Reggio’s Weblog

2009, el año previo al de la recuperación, de Antón Costas en El País de Cataluña

Posted in Economía, Política by reggio on 6 enero, 2009

Cuando hace unas semanas me pidieron que moderase un debate entre empresarios para hablar de la situación económica, hice una recomendación a los que iban a intervenir. “¡Aquí se viene llorado!” dije, ante el temor de que la sala se convirtiese en un valle de lágrimas.

De tanto hablar de la crisis y compararla con la de los años treinta, una neblina de miedo y derrotismo ha empapado el espíritu de la gente. Un derrotismo que, y eso es lo peor, afecta a muchos dirigentes políticos y empresariales.

Hablemos, pues, de soluciones y de actitudes positivas.

Vayamos primero con las actitudes. De esta crisis saldremos. No es acto de fe, es puro pragmatismo. A finales de 2007, cuando todo era aún alegría, les dije que la crisis que venía era algo más que una suave desaceleración. Ahora que todo es pesimismo hay que recordar que después de la tempestad siempre viene la calma. El ciclo económico es así, como una gripe, que tiene su propio recorrido. Eso sí, podemos favorecerlo o empeorarlo con nuestro comportamiento.

Mi impresión es que ésta no es la peor crisis que hemos vivido. Fue peor la de 1979-84, cuando desapareció un tercio de la banca y hubo que cerrar grandes sectores, como el siderúrgico, el naval y el textil. Entonces el problema era de oferta y de costes. Ahora es un problema de demanda, un problema provocado por el miedo y la desconfianza causada por el fraude masivo que se ha practicado desde el sistema financiero.

A corto plazo, la prioridad es hacer retornar el consumo. Es necesario sostener un cierto nivel de demanda agregada: la suma del consumo privado de las familias, la inversión de las empresas y el gasto de los gobiernos. Sin esa demanda, las empresas cierran, el desempleo aumenta y el malestar social y la pobreza se agudizan.

¿Cómo? Hablando sobre la crisis en estas vacaciones en mi parroquia gallega, escuché tres propuestas. El pequeño contratista que hace las obras en mi casa está esperanzado con que la convocatoria de elecciones gallegas y vascas aumente el gasto público. Su deseo sería que hubiese elecciones en todas las comunidades autónomas. Por su parte, la dueña de la mercería está contenta viendo como se recuperan las ventas con las rebajas. Desearía que fuese Reyes todo el año. Por último, un amigo sindicalista defiende la necesidad de no reducir los salarios y de aumentar el salario mínimo. Es su propuesta para mantener el consumo y salir de la recesión.

Parecen propuestas populistas, parciales e interesadas, pero tienen fundamento en la teoría económica. Podríamos decir que son soluciones keynesianas, recordando el análisis y las soluciones de John Maynard Keynes, más tarde lord Keynes, a una situación similar que vivió la economía en los años treinta del siglo pasado.

Después del desplome de Wall Street un martes negro de octubre de 1929, que contagió al resto del mundo, y de la aparición de fraudes financieros al estilo del de Madoff, la desconfianza llevó a los banqueros a no dar crédito y a la gente a dejar de consumir para ahorrar. La economía entró en lo que Keynes llamó una “trampa de liquidez”, una situación en la que por más dinero que se inyecte para que la banca dé créditos y por más que se bajen los tipos de interés oficiales para que la gente consuma y los empresarios inviertan, todos prefieren atesorar esa liquidez antes que gastarla. El consumo privado desaparece.

Ante esa trampa, lord Keynes defendió la intervención masiva del Estado en dos frentes. Por una parte, incrementar el gasto público para mantener el empleo y los ingresos de la gente que tiene mayor propensión a gastar, que son los trabajadores de bajos salarios. Por otra, política monetaria cuantitativa, comprando activos a la banca, sanearla y bajar los tipos de interés a largo plazo, que son los que determinan el coste del crédito para las familias y empresas. No pretendía sustituir el capitalismo por el Estado. Su visión era más pragmática: reconocía que los mercados no son perfectos y necesitan de la intervención pública. No es casual que 70 años después las soluciones pragmáticas vengan de nuevo del Reino Unido.

Pero esa expansión fiscal a corto plazo para mantener la demanda y el empleo choca ahora con dos actitudes.

Por una parte, con el síndrome del alcohólico rehabilitado que sufren algunos responsables políticos y económicos. Recordando lo que costó acabar con el déficit público de los años ochenta, ahora, como les ocurre a los alcohólicos reformados, no quieren oír hablar de alcohol. Temen que los déficit eleven los tipos de interés a largo plazo y dificulten la recuperación. Pero en las condiciones actuales esa preocupación no tiene fundamento: la expansión fiscal es la garantía de la salida a la recesión y de la prosperidad futura.

Por otra parte, la medicina fiscal choca también con la ideología de los que creen que las recesiones y el desempleo son una terapia necesaria para purificar el cuerpo de los excesos de la etapa anterior. Pero eso no es teoría económica, es moralidad seudorreligiosa. Olvidan que los excesos no los cometieron los trabajadores, que son los más afectados por la crisis.

Hay que volver a beber del déficit público, procurando, ¡ay!, no caer en el alcoholismo. Se trata de sobrevivir en tiempos de crisis. Algo a lo que ayudarán las reducciones de precios por parte de fabricantes y comerciantes. No es casualidad que las ventas se hayan recuperado con las rebajas de Reyes. Esas caídas de precios en otros bienes, como las viviendas y los coches, ayudarán, y mucho, a salir del bache del consumo.

Hoy, en este inicio de año, lo importante es pensar que, dentro de lo mal que estamos, si hacemos bien las cosas, 2009 puede ser el año previo al del inicio de la recuperación. Esperemos que así sea.

Antón Costas es catedrático de Política Económica de la UB.

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La Unión Europea que nos espera, de Miguel Ángel Aguilar en El País

Posted in Internacional, Política by reggio on 6 enero, 2009

El Consejo de Ministros del próximo viernes día 16 abordará el programa de la presidencia española de la Unión Europea que nos corresponde el primer semestre de 2010. Ahora, concluida la presidencia francesa que tanto ha movido Nicolás Sarkozy, acaba de empezar el turno del checo Vaclav Klaus, y debemos prepararnos a padecer. Ya en las vísperas de estrenarse tuvo la delicadeza de grabar la entrevista que mantuvo en el Castillo de Praga con el presidente y otros dirigentes del Parlamento Europeo. Enseguida ha procedido a retirar la bandera de la Unión Europea de todas las instituciones públicas de su país. Desde entonces, todas sus manifestaciones han ido en la dirección del euroescepticismo.

Recordemos que las instituciones no permanecen inalteradas con el paso de las personas que pueden añadir o sustraer valor a las mismas. La monarquía española registró la diferencia entre Carlos III, Carlos IV o el felón de Fernando VII. La presidencia del Gobierno acusó las diferencias entre Adolfo Suárez, Felipe González o José María Aznar y tampoco la Guardia Civil resistió impasible los latrocinios de Luis Roldán. Al Reino Unido le añadió valor la premier Margarita Thatcher; a la República Federal de Alemania, el canciller Helmut Schmidt y a Austria, Bruno Kreisky. En sentido contrario, puede señalarse a John Major, a Kurt Waldheim o a Silvio Berlusconi. Sus países les sobreviven pero dejan la marca de la erosión causada.

