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Física y química, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 15 Julio, 2008

La vida de las organizaciones políticas se rige por las leyes de la física y la química. El 15. º congreso de Convergència demuestra que, de puertas adentro, lo más importante es el sistema de equilibrios y contrapesos para que el edificio se sostenga frente a las inclemencias. La nueva dirección del partido que ha propuesto Artur Mas y que ha ratificado la militancia es un prodigio de la física, empezando por el reparto de espacios y gravitaciones que corresponde a todos los grupos, barones y sensibilidades. Con ello, Mas se asegura una óptima velocidad de crucero y, sobre todo, una aceleración adecuada cuando las circunstancias de la pista lo recomienden, verbigracia ante los dos asuntos clave para el futuro de Catalunya: la financiación y el nuevo Estatut.

En cambio, de cara a la sociedad y el electorado, los partidos deben confiar más en la química. La creación de reacciones controladas en la ciudadanía, a partir de elementos diversos, a veces de manejo delicado, puede representar una victoria rotunda o un estrepitoso fracaso. Lo singular de CDC es que, desde el 2003, vence en los comicios catalanes pero no alcanza el gobierno de la Generalitat, le faltan papeletas. En este congreso, Mas ha movido el interruptor porque ha entendido que sólo creará una ola de adhesiones potente si vende un proyecto en positivo y olvida el resquemor. CDC ha dejado de hablar de sus penas porque, quizás con demasiado retraso, ha intuido que la ruptura de la precaria suma tripartita vendrá por impacto de una ilusión bien trabada más que por la denuncia malhumorada de los desastres gubernamentales.

La mejor prueba de que la inclusiva ambigüedad pujoliana ha sido bien reeditada y puesta al día por Mas la dan los ataques cruzados de sus competidores. Para ERC y su entorno, los convergentes no son de fiar porque no los imitan y no apuestan por un Estado propio. Mientras, el PSC y sus altavoces tratan de hacer creer que el independentismo arrastra a la cúpula convergente hacia caminos confusos. Muy importante en el anclaje de esta cuadratura del círculo es el papel de Felip Puig, cuya autoridad como soberanista declarado ha servido para frenar las alegrías retóricas de quienes, incapaces de leer la realidad cabalmente, querían disfrazar a CDC de segunda ERC.

La mayoría de la militancia convergente, sabedora de la historia, interpreta con acierto que la fuerza interna del catalanismo o nacionalismo consiste en estar de acuerdo en algunas (no muchas) cosas esenciales y aceptar varios matices y procedimientos, siempre con los ojos puestos en los cambios sociales. Los que quieran una secta inmutable que se vayan a otro lado. Pero este sentido común de las bases, a diferencia de lo que ocurría en tiempos de Pujol, tiene un ángulo cortante, que marca la emergencia de una nueva mentalidad: se acabó hacer pedagogía unilateral para caer simpáticos en las Españas. En el mundo global, lo que cuenta es hacer las cosas bien y dialogar desde el respeto.

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