Reggio’s Weblog

¿Hay una vía a la izquierda?, de Josep Ramoneda en El País

Posted in Política by reggio on 20 junio, 2008

La derecha desea más poder para los poderosos y más dinero para los ricos. Eso da un amplio campo de acción a la izquierda: la defensa del Estado de bienestar, los derechos civiles, la privacidad, la renta básica…

La buena sociedad. “La buena sociedad es aquella en que el entorno social y político permite a los individuos desarrollar una identidad autónoma o una relación positiva consigo mismos”. La frase es de Axel Honneth, quizás la voz más interesante que tiene hoy la vieja Escuela de Frankfurt. O sea, que en la buena sociedad los ciudadanos deben poder ser lo que quieran ser, sin pasar por las experiencias dolorosas del desprecio y de la negación del reconocimiento.

Los partidos de izquierdas se siguen llamando socialistas cuando a los ojos de la mayoría de los ciudadanos esta palabra representa hoy una idea de sociedad que ni es viable ni es siquiera deseable. Lo primero que tiene que hacer la izquierda, si quiere renovarse, es saber explicar en qué tipo de sociedad piensa. La definición de Honneth me parece un buen punto de partida que pone el énfasis en la plena realización personal. Como recuerda otro filósofo, Kwame Appiah, el cosmopolitismo moderno se basa en que “cada individuo lleva la carga de la responsabilidad definitiva de su propia vida”, es decir, de autogobernarse. Crear las condiciones para que esto sea posible y asegurar que seguimos siendo una sola humanidad, debe ser el ideal regulador de las políticas de izquierdas. Dice Avishai Margalit que una sociedad decente es aquella en la que las instituciones no humillan a los ciudadanos. La tarea de la izquierda empieza por aquí: por gobernar para el reconocimiento de todos y con el respeto para todos que exige la más elemental noción de servicio público.

- El liderazgo del cambio. La idea de izquierda sólo tiene sentido si va unida a la idea de progreso y cambio social. La izquierda se vuelve conservadora cuando pierde el pulso del sentido de la historia y siente pánico ante los cambios tecnológicos y científicos. Responde reactivamente y, a menudo, confunde frenarlos con gobernarlos. De modo que la izquierda necesita saber dónde está el progreso, en un doble sentido: ¿qué cambio social es el que nos acerca más a la idea de sociedad que opera como idea regulativa? ¿Cuáles son los agentes sociales de este cambio? La izquierda no puede confundir los instrumentos con los fines. El crecimiento o la competitividad pueden ser el horizonte ideológico insuperable para la derecha, no para la izquierda. La izquierda tiene que preguntarse: crecimiento, ¿para qué?; competitividad, ¿para qué?

La estructura social ha cambiado mucho. Hemos asistido al declive de la noción de clase como factor identitario. Al mismo tiempo, la clase obrera ha dejado de ser una fuerza homogénea capaz de actuar como motor del cambio social. Las mutaciones del capitalismo han pillado a la izquierda a contrapié. Y ésta se mueve hoy en un terreno doblemente ambiguo. En lo social, siente que su suelo es movedizo: las élites urbanas más preparadas para las exigencias del progreso le abandonan a menudo. En lo ideológico, se mueve entre la aceptación incondicional del paradigma liberal y la defensa de su herencia más sólida: el Estado de bienestar. Construir una vía nueva a partir de estas dos bases significa recuperar la iniciativa del cambio, sintonizando con los sectores sociales que pueden devolver a la política la capacidad normativa que ahora está en manos del dinero.

- El reconocimiento. Si el ideal es la plena autonomía del individuo, el reconocimiento debe sustituir a la lógica de la política asistencial. La asistencia es unidireccional, el reconocimiento es transitivo y mutuo y exige políticamente el compromiso de luchar contra todo aquello que obstaculiza la autorrealización individual, es decir, contra los abusos de poder, tanto en las relaciones entre ciudadanos como en las relaciones de los ciudadanos con el Estado y las instituciones.

Las políticas de reconocimiento son esenciales para la izquierda: de ahí la importancia de la ley de matrimonios homosexuales, la legislación de género o las regulaciones masivas de inmigrantes, tres ejemplos del tipo de decisiones de los que la izquierda no se debería avergonzar nunca.

La izquierda ha buscado siempre la manera de encontrar equilibrios sostenibles entre Estado, trabajo y capital. Pero esta contracción del espacio y aceleración del tiempo que llamamos globalización ha generado una sensación extendida de vulnerabilidad, fruto de un desplazamiento masivo de dinero, mercancías, ideas y, en menor medida, personas a través del mundo. Reconocer al ciudadano su derecho a ser como quiera es otorgarle un cierto amparo tanto ante los vértigos de cambio como ante los intentos comunitaristas de determinar su identidad por la vía de la pertenencia a un grupo. Es cierto que la izquierda ha tenido dificultades para entender la complejidad de la economía humana del deseo y, por tanto, para decodificar fenómenos como los nacionalismos o las religiones. También en este terreno tienen que ser efectivas las políticas de reconocimiento, sobre la base del pluralismo y de la crítica a la fractura multiculturalista. Pero la izquierda tendrá siempre inevitablemente una dimensión cosmopolita.

