerlos tocar juntos. Un sueño. Hace tres años dieron su primer concierto en Ramala. Fue la hostia. Los palestinos adoran a este director argentino con esa lealtad inconmovible que tienen los pueblos pobres hacia quienes les comprenden, por eso le han concedido un pasaporte honorífico palestino. Lo merece sin duda. Por plantar cara a los halcones y por decir que palestinos e israelíes tienen los mismos derechos, algo obvio desde un punto de vista humano, pero imposible en una franja de miseria donde se hacinan millón y medio de palestinos, machacados por los tanques, cercados por alambradas, sin apenas agua corriente, ni luz, ni hospitales. Y por si eso no fuera bastante, encima les llueve hierro con la complicidad internacional, incapaz e hacer cumplir las resoluciones de Naciones Unidas. Así se explica que un niño palestino de ocho años descalzo la emprenda a pedradas contra soldados armados con fusiles de asalto y balas de verdad. ¿Qué esperaban? Y en efecto hay hijos de puta fanáticos de Hamás que se vuelan a sí mismos con un chaleco de cloratita dentro de un autobús con pasajeros y hay otros hijos de puta que le encargan a la aviación y a la artillería que le pegue un zambombazo a una escuela con niños dentro. Así que no me vengan con que todos los hijos de puta son iguales, que eso ya lo sabemos todos. Lo que demuestran las estadísticas es que unos son más iguales que otros.
Llegados a este punto, sólo acepto la dignidad de Barenboim. Porque efectivamente este conflicto es complejo y delicado. Se trata de un litigio entre dos pueblos profundamente convencidos de su derecho a vivir en el mismo, minúsculo, fatal y encarnizado pedazo de tierra santa. Ninguna de las partes conseguirá alcanzar más bazas políticas de las que ya tiene y lo único que pueden variar los combates es el balance del horror. Seis soldados muertos de un lado, más de setecientos del otro, casi la mitad niños. La Historia ha probado que toda victoria militar ha debilitado políticamente a Israel. En cuanto a los palestinos, la inmensa mayoría no anhela morir en nombre de Dios ni de nada, sino que los dejen vivir en paz. Es por eso que alguien debe poner las agallas de Europa encima de la mesa y parar la orquesta de una maldita vez. Como Barenboim. Ya.
Apoteosis navideña, de Ruth Toledano en El País de Madrid
Ha sido la apoteosis: acabamos aplaudiendo. (Y eso que los medios de comunicación contaban que en Oriente Próximo son siempre los árabes quienes atacan primero e Israel el que se defiende: a su defensa se le llama “represalia”). El Día de Reyes por la noche, después de dar y recibir regalos aquí y allá, después de comer roscón con y sin nata, con restos de chocolate espeso en la comisura de los labios, alrededor de la chimenea, contentos y cansados, dimos por concluida la Navidad y aplaudimos. (Y eso que, según los medios de comunicación, ni árabes, ni palestinos, ni libaneses tienen derecho a matar civiles: a eso se le llama “terrorismo”).
Lo hicimos porque lo hemos pasado bien, porque nos ha gustado. Diría que en ese aplauso iba una celebración y hasta un orgullo. (Israel tiene derecho a matar civiles: se llama “legítima defensa”). Pero también iba un alivio, la sensación de que, dados los polvos de 2008, los lodos navideños podrían haber alcanzado simas de arenas movedizas. (Cuando Israel mata civiles en masa las potencias occidentales piden que lo haga con mayor comedimiento: se llama “reacción de la comunidad internacional”).
¿Cómo, si no, va a acabar en aplauso un año que se ha llevado a un amigo del alma, que ha diagnosticado graves enfermedades a familiares, que ha acarreado pesadas lesiones, que ha amenazado con crisis interminables que nos abocarían, primero, a la incertidumbre y, después, quién sabe, a algo peor, mucho peor, acaso catastrófico? (Ni palestinos ni libaneses tienen derecho a capturar soldados israelíes dentro de instalaciones militares: eso es “secuestro de personas indefensas”).
En aquello estábamos cuando llegó la Navidad y con puntualidad y pulcritud nos entregamos al cumplimiento de cada fecha señalada, a la interpretación de cada sesgo previsto. Hicimos exactamente lo que había que hacer y no sólo hemos sobrevivido, sino que lo hemos disfrutado. De ahí el aplauso. (Israel tiene derecho a secuestrar a cualquier hora y en cualquier lugar a palestinos y libaneses. La cifra ronda los 11.000, 300 de los cuales son menores y 1.000, mujeres. No se precisa prueba alguna de culpabilidad. Israel tiene derecho a mantener secuestrados a los presos indefinidamente. A eso se le llama “encarcelamiento de terroristas”).
La tarde anterior, mientras la cabalgata de los Reyes Magos recorría la Castellana, hacíamos las últimas compras por la calle del Barquillo. (Cuando se menciona la palabra “Hezbolá” es obligatorio añadir en la misma frase “apoyados y financiados por Siria y por Irán”). Íbamos a un chino bueno para comprar el regalo de los reyes chinos que hacemos con los amigos. Un chino bueno es uno grande. Nos encanta rebuscar y encontrar cosas asombrosas y baratas. (Cuando se menciona “Israel” está terminantemente prohibido añadir “apoyados y financiados por los EE UU”). Es imposible que comprar en un chino no produzca remordimientos, porque es imposible que lo que se encuentra en un chino, al precio que se encuentra, se haya producido en condiciones justas, pero los remordimientos dejan de ser lacerantes cuando en casi todas las etiquetas de las tiendas buenas, las otras, pone “made in China”. Sólo que el margen de beneficio se lo lleva uno de aquí, y a mí eso me da igual, no soy nacionalista mercantil, ni siquiera nacionalista a secas; en todo caso, mercantil. (En informaciones sobre Palestina e Israel hay que evitar siempre que aparezcan las siguientes expresiones: “territorios ocupados”, “resoluciones de la ONU”, “violaciones de los Derechos Humanos” y “Convención de Ginebra”). En un chino de los buenos puedes encontrar, por ejemplo, una lamparita de mesa que parece de Philippe Stark pero cuesta 10 euros. La tenemos. El interruptor es el pito de un hombre: hacia abajo, apagado; hacia arriba, encendido. (Los palestinos y libaneses “malos” se esconden entre la población civil. Israel tiene derecho a aniquilar con bombas y misiles los barrios donde duermen).
El caso es que íbamos por la calle del Barquillo y oíamos las explosiones de los fuegos artificiales, las tracas que acompañaban las carrozas. (Los israelíes hablan mejor inglés, francés, alemán, ruso, castellano y portugués que los árabes, por eso merecen ser entrevistados con mayor frecuencia y tener más oportunidades que los árabes para explicar cualquier cosa). Como tomamos unas copas en el Del Diego, nos fuimos después al José Alfredo, que algún día también será un clásico. Estaba Antonio de la Rosa, el artista que puso en la Casa de América una raya gigante de cocaína: una acción apoteósica, se diría que navideña. (Todas las personas que no están de acuerdo con estas reglas son “terroristas antisemitas muy peligrosos”). Un aplauso.
Por qué Zapatero conserva el crédito, de Justino Sinova en El Mundo
EL REVES DE LA TRAMA
Proliferan las noticias grandes y pequeñas que afectan negativamente al Gobierno de Rodríguez Zapatero: la crisis económica es galopante, cae el consumo en la etapa más consumista del año, una huelga oculta desbarajusta el aeropuerto de Barajas y pone otra vez en evidencia la inhabilidad de su ministra de Fomento, el desempleo crece aceleradamente y arroja la cifra de un millón de parados más en un año; un millón de parados más, se dice pronto. Y, sin embargo, Zapatero conserva su crédito y las encuestas coinciden en afirmar que ahora volvería a ganar las elecciones. El candidato inexperto del Partido Socialista que venció de manera imprevista en 2004 e iba a ser un paréntesis en el curso de la democracia podría aspirar hoy a un tercer mandato.