Así sucede también en la Unión Europea, donde la presidencia de algunos líderes ha sido un activador que ha brindado posibilidades a la Unión de funcionar como un actor decisivo en la escena internacional y de aportar iniciativas relevantes frente a la actual crisis económica. Nuestro checo de ahora mismo se presenta desde el inicio de sus responsabilidades en el polo opuesto. Se prefigura como una penosa pérdida de tiempo en un semestre que se inaugura atizado por graves problemas como la guerra de los israelíes en Gaza, los desastres de Irak y Afganistán, las estafas de Wall Street o la vulnerabilidad del abastecimiento de energía. Cuestiones que a todos convendría enfrentar con más Europa y que reclaman para ello la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, pendiente aún del nuevo referéndum irlandés y de la ratificación última de Polonia y Chequia, que andan empeñadas todavía en la martingala de posponer su última firma a la decisión de Dublín, cuando tanto contribuiría que la anticiparan para favorecer el voto de los irlandeses.

Sabemos que ni el fervor, ni el entusiasmo, ni el crecimiento económico siguen la curva del progreso indefinido en contra de lo proclamado por Cristóbal Montoro en sus tiempos de ministro de Economía, cuando declaró abolidos los ciclos de vacas gordas y vacas flacas, que aparecían en los sueños del faraón y fueron interpretados con tanto acierto por José, servidor de su casa.

Pero cuánta diferencia entre las actitudes de España y Portugal, al adherirse el 1 de enero de 1986 a las Comunidades Europeas, y las de Chequia y Polonia cuando llegaron en 2004 a la UE. Los países ibéricos, dieron un mentís a los recelos, se convirtieron en locomotoras del nuevo europeísmo, se apuntaron a todos los proyectos, colaboraron en todos los tratados, formaron parte de todas las cooperaciones reforzadas, cumplieron todos los criterios para incorporarse a la moneda única, propusieron iniciativas valiosas, como la de los fondos de cohesión o la ciudadanía europea, y supieron emplear con eficiencia las ayudas recibidas en aras de un desarrollo ejemplar en la construcción de infraestructuras, en la transformación de la industria subsidiada en otra competitiva o en la modernización de la agricultura. En definitiva, la adhesión, sobre todo la de España, ha sido una historia de éxito, que ha merecido admiración frente a la inercia inexplicable advertida en cualquier pasada por Grecia o por Sicilia.

En Chequia y en Polonia hubo desencanto desde la primera hora de su incorporación a la Unión Europea, cultivo de desconfianzas, alineamientos preferentes con Washington en detrimento de Bruselas, entreguismo a los intereses norteamericanos para la instalación de radares y misiles sin validez estratégica y pura señal de sometimiento político.

La nueva sombra rusa, de Putin en adelante, les ha devuelto el miedo a las incertidumbres. Después de Praga, el segundo semestre de 2009 será la presidencia sueca y el 1 de enero de 2010 llegará el presidente Zapatero, al que le habría nacido una nueva pasión internacional, que ayer parecía desmentida con la cancelación de la visita a Siria. Atentos.

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El nuevo PNE, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 6 enero, 2009

Antes de las elecciones de marzo del 2008, todos los sondeos que se publicaron arrojaron un dato que, a menudo, se olvida demasiado a la hora de analizar los movimientos de Zapatero: la opción que menos gusta a los votantes socialistas en toda España es un eventual acuerdo de gobernabilidad con nacionalistas catalanes y vascos (aunque estos hayan demostrado su moderación y responsabilidad sobradamente desde 1977), incluso muy por detrás de una hipotética gran coalición entre PSOE y PP, al estilo alemán. José Bono, atento al mar de fondo y especializado en tender puentes entre la buena gente socialista y la buena gente popular, repite cosas como que “los votantes del PSOE y del PP que no estén inoculados de veneno tienen menos diferencias que las que afloran en los dirigentes más extremistas”. Detrás de la cansina negociación de la financiación también hay mucho de esto. De ahí que socialistas y populares hayan convertido Andalucía en la mágica vara que mide la mezcla más digerible de españolismo oficial y subsidio autonomista. De ahí que ambas siglas utilicen, para hacer oposición, el espantajo de una Catalunya voraz y avara.

Este cuadro es relevante para poder comprender algo que aparece en la última encuesta que ha publicado La Vanguardia: el crecimiento de Unión, Progreso y Democracia, de Rosa Díez, que podría pasar de uno a cinco o seis diputados en los próximos comicios legislativos. Aunque esta formación concentra la mayor parte de sus votos en Madrid y lo hace a costa, mayormente, de los populares, el efecto de su posible avance se leería en toda España como la mayoría de edad de un auténtico Partido Nacionalista Español, opción que -a tenor de lo observado- echan en falta, precisamente, los más entusiastas de un gran acuerdo entre PP y PSOE que pusiera las bases para acabar con el protagonismo en las Cortes del PNV y, sobre todo, de CiU. La monotemática agenda de Díez pone mucho énfasis en este punto, así como en la necesidad de reformar el sistema electoral para que tal objetivo fuera irreversible.

UPyD encarna el recetario jacobino en estado puro, con algunos siglos de retraso y con el convencimiento de que todos los males de España nacen de lo que llaman “nacionalismos periféricos” y de la inacabada vertebración del Estado-nación a imitación del esquema francés. Ni Alfonso Guerra por la izquierda ni los ideólogos de la FAES por la derecha habían llegado nunca tan lejos. ¿Por qué? Porque al final, tanto PSOE como PP, suavizados por el forzoso pragmatismo del que gobierna o aspira a hacerlo, saben que, a falta de mayorías absolutas, los apoyos más acreditados tienen siempre acento vasco y/ o catalán. En cambio, Díez puede permitirse el lujo de vender la gran utopía del nacionalismo español: acabar con la anomalía histórica. La mercancía es atractiva para muchos votantes de Rajoy y Zapatero. Lo mejor de esta broma es que UPyD no sería hoy nada sin el apoyo de varios entornos populares y socialistas.

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Crisis económica y amnistía fiscal, de Guillem López Casasnovas y Antoni Durán-Sindreu Buxadé en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 6 enero, 2009

TRIBUNA

En un contexto excepcional de crisis en el que la confianza y la transparencia son esenciales para legitimar las acciones emprendidas, hay que ser sumamente cauteloso en las reformas o iniciativas legislativas, limitándolas a las realmente necesarias. De lo contrario, el riesgo de rechazo social es elevado. En este sentido cabe comentar la conveniencia apuntada en determinados foros de una amnistía fiscal y la reciente modificación de la normativa relativa a los rendimientos de nuestros banqueros, o más precisamente, de la vinculación relativa a los rendimientos del capital mobiliario de entidades de crédito en las que participan.

En cuanto a la primera: el problema actual es fundamentalmente de liquidez financiera, y no de solvencia de nuestras entidades financieras, con una elevada incertidumbre que rebota en la falta de crédito de pequeñas y medianas empresas y deja en situación morosa a muchas de nuestras endeudadas familias. Por tanto, qué aporta una amnistía fiscal? Se trata de un dinero que recibiría el Estado para colocarlo en manos de terceros que lo reembolsarían a su vencimiento para que se reintegrase de nuevo a su titular originario: el defraudador. Éste regularizaría así su situación tributaria a costa de un interés reducido y la obligación de invertir en deuda pública a largo plazo. De esta forma, el Estado obtendría una inyección transitoria de liquidez y un diferencial de intereses a su favor. Pero los costes pueden ser mucho más elevados que los pretendidos beneficios: una erosión más de la cultura fiscal del contribuyente español.

Por tanto, ni la excepcionalidad de la situación ni el respeto a quienes cumplimos con nuestra obligación constitucional de contribuir al sostenimiento a los gastos públicos justifica la medida. Levantar dudas al respecto, aunque sean globos sonda, ayuda a que decaiga la confianza en el Estado y a su papel de defensa del interés público en el sistema económico, confianza ya de por sí muy maltrecha en nuestro país.

