Reggio’s Weblog

Consumid, consumid, malditos ricos…, de Antón Costas en El País de Cataluña

Posted in Economía, Política by reggio on 9 diciembre, 2008

Después de años de consumir en exceso y por encima de nuestras posibilidades, de repente nos hemos puesto a practicar la virtud de ahorrar y a disminuir el consumo. Pero el remedio puede ser peor que la enfermedad, porque aun la mejor virtud, practicada a destiempo y en exceso, puede convertirse en el peor vicio y fuente de males sociales. Eso es lo que parece estar ocurriendo con el consumo en España.

Para no deprimirles más, les ahorro el mencionar la evolución de los datos sobre la caída del consumo de bienes duraderos (coches, televisores, casas…), el desplome de la producción industrial, el hundimiento del índice de confianza de los consumidores y de los empresarios, la continuidad de la sequía de crédito… Se puede resumir diciendo que todo recuerda a 1993. Hasta la reducción de la inflación se parece más a un problema que a una buena noticia. Y hasta es posible también que la sequía de crédito no sea tal, sino falta de demanda solvente de crédito. El diagnóstico es claro: no estamos ante un problema de oferta -es decir, de escasez de productos y de precios elevados-, estamos ante un grave problema de falta de demanda.

Es un círculo vicioso. Como todo el mundo reduce su consumo a la vez, las empresas se encuentran con que cae en picado la demanda de sus productos. Esto, a su vez, lleva a las empresas y a los comerciantes a despedir a sus empleados y a bajar precios para intentar vender lo que ya está producido. Los despidos aumentan el paro, éste disminuye la renta de las familias, que, por su parte, reaccionan reduciendo su consumo de bienes y servicios… y vuelta a empezar. Un círculo vicioso que lleva a la economía al borde del precipicio de una recesión profunda con deflación (caída brusca) de precios. Todo ello provocado por una repentina anorexia de consumo.

¿Cómo se convence a un anoréxico de que no deje de comer? Lo mismo que le ocurre a la medicina tradicional, la economía no sabe cómo enfrentarse a este problema. ¿Por qué nos sentimos tan confiados y eufóricos en algunos momentos y tan pesimistas y desconfiados en otros? Los economistas no tenemos explicaciones para estos cambios bruscos de humor. La respuesta está en la psicología social.

Lo mejor es evitar caer en ese precipicio. La política económica nos dice que hay tres maneras de influir en el consumo. La primera es utilizar los instrumentos macroeconómicos para aumentar las posibilidades de las personas, mediante una política monetaria expansiva que abarate los tipos de interés y anime a la gente a comprar, o de una política fiscal que reduzca impuestos como el IVA y que abarate los precios de los productos para los consumidores. La segunda es utilizar la psicología para tratar de influir en las preferencias por el consumo. En este caso se utiliza la persuasión moral. La tercera consiste en utilizar la política para imponer a alguien la obligación de consumir. Hacer del consumo una obligación política.

La vía de la economía es la que utilizó el Banco Central Europeo la semana pasada al bajar sus tipos de interés 0,75 puntos. O la del Gobierno británico de Gordon Brown al bajar el IVA. Pero no está claro que los instrumentos macroeconómicos sean una vía eficaz en estos momentos en los que la gente, especialmente las clases medias, están bajo el shock de la recesión y el miedo al futuro. Dado que la vivienda es el calcetín de la riqueza de la clase media, la caída de precios ha tenido un efecto depresivo, que irá desapareciendo poco a poco.

La segunda vía es la de la psicología. Se trata de convencer a la gente de que consumir es un deber moral en este momento. Pero el altruismo, como el buen vino, es un lujo que sólo pueden permitirse los ricos. Por tanto, se trataría de imponer a los ricos el deber moral de consumir: consumid, consumid, malditos ricos…

Algo así intentó el presidente Montilla en el Parlament hace dos semanas: les vino a decir a los ricos y acomodados catalanes que consumir es la forma de manifestar solidaridad con los que temen perder el empleo. Ojalá le hagan caso.

Por cierto, no es nada nuevo el defender la función social del consumo de los ricos. Lo hizo de forma brillante Bernard de Mandeville en 1714, en su conocida obra La fábula de las abejas, o como los vicios privados se convierten en virtudes públicas. Mandeville hablaba del lujo improductivo de los zánganos de la corte de aquellos tiempos. Montilla se refiere al consumo productivo de las clases medias. Nada que ver.

Dado que no se puede confiar en la eficacia de los instrumentos macroeconómicos ni en el altruismo de los ricos, nos queda la política. Es decir, imponer la obligación de consumir para mantener la producción y el empleo. Pero ¿a quién imponérsela? A los poderes públicos.

El Estado interventor moderno, la economía mixta, es el sistema de reaseguro mutuo más importante se haya inventado jamás. El mejor sistema para ejercer la solidaridad y el altruismo. Y ahora es el momento de utilizarlo mediante programas masivos de gasto público en iniciativas que mantengan y generen nuevos empleos. El Gobierno de Rodríguez Zapatero ha decidido hacerlo. Pienso que es un buen camino.

No se me escapa que aun cuando los gastos públicos persigan los objetivos humanos más elevados, eso no garantiza que no se despilfarren. Como ha dicho Paul Samuelson, con el gasto público a los gobiernos les suele pasar lo que a Casanova, que demasiadas veces no saben cuándo hay que parar.

Pero en el momento que vivimos estamos obligados a elegir entre el cólera del desempleo y la depresión o la malaria del déficit público. Posiblemente todos desearíamos otro tipo de elección. Pero eso es lo que hay.

Antón Costas es catedrático de Política Económica de la UB.

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La línea de sombra, de Miguel Ángel Aguilar en El País

Posted in Política, Medios, Libertades by reggio on 9 diciembre, 2008

La línea de sombra, además del título de aquella novela magistral de Joseph Conrad, sirve para acotar cuanto queda fuera de nuestro alcance visual. Es lo que se sitúa “al otro lado de la colina”, donde el enemigo se prepara para el combate, allí donde no llegaba la capacidad de observación de Wellington. De ese admirado general tomó ese título Liddel Hart para el volumen donde compendiaba sus conversaciones con los altos mandos alemanes que fueron derrotados en la II Guerra Mundial. La expresión la línea de sombra es también muy apropiada en el campo de los medios de comunicación. Porque más allá de la línea de sombra, fuera de la información disponible y de nuestro posible acceso a ella, se encuentra la respuesta a muchos de los interrogantes que nos acucian. Claro que esa línea no está dada de una vez para siempre, se modifica conforme a una dinámica que algunos aventajados piensan con ingenuidad tener bajo control indefinido.

El llamado periodismo de investigación constituye la avanzadilla para disipar las sombras. Sus brigadas piensan estar cumpliendo la misión de los zapadores, se sienten agentes del progreso: iluminan espacios y los rescatan de la oscuridad previa. Pero hay un principio de la física cuántica según el cual se produce una interacción entre el fenómeno y el aparato de observación o de medida. Por eso, siempre que se mide una magnitud se causa una alteración de la misma. En periodismo sabemos también que por muy diligente que sea el comportamiento del periodista y por muy fidedigno que sea su testimonio, ningún hecho permanece igual a sí mismo después de haber sido difundido como noticia. La difusión saca los hechos de la línea de sombra y les añade una cierta irreversibilidad sólo con multiplicar el ámbito social en el que son conocidos, además de desencadenar otros efectos colaterales.

