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Lingüicidas, de Álvaro Ruiz de la Peña en La Voz de Asturias

Posted in Asturias, Cultura, Derechos, Educación, Política by reggio on 30 junio, 2008

El bilingüismo es un derecho en todas aquellas comunidades que pueden permitirse el lujo de tener dos lenguas de uso. Lo es en la comunidad valenciana, en las islas Baleares, en Cataluña, en el País Vasco, en Navarra, en Galicia, y parece que lo puede ser en la comunidad aragonesa en breve. En todas estas comunidades y territorios las leyes amparan -y espero que lo sigan haciendo en el futuro- la utilización indiferente de las dos lenguas reconocidas en sus estatutos de autonomía.

Nadie en esta España constitucional (nadie que tenga dos dedos de frente y un mínimo de tolerancia con la diversidad cultural) rechaza la realidad del bilingüismo. Ni siquiera los veinte firmantes (Fernando Savater al frente) del manifiesto que exige la defensa del castellano en las comunidades autónomas bilingües, porque ellos no van contra la lengua propia de la comunidad en cuestión, sino contra la presión o represión legislativa que, según ellos, amenaza el derecho a la existencia del castellano. Yo, personalmente, discrepo de que ese temor sea real, pero respeto que otros, a los que supongo honestos en su percepción del problema, puedan pensar otra cosa distinta.

Lo que ya no puedo entender, desde ningún punto de vista, es que existan liberticidas o lingüicidas del idioma, de cualquier idioma vivo que cuente con un volumen de hablantes razonable (y aún en el caso de que ese número no fuera razonablemente alto, no entiendo por qué se puede negar un derecho civil a quien quiera pacíficamente ejercitarlo). Pero todavía entiendo menos que sean, precisamente, profesionales de la filología románica quienes, por una supuesta “mayoría democrática”, quieran impedir que una lengua se estudie, se normalice y adquiera el rango académico del que debería haber disfrutado desde hace ya muchos, muchos años.

Me estoy refiriendo a la decisión tomada por la junta de la facultad de Filología de la universidad de Oviedo, en la que por treinta y cuatro votos a favor, treinta en contra y siete votos en blanco, se decide eliminar radicalmente la posibilidad de que los estudios de lengua asturiana puedan formar parte de las nuevas titulaciones de Filología.

Una cuestión de esta gravedad (hablo de la votación citada) hubiera exigido un tratamiento especial por parte de la junta de facultad: la convocatoria de una junta extraordinaria con un único punto del día referido a esta vieja y problemática situación académica (no encastrándola entre el resto de asuntos), un debate ordenado entre los miembros de la junta previo a la votación, una asistencia masiva exigida por la singularidad del tema a tratar (muchos compañeros de la junta no han asistido porque tenían compromisos académicos ineludibles y porque, además ignoraban que se fuera a votar semejante cuestión). Así que la noticia es que los filólogos de la universidad de Oviedo deciden por abrumadora mayoría (34 frente a 30 votos), que el asturiano ni es lengua académicamente respetable, ni la habla nadie, ni nada justifica que se destine a ella un solo euro para su difusión, conservación o normalización. Es como si los médicos decidieran prescindir del estudio de determinadas patologías por su escasa incidencia en el ámbito general de la salud. Buena lección democrática de respeto a las minorías lingüísticas, si señor.

Con respecto al promotor de esta triunfante enmienda en la junta, el señor Fernández de Castro, ha explicado a los medios de comunicación que había “descontento” entre los miembros de la junta de facultad, por lo que él interpreta como una “radicalización hacia las demandas de co-oficialidad. Una cosa es la Filología asturiana y otra la co-oficialidad. Y si ambas cuestiones hubieran estado separadas, jamás habría tomado yo esta decisión”.

Pasando por alto este diagnóstico sobre el descontento de los filólogos, que yo no se dónde habrá palpado el señor Fernández (admitiendo por supuesto que hay personas que no están de acuerdo con una posible titulación de asturiano), produce cierta perplejidad que sea el mismo señor Fernández quien advierta que “una cosa es la Filología asturiana y otra la co-oficialidad”, y coherentemente con ello el citado se encarga de cargarse no la co-oficialidad -que no está en su mano- sino la Filología asturiana que es, según él, otra cosa distinta (parece indicar que más respetable y atendible que la anterior). Pues qué bien.

Parece tener mala memoria el señor Fernández, cuando asegura que no habría tomado esta decisión jamás si las cuestiones referidas estuviesen separadas, porque esta decisión de cargarse la filología asturiana lleva almacenada en su cerebro, por lo menos desde el 20 de mayo de 2005, fecha en que dirigió una carta abierta a la facultad de Filología en la que expresaba con argumentos (que nada tenían que ver con la filología sino más bien con la política, la cultura y la antropología caseras) su rechazo radical y sin matiz alguno a la posible expansión del asturiano en los estudios académicos. Pero bueno, cada cual es muy libre de tener sus obsesiones, no?

Álvaro Ruiz de la Peña. Profesor de Literatura en la Universidad de Oviedo.

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Una respuesta

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  1. Neville said, on 7 enero, 2009 at 10:40 pm

    Magnífico artículo.


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