En cuanto a la segunda cuestión, su origen es la Ley 35/ 2006, que señala que los rendimientos del capital mobiliario procedentes de entidades vinculadas con el contribuyente forman parte de la renta general y, por tanto, pueden tributar hasta el 43% en lugar de al tipo único del 18%. La única excepción la constituyen los rendimientos obtenidos por la participación en los fondos propios de cualquier tipo de entidad, por ejemplo, los dividendos, que sí tributan al tipo fijo del 18%. La razón de ser de dicha norma es evitar supuestos similares a los de la subcapitalización. Pues bien; la Disposición Final Tercera del Real Decreto 1804/ 2008, modifica, vulnerando el principio de jerarquía normativa, la obligación de incluir tales rendimientos en la renta general cuando no difieran de los que hubieran sido ofertados a otros colectivos de similares características a las de las personas que se consideran vinculadas a la entidad pagadora. La modificación tiene cierta lógica aunque es discriminatoria, porque se limita tan sólo yde forma injustificada a los supuestos de vinculación con entidades de crédito. Por lo demás, la vía del Real Decreto, no es adecuada ya que no se trata de una norma de desarrollo de la ley sino de su modificación. Sea como fuere, lo importante es que en estos momentos de excepcionalidad, toda medida de tipo fiscal ha de cuidar de forma exquisita su necesidad, justificación y oportunidad. Desde esta perspectiva, la modificación aprobada es sin duda inoportuna.

En una coyuntura como la actual de río revuelto en el que existe ya la equívoca sensación de que el capitalismo financiero español sobrevive con el dinero del contribuyente y que el Estado se ha rendido a sus exigencias haciendo que paguen justos por pecadores, seguro que es en interés de la propia banca española no añadir más leña al fuego a esta por el momento errónea percepción que transmiten algunos medios. Recuperar la confianza es esencial. Y para ello, tanto el poder legislativo como el ejecutivo han de predicar con el ejemplo y evitar que modificaciones injustificadas o innecesarias se perciban por la ciudadanía como un privilegio que acreciente aun más lo que se pretende evitar: la desconfianza del ciudadano en el papel de las instituciones públicas en el sistema económico prevalente.

Guillem López Casasnovas y Antoni Durán-Sindreu Buxadé. Universitat Pompeu Fabra.

El baile de Obama, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 6 enero, 2009

EL RUIDO DE LA CALLE

Desde que bailaba en la Marimba de la calle del Agua A escondidas he de verte no había escuchado una canción más bella que esa dulce melodía que acaricia los tejados del mundo como los poemas de Whitman. Oigo, otra vez, Norteamérica, tu canto. Para danzar su propio villancico, Obama, el presidente electo, rey portero de Harlem, sin ir vestido de almirante asistirá a 10 bailes antes de la toma de posesión el día 20 de enero, siempre acompañado de su esposa Michelle. La mayoría de las sesiones se celebrarán en el Centro de Convenciones de Washington. Yo ya lo he visto bailar. Ese cumbé que, según el tópico, llevan los negros en la sangre, sólo le sale a Obama cuando hace el swing del golf. Ahí sí es negro. En la pista no mueve bien el body, no parece experto en quemar la clorofila de las rubias. Es demasiado cachas. Los negros, antes de él, se liberaban esqueleteando; el ritmo era su libertad de expresión, por eso los amos de las plantaciones disolvían los bailes de esclavos a latigazos.

Vamos a ver cómo danza el tripulante del Air Force One, el que cabalga sobre una sandía entre las nubes con el maletín donde se guarda el pentagrama nuclear. Los hombres duros no bailan, pero Obama no va de duro. Como Truman, habla bajito y lleva el gran garrote escondido, sin dejarse llevar. Decía Brummell que el dandi, al atravesar un salón donde suene música, debe hacer de modo que sus pasos nunca vayan al compás de lo que se toque. Ese será, tal vez, el estilo de Obama; pronto comprobaremos si devuelve a su alma la chupa de cuero que llevaba cuando jugaba al billar en Hawai con las chicas de alterne. Cuenta en Dreams from my father que fue una especie de hippie mochilero en España cuando bebíamos vino en vasos pequeños. Dice que encontró a un senegalés que le acompañó hasta Barcelona. «No recuerdo cómo se llamaba. Era un hambriento bastante lejos del hogar, uno de los hijos de las colonias colándose en los barrios de los antiguos amos». Esa es la música de Fanon y la de Toni Morrison, a la que entonces aún no dejaban bañarse con los blancos en el lago. En los campos de algodón, los esclavos podían adorar al dios de los hombres blancos, pero no en las mismas iglesias; en Cotton Club, a los trompetistas se les salían los ojos soplando jazz sólo para blancos. Entonces decían los oligarcas borgianos que los negros carecen de memoria histórica; no se acuerdan de que sus abuelos han sido vendidos en las plazas públicas.

Y quien dice negrata, dice parata o jodido. Mira quién baila; no es un negro vacilón, sino uno que ha dicho que va a cerrar Guantánamo y retirar las tropas de Irak. Oigo tu canto, Norteamérica. A ver cómo lo bailas con lobos del Pentágono y tiburones de Wall Street.

© Mundinteractivos, S.A.

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U ERRE DE A CE I, de David Torres en El Mundo

Posted in Medios by reggio on 6 enero, 2009

A DIESTRA Y SINIESTRA

Alfredo Urdaci ha decidido aceptar una oferta de trabajo como jefe de prensa de El Pocero. Al parecer, también había barajado una oferta como portavoz del ejército israelí y otra como locutor de Hamas, pero ninguna le planteaba tantos retos.

Con espléndida metonimia ha dicho Urdaci que «la televisión tiene su caducidad» sin caer en la cuenta de que el único producto al que se le ha pasado el arroz en cualquier cadena es su propia cara. Productor, guionista y actor principal de la primera condena de manipulación informativa en una televisión pública, es muy difícil que alguien supere algún día la lectura de la sentencia en vivo y en directo a la que fue obligado por el juez. En aquellos tiempos no estaba muy claro si lo que salía por la pantalla era un informativo o un NODO. Pero en cuanto Letizia, la futura princesa, le dio la salida, Urdaci se puso a leer de carrerilla con la mirada fija de un androide de protocolo, deletreando a toda mecha las siglas «CE CE O» o (pero no las «ERRE TE UVE E») y salió airoso de la prueba con un registro que sólo habría superado, quizá, Michael Palin. El propio Urdaci intentó batir su propio récord interpretando monólogos humorísticos en El show de Flo, pero allí descubrimos que es uno de esos tipos que sólo tiene gracia cuando habla en serio y viceversa.

Por ejemplo, ahora, que no sabemos si habla en serio o en broma al tomar posesión de su nuevo cargo. La elección de «U ERRE DE A CE I» como jefe de prensa sólo puede ser una inocentada a destiempo, uno de esos casos de simbiosis a los que tan aficionada es la Madre Natura. El Pocero necesitaría la cabecera de Pravda y la maquinaria de Goebbels para limpiar su currículum de esos tardíos comienzos en la alfabetización y de su súbito descubrimiento de la ducha, pero ha decidido tirar la casa por la ventana y contratar a Urdaci. Lo suyo, más que simbiosis, es una historia de amor inmortal, una alianza de por vida. Un hombre que recibe a las cámaras de televisión llamándolos «hijos de puta» y dispuesto a empalarlos con una jabalina necesita para presentarse en público de un auténtico maestro de la estafa informativa reconocido en los más prestigiosos tribunales. Y un hombre que lee la propia sentencia que lo acusa como si fuese un chiste de tartajas, bien puede convertir el yate kilométrico del Pocero en el decorado de una botella.