Aceptemos que la separación entre la luz y la oscuridad pocas veces se corresponde con la infinita delgadez de una línea geométrica porque entre una y otra situación de luminosidades extremas puede detectarse una franja de penumbra. Se trata de un entorno reducido en el que se encuentran quienes “están en el secreto” bajo la condición estricta de no compartirlo. Quienes forman parte de estos entornos saben bien que la información es poder y filtran con mucho cuidado sus conocimientos porque en el caso de que fueran localizados como el origen de la fuga informativa serían fulminados y quedarían privados de la posición privilegiada que ocupan. Aprenden pronto que el sigilo, al que suelen denominar discreción, es una de las formas de servicio más apreciadas por el mando.

En materias delicadas, sucede que el trato del periodista con sus fuentes se atiene a principio de indeterminación de Heisenberg, válido para la mecánica cuántica, según el cual es imposible conocer al mismo tiempo con igual precisión la cantidad de movimiento y la posición de una partícula, aunque se cumpla que el producto de ambas magnitudes resulte igual a la constante H. Volviendo a nuestro caso, la experiencia demuestra que las fuentes informativas suelen ser tanto más abiertas cuantas más garantías piensen tener de que será preservado su anonimato y, al contrario, se comportan de manera tanto más hermética cuanto más grande sea su temor a quedar identificadas.

Entre nosotros hay además una patología muy peculiar en el campo de la reserva y la sorpresa. Recordemos, por ejemplo, el cuaderno azul del presidente Aznar, a quien por encima de la calidad de sus ministros le gustaba alardear de que sus nombramientos habían tomado a todos por sorpresa. En ese punto residenciaba su éxito. Por eso, para garantizárselo, prefería mantener ignorante de las remodelaciones gubernamentales a la Comisión Ejecutiva del propio partido e incluso pasaba por alto lo prescrito en el artículo 62.e de la Constitución, según el cual corresponde al Rey “nombrar y separar a los miembros del Gobierno, a propuesta de su Presidente”. En las antípodas de estos comportamientos hispánicos hemos asistido estos días pasados a la formación del gobierno del presiente electo Barack Obama. Los nombres de quienes han sido designados estaban entre los que habían ido conociéndose con anticipación por el público, sin que por ello el perfil del nuevo inquilino de la Casa Blanca haya sufrido desdoro alguno. Y ahora, sin transgredir secretos ni líneas de sombra, ¿podríamos saber cuáles serán las posiciones españolas en el Consejo Europeo de los días 11 y 12 de diciembre o el mecanismo sucesorio de la cúpula de ETA?

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‘Molinos de viento’ en EEUU esperan al quijotesco Garzón, de Felipe Fernández-Armesto en El Mundo

Posted in Historia, Justicia, Política by reggio on 9 diciembre, 2008

TRIBUNA LIBRE

Emociones contradictorias me afligen. Como el poeta Catulo al contemplar los excesos de su ex novia, siento estima y odio al mismo tiempo. El objeto de mis sentimentos confusos -sin ningún toque erótico, claro está- es el juez Baltasar Garzón. Admiro su valentía. Aprecio su gran trabajo a la hora de perseguir a los terroristas, defender los derechos humanos e iniciar el proceso contra ese monstruo que fue Pinochet. Pero odio su exhibicionismo, su arrogancia y su falta de sentido común. Por un lado, me parece bien que su última iniciativa haya fracasado, y por otro, me parece un desastre.

Por supuesto, no nos hace falta recurrir a tribunales para saber la verdad de las masacres y atrocidades que se cometieron durante la Guerra Civil española, así como los abusos de la dictadura franquista. (Tal vez, como historiador, siento cierto recelo por el intento del juez de quitarnos el trabajo.) A pocos españoles se les antoja tratar con tal insistencia de que los huesos de las víctimas se conviertan en pancartas propagandísticas, en banderillas para picar a los toros de la corrida política y en bastones para golpear a nuestros contrarios. Las decisiones sobre las exhumaciones y las aperturas de las fosas deben corresponder, decentemente, a las familias de los muertos; lo único que debe hacer la Justicia es facilitarles la ayuda que les sea necesaria y el acceso a los documentos relevantes. No nos atrae ese plato frío que es la venganza al cabo de tanto tiempo. La idea de Garzón de abrir la causa contra el franquismo fue ridícula, y autorizar que siguiese con su propuesta hubiera sido ofensivo y ultrajante.

Ahora bien, la decisión del Tribunal Supremo me parece un desastre. Necesitamos al juez Garzón. Nos hace falta tener a un Quijote de posibilidades extravagantes, un caballero sin miedo e irreprochable, que se encargue de las hazañas temerarias que a otros jueces les parecen imposibles, visionarias, imaginadas o sencillamente locas. Ahora su prestigio ha quedado manchado, tal vez de una manera irremediable. Saldrá nuestro jinete a cabalgar, si se aventura de nuevo, con lanza quebrada. Su Rocinante ya parece ser una mula. Su yelmo de Membrino está lleno de requesones y parece que al errante se le ablandan los cascos o se le derriten los sesos.

Y ahora le será imposible enfrentarse con el gigante más malvado, el brujo más nefasto del mundo, el caudillo de guerras injustas, el inquisidor de torturas, el destructor de libertades, el enemigo del planeta, el azote del diablo: el aún presidente de EEUU, George W. Bush. No hace falta tener la imaginación de un Cervantes para concluir que su procesamiento está dentro de los límites de lo posible, por lo menos si el juez Garzón, antes de su caída, se hubiese alistado para realizarlo.

En Estados Unidos, el movimiento para llevar al presidente Bush a los tribunales está ganando peso. En marzo y abril de 2008, dos pueblos de Vermont -Estado tradicionalmente liberal en el noreste del país- votaron a favor de una solicitud para que la policía arrestase a Bush, si éste se atreviera a pisar sus localidades, por su posible responsabilidad en crímenes cometidos en Irak. Vermont sigue siendo el único Estado que Bush no ha visitado.

En un pueblo de Texas, sin nombrar al presidente, las autoridades han acusado al vicepresidente Cheney y el ex secretario de Justicia, Alberto Gonzáles, de abuso y violación de los derechos de presos. De hecho, los tribunales estadounidenses han establecido la ilegalidad de la cárcel de Guantánamo y de las «rendiciones extraordinarias» de prisioneros a países como Uzbekistán, donde las torturas rutinarias, y permitidas por el Gobierno, son horripilantes -violaciones sexuales, roturas de huesos e imersiones de partes del cuerpo en agua hirviendo, según el antiguo embajador británico en EEUU-.

En junio de 2008, el Congreso estadounidense autorizó a su comité judicial la realización de una investigación previa a un posible proceso de destitución contra Bush. Según Scott Horton, ex presidente de la Liga Internacional de Derechos Humanos, el equipo del presidente electo, Barack Obama, está contemplando las perspectivas de un posible proceso, o por lo menos una investigación por una comisión especial sobre los hechos relacionados con la autorización presidencial del uso de la tortura -o «interrogación avanzada», por emplear el eufemismo del mismo Bush-. Según reportajes emitidos por el programa de radio Democracy Now, varios oficiales del Ejército, incluso unos generales jubilados, han iniciado contactos con Obama para pedirle que actúe para restaurar el honor de las fuerzas armadas.

Teóricamente, existen amplios motivos para iniciar un juicio contra Bush en EEUU. Sus posibles delitos contra la Constitución son muchos. Por ejemplo, afirmó que por ser comandante en jefe de las Fuerzas Armadas estadounidenses le estaba permitido autorizar cualquier acto de guerra que le pareciese necesario, incluso el uso de la tortura, e implícitamente la suspensión de derechos civiles y humanos, y de las leyes, tratados internacionales, convenciones de Ginebra, y los artículos constitucionales que los garantizan. Mantener que el presidente puede invalidar leyes promulgadas es esencialmente el mismo argumento al que recurrió el presidente Nixon en el caso Watergate.