¿Por qué un Gobierno tan flojo no infunde una crisis de confianza? ¿Por qué un presidente que mintió descarada y reiteradamente -cuando negó las negociaciones con ETA que él mismo autorizó, cuando negó la crisis económica por razones de egoísmo electoral…- no es repudiado como alguien en quien no se puede confiar? Su buena nota en los ránkings de imagen y la ventaja del PSOE sobre el PP en las encuestas de opinión puede ser explicada por un déficit de oposición, que acaso no haya encontrado aún la fórmula para poner en evidencia las ineficacias del Gobierno y las incapacidades de su presidente. En alguna ocasión he atribuido parte del éxito de Zapatero a las debilidades de la oposición popular, aunque ahora la dirige el mejor hombre que tiene el partido, a quien nadie desde dentro ha intentado en serio hacerle frente. Pero hay otras causas, sin duda, y yo voy a apuntar aquí dos.
La primera es la falta real de información clara y suficiente a disposición de la mayoría de los ciudadanos sobre los despropósitos de Zapatero. La mayor parte de la opinión pública consume televisión, que es un medio limitado para la información de determinados asuntos. La televisión transmite imágenes y sensaciones, pero raramente información en profundidad. Y si, además, está en gran parte controlada por el Gobierno, ya se puede colegir qué dirección tomarán los impulsos comunicativos que ofrece. Ya se ha olvidado que Zapatero concedió dos cadenas en su primera legislatura. Esto de que un Gobierno conceda televisiones es un escándalo (que no causa efecto porque en España se perdió la batalla de la independencia política de la televisión y ganó la narcotización pública), pero resulta que hay dos televisiones hoy en activo, Cuatro y La Sexta, que deben su existencia a la voluntad graciosa del presidente. No busquen ustedes críticas ni disgustos al Gobierno en la gran televisión, salvo en algunas tertulias, que por otra parte no suelen ser programas de mayor audiencia.
La segunda causa es la eficacia propagandística del Gobierno y su partido, que están a la que salta para contrarrestar el efecto negativo de cualquier dato. El último ejemplo lo vimos ayer mismo: horas después de que circulara la noticia del millón nuevo de parados en 2008, el mismo Zapatero anunció que en marzo, a la vuelta de la esquina, ya se creará empleo. Ese es un vaticinio tan etéreo como un penacho de humo, pero en la mente de muchos ciudadanos la creación de un anhelado puesto de trabajo por el Gobierno se sobrepondrá hoy al dato frío del millón perdido. La esperanza del desheredado, sentimiento tan humano, acaba ayudando a un náufrago. No ha habido Gobierno menos trabajador -la exigua cifra de proyectos de ley lo certifica- y más ineficaz, pero con la propaganda y el dominio de los medios hace el milagro de que su presidente ofrezca aún dosis estimables de crédito.
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Una vaga querencia, de Santiago González en El Mundo
A CONTRAPELO
Jacques Vergès, defensor de terroristas como Carlos y criminales nazis como Klaus Barbie, escribió en sus tiempos izquierdistas un interesante librito, Estrategia judicial en los procesos políticos. Distinguía en él la «estrategia de connivencia», consistente en la aceptación de las reglas del juego por el procesado, de la «estrategia de ruptura», en la que éste aprovecha la ocasión para erigirse en acusador de un sistema injusto. Es ejemplo de este último la defensa que Fidel Castro hizo de sí mismo al ser juzgado por el asalto al Cuartel Moncada. Un proceso de ruptura más cercano a nosotros fue el de Burgos de 1970.
Se hacían cábalas hasta ayer sobre la posibilidad de que Batasuna convirtiese el juicio en un proceso contra el sistema. No hubo tal. La abogada de Arnaldo Otegi hizo una defensa técnica y jurídica de sus posiciones y pidió la suspensión del juicio, al igual que hicieron la defensa de Patxi López y Rodolfo Ares y la fiscal jefe del TSJPV. Sorprendentemente, fue Mikel Casas, el letrado del Gobierno vasco que defiende a Ibarretxe, quien adoptó la línea de defensa más próxima a la ruptura. Después de lamentar las seis ocasiones perdidas por el tribunal para cerrar la causa, en el broche de su intervención transformó su alegación previa en un alegato político a favor del diálogo como procedimiento para resolver conflictos, y exigió la continuación del juicio para luchar por la absolución.
Es el mundo al revés. El 3 de diciembre de 2003 se cumplían 33 años del comienzo del Proceso de Burgos. Aquel día, en el mismo palacio de Justicia de Bilbao, estaba llamado a declarar Juan Mª Atutxa. Un grupo de compañeros de partido, dirigidos por Xabier Arzalluz, lo recibió al pie del coche oficial entonando el Eusko Gudariak (Soldados vascos), himno con el que Mario Onaindía había roto la vista del consejo de guerra hacía 33 años.
Es una vaga querencia sin fundamento. El magistrado Díaz de Rábago, que preside esta causa, no se parece al coronel Ordovás, presidente del Sumarísimo 31/69, ni la fiscal Montes recuerda a su vocal ponente, el capitán Troncoso, ni el PNV fue un gran agitador en diciembre de 1970, ni a aquellos procesados se les habilitó un living en las dependencias del Gobierno Militar de Burgos, como los que se prepararon para los procesados en los sótanos del palacio de Justicia de Bilbao, con sofá, teléfono, televisión y cafetera.
No hay razón para que el lehendakari se sienta humillado, como ha dicho su partido, ni es cierto, como dijo ayer su defensa, que no haya hecho «nada distinto a otros gobiernos democráticos».
Esta negativa no es precisamente un modelo de rigor. Ningún otro gobernante ha convocado una organización ilegal a sus rondas de consultas con los representantes legítimos de los ciudadanos antes de formar gobierno. Por otra parte, en democracia el método para resolver conflictos no es tanto el diálogo como la aplicación de la Ley. Es la Ley quien establece las reglas, los interlocutores y los asuntos del diálogo democrático.
Claro que en estas cosas siempre hay algo de subjetivismo. Un personaje de Elvira Lindo y amigo de Manolito Gafotas, Yihad, describía en un ejercicio de redacción la causa de que su hermano mayor llevase dos años en Carabanchel: «Hace dos veranos fue cuando mi hermano le dijo a una vieja: ‘Señora, ¿me da el bolso, por favor?’, y la vieja montó un pollo como si la estuvieran matando. Le dio con el bolso en la cara que por poco le salta una ceja y luego va la vieja y se tira al suelo haciéndose la víctima. Y la vieja se rompió un brazo, pero mi hermano es inocente».
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Yugurta en Gaza, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia
Cuando fue expulsado por el Senado a causa de sus atrocidades, tergiversadas a copia de sobornos, el rey númida Yugurta exclamó: “Lo poco que durarías, oh ciudad venal, si encontraras comprador”. El abuelo de Yugurta, el rey Masinisa, fue de enorme ayuda para que los romanos vencieran en la segunda guerra púnica. Bastardo legitimado, Yugurta compartió el trono con sus dos primos, a los que expolió y asesinó de la más vil manera, con repugnantes artimañas de por medio. En vez de ser castigado por unos delitos que clamaban al cielo, consiguió zafarse de la justicia romana a base de lo que hoy llamaríamos la destrucción sistemática de la verdad mediante la construcción de mentiras alternativas. Yugurta derribó y pisoteó, con resultados altamente satisfactorios para su causa, el secular sentido moral de los romanos, llegando a falsificar una paz en forma de sumisión sólo aparente. A la postre, tanto despreciaba a Roma que consiguió enfadarla hasta provocar la invasión de su territorio y una prolongada guerra.
Sólo fue depuesto, tras años de habilísima resistencia, mediante una artimaña urdida por los generales romanos, que consiguieron que su aliado traicionara a Yugurta. El rey volvió a Roma encadenado y fue ejecutado.