- La radicalidad democrática. Anthony Giddens plantea la renovación de la tercera vía del laborismo inglés a partir de la idea de seguridad. Naturalmente, la sensación de vulnerabilidad que amenaza hoy las distintas condiciones de un ciudadano de identidad polivalente, requiere políticas de seguridad. Pero la izquierda no puede caer en la trampa de explotar el miedo de los ciudadanos convirtiendo la seguridad en ideología como hace la derecha. La seguridad forma parte de las condiciones de desarrollo de una vida autónoma. Y, por tanto, no puede reducirse a la seguridad en sentido policial y militar. Se necesita seguridad jurídica, en el trabajo, para moverse, para asociarse, para la libre expresión, es decir, seguridad de que hay un marco de garantías comunes. La seguridad no puede ser la coartada para un sistema de control social cada día más invasivo.

Años atrás, decíamos que era un régimen totalitario aquél en el que no hay espacio para lo privado. La vida privada está hoy expuesta a la visibilidad, con el consentimiento de los parlamentos democráticos, hasta tal punto que algunos teóricos hablan ya de tiempos posdemocráticos. La izquierda debe ser radical en la defensa de la democracia. Al fin y al cabo, la ley de base democrática es la mejor arma que tienen los ciudadanos para defenderse de los abusos de poder.

- La renta básica. Pero la izquierda, además, no puede abandonar la idea de justicia social. Sin ella, su razón de ser quedaría limitada, convertida en una simple vía complementaria para el proceso de selección de las élites gobernantes. De la idea de justicia social derivan los principios básicos de la tradición socialdemócrata: la igualdad política, de oportunidades, la justicia distributiva. La izquierda no puede hacer seguidismo de la derecha desacreditando el papel del Estado y convirtiendo la reducción de los impuestos en mito ideológico.

Los impuestos no son un fin, son un instrumento. La calidad de servicios y la distribución de la carga impositiva -que no puede pesar sólo sobre los asalariados- es lo que determina el sentido de una política. En este horizonte, el derecho a un mínimo social garantizado, la renta básica, parece la última defensa para que la idea de igualdad tenga todavía sentido.

- El reformismo. Desde que vivimos en un presente continuo, el pasado tiene una función estrictamente mítica y el futuro se ha desdibujado, la izquierda encuentra enormes dificultades para actuar como proyecto de renovación integradora. Cada vez acepta más resignadamente el papel de una de las dos caras de la alternancia en la sociedad democrática, como si su función fuera de actor invitado al juego de las apariencias del cambio para que nada cambie. En este principio de siglo XXI, el espejismo de las aguas tranquilas, que nos dibujaron los discursos de fin de la historia y de la posmodernidad, se ha desvanecido. Estamos en una dinámica de cambio y la izquierda debe intentar orientarla, procurando que ésta no signifique la marginación definitiva de millones de personas. Y haciendo del reconocimiento de todos y cada uno de los ciudadanos su razón política. Por eso, resulta insoportable cuando la izquierda se apunta a las políticas de humillación en materia de inmigración.

El premio Nobel de Economía Robert Solow, analizando las políticas de Reagan, decía que la derecha siempre defiende más poder para los más poderosos y más dinero para los más ricos. En la desorientación actual de la izquierda, a menudo, da la impresión de que esto mismo se podría predicar de ella. Y si seguir hablando de izquierda tiene algún sentido es precisamente para contrarestar esta tendencia. No hay que confundir liderar el cambio social con entregarse en manos de los ricos y poderosos.

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‘Vox populórum’, de Miguel Herrero de Miñón en El País

Posted in Derechos, Política by reggio on 20 junio, 2008

El afán integracionista, sin duda bienintencionado, del euroentusiasmo, choca con la voluntad popular cada vez que la incómoda realidad, ya de las normas, ya de la opinión pública, obliga a consultarla. No faltará quien propugne, y precedentes hay de ello, repetir el referéndum irlandés hasta que “salga bien”, como se hacía en la dictadura de Mugabe. O argüir que un pequeño país no puede obstaculizar lo que otros más grandes pretenden conseguir, algo que recuerda la vieja terminología del “pueblo de señores”. Pero, felizmente, todavía fórmulas tan gruesas no son de universal aceptación y una “comunidad de derecho” como pretende ser la Unión Europea se debe considerar ligada por trámites tan enojosos como la unánime ratificación de los nuevos tratados por los Estados miembros y por la voluntad de sus pueblos directamente expresada, cuando así lo exigen sus normas constitucionales.

En los últimos tiempos, cada vez que se ha querido constitucionalizar la organización comunitaria, de manera expresa (caso del Tratado Constitucional de 2004) o tácitamente (caso del Tratado de Lisboa de 2007), el empeño ha naufragado allí donde se ha convocado un referéndum, salvo en los significativos casos español y luxemburgués. Franceses y holandeses, dos pueblos de dimensiones y tradiciones distintas, coincidieron a la hora de rechazar el proyecto de Constitución Europea. En la República Federal, corazón del europeísmo, hubo que manipular la interpretación del artículo 20 de su Ley Fundamental para evitar una consulta popular cuyo resultado se presumía negativo y nadie duda cuál hubiera sido la respuesta de británicos, suecos o checos.

La desconfianza en el veredicto democrático sobre el Tratado de Lisboa era tal, que todos los gobernantes de la Unión, en un alarde de confianza democrática, acordaron obviar las consultas populares. Solamente en Irlanda los imperativos constitucionales forzaron el referéndum sobre el tratado y, pese a la presión comunitaria y la opción unánime de la clase política, el pueblo lo ha rechazado.