El Pocero ha dado el salto de Seseña a Guinea, donde va a proseguir su pasión por los juegos del Lego bajo la luz de una dictadura de última generación. Urdaci no tendrá el menor problema en vender todo el negocio como si fuese la limosna filantrópica del gran mecenas del ladrillo al pueblo guineano. En la Guinea de Obiang los negocios son transparentes y las casas del «PE O CE E ERRE O» no lo van a ser menos.

© Mundinteractivos, S.A.

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¿Y si Obama no llega a tiempo?, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 6 enero, 2009

Llego al New York Times de la mano de Michael Lewis y David Einhorn que han publicado un muy interesante artículo, servido en dos entregas, acerca del final del orbe financiero en su concepción actual y las posibles bases sobre las que se tendría que asentar su futuro. Su pieza, que ha encontrado extraordinario predicamento al otro lado del Atlántico, propicia mi reencuentro con Paul Krugman al que le tenía perdida la pista prácticamente desde que la academia sueca le concediera el Nobel de Economía. Como resulta habitual, su opinión no deja ni mucho menos indiferente. No tanto por la novedad de su discurso, que es nula en la medida en que continúa rechazando las tesis monetaristas en un entorno de recesión como el actual y sigue abrazando como única tabla de salvación la keynesiana acción pública, cuanto por su percepción del riesgo de que los estímulos fiscales no lleguen a tiempo. Todo un jarro de agua fría para los muchos que habían iniciado el curso financiero con un In Obama we trust en la creencia de que las grandes magnitudes que se manejan, y que alcanzan ya los dos billones de dólares, tendrían inmediata aplicación una vez que el todavía candidato llegara al poder.

Básicamente Krugman lo que viene a poner sobre la mesa es una realidad de la política norteamericana que ya hemos recogido de forma colateral en este Valor Añadido en otras ocasiones y que debería convertirse en una de las reivindicaciones fundamentales de esa aletargada sociedad civil española a la que la crisis empieza a desperezar: la necesaria muerte del sistema de partidos y su imprescindible sustitución por un modelo de elección de personas que respondan ante sus electores de su mayor o menor diligencia en la defensa de sus intereses. Un proceso en el que vamos hacia atrás como los cangrejos, toda vez que el único ámbito en el que se ha explorado tal posibilidad, el Senado, ha perdido su justificación como Cámara de Representación Territorial española tal y como prueba la negociación bilateral sobre la financiación autonómica que el Presidente está llevando a cabo con cada uno de los presidentes regionales, pasándose el ámbito legislativo de discusión por donde yo les diga.

Pues bien, tras este breve paseo por los Cerros de Úbeda, volvamos a nuestro amigo Krugman. A juicio del autor, muchos de los congresistas republicanos pueden restringir la dimensión del Plan de Obama al tratar de encontrar justificación al mismo desde una óptica meramente mercantil, basada más en los principios de riesgo rendimiento que en los de urgente necesidad. Desde ese punto de vista, y ante la enorme batería de medidas que serían susceptibles de pasar por el tamiz parlamentario, nos podríamos encontrar con un retraso sustancial en tiempo y un recorte radical en forma que provocarían que los potenciales riesgos de materialización de un entorno más depresivo que recesivo se concretaran. Un componente éste que se encuentra fuera de la agenda intelectual de muchos analistas alrededor del globo pero que no deja de ser un factor de riesgo real. Y más en la medida en la que se multiplican las voces que recuerdan el impacto que, sobre el futuro, pueden tener determinadas soluciones expansivas que proponen hoy como remedo a lo que en su día hiciera Frankiln Delano Roosevelt.

No sólo existen dudas acerca de la idoneidad de las políticas expansivas cuando dos de los requisitos fundamentales para su éxito, temporalidad (la propia Yellen, de la FED, se pregunta si alguien ha previsto una salida a tanta vorágine prestamista estatal) y adecuación previa de la oferta productiva a niveles racionales, no son ni mucho menos evidentes, sino que adicionalmente se cuestiona incluso la supervivencia de la hegemonía económica estadounidense, bien desde la profecía nacionalista, como ocurre con los vaticinios de este profesor ruso que anticipa la desintegración del país en 2010 tal y como informa WSJ, bien desde el rigor academicista que se supone a uno de nuestros viejos amigos, Willem Buiter. El profesor, en su último post en FT que traigo de la mano interpretativa de Naked Capitalism, no duda en afirmar la “debilidad financiera, económica, moral y política” acumulada por Estados Unidos en los últimos ocho años, los de Bush, que en su opinión ha provocado un deterioro sustancial de su credibilidad exterior lo que conducirá, en un plazo entre dos y cinco años, a una venta masiva de activos denominados en dólares. Un mensaje que empieza a encontrar preocupante acomodo en uno de los principales tenedores de renta fija norteamericana: Japón. Mala señal tanto para el dólar como para los bonos soberanos. Pero no se vayan todavía que aún hay más: para Buiter, cuya reflexión es extensa y no tiene desperdicio, ésta es la mejor de las alternativas. La peor lleva el deshonroso apellido de impago de la deuda. Ups.

Ya sé, el agorero de McCoy ha vuelto para amargarnos el día de Reyes en este comienzo de año. No sean malos porque no es verdad. Simplemente creo que, tal y como señala el artículo de Lewis y Einhorn citado al inicio de esta pieza, uno de los grandes problemas en la identificación de los síntomas y la determinación de las soluciones de la crisis actual ha sido la ausencia de perspectiva o visión circular para comprender la dimensión del problema, acostumbrados como estábamos al acortamiento de los ciclos, la eficacia monetaria y la consecuente acumulación de desequilibrios sobre los que el día a día de la bonanza económica pasaba por encima. No es momento de incurrir en los mismos errores. La acción ahora tiene consecuencias mañana. Importantes efectos diría yo. Pasar por encima de ellos como si no tuvieran relevancia es sentar las bases para un desastre aún mayor. Piensen, reflexionen y si obtienen una conclusión mejor, no dejen de compartirla con nosotros. La puerta queda abierta.

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Cambio de año, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 6 enero, 2009

Se repasan aquí algunos sucesos que han marcado los días anteriores y posteriores al tránsito anual, recientemente tan celebrado. Quizá contribuyan a dar pistas sobre lo que ocurrirá o lo que seguirá ocurriendo en el 2009. El orden en el que se comentan carece de significado.

1) Una sonora y deflagrante tarjeta de felicitación etarra, consistente en un centenar de kilos de material explosivo, fue enviada vía coche-bomba a varios medios de comunicación del País Vasco; y, a través de ellos, dedicada al conjunto del pueblo vasco, que no parece haber apreciado con unánime entusiasmo tan criminal saludo festivo. Pueblo que se encamina, con admirable serenidad pero con la natural tensión, propia de las siniestras circunstancias reinantes, hacia el proceso electoral autonómico del 1 de marzo, donde las urnas deberán hablar más alto y fuerte que el amonitol, a fin de terminar con éste para siempre.

2) Contemplamos la despiadada aplicación por Israel al pueblo palestino de la Ley del Talión en su versión sionista: cien ojos por cada ojo y cien dientes por cada diente. Dicho de otro modo, cien kilos de explosivo lanzados con modernos misiles, helicópteros, cañones y carros de combate, por cada kilo que transporta un remedo de misil artesanal que explota en algunos poblados israelíes, con similar balance numérico de víctimas sufridas por una y otra parte. Como bien ha escrito un comentarista: “No hay cosa peor que ser víctima de quien fue víctima”. A pesar de la brutal violencia exhibida por los invasores, no es aventurado sospechar que el Gobierno de Israel tendrá que acabar negociando a la larga con Hamas (o con quien le suceda), si de verdad trata de avanzar hacia la solución de tan prolongado conflicto, lo que hoy día es más que dudoso.