Hasta aquí Salustio, uno de los más vibrantes y certeros historiadores de la antigüedad. No se encuentran, en el pasado, paralelismos que expliquen satisfactoriamente o coincidan con las situaciones del presente, si no es de una manera parcial y un tanto forzada. Sin embargo, he sacado a colación a Yugurta por la dificultad en conocer la verdad, agravada, entonces y ahora, porque el principal autor de las tropelías era y es, más que un principal aliado, uno de los nuestros, con quien nos sentimos, además, especialmente los europeos, en deuda. Asimismo, porque Salustio plantea los límites morales que una sociedad está dispuesta a fijar. O a traspasar.
Como la Roma del siglo primero, Estados Unidos es rehén de un sistema de comunicación que imposibilita un juicio ponderado de la situación, entonces en la Numidia, ahora y en los últimos decenios en Palestina. La percepción de los europeos, mucho más ecuánime y proclive a apiadarse de las principales víctimas, se está enmarañando por la propia evolución del conflicto, que al encontrarse en una fase tan avanzada enfrenta, no a dos ejércitos o a un ejército con guerrillas aún capaces de obligarle a retirarse o negociar, sino a Israel con la resistencia terrorista propia del vencido que no se resigna.
Si algo me parece fuera de duda es que pasó la oportunidad de una paz aceptable y algo justa. Pasó y no volverá, porque Israel ha avanzado demasiado como para volverse atrás y ceder una parte de lo conquistado. La responsabilidad principal de no haber propiciado la paz a tiempo, más que de las partes, es de los propios Estados Unidos, que se abstuvieron de imponerla, y de Europa, que se limitó a alzar un tímido dedo en señal de desacuerdo. Desde el otro lado, el protagonismo de la resistencia palestina ha quedado atrapado en manos del conglomerado islamista que utiliza el hervidero de Gaza como gozne de su enfrentamiento con la civilización occidental.
Objetivamente, estamos pues en el lado de los vencedores, por lo que somos cómplices morales -tal vez no a escala individual, pero sí colectiva, como sociedad y civilización- de los desmanes causados en este enésimo episodio de destrucción masiva de los vencedores sobre los acorralados. Tal como el terrorismo de Hamas ha preparado la resistencia, además de provocar el ataque con su escalada de misiles lanzados sobre suelo israelí, resulta imposible limpiar el nido de avispas sin que los llamados daños colaterales -la muerte de centenares de inocentes- sean mayores que los causados en sus efectivos por los invasores. Es cierto que utilizan a su propia población como escudo. A una monstruosidad de este calibre sólo se llega por desesperación. ¿Les suenan de algo Numancia y Sagunto? Pues añadan una interesada y perversa ayuda exterior de quienes buscan la primacía mundial del islam a base de destruir a Occidente. El próximo paso de la estrategia islamista es derrocar los regímenes prooccidentales de los países musulmanes. La pasividad de los gobernantes, en especial los árabes, ante la masacre de Gaza alimenta la animadversión de la población hacia ellos.
La percepción europea sobre el conflicto se está aproximando a la estadounidense, empujada por la evidencia de que Hamas es la avanzadilla del islamismo desestabilizador, antioccidental y terrorista. No deberíamos los europeos (ni desde luego los estadounidenses, aunque sea más difícil) permitir que estos ataques de plausible intención antiterrorista alteren la percepción de la atrocidad, desplazando nuestro sentido de lo intolerable y lo inhumano hacia lo justificable por los fines. Mientras no llegue la hora de la diplomacia, y no lo hará hasta que los militares israelíes den por cumplida su labor u Obama tome posesión, lo único que se puede intentar es preservar dos principios: la percepción de la realidad y el sentido moral de lo permisible.
A pesar de todo, de Modest Guinjoan en La Vanguardia
TRIBUNA
Son los que corren, tiempos algo más duros de lo normal para los empresarios que compiten en mercados abiertos. Ponerse la mochila de una organización productiva a la espalda asumiendo riesgo no ha sido nunca fácil, pero lo es menos en un entorno globalizado como el actual, donde competir es cada vez más complicado. En paralelo al desarrollo del proceso de globalización, algunos factores de entorno han jugado en contra del hecho empresarial. Sin ánimo de exhaustividad, cabe destacar cuatro:
1) la explosión inmobiliaria, que atrajo no sólo recursos, sino también empresarios que dejaron sectores duros, para pasarse a un sector de beneficio fácil que llenaba de dudas a los que seguían dale que dale en la empresa de siempre y reinvirtiendo (algún día alguien debiera cuantificar los costes del fenómeno del tocho); 2) el acomodamiento de jóvenes potencialmente empresarios: tener las necesidades materiales cubiertas, por la familia o por el Estado, disponer de salidas profesionales con buen sueldo y seguridad, constituye un marco poco propicio para la cultura del riesgo y del esfuerzo; 3) el déficit de infraestructuras que ha sufrido crónicamente la economía catalana ha sido más grave si cabe en materia tecnológica; tener instalaciones y realizar I+ D no determina la aparición de empresarios, pero sí facilita la innovación en sectores próximos; y, 4) el marco normativo, complejo, rígido y que a menudo no sirve para nada, véase sino a título de ejemplo la biblia de leyes, la pléyade de trámites administrativos, la rigidez en la contratación laboral o la inoperancia del sistema judicial para resolver conflictos de manera ágil. La guinda a lo anterior nos la ha puesto la crisis, sobre la que sólo diré que hace aún más difícil resistir y que exige un redoble de esfuerzos para ser competitivos.
La guinda a lo anterior nos la ha puesto la crisis, sobre la que sólo diré que hace aún más difícil resistir y que exige un redoble de esfuerzos para ser competitivos. El milagro es que a pesar de todo lo anterior, siguen habiendo y siguen apareciendo empresarios que no cesan en su afán de ser los destructores creativos de que hablaba Joseph Schumpeter, que innovan para obtener los beneficios extraordinarios que conlleva ser los primeros: en producto, en proceso, en organización, en la forma de acercarse al mercado, en materias primas, en calidad. También la encontramos en el Programa de Noves Oportunitats de Negoci del CIDEM, pensado para empresas con problemas de supervivencia obligadas a redefinir su negocio, que en 3 años ha apoyado a 358 industrias (un 77% de las cuales con menos de 50 trabajadores) generando inversiones de 68 millones, solo un 5% de los cuales en I+ D.
A pesar de las dificultades, a pesar de lo negro que se ve el panorama, Catalunya cuenta con una capacidad empresarial propia en la que tengo una fe ciega. De acuerdo, con pequeñas y medianas empresas, pero es lo que se nos da mejor. Se ve en los miles de tenaces empresarios instalados que resisten, en los que no paran de innovar (no necesariamente en alta tecnología), en los muchos que deciden intentarlo. Estoy seguro de que saldrán reforzados del temporal que está cayendo y el país también, siempre que no se le añadan trabas a su labor, se deje actuar más al mercado y se las demuestre tanta estima como se le tiene a grupos como SEAT o Nissan. Que hay vida más allá de los grandes y que son de los que echan raíces. La mochila que llevan está ahora sobrecargada y eso no es bueno para nadie.
Modest Guinjoan. Director de CBE i professor del Departament d’Economia i Empresa de la Universitat Pompeu Fabra.
500% de deuda sobre PIB o la amenaza de la hiperinflación, de Fernando Suárez en El Confidencial
El día de Nochebuena de 1541 quedó oficialmente inaugurado uno de los murales al fresco más bellos jamás concebidos, el Juicio Final pintado por Michelangelo sobre el ábside de la Capilla Sixtina. El escándalo de hercúleos desnudos y heréticas poses recomendó la posterior contratación de Daniele Ricciarelli, discípulo de Miguel Ángel, para cubrir con calzones y paños las partes pudendas que tanta vergüenza causaron, encargo inconcluso que, no obstante, le harían acreedor del apodo Il Braghettone.
Ocultar la obvia realidad, disfrazar la evidencia, tergiversar el natural devenir de las cosas es una técnica pictórico-artística que, tarde o temprano, precipita. Las mentiras cojean de ambas piernas y, en palabras de Marshall McLuhan, sólo los secretos insignificantes necesitan protección. Los grandes descubrimientos están protegidos por la incredulidad pública.