Frente a un escándalo reciente, Bush echó a varios subordinados la culpa del intento de expulsión de sus cargos a varios abogados del Estado por motivos políticos, pero nadie duda de que él pidió o autorizó la maniobra. Y para lanzar su guerra contra Irak, está claro que Bush mentía, tanto a sus conciudadanos como a las Naciones Unidas y a sus aliados -incluido José María Aznar-. Poco antes de la guerra, miembros de su Administración reconocieron que Sadam Husein no disponía de armas de destrucción masiva, y el presidente debía saberlo. La supuesta vinculación de Sadam con Al Qaeda fue una superchería.

Scott Horton, en un artículo que acaba de publicarse en la revista Harper¿s, insiste en que el caso Bush debe desarrollarse dentro de EEUU, pues sería una vergüenza dejarlo en manos de tribunales extranjeros. Empero, parece poco probable que el sistema norteamericano sea capaz de juzgar al presidente -o ex presidente, como tendremos que decir después del 20 de enero-. Antes de abandonar la Casa Blanca, es previsible que Bush abusará de su derecho presidencial para perdonar a todos los corresponsables de sus crímenes. Por tanto, faltarán testigos que hubieran podido obligarse a confesar la verdad para conseguir sentencias favorables. Además, lo más probable es que en la actual coyuntura de crisis económica, ni el electorado ni el nuevo Gobierno mostrarán gran apetito por el tiempo y esfuerzo que exigiría un proceso contra Bush. Las prioridades de 2009 serán otras.

Así que únicamente en el extranjero habrá oportunidades para iniciar un proceso. Y, sobre todo, en España, por las mismas razones que llevaron a Garzón a abanderar el procesamiento contra Pinochet: el principio de jurisdicción universal aceptado por la Audiencia Nacional en casos de contravención de los derechos humanos. El valor de una orden de arresto contra Bush sería simbólico. Además, antes de ser presidente, no mostró el menor interés en viajar fuera de su país ni volverá a hacerlo cuando sepa que le están esperando para arrestarlo. Pero por lo menos se le podría quitar la posibilidad de recorrer el mundo, como hace Bill Clinton, cobrando cachés desorbitados por dar charlas aburridas y conferencias insípidas.

A Garzón le hubiera venido bien ser el abanderado del caso Bush. En la Feria del Libro de Madrid de 2003, dio un discurso sobre la ilegalidad de la guerra de Irak, denunciando a los líderes que abusaban de su «fuerza atroz y abominable para acabar con las vidas humanas de miles de inocentes. Y proseguía, dirigiéndose al auditorio: «Ni vosotros ni yo hemos dado nuestro voto para que aquellos que decidan acabar con la existencia de un pueblo, so pretexto de acabar con su dictador, lo hagan. ¡Consúltenme! ¡Pregúntenme qué quiero yo!».

Ni gobiernos ni ciudadanos habían preguntado a Garzón qué quería hacer para castigar a Bush, hasta hace un par de meses, cuando Chris Ferrell, un bloguista chileno, le dirigió una carta abierta y bastante ingenua, a cuyo trabajo, dijo, se debía el hecho de que «los culpables de genocidio y tortura no se atreven a salir de sus propios países. Señor Garzón, le pido con gran respeto que usted abra una investigación de… George Walker Bush y Richard Cheney». Ahora parece imposible que el juez acepte el encargo. Y ya no tenemos a nadie más con el prestigio ni la audacia ni la sencilla caradura imprescindibles para arremeter contra molinos de viento.

Felipe Fernández-Armesto es catedrático de Historia en la Universidad de Tufts (Boston, EEUU).

© Mundinteractivos, S.A.

Alas de papel, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Cultura, Medios by reggio on 9 diciembre, 2008

EL RUIDO DE LA CALLE

Desde el teclado del ordenador no sólo se puede atravesar la cavidad universal del agua y seguir el viaje de los pájaros, sino que se puede entrar en barrios chinos, en garitos clandestinos y en quioscos de prensa gratuitos. El ciberespacio es el nuevo lugar de la mente. Un amigo mío, el actor José Luis Pellicena, ha encontrado esposa por internet; otro, Daniel Casado Rigalt, arqueólogo en paro que ha heredado los rasgos de Jesucristo, se ha convertido en un broker que compra por ordenata acciones a las 9 y las vende a las 10 ganándose, casi siempre, 1.000 euros. El gran pintor Antonio Villanueva, uno de los primeros pobladores de la Ibiza del alucine, juega en la ruleta del ciberespacio y hasta cobra al otro día en su banco.

Internet es plaza pública, casino, biblioteca, campo de juego; un día será urna.

La invención de la imprenta, después de la escritura en las hojas, fue la frontera entre el feudalismo y el Renacimiento; la cultura salió de los conventos y llegó al pueblo con la autonomía del pensamiento y la libertad de razonar. Internet, el último descubrimiento de la serie que comenzó con el fuego, es la raya entre este mundo y el que nace. En China hay más de 250 millones enganchados al ordenador, más que en los Estados Unidos y más que en Europa. En España, 16 millones de personas se pueden encontrar a sí mismas en You Tube, buscando libros en la Cuesta de Moyano; sus cartas llegan sin sello, juegan al ajedrez con un preso de Manila, le envían poemas secretos a la vecina.

Avanzamos hacia una democracia digital. Hay una crisis de la retórica, una transformación del lenguaje. Los libros forman parte del mobiliario; ignoramos hacia dónde vamos porque una época, como un hombre, es ante todo un porvenir.

En la alfabetización digital de nuestra democracia no se nota ni progreso ni ilustración; por el contrario, la tarde y la noche se pueblan con energúmenos de mitin, antropófagos de plató, como aquella democracia de la Restauración cuando a los españoles lo que más les interesaba eran los toros, los crímenes y la lotería. Hoy además apasiona el fútbol, Ambiciones, los cuernos de los famosos y los rufianes de la duquesa.

Se leen menos periódicos de papel después de 200 años en los que los grandes ingenios, desde Marx a Ortega, escribieron en los diarios. En internet se encuentran novia y periódicos on line llenos de vídeos y de noticias que se mueven; algunos piensan que esa revolución digital nos ha llevado al subdesarrollo como lectores de prensa. España está en el penúltimo lugar de Europa en cuanto a lectores. Dice la Unesco que un país subdesarrollado es aquel donde se venden menos de 100 periódicos por cada 1.000 habitantes. En España se venden 86; en Francia, 423.

Si no cambiamos de soporte, con el tiempo el periódico será un signo elitista.

© Mundinteractivos, S.A.

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¿De neoliberalismo a no liberalismo?, de Mitchell A. Orenstein en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 9 diciembre, 2008

La era del capitalismo de libre mercado lanzada en los años ochenta por Margaret Thatcher y Ronald Reagan -que sus oponentes muchas veces llamaron neoliberalismo- terminó. Esta ola ideológica se estrelló contra la actual crisis del mercado financiero, pero su caída se venía anunciando hace mucho. En los últimos años, mientras los líderes norteamericanos seguían montados en la ola neoliberal, gran parte del resto del mundo ya estaba parado en la orilla.