Se ensayaron explicaciones múltiples ante hecho tan desconcertante como que la democracia no avalase la integración europea, olvidando que aquélla es un método de decisión libre y ésta el resultado de una decisión que, si es libre, no puede estar ya predeterminada. Se dijo que los franceses votaron contra Chirac y los holandeses contra la inmigración, y ahora se dirá que los irlandeses han votado para defender su atrayente sistema fiscal, como si tales cuestiones no fueran importantes motivos para razonar una decisión.

Pero eso son añagazas de avestruz a la hora de negarse a rectificar la senda equivocada que ha tomado la integración europea. Una equivocación sobrevenida según demuestra el hecho de que, con la excepción de Noruega, todas las ampliaciones de la Comunidad, ahora Unión, se hicieron con el entusiasmo de los adheridos, que sin embargo se muestran reluctantes ante los intentos de mayor integración.

Que las dificultades comenzasen con el Tratado de Maastricht, y no sólo en Dinamarca, o que casi todas las jurisdicciones constitucionales de los Estados miembros se muestren contrarias a las tesis integracionistas de la Corte de Justicia comunitaria, debiera haber incitado a la meditación. Pero el euroentusiasmo comparte con el paleocomunismo soviético y el neconservadurismo norteamericano dos errores fundamentales. Por una parte, cree conocer el sentido de la historia: la ineluctable unión política “cada vez más estrecha” como los soviéticos creían en el triunfo del socialismo y los neoconservadores en el de la democracia capitalista. Por otra, se considera legitimado para acelerarla en lo que estima buena dirección. El presidente Delors lo expresó claramente con términos de rancio sabor leninista. Cuando un pueblo -se refería entonces al británico- se resiste a cumplir su destino comunitario, debe ser obligado a ello. ¿Era otro el argumento soviético frente a Hungría en 1956?

Mientras la Comunidad, hoy Unión, avanzó por la senda de la integración funcional que le habían marcado sus fundadores, se generaron importantes solidaridades que fundamentaban la integración en los hechos. La situación cambió al hilo de dos importantes giros en la estrategia integradora. Por un lado, la obsesión neoliberal ha llevado a una visión de la competencia que interfiere gravemente en las instituciones y formas de vida ciudadanas, sin mostrarse capaz de resolver problemas reales de abastecimientos ni de precios. Por una vez, el presidente Sarkozy tenía razón al señalar que tratar de convencer de lo contrario al hombre de la calle era una tomadura de pelo.

Por otro lado, se pretendió sustituir la fuerza normativa de los hechos, la solidaridad real creada por el funcionalismo, por el progresivo remedo de unos embrionarios Estados Unidos de Europa, empeño de los diferentes proyectos de Unión Política desde Spinelli para acá. A ello han respondido procesos dispares, pero coincidentes. Por ejemplo, la marea creciente de un derecho comunitario, de calidad muy discutible, capaz de regular los asuntos más dispares, elaborado fundamentalmente por una tecnocracia lejana, cuando no ajena, a cualquier instancia de legitimación y control democrático y carente de la cercanía que proporciona el conocimiento de la realidad. O la inútil proliferación de instituciones comunitarias miméticamente calcadas sobre las de los Estados miembros. O la tentativa, ya medio abandonada, de reproducir a escala de la Unión la simbología nacional. En una palabra, el intento de crear la unión política europea sobre un inexistente demos, sin haber dejado que el tiempo permitiera fraguar, si es que podía fraguarlo, un verdadero ethnos europeo, el determinado por “la comunidad de afinidades espirituales, las habitudes, las facultades y convicciones”.

Porque, como la historia demuestra reiteradamente, la Constitución refleja la integración de la comunidad política, y no la genera, fracasó el proyecto de Constitución Europea y ahora el Tratado de Lisboa, intentos ambos de poner los hipotéticos resultados (la integración institucional) antes de sus inexistentes condiciones (la voluntad de vivir juntos). Si ahora, en vez de buscar añagazas para desvirtuar el rechazo irlandés, los responsables de la Unión centrasen su atención en cooperar intensa y eficazmente en problemas prácticos y acuciantes, como los abastecimientos energéticos, la defensa medioambiental y la cooperación policial, y lo hacen sin despliegues institucionales y normativos, la Unión progresaría y se afianzaría. Si, por el contrario, se empeñan en perturbar la vida ciudadana en el interior y remedar en el exterior la política de una potencia hegemónica con gestos, símbolos, normas e instituciones, avanzarán hacia el vacío y los pueblos les volverán progresivamente la espalda. Y, en una Europa felizmente democrática, son los pueblos quienes, en último término, imponen su voluntad a los Estados, los verdaderos señores de la Unión fuera de los cuales no hay democracia, es decir, gobierno de las mayorías, respeto de las minorías y solidaridad social.

Miguel Herrero de Miñón es miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Tanto ruido para esto, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Política by reggio on 20 junio, 2008

EL REVES DE LA TRAMA

Al final, Mariano Rajoy va a salir a hombros del congreso del Partido Popular este fin de semana en Valencia. Hace cuatro días, el interés estaba en despejar la incógnita de los votos en blanco y algunos negativos que cosecharía. Pero ahora el pronóstico se centra en adivinar cuántos votos le separarán del 100%, que es el modo en que los líderes indiscutidos de los partidos españoles ganan los congresos: así Felipe González en sus años de oro, así José María Aznar cuando ejercía el control total. Es que ahora los apoyos se amontonan a la puerta del despacho de Rajoy, hasta los apoyos inesperados. Esperanza Aguirre, que empezó la corrida en pelo, anunció ayer el voto a su favor, 24 horas después de que notificara lo mismo su mano derecha en el PP de Madrid, Francisco Granados. La disidencia se está diluyendo a paso ligero.