La anterior serie de ocho artículos trató de esbozar el statu oeconomico percibido sin paños ni calzones al óleo: dónde estamos y de dónde venimos en evidente desnudez frente al manto oscurantista del EBI (Estado de Bienestar Ilusorio). El primer corolario descansa en que vivir por encima de los posibles gracias al sobreendeudamiento no es sostenible a largo plazo, aun cuando se quiera hacer creer lo contrario. La barra libre fiduciaria global basada en el privilège exorbitant del dollar standard ha permitido, durante décadas, un nivel de vida artificial financiado con deuda, descontándose prosperidad futura, adelantándose riqueza venidera y consumiendo, ayer, las contribuciones, salarios y beneficios de mañana. Y el mañana es hoy.
Ahora, una vez más, se intenta evitar la reversión de los excesos acumulados sin que nadie pueda ni quiera hacerse cargo de la roncha presentada al cobro. El bienestar ilusorio queda al descubierto, desnudo, imponiéndose entonces las viejas recetas de estatalizaciones, intervencionismos, devaluaciones competitivas y liquidez ilimitada. Refinanciar exhuberancias mientras se perjura la bondadosa existencia de almuerzos y copas gratis porque, dicen, nunca faltará agua en la noria.
El consorcio del G20, que aglutina el 90% de la producción, cuatro quintas partes del comercio y dos terceras partes de la población mundiales, está reflacionando sus Estados del Bienestar Ilusorio. Que no decaiga la fiesta. A pesar de las milongas que nos cuentan, y las que van a seguir contándonos, la manada de lobos que viene a devorarnos se llama (hiper)inflación y no deflación. En realidad, siempre estuvo entre nos, aunque con piel de cordero.
En una economía, los precios expresan los términos de intercambio entre quienes poseen utilidad en forma de dinero y desean sustituirla por la utilidad de bienes y servicios, cuyos tenedores desean canjearla, a su vez, por dinero. En el proceso dinámico de formación de precios, el dinero que se adquiere para ser reemplazado por mercancías circula, volviéndose a cambiar sucesivamente por su siguiente tenedor, produciéndose los ajustes pertinentes según manda la ley de oferta y demanda. Pero al aumentar la cantidad de dinero y crédito, el poder adquisitivo de una unidad monetaria desciende en relación a la cantidad de bienes y servicios existentes. Devaluación.
La inflación fiduciaria, el incremento neto en la cantidad de dinero y crédito respecto de la producción disponible para el intercambio económico, produce transferencias de riqueza desde los acreedores a los deudores, quienes se beneficiarán del repago de sus créditos en moneda devaluada. Negocio redondo si quien más debe y quien crea la inflación que reduce el valor real de su deuda es el mismo Estado. Y quien venga detrás, que arree.
Aquellos privilegiados que reciben el dinero/crédito de nuevo cuño antes que nadie mantienen la ventaja de poder canjearlo por bienes/servicios/activos a precios corrientes, incluso de obtener más cantidad u ofrecer mayores precios. Según aumente la circulación fiduciaria, los sucesivos tenedores de dinero/crédito podrán comprar menos o tendrán que pagar más. Efecto inflacionista sobre los precios.
La mentira de las estadísticas de inflación.
En la Edad Media, la devaluación podía venir por el aumento de la cantidad de monedas puestas en circulación o de su valor facial, de la rebaja de su peso o de la fineza del metal acuñado. La inexistencia de una tasa de inflación oficial impedía conocer el alcance de la devaluación, obligando a los agentes privados a comprobar el peso y la ley del metal utilizado en las monedas, inferir el señoreaje impuesto y, finalmente, adivinar las expectativas inflacionistas sobre los precios, dadas las fluctuaciones en la producción de mercancías y metales de acuñación.
Los actuales estadistas del bienestar, en cambio, construyen “Índices de Precios al Consumo” que asimilan con “estadísticas de inflación”, enmascarando la verdadera devaluación monetaria y esterilizando a su antojo los efectos inflacionistas sobre los precios de los bienes de consumo. Las consecuencias de la inflación crediticia, a su vez, se aíslan en los precios de los activos, alimentando un efecto riqueza que enjugue la pérdida real de poder adquisitivo. La incapacidad o desgana de los agentes privados por dar/tomar crédito adicional que refinancie consumo y revalorizaciones ad nauseam, precipita el final del ciclo fiduciario ficticio, y con él, el del bienestar ilusorio. Defunción del nivel de vida virtual, vuelta a la cruda realidad.
Al desmoronarse el círculo vicioso inflación de deuda-revalorización de activos, los estadistas del bienestar y sus banqueros centrales aceleran el proceso de inflación monetaria, tratando de compensar el desinflado de la(s) burbuja(s) que arrastran consigo la riqueza virtual creada artificialmente y cuyo destino último es convertirse en sumidero(s) financiero(s). Este esquema piramidal globalizado ha alcanzado tal surrealismo que Estados y bancos centrales se reconvierten en prestamistas de última instancia. La pirámide no puede adelgazar, debe seguir ensanchando. Rescates aparte, la tasa de inflación de deuda norteamericana crece más del 9% anual desde 1980. Incluyendo compromisos socio-sanitarios, el endeudamiento total de EE.UU ronda el 500% de su PIB, creado en su mayoría en los últimos 30 años, más que doblando desde 2000.
Y, sin embargo, la solución a los problemas causados por los excesos acumulados de abundante liquidez y crédito es, coincidencias monetaristas y keynesianas, más dinero y deuda. Forzar con viejas recetas fracasadas espejismos de producción, empleo, renta y consumo insostenibles que, cuando queden desvanecidos, sólo dejarán default, depresión y un realista Misery Index de desempleo y pobreza.
Las estadísticas de inflación son meros artificios que parten de un error de concepto y se manipulan mediante cambios metodológicos de lo más variopinto. Diferentes bases, ponderaciones y espacios muestrales. Sustitutivos vienen, regresiones hedónicas van. Y, a partir de aquí, el resto de cálculos económicos arrastran la aberración, convirtiéndose en meras entelequias. Se produce menos de lo que se dice, la pérdida de poder adquisitivo es mayor de la que nos cuenta el IPC y hay más desempleados de los que las encuestas admiten. Incluso el súper gurú mundial Bill Gross, libre de toda sospecha conspirativa, se atrevió en Junio pasado a sacar los pies del tiesto. En Europa, ya nos adelantamos a EE.UU y Reino Unido cocinando estadísticas adecuadas previas al euro. Que no falte I+D+i para dato-ficción.
Las variaciones en tantos por ciento de índices encadenados aportan poca o nula información. Y en todo caso relativa. Que el IPC suba menos o incluso decrezca respecto al mes o al año anterior no es deflación, aunque sea el eslogan que se desea cale hondo y permita justificar el maná fiduciario. Deflación sería un decremento neto en el dinero y crédito disponibles respecto del stock productivo, el aumento del poder adquisitivo de una unidad monetaria en términos de bienes y servicios. Esto generalmente provocará descensos en sus precios, previamente afectados por el efecto inflación y por la habitual dinámica entre oferta y demanda. Son los cambios de poder adquisitivo, del valor de las unidades monetarias y no de lo que se canjea por ellas, lo que debe poner las orejas tiesas. Y noto cómo mi bolsillo se devalúa a cada bajada de tipos, inyección de liquidez, subasta de deuda, con cada rescate y plan de ayuda o estímulo pagado. Usted, ¿cómo nota el suyo…?