El desencanto con las ideas neoliberales pro mercado comenzó en los países en desarrollo que alguna vez habían sido sus fervientes admiradores. Los países latinoamericanos que abrazaron las políticas de libre mercado en los años noventa las rechazaron a mediados de la presente década, cuando una nueva ola de líderes de izquierda llegaba al poder. Rusia, que adoptó las reformas orientadas al mercado en los noventa, pasó a una forma controlada de capitalismo de Estado a partir del 2000, cuando los oligarcas se vieron obligados a someterse al control estatal.

Como resultado, Estados Unidos, la Comisión Europea y los bancos de desarrollo multilaterales han devenido cada vez más aislados en sus esfuerzos por imponer el pensamiento y las políticas de libre mercado a escala mundial. La crisis financiera, cada vez más profunda, debilita aún más su posición. Después de todo, ¿cómo puede Estados Unidos o las instituciones multilaterales occidentales ahora defender la privatización de la banca?

La decadencia de la ortodoxia de libre mercado en el resto del mundo fue causada por dos factores: sus fracasos como estrategia para la política económica y la caída del prestigio y el “poder blando” de Estados Unidos.

El neoliberalismo creció en popularidad como resultado de sus triunfos a la hora de revigorizar el crecimiento económico en Estados Unidos, el Reino

Unido y algunos países en desarrollo en los años ochenta y noventa. Sin embargo, sus debilidades también se hicieron aparentes entre mediados y fines de los noventa. El intento de implantar la filosofía de libre mercado en Rusia, por cierto, resultó ser catastrófico. Mientras la experiencia rusa claramente demostró la importancia de las instituciones estatales fuertes a la hora de regular una economía de mercado, la feroz oposición ideológica del modelo de libre mercado a un papel estatal preponderante en la economía ofreció una guía deficiente para fortalecerlas.

Después de algunos logros, principalmente en Chile, el consejo neoliberal en América Latina también fracasó, más dramáticamente en el caso del sistema de convertibilidad de la moneda de Argentina, pero de manera más nociva al aumentar la desigualdad, que agravó el problema político-económico central del continente. En Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva demostró que alejarse significativamente de las recetas del libre mercado daba mejores resultados. A escala mundial, la mayoría de los países de alto crecimiento en los últimos años del siglo XXy los primeros del XXI rompieron con la ortodoxia de libre mercado al mantener una mano estatal más fuerte en la economía.

La creencia en el neoliberalismo también se basó en el éxito de la economía norteamericana, que durante gran parte de los años noventa parecía demostrar la superioridad del libre mercado. Pero la rápida caída del prestigio y del “poder blando” norteamericanos en la década actual sembró dudas fuera de Estados Unidos. Mientras la agenda global viraba hacia cuestiones referidas al calentamiento global, la desigualdad y la estabilidad del sistema internacional, Estados Unidos ya no parecía ser un ejemplo brillante, sino más bien un obstáculo inamovible en muchas de estas cuestiones.

Las élites de Estados Unidos hicieron la vista gorda a estas tendencias, rechazando toda crítica, junto con el crudo antiamericanismo con el que muchas veces se la expresaba. Hoy, la historia es diferente. Finalmente está en marcha una revaloración general, en la que las élites norteamericanas ahora reconocen que el capitalismo de mercado está en crisis y que el mundo no seguirá a ciegas su liderazgo.

Pero eso deja algunos grandes interrogantes sin resolver. Si el neoliberalismo falló, ¿qué viene a continuación? ¿Y qué debe hacer Estados Unidos para recuperar su estatura e influencia en la economía internacional?

Mientras Nueva York y Londres pierden su pretensión incontestable de ser las capitales financieras del mundo, los crecientes centros de la economía global ganarán una mayor participación en la política económica internacional. La mayoría, si no todos, están ubicados en países que tienen una tradición más fuerte de participación estatal en la economía. Jeffrey Garten, decano de la Escuela de Negocios de Yale, estaba en lo cierto cuando definió esta era como de “capitalismo estatal”. El Estado está de regreso como actor económico, incluso en Estados Unidos.

Ahora bien, ¿eso es algo bueno? Si bien muchos críticos se sentirán tentados de celebrar el fin del neoliberalismo, todavía está por ver si lo que sigue representa o no una mejora. Ya antes se pusieron a prueba varias formas de estatalismo; todas resultaron deficientes. Después de todo, mientras al neoliberalismo se le criticaba por tecnocrático y elitista, de todas maneras era una forma de liberalismo, y era coherente con la propagación de la gobernanza democrática a escala mundial.

La nueva era tal vez no sea tan propicia para las libertades políticas. Como potencias autoritarias en ascenso, China o Rusia, por ejemplo, no tienen ningún motivo para utilizar su creciente influencia internacional para promover la democracia; por el contrario, cada vez más contrarrestan los esfuerzos de los países occidentales por promover la libertad política. Cuanto más seductores se vuelvan los modelos estatalistas de desarrollo económico, menos lo será la gobernanza democrática. Tampoco resulta claro que el “capitalismo estatal” pueda propiciar el mismo grado de innovación y capacidad empresarial que crearon los modelos liberales en su apogeo.

Para redimir el proyecto liberal, los líderes norteamericanos y europeos necesitarán reformularlo de manera tal que pueda ofrecer soluciones convincentes a problemas como la degradación ambiental y la desigualdad económica. Esta no será tarea fácil, y tal vez sea una tarea que esté lejos de la mente de los formuladores de políticas a la hora de luchar contra la crisis actual. Pero, si no lo hacen, el énfasis en la libertad económica y política que reside en el corazón del liberalismo quizá no sobreviva.

MITCHELL A. ORENSTEIN, profesor de Estudios Europeos en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins.

© Project Syndicate / Institute for Human Sciences, 2008

www.project-syndicate.org

Traducción: Claudia Martínez

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La realidad muerde, de Germà Bel en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 9 diciembre, 2008

PLANES DE ESTÍMULO

Los alegatos contra la falta de liquidez que oprime a la economía han amainado, después de que en la reciente subasta de activos del Tesoro quedase más de la mitad de los fondos sin asignar. El problema fue, sobre todo, que para muchos interesados el tipo de interés (precio del dinero) exigido fue demasiado alto. Es decir, el subsidio público ofrecido no era bastante grande. Y como cuando algo no es escaso, el precio debe bajar. Los analistas más perspicaces han podido comprobar que el problema es mucho más de solvencia que de liquidez. Otro mordisco de la realidad: contra lo que podía parecer dado el ruido imperante, el volumen de créditos concedidos por el sistema financiero en los últimos doce meses ha crecido, aunque es verdad que a tasas inferiores a las de años previos. Esto es compatible con que algunos sectores -como la construcción- reciban menos. Pero eso no significa que haya menos liquidez global, sino que la insolvencia en esos sectores ha crecido mucho, tras una época feliz e insostenible. ¿Quién va a correr con el riesgo de (re) financiar proyectos que -con gran probabilidad- están abocados al fracaso?

Por supuesto, subsisten voces potentes, con poder económico e influencia política, que insisten en la tesis de la liquidez para justificar líneas de ayudas. Temo que en muchas ocasiones tales apelaciones buscan dar oxígeno a proyectos empresariales insostenibles que se fundamentan en planes de negocio basados en gran endeudamiento a un coste muy bajo que no volverá. ¿Qué hacer? Contra lo que a veces se sostiene, en casos como estos puede ser preferible pagar prestaciones por desempleo que subvencionar la continuidad artificial de empleos. Primero, porque mantener artificialmente un puesto de trabajo puede ser bastante más costoso que pagar una prestación por desempleo. Segundo, porque el empleo artificial dejará de existir cuando no sea viable seguir con los subsidios. De hecho, hay ya estimaciones muy serias que sitúan por encima del 8% del PIB el déficit en España para el 2010, dados los compromisos adquiridos y el efecto de los estabilizadores automáticos.