3) Esta noticia fue publicada la pasada semana en el International Herald Tribune: “Tras un año catastrófico para los mercados globales, los inversores salen ahora de sus refugios para preguntar si el 2009 será mejor”. Se aconseja al lector, para entender mejor este titular, que donde lee “inversores” entienda “especuladores”. Por otro lado, habrá que precaverse por si esos tiburones que esperan el momento de aflorar, pasado el susto inicial, siguen la senda marcada por el señor Madoff, el estafador de alta gama que tan bien embaucó a sus pares durante tanto tiempo. Aunque es muy probable que se modernicen los trapaceros métodos financieros ahora desvelados, para dar el pego a otros incautos con triquiñuelas de nuevo diseño.

4) En Cuba se celebra el medio siglo transcurrido desde el derrocamiento de la dictadura de Batista. Entre logros y éxitos inocultables, que producen desazón y obligan a cerrar los ojos a quienes tozudamente se niegan a reconocerlos, y fracasos también sonoros, que los actuales dirigentes conocen pero se empeñan en minimizar e ignorar, cincuenta años de resistencia nacional, frente a presiones continuas e intensas de todo tipo (incluidas las militares y las clandestinas, aparte de las económicas y financieras), siempre son dignos de celebración.

5) El Estado de la Ciudad del Vaticano rescinde unilateralmente los acuerdos de Letrán, firmados hace 80 años con el Gobierno de Italia, porque la legislación de este país, aprobada y establecida según los usos democráticos habituales en Europa, no siempre satisface las exigencias morales del catolicismo. Ante el claro ejemplo que esto supone, ¿no sería llegado el momento en que el Gobierno de España cancelase, a su vez, los acuerdos suscritos en 1979 con el Vaticano, ya que éstos tampoco satisfacen las exigencias democráticas de nuestra Constitución?

6) Un jefe de Estado, que alardea de “euroescepticismo”, el checo Vaclav Klaus, toma las riendas de la Unión Europea (UE) durante el primer semestre del año que comienza. Ha calificado su nuevo papel de presidente europeo como “no importante”. Un corresponsal extranjero en Praga afirma que “a Klaus le gusta pensar que su vida es una disidencia permanente frente a lo que él ve como opiniones erróneas de la mayoría”. Los hechos conocidos así lo confirman. ¡Buen estilo de liderazgo para marcar los rumbos a este heterogéneo conglomerado de 27 países en que se ha convertido la UE! El pintoresquismo de varios de sus altos dirigentes y sus extemporáneas salidas de tono tienen más eco en los medios internacionales que la vacilante o casi inexistente política exterior común europea para hacer frente a los conflictos aquí señalados.

7) Por cuarta vez, Rusia y Ucrania se enzarzan en una disputa sobre el suministro de gas. Los 2.000 millones de dólares que Kiev adeuda a Moscú por el gas adquirido apenas podrán pagarse en los próximos años con los ingresos obtenidos por el alquiler del gaseoducto que desde Rusia, a través de Ucrania, provee a Europa de esta indispensable fuente energética. En el 2006, un conflicto similar estuvo a punto de dejar a los europeos sin gas, en pleno invierno, al cerrar Ucrania la llave de paso. Ahora no parece que esto se repita, pero sirve para poner de manifiesto la vulnerabilidad de un mundo que despilfarra casi más energía que la que produce.

Esta lista podría aún prolongarse: hambre, cambio climático, guerras (en Iraq, Afganistán, Congo y Sudán, entre otras), violaciones de derechos humanos, fanatismos religiosos, etc. Dejo al lector que se entretenga completándola a su gusto. Cuando el 2009 vaya a concluir, ya compararemos resultados, si vivimos para verlo. ¡Que el año que ahora está comenzando les sea propicio, estimados lectores!

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva

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Las relaciones laborales ante los cambios económicos, de Federico Durán López en Cinco Días

Posted in Derechos, Economía, Laboral by reggio on 6 enero, 2009

La huelga de celo que hemos venido padeciendo desde primeros de diciembre los usuarios del transporte aéreo, negada por sus eventuales organizadores y actores, ofrece ocasión propicia para revisar algunos de los aspectos de nuestras relaciones laborales, que están lastrando las posibilidades empresariales de adaptación a los cambios económicos y a las nuevas condiciones de los mercados, con la consiguiente repercusión negativa en la situación competitiva de las empresas.

Un primer punto de reflexión: el conflicto laboral puede asumir, en una sociedad de servicios, y sobre todo en sectores dotados de una especial complejidad, características muy distintas de las que acompañan a los clásicos conflictos industriales. Una huelga de pilotos puede ser, hoy por hoy, eficazmente enmascarada, de tal forma que se consigan efectos relevantes en cuanto a la prestación de los servicios, desorganizándolos y llegando incluso a impedir su desarrollo, sin que formalmente se manifieste el conflicto y sin que sea fácil detectar y reprochar incumplimientos individuales. Puede darse, esto es, una acción sindical conspirativa y basada en la simulación, que consiga presionar a la empresa sin costo alguno, en principio, para los huelguistas ni para los organizadores de la huelga.

El ordenamiento jurídico no debe consentir situaciones de ese tipo. Siquiera sea por esa razón, los sindicatos deberían abandonar la vieja retórica obrerista y aceptar que se proceda a una regulación, acorde a los nuevos tiempos, del ejercicio del derecho de huelga.

En segundo lugar, los avatares de la negociación colectiva que están en el origen del conflicto ponen de manifiesto las perversiones que atenazan, en muchas ocasiones, nuestra práctica negociadora. La más importante de dichas perversiones es la que ha llevado a hacer de los convenios colectivos, que, por definición, contienen regulaciones temporales de los aspectos más significativos de las relaciones laborales, normas no ya de duración indefinida sino eterna. Hay, sin duda, aspectos más permanentes de las relaciones laborales (poder disciplinario, sistemas de previsión social complementaria) que pueden y deben ser regulados para el medio y largo plazo, fijando incluso una duración indefinida para las consiguientes regulaciones.

Pero hay otros, la mayoría, ineludiblemente unidos a las circunstancias económicas y de mercado. No sólo los relacionados con la retribución, sino muchos otros que contemplan cuestiones relativas a la organización del trabajo y al desarrollo de las tareas productivas. Por eso la ley no es un instrumento útil para establecer las condiciones de trabajo. La ley puede regular el marco en que han de desarrollarse las relaciones laborales, pero la concreción de las condiciones de trabajo ha de corresponder a un instrumento distinto, la negociación colectiva, que se renueva periódicamente y que puede tener en cuenta el cambio de las circunstancias productivas y de mercado en que la empresa ha de operar. Los convenios son, por ello, contratos o compromisos temporales, cuya duración, más o menos amplia, pero nunca extendida en el tiempo más allá de lo que las previsiones económicas razonablemente permiten, debe ser la fijada por las partes negociadoras en atención a las circunstancias.

La perversión se produce entre nosotros por el uso inadecuado que se viene haciendo del instituto de la ultra actividad: el propósito, razonable, de evitar vacíos de regulación entre sucesivos convenios, se pervierte haciendo que un convenio conserve plenamente su aplicabilidad hasta tanto sea sustituido por otro posterior. Ello determina una tendencia negociadora por parte sindical que procura, y generalmente consigue, mantener en cada negociación todo lo que figuraba en los precedentes convenios. Es muy difícil, para las empresas, liberarse de compromisos asumidos con una clara vocación de temporalidad, que siendo, por su naturaleza, temporales, se convierten prácticamente en imperecederos.