Lo que hay que preguntarse ante los súbitos movimientos de recomposición es por qué se puso en marcha una operación tan incisiva de desgaste del líder. El PP ha hecho en las últimas semanas un malísimo negocio porque ha deteriorado la figura de su líder sin presentar siquiera un recambio. Había que ver la cara de satisfacción del Partido Socialista, que envió de vacaciones a su bulldog José Blanco, para calibrar la dimensión de la crisis en que los populares se iban metiendo día a día. No hacía falta que nadie en la arena política dijera nada contra el PP; ya se lo decían ellos a sí mismos. Mientras hubo la posibilidad teórica de una alternativa, había una justificación para la pelea, pero cuando una de las apuestas de la disidencia, Juan Costa, anunció que no se presentaría, quedó al descubierto que en gran parte se había consumado una insólita labor de desgaste sin recambio. O sea, un desatino.

Hay que reconocer el valor de Rajoy al aguantar la presión sin inmutarse (aunque algunas huellas de dolor se le marcaran en la cara) y al responder al abatimiento denunciado por los disidentes con la formación de un equipo de muy buena traza. Rajoy ha congregado en torno a su persona a gente muy valiosa. Durante estas semanas en que el PP ha bajado la guardia como principal oposición, su equipo ha sabido mantener la cara: Soraya Sáenz de Santamaría, portavoz en el Congreso, desdeñada al principio en su partido, se ha destapado eficazmente en la labor parlamentaria, Cristóbal Montoro, un recuperado de los equipos anteriores, está haciendo en el Parlamento un serio papel como portavoz de Economía… Y lo notable de ayer fue el anuncio de María Dolores de Cospedal como secretaria general, número dos del partido, que fue recibida hasta con entusiasmo.

Rajoy ha configurado un equipo dirigente en el que hay veteranos, como el propio Montoro, ex ministro (58 años); Pío García-Escudero (55) o el también ex ministro Javier Arenas (50), junto con gente nueva aunque versada en gestión política, como Cospedal (43 años), González Pons (44) o Sáenz de Santamaría (37).

Una de las importantes notas definitorias de estos marianistas es su alta cualificación académica y profesional, que contrasta con lo que es norma en los equipos de otros partidos. Rajoy, que es registrador de la propiedad, ha reunido a dos abogadas del Estado (Cospedal y Sáenz), a un catedrático de Hacienda Pública (Montoro), a un doctor en Derecho Constitucional (González Pons), a un arquitecto (García-Escudero)… y todos los demás son licenciados universitarios, con másters u oposiciones de alto nivel (como Gallardón, que es fiscal), y con experiencia ya probada. Rajoy se presenta en Valencia en condiciones favorables. Nadie lo diría hace unas semanas, cuando en su partido se desató contra él una desorientada maniobra.

© Mundinteractivos, S.A.

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Valencia, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 20 junio, 2008

EL RUIDO DE LA CALLE

Mariano Rajoy, por fin, ha elegido como número dos del PP a María Dolores de Cospedal, gata, madre in vitro, abogada del Estado. Pero el que puede llevar en el macuto el llavín de Génova, 13 puede ser Esteban González Pons, che, guapo y bloguero, autor del poema Todos somos María. Ha sido nombrado portavoz. Es posible que la lucha final sea entre dos que han estudiado en los jesuitas: González Pons y Alberto Ruiz-Gallardón; sería la batalla entre el Centro y la Periferia, si de verdad ya se han liquidado a Esperanza Aguirre.

La política española ha tenido acento gallego, andaluz, vasco, catalán, murciano, castellano, madrileño, apenas acento valenciano. Valencia mira más allá de los límites del pellejo del toro. Es la sensualidad, la carn vol carn, los deseos de las velas los vientos, el Mediterráneo fenicio de los errabundos que, como en el poema de Kavafis, cuando parten, procuran que el viaje sea largo. Se han dedicado a ser marca, a competir en los mercados, convertir su comunidad en el faro de la modernidad y el progreso, mientras sus diputados suelen ser cuneros y sus gobernantes, birlones. Ahora, por primera vez, la derecha valenciana quiere tener presencia en Madrid. Mariano Rajoy se presenta hoy en Valencia con el apoyo de los padrinos, taifas y condoleros de aparato. Quiere ganar la batalla en Valencia, como El Cid, después de muerto.

Rita Barberá nombró a Tomás Moro como referente político, pero el verdadero modelo de estadista valenciano no es Moro, sino César Borja, que también lo era de Maquiavelo. A los 19 años era obispo de Pamplona; a los 20, arzobispo de Valencia. La alcaldesa Rita no trajo el cabello naranja de César, sino los mechones dorados de Lucrecia Borja; los metió en una patena o custodia de vidrio, bronce y malaquita; ese fetichismo perverso y simbólico lo ideó, creo, Lord Byron. A ver si cuando los valencianos lleguen a Madrid va a ocurrir lo que en Roma, que la encontraron en un estado avanzado de corrupción y con ellos alcanzó su cénit. El Papa valenciano mismo envenenó a tres cardenales. La fallera mayor de la historia de Valencia históricamente se llamaba Lucrecia Borja, era a la vez hija y amante del Papa, estaba liada con su hermano César e introdujo en la Ciudad Eterna el veneno valenciano para liquidar a los cardenales demasiado ricos. Valencia no sólo son moros y cristianos, tamboriles, atabales, republicanismo arcaico, esperantismo y mascletá. Es el anillo hueco, la sagacidad, la intriga, el mercantilismo de la posmodernidad.