Por supuesto, los gobiernos deben aumentar su activismo fiscal. Obras públicas que sean necesarias -e intensivas en mano de obra- y transferencias de rentas a los ciudadanos en peor posición -los más afectados por la crisis- son propuestas razonables en este momento. Pero sería deseable evitar la tentación de los subsidios a todo tren, sea bien por hiperactivismo gubernamental, o bien por la capacidad de persuasión de sectores con mucho poder de negociación e influencia. Desde luego, no es nada fácil acertar con las medidas que mejor ayuden a salir de la crisis. Pero el conflicto distributivo sobre el reparto de los sacrificios de la crisis (y el pago futuro de sus costes) no debería saldarse en contra de los más débiles, que son quienes recogieron menos beneficios en la época de vacas gordas.

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La sabiduría del caracol, de Pedro Reques Velasco en Cinco Días

Posted in Economía, Política by reggio on 9 diciembre, 2008

El crac bursátil que sacude a Estados Unidos y a Europa, y que corre el peligro de extenderse a otras áreas como Rusia, América Latina o China, ofrece una buena oportunidad tanto para reflexionar sobre los límites del liberalismo económico y sobre las relaciones entre economía, sociedad y medio ambiente, como para retomar ideas y conceptos que la excesiva fe en la lógica del productivismo y de la especulación financiera parecía había enterrado definitivamente.

La crisis actual está demostrando -y demostrará más en el futuro- que el objetivo del crecimiento por el crecimiento, del beneficio sobre el beneficio para los poseedores del capital y la acumulación ilimitada no sólo tiene consecuencias negativas en el plano económico en el corto plazo sino también, y muy especialmente, en el plano social y ambiental en el medio y largo plazo.

Es éste el momento de recordar que puede haber crecimiento económico sin desarrollo y sin progreso y bienestar social y de considerar la importancia estratégica de las teorías ligadas al posdesarrollo, a la bioeconomía y al controvertido concepto de desarrollo sostenible. Conceptos como ecobalance, ecoeficiencia o decrecimiento deben traerse al primer plano.

Aunque el espacio disponible en nuestro planeta es de 51 millones de hectáreas, el espacio bioproductivo se limita a poco más de una cuarta parte. Dividido por los 6.666 millones de habitantes del mundo, el resultado es 1,8 hectáreas por persona; sin embargo, actualmente consumimos 2,2: la diferencia es a cuenta de la herencia de las generaciones futuras. El consumo, la necesidad de espacio bioproductivo disponible, presenta, además, fuertes diferencias entre países: para mantener su nivel de vida actual un europeo necesita 4,5 hectáreas. Y un norteamericano 9,6. Estas cifras nos ponen de manifiesto que no puede haber crecimiento infinito en un planeta de recursos finitos y además tan desigualmente repartidos.

Y es que el PIB no mide ni la verdadera riqueza ni la verdadera pobreza ni, mucho menos, el desarrollo o bienestar social. El indicador de desarrollo humano (IDH) se aproxima más. El llamado GPI (Genuine Progrees Indicador), el ISS (o indicador de salud social), el cálculo del green GDP o PIB verde calculable, de forma no sencilla, tras deducir del PIB convencional el coste de los daños ambientales y del consumo de recursos naturales se van progresivamente abriendo camino entre los estudios sociales y económicos y permiten introducir nuevas variables, incorporar aspectos relegados -si no olvidados- en el análisis económico relacionado con el bienestar social y relativizar la importancia dada al PIB per cápita.

Así el IBP (índice de bienestar permanente) introduce en su fórmula tanto componentes que suman como componentes que restan bienestar y desarrollo social. Entre los que suman caben citarse el consumo comercial doméstico, los gastos públicos no defensivos y la formación de capital productivo. Entre los que restan bienestar y desarrollo social considera los gastos privados de seguridad, los relacionados con la degradación de la calidad de vida (contaminación del agua y del aire, ruidos, tráfico pendular, criminalidad y pérdida de recursos no renovables, entre otros), los gastos de degradación del medio ambiental y la desvalorización del capital natural.

La crisis, cualquier crisis, sólo puede superarse sustituyendo la economía de los bienes que tenemos por la economía de los bienes que hacen que seamos. La sociedad debe saber reencontrar el sentido del límite y descubrir que muchas veces lo que más vale es lo que menos cuesta.

La economía, en esencia y en teoría, ciencia social, debe desarrollar su rostro más humano y sus fines más trascendentes, que no pueden ser otros que la creación de riqueza en un contexto de sostenibilidad, la satisfacción de nuestras necesidades básicas, la equidad y el desarrollo social y no ayudar o justificar la privatización de ganancias en las épocas de bonanza económicas y la socialización de pérdidas en los periodos de crisis.

Como señala Serge Latouche en su reciente libro La apuesta por el decrecimiento ¿cómo salir del imaginario dominante? (imprescindible lectura en el momento actual), la sociedad del crecimiento no es deseable por tres razones: engendra una buena cantidad de desigualdades e injusticia social, crea un bienestar ilusorio y no suscita para los privilegiados una sociedad convivencial sino una antisociedad enferma de su riqueza.

El autor incluye una cita del pensador Iván Illich, procedente de un trabajo actualmente clásico (en el tiempo transcurrido entre su publicación y el momento actual han tenido lugar algunas crisis de las que poco hemos aprendido) en la que cuenta una hermosa enseñanza, sobre la que debemos reflexionar.

El caracol -señala Illich- construye la delicada arquitectura de su concha añadiendo una tras otra espiras cada vez más amplias; después cae bruscamente y comienza a enroscarse esta vez en decrecimiento, ya que una sola espira más daría a la concha una dimensión 16 veces más grande, lo que en lugar de contribuir al bienestar del animal lo sobrecargaría excesivamente. Y desde entonces cualquier aumento de su productividad serviría sólo para paliar las dificultades creadas por esa ampliación de la concha fuera de los límites fijados por su finalidad. Pasado en punto límite de ampliación de las espiras, los problemas del crecimiento se multiplicarían en progresión geométrica, mientras que la capacidad biológica del caracol sólo puede en el mejor de los casos seguir una progresión aritmética.

Al apartarse de la razón geométrica, a la que se unió por un tiempo, el caracol nos muestra el sendero para reflexionar sobre una sociedad del decrecimiento si es posible serena y convivencial.

Pedro Reques Velasco. Catedrático de Geografía Humana y director del Departamento de Geografía, Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Universidad de Cantabria.

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Perico Solbes, la regadera y el trato de favor, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 9 diciembre, 2008

Que al actual Ministro de Economía y Hacienda le huele el culo a pólvora es una evidencia. Se avecina una crisis de gobierno de las gordas, inevitable en el entorno actual. No hay que ser una lumbrera para darse cuenta de que al ejecutivo se le ha ido de las manos la situación y que la única manera de reconducirla, al menos por lo que a su imagen se refiere, es a través de una agrupación de gabinetes –con objeto de dar sensación de control de gasto-, algún fuego de artificio –el cacareado Ministerio de Deporte que ya se sabe, al pueblo, panem et circenses- y una renovación de caras que suponga una ruptura respecto a la etapa anterior. Frente al absurdo de determinadas designaciones que el presidente hiciera en marzo, brindis al sol de la igualdad, la solidaridad y la mediocridad, un equipo de tecnócratas preparados teóricamente para sacar al país del fango en el que se hunde de forma acelerada. A ver de dónde los encuentran, miedo me dan. Pues bien: será curioso ver cómo Perico, el tecnócrata por excelencia, tiene que salir del gobierno por la puerta de atrás. Él que tantos servicios ha prestado a la patria en forma de paro, inflación y falta de competitividad. Qué injusta es la vida.