Esa situación incide, siempre, en la adaptabilidad empresarial y en la competitividad tanto de las empresas individualmente consideradas como del conjunto del sistema productivo. Pero, en ocasiones, además, lleva a auténticos callejones sin salida. No se trata, obviamente, de que las condiciones de trabajo pactadas en los convenios desaparezcan de la noche a la mañana cuando finaliza su vigencia. Los aspectos fundamentales del intercambio contractual entre empresario y trabajador, los relativos a la retribución y a la duración del tiempo de trabajo, pasan a formar parte del nexo contractual individual y por tanto se mantienen aunque expire el convenio colectivo que los fija.

Pero todas las cuestiones relacionadas con la organización del trabajo, con los sistemas productivos, con la situación de la empresa en el mercado, no pueden ni deben considerarse consolidadas para su incorporación a un nuevo convenio. Cuando se producen modificaciones sustanciales en dichas cuestiones, no existe ninguna justificación para imponer el mantenimiento de los compromisos asumidos, en un determinado momento, en relación con las mismas.

Pensemos en el conflicto de los pilotos al que me refería. ¿Alguien puede razonablemente sostener que regulaciones previstas para el periodo 1996-2000 deban sin más mantenerse, cuando el mercado del transporte aéreo se ha modificado sustancialmente (con el desarrollo del bajo coste, la apertura de cielos, etcétera), las aeronaves son también muy distintas y las condiciones de la operación aérea han cambiado de manera significativa? El intento de mantener esas regulaciones, o de cobrar un sustancioso peaje por su modificación, es lo que bloquea una negociación que cada vez resulta más urgente.

Por último, si pensamos que muchas de las regulaciones del pasado que lastran la situación actual, provienen de la etapa de empresa pública del operador aéreo, no pueden dejar de producir un cierto escalofrío los actuales intentos de rescate, por parte del sector público autonómico, de algunas compañías.

Federico Durán López. Catedrático de Derecho del Trabajo y socio de Garrigues

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La izquierda europea quedó en una encerrona, de Guy Sorman en Clarín

Posted in Derechos, Economía by reggio on 6 enero, 2009

La crisis global parece haber dejado sin respuestas a los partidos socialistas. La derecha les arrebató las ideas estatistas y keynesianas.

Los recientes disturbios que han arrasado a Grecia pueden tener muchas causas, pero una que raras veces se menciona es la fractura de la izquierda griega entre el partido socialista tradicional PASOK de George Papandreu y una fracción cada vez más radicalizada que rechaza vínculos con la Unión Europea y con la economía moderna.

Esa división está paralizando a los partidos socialistas de toda Europa.Que la izquierda tradicional resulte tan inerte en plena crisis económica actual resulta más que extraño. En lugar de prosperar con las nuevas dudas sobre el capitalismo, los partidos socialistas de Europa no han logrado avances políticos importantes.

Los socialistas europeos han fracasado a la hora de abordar la crisis convincentemente por sus divisiones internas. Todos, anticapitalistas de nacimiento, llegaron (en mayor o menor medida) a aceptar la libertad de mercado como fundamento de la economía. Desde 1991 y el desplome del sistema soviético, la izquierda ha carecido de un modelo claro con el que oponerse al capitalismo.

¿Es la crisis actual una crisis del capitalismo o una simple fase de él? Esa controversia mantiene a los intelectuales, expertos y políticos de izquierda muy ocupados en debates televisivos y de café en toda Europa. A consecuencia de ello, ha estallado una lucha por el poder. En Francia y Alemania, una nueva extrema izquierda, compuesta de trotskistas, comunistas y anarquistas, está surgiendo de sus cenizas para volver a ser una fuerza política. Esos espectros rejuvenecidos adoptan la forma del Partido de la Izquierda de Oskar La Fontaine en Alemania, como también los diversos movimientos revolucionarios de Francia; uno de ellos acaba de denominarse Partido Anticapitalista. Su dirigente, un antiguo cartero, dice que en las circunstancias actuales, forma parte de una “resistencia”, palabra que tiene resonancias de las luchas antifascistas de la época de Hitler. Nadie sabe cuál es la auténtica opción de esa extrema izquierda.

Frente al nuevo radicalismo, que está atrayendo a algunos socialistas tradicionales, ¿qué van a hacer los dirigentes socialistas más antiguos? Cuando se inclinan por los troskistas, pierden a sus partidarios “burgueses”; cuando buscan el centro, como el SFP en Alemania, el Partido de la Izquierda crece. Por ese dilema, los partidos socialistas de toda Europa parecen paralizados.

Y lo están. De hecho, resulta difícil encontrar un análisis convincente de la crisis actual por parte de la izquierda, aparte de lemas anticapitalistas.

Los socialistas acusan a financieros avaros, pero, ¿quién no lo hace? En cuanto a remedios, los socialistas nada ofrecen que no sean las soluciones keynesianas que ahora está proponiendo la derecha. Desde que George W. Bush mostró la vía de la nacionalización de la banca, enorme gasto público, rescates industriales y déficits presupuestarios, los socialistas se han quedado sin margen para actuar. Sin embargo, muchos socialistas temen que un excesivo gasto público dispare la inflación y que sus electores potenciales pasen a ser las primeras víctimas.

Cuando la derecha se ha vuelto estatista y keynesiana, los auténticos partidarios acérrimos del mercado libre quedan marginados y el anticapitalismo de estilo antiguo parece arcaico, hay qué preguntarse qué puede significar el socialismo en Europa.

En definitiva, la enseñanza que se desprende de lo sucedido en Grecia es que lo que más deben temer los socialistas europeos es el gusto de la extrema izquierda por provocar disturbios y el talento para hacerlo, pues el actual socialismo vacío tiene una consecuencia: la de que, parafraseando a Marx, un espectro recorra Europa: el del caos.

Copyright Clarín y Project Syndicate, 2008.

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Los sindicatos, en la encrucijada: ¿movimientos sociales o agencias de negociación colectiva?, de Wolfgang Storz en SinPermiso

Posted in Derechos, Laboral, Política by reggio on 6 enero, 2009

Wolfgang Storz, el antiguo dirigente de la IG-Metall alemana –la mayor organización obrera del planeta—, reflexiona sobre el sindicalismo y sus desafíos en el mundo de hoy.

¿Tienen los sindicatos que reinventarse a sí mismos? ¿O simplemente hacer y “vender” mejor su trabajo, a fin de transformar un presente gris en un futuro esplendoroso?

Desde hace muchos años, y con buenas razones, los unos dicen que ya está bien, que los sindicatos están a pique de pasar a la ofensiva, que deben pasar sin dilación a la ofensiva: su creciente buena imagen se refleja en las encuestas. Sus temas –salario mínimo, justicia social, por ejemplo— se hallan en el centro de los debates sociales. Sus competencias son más necesarias que nunca: crece en importancia el trabajo asalariado, cada vez más países en el mundo cruzan el umbral de la industrialización. Crece el empleo femenino. Cada vez más jóvenes pretenden el acceso al sistema de trabajo remunerado. Y en esa medida, se hacen también más necesarios objetivamente los sindicatos. Los hombres y las mujeres precisan de ellos.

Y desde hace también muchos años, y también con buenas razones, dicen los otros: ¿cómo podrían los sindicatos, precisamente ahora, pasar a la ofensiva? Precisamente ahora: desde hace años, hay millones de desempleados, lo que debilita la posición negociadora. El mundo del trabajo se descompone, se hace más complejo y heterogéneo, lo que dificulta la organización de los trabajadores. Y con la globalización y la competencia a escala mundial, ha caído por doquiera su influencia, aumentando, en cambio, la del capital. También en Alemania gozan los empresarios de consenso social, y se desvinculan de los acuerdos colectivos.