El presidente del PP ha elegido la democracia hidráulica y la paella. Tiene que nivelar bien el arroz para que no se socarre el partido y ha de conseguir que cada grano mantenga su libertad. Le preguntaron a Borges si le gustaba la paella: «Sí, es muy buena, porque cada arroz ha mantenido su individualidad».

Pero cuidado, Mariano, que los valencianos te pueden poner veneno en la horchata.

© Mundinteractivos, S.A.

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El frívolo progresismo de Zapatero, de Lluís Foix en Los Blogs de La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 20 junio, 2008

Perdonen que insista de nuevo en la votación sobre la Ley del Retorno, también conocida como la Ley de la Vergüenza, votada el martes en el Parlamento Europeo a instancias de los 27 gobiernos de la Unión. Los partidos conservadores votaron a favor de las medidas de expulsión de los sin papeles, estableciendo detenciones de hasta 18 meses a los indocumentados.

Ayer les comentaba los detalles de la directiva europea. Hoy me quiero referir al fondo de la cuestión. Y quiero señalar el desengaño que me produjo al comprobar que los socialistas españoles habían votado a favor de la medida. Con dos excepciones notables.

La de Raimon Obiols y la de Josep Borrell que votaron en contra.

El gobierno del Zapatero es el más progresista del mundo mundial. Prepara una batería de medidas legislativas que quieren cambiar a la sociedad española, después de haber legislado sobre cuestiones que afectan a minorías y que son muy baratas. El precio es insignificante. Y la aureola de progresismo que comporta le sitúa entre los más avanzados del mundo.

Pero a la hora de legislar sobre cientos de miles de personas, millones quizás, que tendrán que ser expulsadas de los territorios de la Unión, también de España, la importancia de los valores es nula, no hay que tenerla en cuenta, porque, además, suponen una adaptación al gradual populismo que se apodera de la política española.

Decía Jorge Semprún, ex miembro del Partido Comunista de España, víctima de los campos de concentración de Hitler, autor de muchos libros y referente para buena parte de la izquierda española, que él no era europeísta.

Pero, sigue Semprún, al comprobar la grandeza de la construcción europea, expulsando la posibilidad de las guerras continentales, se había convertido en europeísta. Y añade que esta gran tarea ha sido obra de la socialdemocracia y de la democracia cristiana.

Estas dos familias políticas europeas han hecho realidad lo que nadie se habría imaginado hace treinta años. Que no existan fronteras desde el Mar Báltico hasta Lisboa y desde Malta hasta Escocia.

Había una idea compartida sobre cómo servir mejor a unas sociedades que habían sido azotadas por guerras sangrientas durante siglos. Los españoles sabemos bien lo que significa la emigración. Después de la Guerra Civil, cientos de miles de republicanos salieron de España en busca de asilo y comprensión. Lo encontraron en Inglaterra, Francia, México, Colombia, Argentina, Venezuela y demás países latinoamericanos.

En los años sesenta cientos de miles de españoles se trasladaron a Alemania para trabajar y para contribuir a las depauperadas economías familiares españolas. Europa ha sido generosa y ahora se ha convertido en temerosa, tacaña, negando el derecho de residencia a cuantos han llegado porque eran útiles al mercado de trabajo y equilibraban la situación demográfica del continente.

Ahora no convienen, son sobrantes humanos que hay que echar en dos o tres años, previa estancia en centros de internamiento en los que no se sabe cuál será el tratamiento que recibirán. Penoso.

Una última consideración. El hecho que Obiols y Borrell, dos miembros históricos y muy significativos del PSC, los socialistas catalanes, hayan votado que no a la directiva de la inmigración, visualiza la batalla conceptual e ideológica que se planteará entre los socialistas catalanes y españoles.

Las tensiones no se producirán sólo por los intereses de Catalunya sino por cuestiones más de fondo como es el respeto a las personas y una cierta idea de Europa que no puede convertirse en un espacio de tacticismos, oportunismos y frivolidades.

Me comenta Rafael Jorba, europeísta y hombre de convicciones humanistas, que Le Monde escribía a principios de mayo que Zapatero resistía frente al auge de la derecha populista a escala europea.

Jorba tiene una explicación que Le Monde no daba: el socialismo de Zapatero, con las excepciones de Obiols y Borrell, se ha sumado en la Eurocámara al repliegue identitario -protección, seguridad y rechazo del otro- de una derecha que agita la inmigración para sintonizar con una Europa envejecida y presa de sus miedos y ansiedades atávicas.

Zapatero resiste en esa Europa porque, como la derecha de Sarkozy y Berlusconi, ha iniciado un giro populista y demagógico. Rompe así con la tradición socialdemócrata. ¿Cómo calificarle? Como un neo radical-socialista, con toques de radicalidad barata y anticlericalismo trasnochado, pero aparcando las reformas estructurales de la socialdemocracia clásica.