Sin embargo, a quien tan bien ha utilizado la atalaya pública para vivir a costa de los Presupuestos Generales del Estado no le habría de temblar la mano a la hora de exigir de éstos un último servicio. Como así ha sido. Es momento de cubrirse los flancos futuros, por lo que pueda pasar, que no estaría bien que uno pasara de ministro a la cola del paro sin solución de continuidad, ¿no creen? A esa edad y con las afiliaciones a la Seguridad Social cayendo en picado, a ver si no le va a llegar. Dios santo. Hay que protegerse urgentemente de la incertidumbre y tratar de reparar de alguna manera la propia imagen, que se ha asimilado, por la vía de la comicidad, a la de aquél Fernando Morán, Ministro de Exteriores de la entrada de España en la Comunidad Europea y la apertura de la verja de Gibraltar, tan injustamente tratado por la Historia. País que se empeña en reír por no llorar ante la que se le viene encima; nación llena de bufones, algunos pagados por el erario público, que no dudan escandalizar al pueblo al grito de muera el Borbón como recurso desesperado para darse algo del fuste electoral perdido. Corear sus disparates no es sino ayudarles a cumplir sus fines. No se equivoquen.

Solbes tiene una patita y la mitad de la otra fuera del gobierno por lo que ha decidido tirar de regadera. Qué barato sale tener a todo el mundo mediático contento haciendo uso de esa pólvora del Rey que es el dinero público. Da igual que esos fondos sean patrimonio de todos los contribuyentes al erario español. Poco importa que en el ejercicio de administración de unos recursos que, por naturaleza, son limitados se deban aplicar criterios de objetividad, transparencia y eficiencia, es decir, eficacia y coste. No es óbice que Papá Estado no deba, pese al clamor celestial de esos tycoons de pacotilla que no dudan en no informar de las reuniones secretas a las que confidencialmente son convocados por el presidente, ser tabla de salvación de aquellos cuyos sueños imperiales, ausentes de una visión realista de su propio futuro, les han conducido a cuentas de resultados ruinosas que amenazan ahora su subsistencia. Total, en una patria anestesiada de escándalos como la nuestra, cada uno hace de su capa un sayo y los demás miran para otro lado no vaya a ser que se les cierre las puertas para hacer lo mismo en el futuro. Perdónenme que salgo a vomitar un ratito y ahora vuelvo.

Primero fue la campaña del Tesoro que todavía sigue en cartel. Ah, ¿que ustedes no la han podido ver en ninguna de las cabeceras de El Confidencial? Ya me extraña porque somos el target natural de una acción publicitaria como ésa, ¿no creen? Un millón ochocientos mil usuarios únicos al mes de una calidad excepcional en términos de capacidad de prescripción y decisión; una audiencia adecuadamente segmentada por perfil económico, intelectual y regional. Y un coste por impacto que es notablemente inferior al de cualquier otro soporte alternativo. Imposible que no esté. Hombre algo beligerantes sí que somos pero ¿tanto como para ningunearnos? No puede ser. Es inconcebible que el quinto medio de información general en Internet y una de las portadas más leídas en España haya quedado fuera de la planificación. De todas las campañas de administración, sean del ministerio que sea, por otra parte. Ninguna agencia podría justificar ante su cliente una decisión así. Salvo que haya instrucciones específicas en ese sentido, claro está. Pero hombre, no se atreverán. No con su dinero y el mío. Busquen, busquen, que tiene que estar. Y con ella, en el limbo de nuestra frustrada esperanza, la publicidad de Loterías y Apuestas del Estado que en Internet se va a concentrar en Público y El Pais, medios afines. Debe ser que quien no vota socialista no tiene derecho a que la suerte le acompañe, que la específica baraka presidencial se ha convertido en patrimonio genérico de la izquierda. Amén.

Sé que muchos de ustedes me dirán que para este viaje no hacían falta tales alforjas y que si de lo que se trataba era de hablar de mi libro pues mejor haberlo dicho al principio y Santas Pascuas. Bien, están en su derecho a seguir en Babia. A pasar por encima de detalles que hay que elevar a la categoría de asunto público, no por el bien del grupo al que pertenece quien esto escribe, sino porque la reforma civil que este país está pidiendo a gritos requiere de una toma de conciencia del mangoneo institucional a la hora de actuar con los recursos de todos. Se discrimina no concediendo una licencia de radio y se maltrata igualmente al prescindir de un medio con la relevancia del nuestro a la hora de captar recursos para el Estado y más cuando de forma simultánea se generan unos ingresos para otros soportes, en muchos casos, menos relevantes en lectores e influencia. Gracias a Dios las cabeceras de El Confidencial no están en la desesperada situación de aquellos que no dudan en agachar la cerviz ante un plato caliente de lentejas. No habrá nada que sacrifique el valor esencial de este medio: su independencia. Pero la falta de necesidad no implica la ausencia de rebelión ante la injusticia. Una lucha que ha sido, desde su fundación, uno de los signos distintivos de El Confidencial. Y que, si ustedes nos siguen regalando su fidelidad, tanto de visitas como comercial, lo seguirá siendo sin duda en el futuro. Tengan por seguro que Solbes pasará. Pero nosotros, de su mano, mantendremos nuestra cita diaria para contarlo desde el rigor, la solvencia y la frescura que nos caracteriza.

Si nos dejan, nos vamos a querer, toda la vida…Buena y corta semana a todos.

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A Zapatero le están (des)haciendo una crisis, de Fernando González Urbaneja en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 9 diciembre, 2008

La especie de la crisis de Gobierno, de un relevo de algunos de los principales espadas del Gobierno, se ha extendido desde hace días como un rumor verosímil, especulativo. Ni un solo dato contrastado, ni una sola fuente fiable, nada seguro, pero como hipótesis sirve para comentarios y titulares en días de reseca informativa.

Todos los presidentes hacen crisis y cambian gobiernos por necesidad o por gusto. Y la necesidad y el gusto nunca faltan, siempre hay ministros quemados y oportunidades para renovar los equipos. De hecho, Zapatero las ha aprovechado por sorpresa en varias ocasiones, cuando le ha convenido. Relevó a Bono sin que nadie oliera nada y a Montilla y López Aguilar para encomendarles otras aventuras; y a algunos otros por aquello de “ya que…”. Ha intercambiado a Alonso, Rubalcaba, Chacón, Salgado, cuando le ha parecido y ha aguantado a Magdalena, Moratinos, Solbes… porque le es más cómodo, y quizá incluso por fastidiar. Este Gobierno nació con la debilidad de unas alianzas parlamentarias variables y flexibles, en minoría débil, pero sin alternativa posible, porque para debilidad… la de la oposición.

El Gobierno es de continuidad, las carteras principales están en las mismas manos de siempre, en el equipo inicial al que se ha unido como estrella ascendente Carme Chacón. Es un Gobierno con un vértice rotundo, el propio presidente que no cede plano a ninguno de sus ministros, nadie le discute, nadie le chista. Se hace lo que dice, aunque sin perder las buenas maneras.