La evolución del mundo es, pues, contradictoria. De algún modo, esta sociedad y los trabajadores precisan de los sindicatos. La lista de logros por éstos alcanzados es copiosa y goza de amplio reconocimiento. También la lista de hechos deprimentes: la influencia de los sindicatos en la sociedad y en la política ha disminuido inequívocamente. El número de diputados en el Parlamento federal afiliados a un sindicato ha bajado sensiblemente. La pérdida de afiliación se mantiene, y en medida parecida baja el grado de organización sindical en las empresas. Si es verdad que desde 2005 tanto la IG-Metall como el sindicato [de servicios] Verdi han podido congratularse de ligeros incrementos de afiliación, también lo es que en la época de auge económico que acabamos de dejar atrás el sector metalúrgico, por ejemplo, ha creado puestos de trabajo: aunque el número absoluto de afiliados a las organizaciones obreras ha crecido, presumiblemente no ha sido así en términos porcentuales.

Mucho más aún que la evolución de las cifras, debería dar qué pensar a los sindicatos la actual composición de sus miembros. Los sindicatos organizan a la vieja sociedad industrial en decadencia, pero no a la nueva sociedad industrial y mucho menos a la nueva sociedad de servicios y de conocimiento. Entre sus miembros, hay muchos hombres mayores, pocas mujeres, pocos jóvenes, poco empleado y mucho obrero. Los débiles y los fuertes del actual mundo del trabajo –los extranjeros, los poco calificados, los precarios, y en el otro extremo, los trabajadores intelectuales muy calificados— no están organizados. Los unos, manifiestamente, no esperan nada de los sindicatos; los otros, no precisan de ellos. Para poner peor las cosas: eso se sabe en los sindicatos desde hace por los menos 20 años, es un hecho indiscutible y sobre el que se ha reflexionado mucho, y sin embargo, poco se ha hecho.

Los sindicatos han reaccionado, por lo pronto, a su crisis como empresas que vieran hundirse sus mercados: el que es un poco más fuerte absorbe al más débil. Todavía en los años 80, había en Alemania 17 organizaciones sindicales. Desde 2002, sólo hay ocho. Mientras que el mundo del trabajo se diversifica, se descentraliza incluso, las formas de organización sindical se uniforman y centralizan. Es decir, que los sindicatos, lejos de tomar en cuenta la diversidad del mundo del trabajo y tratar de reflejarla organizativamente para mejor gestionarla, lo que han tratado es contenerla y ordenarla conforme a sus propias necesidades organizativas. Una de las consecuencias de lo cual es la insuficiente atención prestada a muchas categorías profesionales y a sus correspondientes intereses y culturas. Y así, el paisaje sindical ha comenzado de nuevo a escindirse y desmembrarse: pilotos de aviación, médicos o conductores ferroviarios; las huelgas más espectaculares y exitosas de los últimos años las han organizado estas minorías con gran capacidad de imponerse, cuyo objetivo primordial se concentra en la maximización del salario.

Esa centralización no sólo estorba al cabal reconocimiento de la diversidad del mundo del trabajo, sino –lo que sólo a primera vista `puede resultar sorprendente— que amenaza también a la unidad sindical. En efecto: desde que sólo hay ocho organizaciones sindicales y sólo tres de ellas –la IG-Metall, Verdi e IG-BCE [Sindicato Industrial de Minería, Química y Energía]— siguen siendo políticamente relevantes –y como tales percibidas por la opinión pública—, la organización que las cubre a todas, la DGB [Federación Alemana de Organizaciones Sindicales] ha perdido definitivamente voz.

Sólo un ejemplo entre muchos: se dice que en 2009, año de elecciones al Parlamento Federal, la IG-Metall realizará una gran campaña con el lema “Buen trabajo”. Presumiblemente, Verdi se lanzará a su tema del salario mínimo. Y a la DGB le resta contribuir un poquito. Este pequeño precedente resulta iluminador de algunos de los problemas de los sindicatos alemanes; las distintas organizaciones sindicales siguen siendo de la opinión de que son lo bastante fuertes por sí mismas como para llevar a cabo con éxito sus campañas a escala federal. De lo que se puede dudar fundadamente.

Además, hace mucho que ha dejado de haber una organización de cobertura que funcione bien, que actúe en representación de todas las organizaciones sindicales y que, en calidad de tal, sea tomada en serio por los políticos y por la opinión pública. ¿Cómo podría ser respetada por otros, si sus propias gentes no la tienen en la menor estima? “Cambio de tendencia”: así se llama un gran proyecto de reforma adoptado desde hace meses por la cúpula de la DGB y por las distintas organizaciones sindicales; de sus resultados, poco se conoce. Al contrario: las grandes organizaciones sindicales exigieron hace unos meses a su organización de cobertura –la DGB—, públicamente y de forma harto indelicada, que iniciara otro proceso de reformas y contención de gastos, como si se pretendiera, no poner a punto el propio cuartel general, sino, a ser posible, liquidarlo.

Sea todo ello como fuere, y de uno u otro modo, a menudo desconectado de esta difícil cotidianidad, hay un debate con miras de reforma sobre la cuestión de si –y de qué forma— los sindicatos deben renovarse. Muchas son las palabras al respecto, pero también alguna que otra acción aislada. De manera ejemplar, con una campaña tan tenaz como inteligentemente desarrollada, Verdi y el pequeño sindicato del sector de alimentos y restauración han logrado colocar el asunto del salario mínimo en la agenda de esta sociedad.

El sindicato de de servicios [Verdi] puede considerarse ahora mismo –aun si financiera y organizativamente oscilante entre el papel de coloso político y el de ejército espiritual— el sindicato más innovador. Tanto en el asunto de la privatización de ferrocarriles y clínicas, como en su lucha por obligar a los grandes supermercados rebajistas Lidl y Aldi a respetar unas condiciones de trabajo humanamente dignas, busca de maneras muy prometedoras y poco convencionales –aun si sólo a duras penas organizables— alianzas de movimientos sociales, trabajadores y consumidores. La IG-Metall busca desde hace un año, con gran denuedo y con no menor éxito, organizar a los trabajadores temporales. Y desde tiempos inveterados pone gran empeño en presentarse “no sólo como una máquina de negociación colectiva”, sino una organización que “sigue siendo una comunidad de valores”, según acaba de declarar Detlef Wetzel, su vicepresidente.

También hay algunos proyectos portadores de futuro. Y hay movimientos tentativos, en los cuales, a grandes trazos, pueden divisarse dos tendencias: el sindicato se entiende a sí mismo también como movimiento social, lo que quiere decir que hace suyos como realmente importantes asuntos que van más allá de la clásica política de negociación colectiva (salarios, calidad de las condiciones de trabajo, formación continua), y trata de forjar distintas coaliciones sociales conforme a la naturaleza del proyecto en cuestión. La otra tendencia quiere concentrar toda la energía en el trabajo en la empresa, a fin de robustecerse sobre todo en el puesto de trabajo. Lo que, entre líneas, admite la siguiente lectura: las fuerzas parecen tan limitadas, que no queda sino optar o por lo uno o por lo otro.

Wolfgang Storz fue dirigente, entre 1998 y 2000, de la IG-Metall como responsable del sector de medios impresos. Entre  2002 y 2006 fue redactor jefe del diario francfortés Frankfurter Rundschau.