Por qué entraremos en depresión en 2009: hechos y cifras, de Roberto Centeno en El Confidencial
Una depresión es un largo periodo -diez años o más- caracterizado por un bajo nivel de producción, consumo e inversión, con quiebras masivas de empresas, un elevado nivel de paro, un descenso de los precios, y destrucción de la riqueza de las familias. Y para comprender por qué desembocaremos en ésta situación por primera vez en nuestra Historia, es necesario entender tres hechos esenciales. El primero, que desde un punto de vista estructural, el crecimiento económico de España ha sido básicamente tercermundista, no nos hemos adaptado en absoluto a la globalización, y hemos perdido el 15% de cuota de mercado en el comercio mundial, del 2,06 en 2003 al 1,74 en 2007. Es decir, un crecimiento basado en el consumo interno sostenido por un incremento masivo de la población -el mayor del mundo desarrollado, consecuencia de la inmigración-, y en el turismo. Y todo ello fuertemente apalancado (multiplicado) por el endeudamiento masivo de familias, empresas y entidades financieras, también el mayor mundial, y un déficit exterior de más de un 11% del PIB -producimos un 11% menos de lo que consumimos- y realizado mediante la explotación masiva de mano de obra barata: casi el 50% de la población ocupada es mileurista.
Simultáneamente, el punto de inflexión, no solo inmobiliario sino del modelo en su conjunto, ocurrida en marzo 2007, ha coincidido con la mayor crisis financiera internacional desde la Gran Depresión, y con el peor Gobierno imaginable, un hatajo de analfabetos funcionales, que ha mantenido una inacción suicida durante más de un año, y como acertadamente se ha resumido en éstas mismas páginas “ni sabían entonces por qué crecíamos, ni saben ahora por que nos hundimos”, a lo que se añade una oposición cobarde e incapaz, que no ha tenido el cuajo de plantar cara al Gobierno, y ni siquiera ha presentado una alternativa creíble para enfrentarnos a la crisis.
Y el tercer hecho esencial, es un modelo de Estado con un nivel de ineficiencia, despilfarro y corrupción, único en el mundo. Todo multiplicado por 17, cientos de miles de funcionarios haciendo lo mismo -sobran unos dos millones- inventando y controlando 17 normativas diferentes, 17 sistemas informáticos, 17 de todo, y con un mercado fragmentado en 17 parcelas independientes, un desastre para productividad y la eficiencia, y al frente del tinglado cientos, miles, de consejeros, directores generales y toda una patulea de jefes y jefecillos, con coche -hay mas coches oficiales que en EEUU- secretaria y despacho de lujo, un cortejo de indocumentados nombrados a dedo con carné del partido, y con el mayor nivel de corrupción de la Historia de España. Las CCAA consumen el 60% del gasto público, el triple del neto del Estado, 177.000 millones de euros, un 78% del cual es gasto no productivo, frente a un resto de 60.000 para financiar España. En total, un 18% del PIB, donde la mitad aproximadamente, el 9%, es gasto innecesario. Ningún país del planeta podría soportar ésta barbarie.
Y estos son los hechos, ahora las cifras. Y aquí tropezamos con una situación insólita en una democracia: unas instituciones del Estado (Banco de España, INE, etc…) al servicio de un partido, que mienten y manipulan masivamente tanto sus cifras como sus previsiones, una irresponsabilidad inaudita que ha llevado a muchas familias y empresas a adoptar decisiones equivocadas y peligrosas. Esto obliga a cualquiera que desee saber la verdad, a estimar sus propias cifras, que es lo que hacen todas las grandes empresas con intereses en nuestro país.
El PIB, estimado a partir de las afiliaciones de la seguridad social y la productividad, y de la variación del consumo de gasóleo automoción cuya correlación es prácticamente total. En el último trimestre de 2008, el PIB ha caído en un 2%, afiliaciones -2,5% y productividad +0,5%. Es decir, aquí y ahora, ¡la economía está cayendo al -8% en tasa anual!, y a un ritmo, que extrapolado a fin 2009, pues no hay razón alguna para vislumbrar un cambio de tendencia, superará el -10%, y eso es una depresión.
Paro. Los datos oficiales de paro registrado son falsos igual que la EPA. A la cifra oficial, hay que sumarle muchos más parados que el Gobierno no computa porque sí, y Rajoy sin decir ni pío. Solo los parados no computados desde febrero 2008, por carecer de “formación suficiente”, ascienden a 350.000, el “efecto strong>Caldera”. Y, finalmente, el paro total, superior al paro registrado por definición, pues no todos los parados están inscritos, y que ha venido siendo un 20% superior al paro registrado. Por tanto, a día de hoy y sumando solo el “efecto Caldera” al paro registrado, el paro total supera los 4 millones, no los 3, 1 millones oficiales. Pero incluso con las cifras oficiales, el ritmo de incremento de paro es de dos millones/año, elevando a tasa anual la cifra del último trimestre, por lo que éste superara los seis millones a final de 2009, y eso es una depresión. En todo caso Zapatero es ya el mayor destructor de empleo de Europa, 13,4 % frente a 7,8 % la media UE, y lo que ya es el colmo es el paro de menores de 25 años, 16,4% de la UE frente al 29,4% España. Y esto con las cifras falsas del gobierno, ¡imaginen Uds con las verdaderas!
Inflación. Los precios se han derrumbado del 5,3% en julio al 1,5% en diciembre, en parte por el petróleo y las materias primas, pero la causa más importante es el espectacular hundimiento del consumo: la inflación en que España siempre en un punto a la europea, es ahora una décima inferior. Esto sitúa los precios al borde de la deflación, algo infinitamente más grave que la inflación, porque tiene efectos devastadores sobre el empleo, la inversión y la riqueza. Es la otra cara de la depresión.
Desplome inmobiliario. Las viviendas iniciadas están cayendo un 62 % y la tendencia se acentuará pues el número de viviendas nuevas a la venta, no es de 800.000 ni de un millón, como falsamente nos cuentan el gobierno y los interesados, sino de 2,5 millones, 1,2 millones de promotoras y 1,3 millones adicionales de particulares que las compraron como inversión, y a esto hay que añadir la vivienda usada. Ello significa que hay viviendas para diez años, y que su precio deberá caer en los próximos meses/años un 30 o 40% adicional para restaurar el equilibrio. Y esto es también una depresión.
Déficit de las Administraciones Públicas. La respuesta de Zapatero ha sido la típicamente socialista, una fuerte expansión del gasto y un incremento brutal de la presión fiscal, particularmente en CCAA y Ayuntamientos, sobre la clase media y los trabajadores, lo que anula cualquier estímulo. Consecuencia de ello, y de la caída vertical de la recaudación será un déficit de la Administraciones Públicas, excluida la Seguridad Social del 6 % en 2008 y del 12% en 2009, con una tendencia clara a empeorar en 2010. Y aunque es cierto que nuestro nivel de deuda pública es inferior a la media europea, esto va a cambiar radicalmente por la disparatada política de gasto y avales al sistema financiero, tanto que el coste de nuestras emisiones están ya 100 puntos básicos por encima de las de Alemania. Todo ello nos deja sin margen de maniobra frente a contingencias futuras. Este nivel de déficits corresponde a una depresión.
Seguridad Social y sistema de pensiones. Esto requiere un análisis aparte, pero en forma resumida y según las estimaciones actuariales más recientes, estarán quebrados en 2014. Y la solución según Solbes y Fdez Ordoñez: pagar más y cobrar menos, un 30 % menos para empezar a hablar. Este será el gran legado de Zapatero a los jubilados.
Sistema financiero. Esta es hoy la parte más preocupante de la situación porque la crisis crediticia es el problema más grave afectando a nuestro sistema económico a día de hoy, literalmente esta destruyendo el tejido productivo del país y la oferta monetaria, entre octubre y diciembre se produjeron mas suspensiones de pagos que en todo 2007. El primer gran problema del sistema financiero “más sólido del mundo”, es que el valor de los activos no refleja su valor real, pues al contrario que en EEUU, donde cada trimestre los bancos tienen que valorarlos a precio de mercado, lo que ha provocado el hundimiento de muchos de ellos, aquí el Banco (del Partido Socialista) de España, en un alarde de irresponsabilidad y sectarismo suicida, acepta unos balances de ficción y permite repartir dividendos hasta a la Caja mas cutre, aunque más de la mitad del sistema esta técnicamente quebrado. El segundo problema es el enorme endeudamiento exterior, más de 900.000 millones de euros, la cifra más elevada del planeta, donde para evitar la quiebra, estos irresponsables que nos gobiernan han puesto 200.000 millones de euros a disposición de éstos insensatos, y además ¡sin la menor obligación de fijar un calendario de repago de la deuda, el apalancamiento se mantiene íntegramente!, ¿pero a qué narices está jugando el Sr Fernández Ordóñez? Ambos hechos llevan a una crisis crediticia brutal, los 200.000 millones de avales tendrían que haber servido para avalar créditos a familias y empresas, en lugar de ello, son íntegramente para tapar los agujeros del sistema financiero, algo económica y socialmente criminal, pues todas las crisis crediticias sin excepción han terminado en una depresión.