Lo previsto era que el Gobierno aguantase hasta el semestre de la presidencia de la UE, hasta el 2010; y que pase la primera fase de elecciones menores (vascas, gallegas y europeas) que tocan en el primer semestre del 2009. Tras la presidencia de la UE y con la perspectiva de las elecciones mayores (municipales y autonómicas de primavera del 2011) y generales del 2012, es razonable imaginar una remodelación del Gobierno para una nueva etapa.

Ése es el calendario teórico, pero la crisis económica altera lo previsto y aconseja un relevo que traslade a los ciudadanos más ilusión que la que despierta el agotado Solbes. La economía necesita más confianza que dinero y las encuestas dicen que el actual equipo económico está hundido. Desde esa lógica, un relevo ahora, navideño, parece verosímil, razonable, recomendable, pero de eso a que ocurra hay trecho, más aun si el presidente (que es el único que tiene voz y voto en estos asuntos) se siente animado, acosado, o incluso madrugado en sus designios.

De manera que puede que se esté preparando una crisis de Gobierno y que quizá se esté deshaciendo.

Europa y Rusia, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 9 diciembre, 2008

En la reunión de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) que el pasado jueves tuvo lugar en Helsinki, el ministro ruso de Asuntos Exteriores propuso reformar la OSCE para que ésta “asuma la iniciativa del presidente Medvedev, a fin de lograr un tratado, jurídicamente vinculante, para la seguridad colectiva de todos los Estados euroatlánticos”.

La postura inicial de los países europeos ante la propuesta rusa fue, como era de esperar, discordante. Alemania, Francia, Italia y España parecen encabezar el grupo de los que consideran positiva la iniciativa rusa, mientras que la mayoría de los países del Este europeo, junto con EEUU y el Reino Unido, se muestran opuestos a la idea.

Conviene prestar atención a los comentarios del representante de EEUU en dicha conferencia cuando, en relación con la propuesta rusa, declaró: “No hay necesidad de una nueva estructura y es fácil ver de qué trata todo esto. Lo que intentan es buscar una alternativa a la OTAN, que ha funcionado tan bien. La OTAN incomoda a Rusia”.

Esta opinión del principal socio transatlántico no es nueva: a EEUU le interesa mantener a Rusia en un nivel de cierta incomodidad, para evitar que pueda convertirse en un serio rival. Esto pondría en peligro la Estrategia de Seguridad de EEUU, formulada en marzo del 2006, que se basa en la premisa de que este país sea siempre militarmente más fuerte que cualquier coalición que pudiera enfrentársele. Sin embargo, la cuestión que los europeos deberíamos plantearnos sin pérdida de tiempo es otra muy distinta: ¿interesa realmente a Europa mantener a Rusia en una situación de permanente incomodidad?

A esto también podría responder la OTAN, y lo ha hecho en la última reunión ministerial que tuvo lugar la misma semana. En ella, los miembros de la Alianza aceptaron la reapertura, con carácter limitado, del diálogo entre la OTAN y Rusia, suspendido como consecuencia del conflicto georgiano. El ministro alemán de Asuntos Exteriores había declarado, antes de la reunión, que era necesario “buscar formas de reanudar el diálogo porque, precisamente en los momentos críticos de las relaciones, es cuando se necesitan vías para mantener contactos”.

Quizá para compensar esa mano que la OTAN parece tender hacia Moscú, en dicha reunión se acordó mantener abierta la oferta de adhesión a la Alianza para Ucrania y Georgia, aunque sin señalar plazos y estableciendo un plan de incorporación sin fechas previstas. Con análoga intención se insistió en declarar que Rusia “había utilizado una fuerza desproporcionada en el conflicto con Georgia”, aunque para ello haya que olvidar que el modelo en el que Rusia se inspiró, para sus operaciones militares de agosto pasado, fue precisamente la también desproporcionada ofensiva de la OTAN contra Serbia en 1999, en apoyo de la secesión de Kosovo.

Los países de la Unión Europea habrán de decidir la respuesta a la pregunta antes formulada. Parece indudable que, en beneficio de ambas partes, a la UE no le interesa mantener ni acrecentar la incomodidad rusa, sino encontrar terrenos de entendimiento y de beneficio mutuo, olvidando los arraigados prejuicios de la Guerra Fría -a los que tan sensibles se muestran todavía los Estados europeos que fueron socios del Pacto de Varsovia- y abriendo nuevas posibilidades de diálogo, cooperación y entendimiento recíprocos.

La cuestión, sin embargo, no es bilateral. El entendimiento que debe facilitar las relaciones entre Rusia y la UE no puede perder de vista a EEUU. Es en el triángulo así conformado donde, concluida la pesadilla de la “era Bush”, habrán de redefinirse las políticas más apropiadas para rebajar las tensiones que surgen con frecuencia, como si fueran réplicas del terremoto que fue la Guerra Fría.

El cambio que se va a producir en Washington, con la llegada del nuevo presidente, puede facilitar las cosas, aunque también complicarlas. Si Obama pretende, como ha anunciado, volver a tener en cuenta a la comunidad internacional antes de tomar las decisiones de importancia que afecten a ésta, podrían allanarse muchos de los obstáculos que todavía existen entre Bruselas y Moscú. Pero si, como también puede ocurrir, bajo la máscara del “cambio posible” siguen dominando en Washington las viejas pulsiones del imperialismo histórico, las tensiones volverán a exacerbarse.

Más que a la OTAN (con su tendencia a extenderse hacia las fronteras rusas) o a EEUU (con su inútil escudo antimisiles apoyado en Polonia y Chequia), correspondería a una Europa, situada en el fiel de la tradicional balanza donde se han solido enfrentar Rusia y EEUU, ejercer las presiones necesarias para que el cambio fuera realmente posible en el ámbito de las relaciones internacionales. Hasta la lucha contra el terrorismo internacional se vería muy beneficiada si así ocurriese.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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Los dueños del ladrillo no salvan diarios, de Juan Varela en Periodistas 21

Posted in Derechos, Medios by reggio on 9 diciembre, 2008

Los magnates del ladrillo nunca han salvado a la prensa de sus crisis. Siempre la han utilizado para sus intereses ajenos a la información o para sus caprichos de reconocimiento social e influencia política. Sam Zell, dueño desde hace poco más de un año del grupo Tribune, es el último protagonista de una albañilería periodística que permanentemente ve cómo se derrumban sus construcciones.

Una deuda de 13.000 millones de dólares ahoga al grupo resultado de la fusión de Tribune con Times Mirror, con un vencimiento de 70 millones de dólares que es incapaz de pagar por las demoras en vender algunas propiedades como el equipo de béisbol Chicago Cubs.

Caída de la publicidad y la difusión, deuda, activos cuya venta tarda más de lo esperado y crisis de dirección. ¿Reconoces la radiografía? Sí, es casi idéntica a la de Prisa, que el viernes pasado volvió a poner al fundador de El País, Juan Luis Cebrián, al frente de su dirección para tratar de salir de la crisis agudizada por una deuda de casi 5.000 millones de euros, el retraso y las rebajas en la venta de Digital Plus, y una cotización en bolsa que ha vuelto a caer y deja otra vez la acción a dos euros y medio.

El resultado del imperio construido en Chicago por el coronel Robert R. McCormick (Chicago Tribune) y en Los Ángeles por Harrison Gray Otis y su yerno Harry Chandler (Los Angeles Times) cae arrastrado por la crisis del fin de la era de la prensa.

Ni los cambios en Chicago Tribune ni en Los Angeles Times han podido salvarlo.