Traducción para www.sinpermiso.info: Amaranta Süss

Freitag, 26 diciembre 2008

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El jefe piensa desde el rancho, de Antonio Alvarez-Solís en Gara

Posted in Internacional, Política by reggio on 6 enero, 2009

El hecho de que Bush haya expuesto sus hipócritas argumentos en favor del genocidio diseñado por el Gobierno israelí desde su rancho y a través de un funcionario invita a Antonio Alvarez-Solís a reflexionar sobre el cinismo y la falta de pudor con la que se reviste hoy el poder. Sin olvidar el fondo de la tragedia palestina, el periodista considera que antaño los poderosos «eran gente reaccionaria, pero pudorosa; ahora son simplemente fascistas y sueñan con el refugio del águila».

Una de las realidades más destructivas entre las que pueblan el mundo actual quizá sea la falta de pudor en los comportamientos públicos. La liviandad de esos comportamientos, tanto gestuales como verbales, destruye todo respeto de la ciudadanía hacia sus dirigentes, que se manifiestan con la frivolidad más absoluta. Grandes y graves cuestiones -sirva de ejemplo actual la ya vieja maniobra israelí para provocar a la nación palestina- son abordadas por los espoliques de Israel con una simplicidad gestual que trata de disolver toda la trascendencia moral y política de la gravísima situación. Recurramos a la última y obscena ligereza: Bush ha aprovechado sus vacaciones de Navidad para reafirmar con un elemental cinismo su postura sobre el genocidio de Gaza. Ha hablado, sin más, del derecho de Israel a su defensa. Pero a este elemental argumento, desnudo de todo matiz y antecedente, ha acompañado un impúdico menosprecio: ni siquiera ha hablado Bush personalmente de esa tragedia, sino que ha encargado la expresión de su postura a un portavoz, género menor de funcionario. El jefe del mundo ha decidido que mientras Hamas lance algunos cohetes la razón de Israel para proseguir la matanza masiva es evidente. Pero ante los centenares de muertos palestinos y de los millares que yacen postrados en los hospitales vacíos de todo remedio por imperio del bloqueo -la ministra de asuntos exteriores de Tel Aviv ha dicho que la situación humana en Gaza «es como debe ser»- el Sr. Bush no se ha dignado hacer una comparecencia en la Casa Blanca y hablar de modo directo desde el despacho oval. Simplemente ha ordenado al Sr. Gordon Johndroe, caballero de quien el mundo tiene una remota noticia, que informe una vez más al planeta de los simios -supongo que así ve la Tierra el Sr. Bush, con la estatua de la libertad al fondo- de su decisión de continuar el apoyo al Gobierno de Israel.

Ahí está, volviendo al tema, una muestra escandalosa de impudor. Cuando la burguesía llamada liberal era aún propietaria del negocio humano los jerarcas trataban de dar a sus expresiones políticas un cierto revestimiento de cortesía desde la majestad formal del cargo. Más aún, aquellos jerarcas evitaban referir su veraneo a los periodistas en una sociedad muy escasa de veraneantes. Digamos simplemente que se guardaban las formas. Ni se lucían residencias campestres, ni se mostraban barcos de recreo ni siquiera se hablaba de portavoces dedicados a tachonar el ocio con disparates como los que actualmente protagonizan los llamados estadistas. Un ejemplo: don Antonio Maura, rico por su bufete, llevaba discretamente a veranear en Santander a las hijas de otro conservador eminente, don José Sánchez Guerra, que había sido presidente del Gobierno y carecía de medios para pagar a su familia este descanso estival en Cantabria. Eran gente reaccionaria, pero pudorosa. Ahora son simplemente fascistas y sueñan con el refugio del águila. Si cabe la ironía en este caso que rezuma sangre vale recordar aquella frase de Thomas de Quincey en su obra «Del asesinato considerado como una de las bellas artes»: «Uno empieza por permitir un asesinato, pronto no le dará importancia al robo, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor y se acaba por faltar a la buena educación y dejar las cosas para el día siguiente». Sr. Bush: analice cada término de la frase y dígame si se reconoce. Hago abstracción del día del Señor porque ustedes han decidido usarlo con absoluta y blasfema irreverencia.

Es posible que estas observaciones mías sobre el pudor suenen a retórica caducada, a elegancia trasnochada. El mundo actual se desliza tan deprisa por el vértigo que no capta lo repugnante que resulta. Pero si se escarba con algún rigor en él no es difícil concluir que esa carencia de formas externas de cortesía responde a un interior espiritual totalmente agostado, desértico, cruel. No hablamos, por tanto, de una limitada innecesariedad gestual producida por la moda vigente, que hace de la eficacia inmediata y de sus gestos un modo radical de incomunicación, sino precisamente de toda la moda política y moral presente. En suma, de un mundo irrespirable. Transmitir unas escasas palabras por medio de un irrelevante portavoz desde el lugar de vacaciones y acerca de una masacre que enferma el alma de los seres honrados revela hasta qué punto el desprecio al ser humano surge de la infectada médula moral de una gran parte de los políticos actuales. No se trata, pues, de un simple déficit de urbanidad. Esos políticos funcionan en un club en que al güisqui le echan agua para dar un tono de sobriedad mundana. La verdad es que no les gusta el güisqui ni entienden la sobriedad. Son una partida de alcohólicos sin causa.

Me planteo con el correspondiente rigor si esas impudicias que hoy me muelen no forman parte de la violencia institucional. Matar seres humanos de manera tan liviana moralmente y hablar de ello con tan fenomenal desdén para el dolor de los que sufren convierte la vesania en una forma doblemente grave de violencia pues indica impunidad en la acción y menosprecio de la existencia. No hay en esas muertes -por más que las muertes sean siempre deplorables- ni un ápice de argumentación moral. Esas muertes no pretenden redimir, aunque sea trágicamente, una injusticia sino conservar un poder inmundo. No sirven para edificar un mundo mejor, que por otras vías puede edificarse. Son muertes contables que se asientan en el lugar correspondiente del Libro Mayor. Muertes que se decretan desde la cumbre oscura según leyes creadas escandalosamente para delinquir. A propósito de esas leyes el teólogo John Robinson escribe lo siguiente: «El lugar que ha de ocupar la ley es un lugar marginal que le permita proteger la libertad, pero no ocupar un lugar central desde el cual pueda negarla». Pero ¿qué es ahora la libertad sino una serie de fórmulas que burlan de la correcta razón?

Para hablar del exterminio palestino habría que revestir al menos una cierta solemnidad que quedaría enmarcada por dos vectores: la reverencia que se debe siempre a la muerte y la calidad de las ideas. Ni una cosa ni otra se observan en torno al aniquilamiento de palestinos por parte de quienes están encargados de administrar un mundo mayoritariamente cargado de servidumbres. Dirigentes vergonzosamente aconchabados en el cuidado de una hacienda siniestra. En el caso de los gobiernos de Israel jamás llegué a saber por qué los judíos están profundamente engastados en la violencia desde hace miles de años. O la sufren o la causan. Protagonizan un holocausto reversible. La primera impresión que el observador tiene acerca de este mecanismo sangriento es que esa violencia ejercida o padecida es la triste argamasa de una identidad patológica. En los viejos tratados de psiquiatría se definían estas alteraciones de la percepción y su respuesta como una dolencia que hace sufrir al que la padece y a aquellos que le rodean. En la historia se dan casos de desequilibrio colectivo en los pueblos. Podríamos referirnos a la histeria colectiva, tan frecuente, con sus delirios correspondientes. O también hacer algunas consideraciones sobre un narcisismo desesperado. Pero estos estados, más o menos graves, tienen un cierto carácter temporal, aunque dejen su huella. Menos, según lo que parece, en Israel. Su delirio es permanente y está servido por una sobredosis de inteligencia. No hablo de nada satánico. No me gustan estas deducciones. Simplemente me limito a tratar de esta carcoma de la paz.

Antonio Alvarez-Solís, periodista.

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