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Congresos a la vista, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 20 junio, 2008

Llevamos unas cuantas semanas hablando de política. Lo siento por aquellos lectores que, a pesar de estar un poco o bastante hartos, no pueden dejar de interesarse, y bien que hacen, por las vicisitudes del poder. No en vano los dirigentes de la cosa pública son los que más influyen en la evolución de la sociedad.

La principal novedad ante los congresos, habidos o por haber, es la falta de solidez de los liderazgos, ya sea porque, sumidos en la indolencia, ejercen lo justito, ya porque desde sus propias filas les zarandean el pedestal. El primer caso es el de Zapatero. Nadie le tose por nada. Todos le acatan. La semana pasada, dormitaba al principio de la grave crisis del transporte, pero al ser advertido de la gravedad de las consecuencias, abrió un ojo – un poco tarde, pero aún a tiempo- y en horas veinticuatro volvió la calma al patio. Luego ha seguido por la buena senda con la anunciada concertación laboral. Esperemos que dure, porque sería fatal añadir conflictividad a la crisis.

El resto de los líderes se encuentra en peor situación. O bien zarandeados por la brava, o bien oyendo acercarse los pasos de los que, llegado el caso, podrían apearlos. Sorprende entre el ramillete de cuestionados la situación del president Montilla, cuyo estilo y carácter concuerda con las clásicas recetas del estoicismo (no porque se las aplique, sino porque es persona gélida donde las haya). En vez de marcar línea, o de poner listones sin esperar a que Esquerra se los plantifique, se adapta a las circunstancias como un líquido a un contenedor que cambiase de forma. En los últimos tiempos, sólo se sabe que ha reñido al conseller Castells por recordar que el poder es el medio para hacer u obtener algo, no el fin en sí mismo. Veremos si hace lo propio con Ernest Maragall por decir, a su modo, que los socialistas tienen la voz cautiva en Madrid. Dado que Montilla, y su escudero Iceta, como analistas de las situaciones políticas, nos dan diez vueltas a todos, periodistas o políticos, no es aventurado suponer que si Montilla no quiere ser un president efímero debe actuar como si Castells y Maragall tuvieran la razón. No porque las líneas rojas de Esquerra sean determinantes. En financiación, por ejemplo, la cifra será baja (menos de dos mil quinientos millones, me atrevo a profetizar, cuando sólo la consellera Geli pide quince mil más para Sanitat). La cicatería de Solbes y Zapatero se cebará en la Generalitat. Por lo que Montilla sólo repetirá si, en vez de contemporizar e ir a remolque, se sitúa en cabeza de las protestas catalanistas. Si además el Govern se pone de una vez las pilas, el president puede repetir. Si no camina ninguna de las dos patas, catalanismo y obra de Govern, su continuidad pinta mal. El congreso del PSC se prevé tranquilo, pero la procesión va por dentro: le corroe el alma la incertidumbre sobre su futuro como partido de Govern.

Mariano Rajoy, por su parte, afronta su congreso después de sufrir un sinfín de sacudidas a cuál más violenta y mantenerse en el puesto sin perder la compostura. Eso le ha producido alguna abolladura, pero el no tambalearse en medio del vendaval le ha reforzado. Hasta el punto de que ninguno de sus posibles rivales se atreve a dar la cara. De esta manera, la contestación a Rajoy, que la habrá y no será irrisoria, no tendrá autor que cargue con la derrota. No le quieren como candidato ni quieren al PP centrista. Por eso recibe apoyos, a todas luces hipócritas, pronunciados por quienes alentarán bajo cuerda el mayor voto de castigo posible. Si Rajoy no sale tocado, las opciones de sus rivales se verán mermadas, pero no cesarán en su empeño por derribarle.

Lo más interesante del congreso de Valencia va a consistir en la deseada firmeza de Rajoy a la hora de encarar el nuevo rumbo del PP. O sale timorato indeciso, conciliador, o bien encara la vía del centro con claridad y decisión. Sus enemigos son poderosos, pero el peor de ellos consistiría en sembrar incertidumbre y quedarse con un pie a cada lado de su Rubicón. De chapotear en ellas, las medias tintas sí que le hundirán. Será interesante, asimismo, analizar el discurso de Aznar, que es el gran perdedor del congreso. Apuesten doble contra sencillo a que no se va a resignar. Él imprimió un surco rectilíneo al partido y a España, por el que ambos deberían haber seguido tras su marcha del poder, pero primero España y ahora el partido se han desviado del surco aznariano, creo que de modo irreversible. Aunque lo disimule y edulcore sus pullas, el ex presidente sabe como nadie que si Rajoy y el centrismo se afianzan, su legado queda hecho añicos, destrozado por el curso de la historia que él pretendió “enderezar”.

En fin, sobre el congreso del PP catalán, una previsión. Lo gane quien lo gane, es bastante probable que el candidato a las próximas generales no sea ninguno de los tres en liza. Cada vez que el PP intenta ganar en serio, se busca desde Madrid un personaje de fuera del PPC o de la tercera fila, para encabezar la lista. Como si en Catalunya tuvieran no un partido sino una chistera.