En definitiva, todos estos hechos y cifras, apuntan a que España registrará su primera deflación en los próximos 12/18 meses, a menos que se adopten urgentemente las dos medidas siguientes. La primera dar marcha atrás a la barbarie de Estado Autonómico, y que los fondos así liberados sean empleados en reducir la presión fiscal al objeto de restablecer el poder de compra de familias y empresas. Es decir, justo lo contrario de lo que está haciendo Zapatero, montando una mascarada infame, con todos los presidentes autonómicos poniendo el cazo, para recibir un dinero que España ni tiene ni tendrá, una locura inenarrable, y que al igual que el destino de los 200.000 millones de avales, puede calificarse de social y económicamente criminal, Zapatero va a endeudar a los españoles y a sus hijos, para que el cáncer autonómico siga despilfarrándolo, justo cuando el desempleo crece a un ritmo de 2 millones/año, la Seguridad Social está quebrada, y no hay dinero ya ni para las pensiones ni para los parados, realmente Zapatero y sus secuaces han enloquecido. La segunda es la crisis crediticia, donde, o los 200.000 millones se destinan a avalar préstamos a familias y PYMES, o la destrucción del consumo y la capacidad productiva del país están aseguradas. La totalidad de los parches económicos del gobierno, y de las propuestas del PP, son absolutamente inútiles, si previamente no se adoptan éstas dos medidas. Como el gobierno no va hacerlo, si no todo lo contrario, y la oposición tampoco, no hay mecanismo económico ni fuerza humana, que eviten la depresión. Con los hechos y las cifras en la mano, es imposible llegar a otra conclusión. Una depresión que hará historia, pues reducirá drásticamente la renta disponible de las familias, hundirá nuestro país en el ranking económico mundial, y hará casi imposible el mantenimiento de España como nación.
Roberto Centeno, Catedrático de Economía de la Escuela de Minas de la UPM.
La realidad como resultado, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días
La crisis agrava el desempleo. Los datos de paro registrado y afiliación en 2008 han confirmado los peores pronósticos sobre la evolución del mercado laboral español, que suma ya 3,1 millones de desempleados. Los autores analizan la evolución de dichas cifras, así como lo que cabe esperar para este año.
Volvemos al viejo profesor Enrique Tierno Galván y a su libro La realidad como resultado, en este caso la realidad del paro. Así que el desempleo, en lugar de aparecer como sorpresa, debería ser visto como una consecuencia previsible. Veamos además que se trata de una realidad creciente a tenor de los registros del conjunto de servicios de empleo correspondientes al mes de diciembre que recogen un incremento de 139.694 personas (4,6%) respecto al mes anterior y sitúan la cifra total en 3.128.963 desempleados. Se confirma así que el paro, más que una cifra, es un proceso, una tendencia acusada que todavía empeorará en los primeros meses de 2009.
Sabios profesores y expertos se aplicarán al análisis pormenorizado en estas mismas páginas con referencia a los términos interanuales, la incidencia por sectores de actividad, por sexos, por franjas de edad, sobre la población inmigrante o por comunidades autónomas. También discriminarán los nuevos contratos que hayan tenido lugar según su naturaleza de carácter fijo, fijo discontinuo, a tiempo parcial o temporal. Establecerán ratios sobre la población activa que se ha multiplicado en las últimas décadas. Compararán el paro en España y su evolución con la de otros países de nuestro entorno, en particular con los socios de la Unión Europea y Estados Unidos. Otros se adentrarán en la influencia estacional así como en las garantías establecidas para la protección por desempleo. Fijarán sus repercusiones sobre el gasto en los Presupuestos Generales del Estado y el déficit fiscal.
Las líneas que siguen se limitan a consideraciones elementales conforme a tres aproximaciones del mayor interés. Las formuladas por David Anisi en su libro Creadores de escasez y las de Richard Sennett en La cultura del nuevo capitalismo y John Kenneth Galbraith en La economía del fraude inocente. Explica Anisi las consecuencias que derivan del principio según el cual sólo existen derechos económicos derivados de la propiedad y el prestigio que se asocia a la escasez. Como escribe Rafael Sánchez Ferlosio en el apéndice de su libro God & Gun a propósito del hecho de que habiendo cada día en el mundo más ‘creación de riqueza’ no acabe de verse disminuir de modo relevante el hambre de las gentes en los países que la sufren, el caso es que hay un antagonismo irreductible entre lo que se llama creación de riqueza y el remedio de las carencias vitales, o sea entre los valores y los bienes. En su argumentación aduce algo tan conocido como la destrucción material de los excedentes, de modo que la destrucción de una parte de la producción salva el valor de la no destruida.
Para Sennett la fragmentación de las grandes instituciones ha dejado en estado fragmentario la vida de mucha gente y los lugares en los que trabajan se asemejan más a estaciones de ferrocarril que a pueblos, la vida familiar ha quedado perturbada por las exigencias del trabajo y la migración se ha convertido en el icono de la era global con más movimiento que asentamiento. El desmantelamiento de las instituciones no ha producido más comunidad. En definitiva, la generación de nueva riqueza está conectada a la desarticulación de las rígidas burocracias gubernamentales y empresariales y el crecimiento se paga en términos de mayor desigualdad económica y mayor inestabilidad social. De ahí los tres desafíos a que debe hacer frente el hombre moderno. El primero, el tiempo, porque el individuo se ve obligado a improvisar el curso de su vida; el segundo dice relación al talento porque los trabajadores necesitan reciclarse a razón de un promedio de entre cada ocho y doce años, con una idea de meritocracia que celebra más la habilidad potencial que los logros del pasado, y el tercero se refiere a la renuncia, es decir a cómo desprenderse del pasado porque el servicio prestado no garantiza al empleado la continuidad en la institución.
Luego aparece Galbraith para subrayar que las causas de los malos resultados corporativos son conocidas e invariablemente las mismas: las fuerzas impersonales del mercado, la ausencia de controles públicos, el simple robo. Y que el remedio es universal: las reducciones enérgicas de plantilla, el despido de los que tienen menor responsabilidad en los resultados. De modo que cuanto mayor sea el número de trabajadores despedidos, mejores serán las perspectivas financieras de la empresa. Por ahí llegamos al prestigio empresarial medido en términos de empleos suprimidos. Pero nos dicen que en el 2009 volverá a reír la primavera. Veremos.
Miguel Ángel Aguilar. Periodista.
Del paro a la pirámide de Madoff, de Primo González en Estrella Digital
Un millón de parados más en un año (999.400, con mayor precisión) no es una cifra fácil de digerir. La tasa de paro española ha consolidado en diciembre su triste liderazgo en la zona euro, con 3,129 millones de parados, un 47% más que un año antes. Un mes antes, en noviembre, último mes del que existen datos homogéneos y para todos los países de la zona, la tasa de paro española era del 13,4% de la población activa cuando un año antes era del 8,6%. En la zona euro aumentó hasta el 7,2%, apenas tres décimas más que un año antes. En suma, el paro no sólo es más alto proporcionalmente en España que en los países europeos de nuestro entorno sino que crece a una velocidad endiablada, que rompe todas las previsiones, incluidas las más pesimistas.