Ningún plan de rescate ha funcionado cuando cada vez es más difícil para los medios conseguir crédito por su crisis estructural a la que se ha sumado la crisis económica.

El ladrillo y los grandes medios caen al tiempo acechados por problemas financieros similares. Y es peor para los medios, porque hasta hace poco las casas se vendían cuando la audiencia y la publicidad desertaba ya de la prensa de pago.

La deuda de Tribune excede nueve veces su resultado operativo antes de impuestos, todavía más que la de Prisa, casi seis veces sus resultados previstos para este año. La bancarrota y la suspensión de pagos, con una futura reestructuración o nueva venta del grupo amenaza al grupo resultado de dos dinastías históricas de la prensa norteamericana.

En España las dinastías mediáticas son más recientes. Y la de los Polanco puede llegar a ser corta, igual que la de los Asensio cuando Zeta vive pendiente de su futuro tras su fracasada venta.
A ambos les espera un futuro difícil sin nuevos socios.

Cebrián vuelve a tener todo el poder y muchos temen que se vuelvan a cometer los mismos errores de los últimos tiempos, desde el cambio en la dirección de El País y la opa sobre Sogecable hasta la guerra del fútbol con Mediapro.

Los ajustes de salarios, las jubilaciones anticipadas y los despidos pactados, unidos a la congelación de dividendos, intentan evitar la necesidad de un nuevo socio que asuma el control o tener que vender otras empresas del grupo.

Pero la atracción entre ladrillo y prensa no para. En Galicia se preparael lanzamiento de Xornal de Galicia, dirigido por José Luis Gómez (ex director de La Voz de Galicia y de Publicaciones del Grupo Zeta) y financiado por Jacinto Rey, dueño del Grupo San José. Es la resurrección de las cenizas del proyecto de hace cuatro años, muerto poco antes de nacer.

Veremos si esta vez el editor/constructor sea como aquel viejo Otis que construía la ciudad de Los Ángeles al mismo tiempo que su diario, y no como los magnates de esta era, envueltos en aventuras financieras y una desmedida pasión por su propio ego.

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La digna rabia en América Latina, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Economía, Política by reggio on 9 diciembre, 2008

Mientras sus pensamientos envuelven los pasos sobre los que ya no podrán volver, se desplazan. Otras se quedan; también hay quienes optan por una solución drástica. Mientras tengan la capacidad de ejercer sus derechos ante las violaciones del enemigo, el acto de amor es evitar sufrimiento. Se han apoderado de su territorio, no de su dignidad. Optan por el aborto. Es la respuesta a una infamia.

Durante años los paramilitares, los terratenientes y el gobierno se comprometen con el exterminio de los pueblos indígenas. El ejército entra sin contemplación alguna. Arrasa poblaciones enteras de campesinos mayas. Los descuartiza. Algunos soldados juegan al futbol con la cabeza de sus víctimas. Otros prefieren el canibalismo. También empalar no es mala opción, supone un ejemplo de machismo a la tropa. Mientras tanto, las ONG de ayuda al desarrollo buscan dinero en Europa para construir puentes y carreteras en medio de la selva. Es la forma de llevar la “civilización”. Senderos de gravilla para mantener comunicadas las aldeas. Sin mala intención podrán obtener recursos y pasar algunos años de su juventud en un país “exótico”. Es la otra cara de la moneda. Desconocen los usos que darán las autoridades a sus proyectos. Han hecho el trabajo sucio a las fuerzas armadas. El genocidio puede comenzar gracias a la buena voluntad de las ONG. Son los efectos no deseados de la acción. Los daños colaterales. Jeeps fabricados en Estados Unidos, financiados con la ayuda al desarrollo, entrarán semanas más tarde a los poblados antes casi inaccesibles sin muchos contratiempos. En pocos minutos nadie queda vivo.

De esta guisa fueron exterminados en Guatemala, según consta en las conclusiones de la Comisión de Esclarecimiento Histórico de Naciones Unidas, a manos del ejército, 180 mil civiles. La mayoría campesinos indígenas de cuatro regiones pobladas por cinco grupos étnicos, mayas-q’anjob’al, maya cluj, maya ixil, maya-kiche’ y maya-achi’. El informe fue demoledor y se definió su actuación como genocidio. “Agentes del Estado de Guatemala, en el marco de las operaciones contrainsurgentes, ejecutaron actos de genocidio en contra de los grupos del pueblo maya…” Sin embargo, esta realidad fue conscientemente ocultada. La política del olvido y el pragmatismo se impone.

Los procesos de paz de los años 80 acaban por reducir las matanzas a reflejos de una época de violencia donde las bajas fueron consecuencia de la guerra fría y de la lucha anticomunista. Pero hoy se sigue exterminando a los pueblos mayas. Son miles los desplazados. En la frontera con México se ve transitar a cientos de familias guatemaltecas en campamentos de refugiados que han perdido todos sus bienes. Están olvidados, tienen miedo y no regresan. Su futuro es arrebatado por las multinacionales agroalimentarias. Sobreviven en medio de la indigencia. Los pueblos indios llevan en esta situación desde la conquista. No es necesario incidir en el colonialismo interno, tan bien expuesto por Pablo González Casanova y Rodolfo Stavenhagen. En dicha realidad, la sociedad blancomestiza se siente cómoda explotando y dominando. Es el exterminio de una cultura.

El etnocidio como la solución final les evitará una guerra interna, como en Chiapas o el sur de Chile con los mapuches, donde se mandan el ejército y las fuerzas armadas aplicando la ley antiterrorista de 1984, es decir, creada durante la dictadura de Pinochet. En la cárcel más de 200 mapuches acusados por dicha ley. Una realidad que se generaliza a todo el continente. En la mayoría de los países latinoamericanos los pueblos indios sufren las consecuencias de un poder político racista, fundado en teorías de la superioridad étnico-racial del siglo XVI.

La conquista trazó sus límites y puso sobre la mesa la cosmovisión del colonizador, más adelante mutado en criollo, transformado en oligarca en el siglo XIX y reconvertido en neoliberal por obra del proceso de trasnacionalización del capital. De gustos toscos y comportamientos impropios de cristianos viejos, se convirtieron de porqueros en hacendados, luego en grandes mineros, financistas e industriales, y hoy travestidos en gerentes de la Monsanto, Endesa, Telefónica, Iberdrola o Repsol. Herederos de los Alvarado, Coronado, Pizarro, Valdivia, Alvear son los actuales forjadores de las dinastías de los conquistadores. No han variado un ápice sus mentalidades primitivas. Así se explican las matanzas y el odio profundo contra los pueblos indios. Mapuches, mayas, chibchas, yanomamis, guaranís, quichuas o aymaras. No de otra manera se comprende que emerja en Chiapas una rabia en forma de resistencia y se organice traspasando fronteras. Que su presencia se extienda y que amerite un debate. Esa defensa frente a la explotación, la muerte, la tortura y la codicia. No hay épica en la resistencia, hay perseverancia, y un nuevo modo de construir el futuro. Es la otra historia, la de la digna rabia, aquella que abre caminos y se presenta de manera irreverente, sin pedir permiso a las clases dominantes, a sus partidos, a sus intelectuales y, sobre todo, a sus aliados de la izquierda neoliberal.

Hoy, más que nunca, es obligado escuchar la voz de quienes en su resistencia incorporan nuevas formas de actuar y pensar desde los principios de la dignidad, la justicia, la democracia, sin renuncia a su identidad. Única manera de construir un proyecto donde la soberanía y la independencia se reúnen en la lucha contra la explotación capitalista.

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