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En la crisis financiera, lo peor está por llegar, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 20 junio, 2008

Ya me gustaría a mí encarar el fin de semana con una buena dosis de optimismo que llevarme a la boca, pero no va a ser posible. La crisis financiera va a peor y si, no va a mucho peor, es porque ya lleva gran parte del camino hacia el abismo recorrido. Tempus irreparabile fugit, que dirían los latinos. El tiempo, que pasa sin remedio. Ese sentimiento negativo es el que está provocando que noticias tan relevantes para el mercado como la decisión china de ayer de incrementar los precios minoristas de la gasolina un 17%, con la consecuente caída del precio del crudo en más de 3 dólares por barril, no sirvan de catalizador para una bolsa que se encuentra bajo mínimos. Equívocos como los protagonizados por algunos de los miembros más ilustres de la banca a uno y otro lado del Atlántico, que les llevó hace un par de meses a pregonar el final de la crisis sólo para constatar 60 días después que la misma les estallaba en las narices, no son tampoco de mucha ayuda.

Sé que la tentación de comprar banca es enorme tanto por la caída absoluta que ha sufrido el sector como por el potencial interés en una jugada de comportamiento relativo contra las acciones energéticas, que se han situado en el polo opuesto de la suerte bursátil. Bien, yo de ti no lo haría forastero. Aquí va una relación de noticias en los últimos días que, cuando menos, deberían atemperar ese impulso inicial de meter la mano en un olla que aún tiene el aceite hirviendo. Claro que, como siempre decimos desde estas mismas líneas, ustedes mismos.

1. Minyanville. Todo un clásico de obligada consulta diaria. La crisis de la banca de inversión se traslada a los bancos regionales cuyos impagados crecen a un ritmo del 40% trimestral (sí, han leído bien, cada tres meses). Fifth Third que es el banco en que se basa la noticia cayó el miércoles un 27% (algunos aseguraban que después de eso bien podía cambiar su nombre a Three Fifths) y en plan alegría de la huerta dijo en la conferencia con analistas que esperaba que la situación fuera peor en 2009 que en 2008.

2. Bloomberg recogía unas declaraciones en la misma línea del gestor de hedges que más pasta ganó el año pasado, John Paulson, en las que afirmaba que apenas hemos visto un tercio de las pérdidas totales que va a sufrir el sector durante la crisis. Obviamente sus palabras habría que ponerlas en cuarentena al ser arte y parte del asunto pero, como se ve en el propio artículo, coinciden con las del estratega de RBS y se producían sólo un día después que Goldman Sachs actualizara sus proyecciones de necesidades de capital, al alza, de los bancos norteamericanos en 65.000 millones de dólares. Uy,uy,uy.

3. De dónde pueden venir las pérdidas adicionales. Bueno, el run, run se centra una vez más en el segmento de los Credit Default Swaps. Hay un artículo bastante ilustrativo publicado en Asian Times cuyo contenido es parejo al de la siguiente pieza del WSJ del pasado miércoles que lo analiza de forma positiva, como una buena oportunidad para algunos, los más valientes. El propio diario de Murdoch, en su edición del 10 de junio, señalaba que los CDOs sintéticos pueden convertirse en la siguiente pieza del dominó en caer. Ojo, un mercado de 6 billones de los españoles de dólares.

4. Esta incertidumbre es, precisamente, la que provoca que los bancos no se fíen unos de otros. Muy interesante este artículo del Telegraph sobre la banca británica que no se está prestando entre ella a más de 30 días vista . Más interesante todavía un dato adicional que publicaba el The Economist de la semana pasada, citando datos de JP Morgan. Los bancos europeos han titulizado 208.000 millones de ABS en lo que va de año de los que apenas 5.800 han salido al mercado. El resto ha sido utilizado como garantía para obtener financiación del BCE hasta suponer el 16% de las reservas del banco central. ¿Cómo se rompe este círculo vicioso?

5. Y todo esto con la problemática adicional que supone que haya mercados a los que ya se les ha puesto la lápida encima y que no tienen visos de resucitar, como el de las titulizaciones de inmuebles comerciales tal y como informaba el Financial Times el pasado 12 de junio, y la existencia de una acuciante necesidad de refinanciar los vencimientos, simplemente para mantener el equilibrio del balance, a un coste sustancialmente superior al que se venía pagando. El más explícito ha sido esta semana José Luis Olivas, presidente de Bancaja, que lo cuantificaba, sólo en España, en 175.000 millones de euros sólo en 2008.

Ahora muchos, incluso el inefable Jose Ramón Iturriaga en este mismo Cotizalia hoy, se aventuran a decir que todo ha ido demasiado lejos, demasiado deprisa y que puede haber oportunidades. Puede, pero no. A mi juicio importa poco la velocidad del movimiento y mucho si el mismo está o no justificado, que creo que sí. Igualmente para mi cualquier argumento de valoración sobre el sector a día de hoy es inútil ya que gran parte de los balances y de las cuentas de resultados de las entidades siguen sin tener el grado de visibilidad suficiente como para que cualquier predicción pueda aproximarse siquiera medianamente a la realidad. Y no hay que olvidar, por último, cuál fue el catalizador en marzo para que el sector recuperara, que aquí el que no se consuela es porque no quiere. Una acción excepcional de la Reserva Federal que, al cabo de tres meses, se ha demostrado inútil para el objetivo último que perseguía, que era la recuperación de la confianza del sistema. Ahora, ¿qué catalizador puede tener la banca? O dicho de otra manera…