La pregunta sobre qué estamos haciendo o qué hemos hecho mal para llegar a una situación así está obteniendo respuestas por lo general simples y bastante unánimes: nuestro modelo de crecimiento económico, muy apoyado en la construcción y en la demanda interna, ha facilitado una situación de mayor vulnerabilidad a la crisis económica global. Quizás es una respuesta válida pero no aporta todos los elementos necesarios para que sea completa. Por ejemplo, entre los jóvenes menores de 25 años de edad, la tasa de paro en la zona euro es del 14,5% de ese segmento de la población mientras en España alcanza nada menos que al 29,4% de la población juvenil. ¿Explica el “modelo” económico español esta brutal diferencia? Está claro que no todos los jóvenes menores de 25 años son parados procedentes del sector de la construcción, en el que nunca han trabajado ni han tenido el menor propósito de hacerlo. Ni tampoco han recibido la formación adecuada para este desempeño.
El problema que revela esta brutal diferencia entre las tasas de paro en la población joven tiene otro diagnóstico, posiblemente la inadecuada formación que reciben (aunque las protestas contra Bolonia puedan hacer pensar en lo contrario) y la escasa capacidad de absorción de mano de obra por parte de los sectores económicos distintos a la construcción y a la industria, además de la agricultura, en la que nadie piensa seriamente como alternativa de empleo más que algunos (bastantes) inmigrantes. Hay posiblemente un problema tan grande en la incapacidad del sistema productivo español para crear empleo en nuevos sectores económicos más dinámicos (sobre todo en el sector servicios) como para hacerlo ahora mismo en el sector de la construcción, en el que todo induce a pensar que hace ya tiempo que ha alcanzado su máximo cíclico de ocupación, ya que no resulta pensable que España vuelva a construir 800.000 pisos anuales hasta pasado bastante tiempo.
La subida del paro no está siendo hoy por hoy objeto de una política definida por parte del Gobierno orientada a ofrecer algún tipo de solución que frene esta dramática sangría. Zapatero, en su visión posiblemente simplista de la economía, ha dicho que para esta próxima primavera empezará a aumentar el empleo gracias a las masivas inyecciones de dinero público que está realizando el Gobierno en el sector de las obras públicas. ¿De verdad cree alguien sensato que el paro en España se combate haciendo carreteras y puentes en proporciones masivas? ¿Qué hacer con los cientos de miles de estudiantes que cada año salen de las aulas?
Un segundo problema que avanza por momentos es el financiero, lógicamente. El coste del desempleo es ya un asunto serio, tanto como la caída de los ingresos de la Seguridad Social, en la que han causado baja 841.500 afiliados este año último. Son cifras escalofriantes porque estamos camino del déficit en el instrumento más lustroso de nuestras cuentas públicas, la Seguridad Social, la que financia el Estado del Bienestar, que no sólo cubría costes sino que acumulaba reservas para alimentar el Fondo de Reserva de las pensiones. El año 2009 va a poner seriamente a prueba el equilibrio financiero del sistema público. No se puede sobrevivir mucho tiempo viendo cómo caen los ingresos y se desmelenan los gastos sin que salten las alarmas. Por desgracia, ese momento puede estar llegando para mediados del año recién estrenado. Lo de Madoff, a su lado, podría ser una broma, aunque algunos ya le ven similitudes. Es lo que tienen los sistemas de reparto, que pagan a los veteranos con las aportaciones de los recién llegados y todo funciona hasta que los veteranos (es decir, los perceptores de la Seguridad Social) son muchos y los cotizantes son cada vez menos.
De las piedras de David a los tanques de Goliat, de José Saramago en su Cuaderno
Este artículo fue publicado por primera vez hace algunos años. Su paño de fondo es la segunda intifada palestina, en 2000. Me atrevo a pensar que el texto no ha envejecido demasiado y que su “resurrección” está justificada por la criminal acción de Israel contra la población de Gaza. Por eso, ahí va.
DE LAS PIEDRAS DE DAVID A LOS TANQUES DE GOLIAT
Afirman algunas autoridades en cuestiones bíblicas que el Primer Libro de Samuel fue escrito en la época de Salomón, o en el período inmediato, en cualquier caso antes del cautiverio de Babilonia. Otros estudiosos no menos competentes argumentan que no sólo el Primero, sino también el Segundo Libro fueron redactados después del exilio de Babilonia, obedeciendo su composición a la denominada estructura histórico-político-religiosa del esquema deuteronomista, es decir, sucesivamente, la alianza de Dios con su pueblo, la infidelidad del pueblo, el castigo de Dios, la súplica del pueblo, el perdón de Dios. Si la venerable escritura procede del tiempo de Salomón, podremos decir que sobre ella han pasado, hasta hoy, en números redondos, unos tres mil años. Si el trabajo de los redactores fue realizado tras el regreso de los judíos del exilio, entonces habrá que descontar de ese número unos quinientos años, más arriba, mes abajo.
Esta preocupación de exactitud temporal tiene como único propósito ofrecer a la comprensión del lector la idea de que la famosa leyenda bíblica del combate (que no llegó a producirse) entre el pequeño David y el gigante filisteo Goliat, está siendo mal contada a los niños por lo menos desde hace veinte o treinta siglos. A lo largo del tiempo, las diversas partes interesadas en el asunto elaboraran, con el consentimiento acrítico de más de cien generaciones de creyentes, tanto hebreos como cristianos, toda una engañosa mistificación sobre la desigualdad de fuerzas que separaba los bestiales cuatro metros de altura de Goliat de la frágil complexión física del rubio y delicado David. Tal desigualdad, enorme según todas las apariencias, era compensada, y luego revertida a favor del israelita, por el hacho de que David era un jovencito astuto y Goliat una estúpida masa de carne, tan astuto aquél que, antes de enfrentarse al filisteo, buscó en la orilla de un riachuelo que había por allí cerca cinco piedras lisas que se metió en la alforja, tan estúpido el otro que no se dio cuenta de que David venía armado con una pistola. Que no era una pistola, protestarán indignados los amantes de las soberanas verdades míticas, que era simplemente una honda, una humildísima honda de pastor, como ya las habían usado en inmemoriales tiempos los siervos de Abrahán que le conducían y guardaban el ganado. Sí, de hecho no parecía una pistola, no tenía cañón, no tenía barrilete, no tenía gatillo, no tenía cartuchos, lo que tenía era dos cuerdas finas y resistentes atadas por las puntas a un pequeño trozo de cuero flexible en la parte cóncava en la que la mano experta de David colocaría la piedra que, a distancia, fue lanzada, veloz y poderosa como una bala, contra la cabeza de Goliat, y lo derrumbó, dejándolo a merced del filo de su propia espada, ya empuñada por el diestro fundibulario. No por ser más astuto el israelita consiguió matar al filisteo y darle la victoria al ejército del Dios vivo y de Samuel, fue simplemente porque llevaba consigo un arma de largo alcance y la supo manejar. La verdad histórica, modesta y nada imaginativa, se contenta con enseñarnos que Goliat no tuvo siquiera la posibilidad de ponerle las manos encima a David, la verdad mítica, emérita fabricante de fantasías, nos acuna desde hace treinta siglos con el cuento maravilloso del triunfo del pequeño pastor sobre la bestialidad de un guerrero gigantesco al que, finalmente, de nada podía servirle el pesado bronce del casco, de la coraza, de las perneras y del escudo. Por lo que podemos concluir del desarrollo de este edificante episodio, David, en las muchas batallas que hicieron de él rey de Judá y de Jerusalén y extendieron su poder hasta la margen derecha del río Eufrates, nunca más volvió a usar la honda y las piedras.
