La madre de Alvaro, de Lucía Méndez en El Mundo
ASUNTOS INTERNOS
Beatriz se dio cuenta enseguida de que el niño sería un trasto. Ya desde la cuna, Alvaro Jesús no paraba quieto ni un minuto, le tiraba del pelo a su prima y la hacía llorar. La madre de Alvaro es una mujer muy religiosa y ha rezado mucho en su vida por este hijo, el mediano. Beatriz le dio una vida muy cómoda, propia de una familia con recursos económicos. Al niño nunca le faltó de nada, si acaso le sobró de todo. Las ingeniosas ocurrencias y las gamberradas de Alvaro eran un continuo dolor de cabeza. Ella quería que su hijo fuera un hombre de prove-cho, como el padre, pero Alvaro estaba más interesado en la juerga que en el estudio. Los enfados, sin embargo, no le duraban mucho. Le era imposible resistirse a la luminosa sonrisa de Alvaro y a sus abrazos cuando venía a pedir perdón por haberse portado mal. El niño era irresistible, tan guapo, tan simpático, tan cariñoso… con un corazón de oro.
La madre de Alvaro Jesus le cambió muchas veces de colegio y en todos le castigaban. Incluso le metió interno una temporada. La adolescencia le llegó en el peor momento, cuando su padre enfermó y murió. La madre de Alvaro se refugió en su religión y el tío del muchacho tomó el relevo de discutir con él. El hijo perdió un curso. Pero ahora, a sus 18 años, Alvaro, sin dejar de divertirse a tope y de gastar bromas locas a sus amigos y a sus primos, estaba enderezando sus estudios. Estas Navidades quería regalarle a su madre la primera evaluación aprobada de Segundo de Bachillerato, un curso difícil. Las oraciones de Beatriz empezaban a dar resultado.
La madre de Alvaro nunca entendió que la única forma de divertirse para los chavales fuera salir de casa a la una de la mañana y volver a las siete. Pero lo aceptó resignadamente, qué remedio. Igual que supo también que su hijo se emborrachaba de vez en cuando. La vida moderna era así. Se había acostumbrado ya a un duermevela permanente los fines de semana, cuando Alvaro salía toda la noche a las discotecas más pijas del circuito madrileño. El Balcón era una de ellas.
La madre de Alvaro Jesús lleva flores a la tumba de su hijo desde hace una semana, cuando murió pateado en plena calle. Sabe que hay un hombre detenido por la muerte de su hijo, aunque no sabe quién contrató a este portero y para qué. Si Beatriz quisiera buscar a los dueños de la discoteca se encontraría con un fondo de inversión británico sin cara ni ojos. Y si indagara sobre la empresa que contrató al hombre que mató a su hijo, Fortesa, se toparía con un agujero negro. Detrás del detenido, sólo hay dinero fácil ganado a costa de los chicos. Millonarios sin escrúpulos.
La madre de Alvaro quiere que su muerte no haya sido en vano y ese deseo sí se cumplirá. Los amigos de su hijo se han movilizado en el Tuenti por Ussía, las autoridades han tomado cartas en el asunto y los porteros-matones y los dueños de las discotecas sienten el aliento de la ley en la nuca. Ya era hora. Pero qué pena. Para ello ha tenido que morir el niño de la sonrisa luminosa. Ussía, para sus amigos. Alvaro Jesús para su madre, siempre.
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