(y 2)
Tampoco las usa ahora. En estos últimos cincuenta años han crecido de tal manera las fuerzas y el tamaño a David que entre él y el sobrancero Goliat ya no es posible reconocer ninguna diferencia, hasta se puede decir, sin ofender la ofuscadora claridad de los hechos, que se ha convertido en un nuevo Goliat. David, hoy, es Goliat, pero un Goliat que ha dejado de cargar pesadas y en definitiva inútiles armas de bronce. El rubio David de antaño sobrevuela en helicóptero las tierras palestinas ocupadas y dispara misiles contra objetivos inermes, el delicado David de otrora tripula los más poderosos tanques del mundo y aplasta y revienta todo lo que encuentra por delante, el lírico David que cantaba loas a Betsabé, encarnado ahora en la figura gargantuesca de un criminal de guerra llamado Ariel Sharon, lanza el “poético” mensaje de que primero es necesario aplastar a los palestino para después negociar con lo que reste de ellos. En pocas palabras, en esto consiste, desde 1948, con ligeras variantes meramente tácticas, la estrategia política israelí. Intoxicados por la idea mesiánica de un Grand Israel que realice finalmente los sueños expansionistas del sionismo más radical; contaminados por la monstruosa y enraizada “certeza” de que en este catastrófico y absurdo mundo existe un pueblo elegido por Dios y que, por tanto, están automáticamente justificadas y autorizadas, en nombre también de los horrores del pasado y de los miedos de hoy, todas las acciones propias resultantes de un racismo obsesivo, psicológica y patológicamente exclusivista; educados y entrenados en la idea de que cualquier sufrimiento que hayan infligido, inflijan o puedan infligir a otros, y en particular a los palestinos, siempre estará por debajo de los que sufrieron en el Holocausto, los judíos escarban interminablemente su propia herida para que no deje de sangrar, para hacerla incurable, y enseñarla al mundo como si se tratase de una bandera. Israel hizo suyas las terribles palabras de Jehová en el Deuteronomio: “Mía es la venganza, y yo les daré su merecido”. Israel quiere que nos sintamos culpables, todos nosotros, directa o indirectamente, de los horrores del Holocausto, Israel quiere que renunciemos al más elemental juicio crítico y nos transformemos en dócil eco de su voluntad, Israel quiere que reconozcamos de jure lo que para ellos es ya un ejercicio de facto: la impunidad absoluta. Desde el punto de vista de los judíos, Israel no podrá nunca ser sometido a juicio, dado que fue torturado, gaseado y quemado en Auschwitz. Me pregunto si los judíos que murieron en los campos de concentración nazis, esos que fueron masacrados en los pogromes, esos que se pudrieron en los guetos, me pregunto si esa inmensa multitud de infelices no sentiría vergüenza de los actos infames que sus descendientes están cometiendo. Me pregunto si el hecho de haber sufrido tanto no sería la mejor causa para no hacer sufrir a otros.
Las piedras de David han cambiado de manos, ahora son los palestinos quienes las lanzan. Goliat está al otro lado, armado y equipado como nunca se ha visto a soldado alguno en la historia de las guerras, salvo, claro está, al amigo norteamericano. Ah, sí, las horrendas matanzas de civiles causadas por los terroristas suicidas… Horrendas, sí, sin duda, condenables, sí, sin duda, pero Israel todavía tiene mucho que aprender si no es capaz de entender las razones que pueden hacer que un ser humano se transforme en una bomba.
Estas entradas fueron posteadas el Enero 8, 2009 a las 12:05 am. y Enero 9, 2009 a las 1:14 am.
Sharon, Barak, Gaza, de Juan Gelman en Página 12
Es cada día más evidente que la invasión israelí a Gaza no es una mera represalia: las tropas de Tel Aviv bombardean sin piedad blancos civiles y los “daños colaterales” de niños palestinos se estimaban, hasta el domingo pasado, en un 20 por ciento de los muertos y un 10 por ciento de los heridos (edition.cnn.com, 4-1-09). Por lo demás, Hamas no es el único movimiento que arroja misiles al territorio del vecino: lo hacen también las brigadas de Los Mártires de Al Aqsa, grupo armado afín a la Autoridad Palestina (AP) asentada en Cisjordania y bendecida hoy por EE.UU. e Israel (Michel Warschawski, Programmer le désastre, ediciones La Fabrique, París 2008, págs. 11-12). Es un hecho confirmado por Amnesty International (www.amnesty.org, 31-12-08). Al Fatah, base política de la AP, sufrió una derrota aplastante ante Hamas en las elecciones del 2006 en Gaza y es su ríspido adversario declarado.
La operación Plomo Fundido, que Israel inició el 27 de diciembre, no es una improvisación: “Fuentes militares revelaron que el ministro de Defensa, Ehud Barak, ordenó hace más de seis meses a las fuerzas de Defensa de Israel que prepararan esa operación, aun cuando Israel había comenzado a negociar un cese del fuego con Hamas”. Esto no lo denuncia un diario árabe, sino el periódico israelí Ha’aretz (27-12-08) y subraya el doble discurso de Olmert y Cía. En realidad, el plomo de la operación se viene fundiendo hace años y su objetivo es echar a los palestinos de su tierra. Los cuatro millones de desalojados desde 1948 ya no le bastan a Tel Aviv.
Ariel Sharon, a poco de asumir el cargo de primer ministro de Israel, en febrero del 2001, ordenó un operativo en el que los cazas F-16 de fabricación estadounidense se utilizaron por primera vez para bombardear ciudades palestinas: “Un plan de contingencia –su nombre codificado es Operación Venganza Justificada– fue diseñado en junio pasado (del 2001) para reocupar toda Cisjordania y tal vez la Faja de Gaza” (The Washington Times, 19-3-2002). El propósito del plan era lanzar un ataque en gran escala para aplastar a la autoridad palestina, “sacar del juego” a su líder Yasser Arafat “y matar o detener a los efectivos de su ejército” (The New York Times, 12-7-01). El presidente egipcio completó el cerco israelí de Gaza, de consuno con Tel Aviv: ordenó el cierre de los pasos fronterizos que permitirían huir de la matanza a miles de civiles palestinos. Al parecer, la voluntad de exterminio no sólo está dedicada a Hamas.
Esa operación se conoció también como el Plan Dagan, por el general (R) Meir Dagan, entonces asesor de Sharon y actual jefe del Mossad. El ataque se desencadenaría “después de un atentado suicida palestino que causara muchos muertos y heridos civiles en Israel, esgrimiendo la justificación del derramamiento de sangre” (www.MiddleEast.org, diciembre 2001). El Plan Dagan incluía una suerte de cantonización de los territorios palestinos, aislando completamente a Gaza de Cisjordania y negociando por separado con cada “gobierno” de ambos territorios y con los respectivos responsables de la seguridad y de los servicios de inteligencia (Le Monde, 17-12-01). Hay más.
El asesinato de Yasser Arafat estaba sobre la mesa de las autoridades israelíes desde 1996 y era otro componente del Plan Dagan. En un documento preparado por los servicios de seguridad en octubre del 2000 a pedido del entonces primer ministro Ehud Barak –del que publicó detalles el diario israelí Ma’ariv (6-7-01)– se indicaba que “Arafat, la persona, es una grave amenaza a la seguridad del estado (de Israel) y los perjuicios que causaría su desaparición son inferiores a los que su existencia origina”. El gabinete israelí decretó su “remoción” a mediados de septiembre del 2003 por considerarlo “un obstáculo para la paz”. El sentido de la palabra “remoción” quedó claro: el entonces ministro de Defensa Shaul Mofaz declaró: “Elegiremos el medio correcto y el tiempo correcto para matar a Arafat” (www.mehrnews.com, 9-11-05). Un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU condenando la decisión israelí fue vetado por EE.UU. (news.bbc.co.uk, 16-9-03). Cuándo no.
El mundo asiste hoy a la aplicación del Plan Dagan tal como se diseñó en el 2001: establece “una invasión del territorio palestino por unos 30.000 soldados israelíes con la misión claramente definida de destruir la infraestructura del liderazgo palestino… y de expulsar o matar a su comando militar” (www.globalresearch.ca, diciembre 2001). La idea tiene un rancio abolengo ya señalado en esta columna (ver Página/12, 4-1-09). Como dijera el legislador árabe-israelí Jamal Zahalka: “El dilema del sionismo en 1948 era, en realidad, elegir un sistema de apartheid o la guerra y la expulsión de los palestinos”. Y una cosa antes de la otra o las dos juntas, ¿por qué no?
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