¿Cuál es la solución? Pues miren ustedes, yo me hago dos preguntas, dos, de la ganadería de Sherman McCoy. ¿Qué necesita a día de hoy el mercado, exceso o defecto en las predicciones de las pérdidas de las entidades? Respuesta, a mi juicio, concreción al alza de los potenciales riesgos a los que se enfrentan. Los supervisores deberían exigir a las instituciones financieras una previsión de máximos de los riesgos a los que sus negocios están expuestos sobre unos baremos realistas fijados por las autoridades. ¿Por qué? Bien, esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿qué supone para el mercado un mayor riesgo sistémico, el incesante goteo de noticias negativas que hemos vivido los últimos meses y que amenaza con llevarse otras cuantas firmas por delante o un one-off colectivo que le deje tiritando pero con la seguridad de que no hay más cera que la que arde? Personalmente creo que lo segundo. Con ello se conseguiría: uno, una aproximación real a la situación del sistema bancario; dos, una mejora de los niveles de confianza como consecuencia de ello; tres, la racionalización del mercado mediante la supervivencia de los fuertes, capaces de aportar capital o adquirir negocios enteros; cuatro, la posibilidad de que los excesos contables se fueran traduciendo en beneficios conforme el mercado se fuera normalizando; quinto, recuperación del mecanismo tradicional del crédito como vehículo de la política monetaria. ¿Estaría dispuesto el mercado a algo así? Seguro que no pero ahí queda dicho. Buen fin de semana a todos.

Recomendación lúdica de los viernes. Consideración previa. Servidor, que es zampón, frecuenta numerosos y variopintos locales a lo largo de la semana. La idea de hacer esta recomendación lúdica (libro, restaurante, viaje, hotel) responde a la posibilidad de añadir Valor Añadido también para los lectores en este campo. Les aseguro que no tengo arte ni parte en ninguno de los garitos mencionados. Simplemente, entiendo que lo excelente o diferencial debe ser compartido, por escaso. Hoy les sugiero 99Sushi que está llamado a ser el japonés de Madrid. De reciente apertura lo encontrarán en Ponzano 99. Un local algo ruidoso pero donde la comida es una auténtica explosión de sabores. Sigan los consejos de la jefa de sala, Mónica. En mi visita de esta semana un impresionante sashimi de vieira, un exquisito tartar de atún macerado, increíble tempura de langostino tigre, un nigiri de pez mantequilla del nivel del de Kabuki y varios rolls muy originales. Sinceramente, no llegué a los postres. 50 euros barba con café y bebidas (sin vino). Tras muchas y recientes decepciones en otros clásicos nipones de la capital, todo un descubrimiento. Que lo disfruten.

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Información comprensible, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Derechos, Economía by reggio on 20 junio, 2008

A principios de curso nos ocupamos de las tarifas eléctricas a propósito de la obligatoriedad impuesta de adaptación a quienes tuvieran contratada una tarifa con discriminación horaria (véase la columna que bajo el título La potencia contratada se publicó en estas páginas de CincoDías el pasado 30 de mayo). La percha periodística para venir sobre esa cuestión vino sugerida a partir de una circular remitida a los usuarios por la Dirección de Redes de la compañía EnelViesgo con fecha 7 de mayo.

El ejercicio propuesto en la columna citada intentaba un análisis textual con el objetivo de desentrañar su significado y concluía reflejando la perplejidad en que se situaba al destinatario de semejante misiva, sometido además a la angustia de una de esas advertencias conminatorias según la cual se decía que ‘de no haber recibido notificación alguna al respecto con la suficiente antelación y según Real Decreto 871/2007, con efecto 01/07/2008, nos veremos obligados a aplicar la potencia actualmente disponible como potencia contratada y la tarifa con discriminación horaria’.

Ninguna de las cuestiones planteadas ha merecido respuesta por parte de la compañía EnelViesgo, que tampoco ha sido advertida ni por la Comisión Nacional de Energía ni por las autoridades públicas de ámbito nacional o autonómico acerca del obligado cumplimiento de cuanto prescribe el Real Decreto Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias (véase Boletín Oficial del Estado del 30 de noviembre de 2007, páginas 49181 a 49215).

En especial cuanto se dispone en el libro primero de Disposiciones generales; título I, del Ámbito de aplicación y derechos básicos de los consumidores y usuarios; capítulo IV, del Derecho a la información, formación y educación, artículos 17 y 18.

A tenor de los mismos, ‘los poderes públicos, en el ámbito de sus respectivas competencias, asegurarán que los consumidores y usuarios dispongan de la información precisa para el eficaz ejercicio de sus derechos y velarán para que se les preste la información comprensible sobre el adecuado uso y consumo de los bienes y servicios puestos a su disposición en el mercado’.

Además se dispone que ‘los medios de comunicación social de titularidad pública dedicarán espacios y programas, no publicitarios, a la información y educación de los consumidores y usuarios’. Iniciativa de la que en absoluto tenemos noticia. Ni en RTVE ni en las cadenas de radio y televisión de ámbito autonómico se conocen programas donde se hayan analizado estas circulares de las compañías eléctricas que afectan a la totalidad de la población porque, como quedó claro en la reiterada columna del 30 de mayo, ‘la vida que vivimos es inimaginable sin la electricidad, una especie de panteísmo en el que nos movemos y somos’.

Como respuesta me escribía un buen amigo, que ocupa una posición de máxima relevancia en la que se considera compañía líder del sector, que ‘el problema es que un ámbito tan sensible y al mismo tiempo tan complicado como el eléctrico -¡casi más que las normas sobre adaptación de las tarifas que con tanta razón criticas!- es un escaparate perfecto para que los políticos, de uno y otro lado, se presenten ante sus electores como los mejores guardianes de los consumidores ante la voracidad de las grandes empresas’.

Pero, tampoco. Porque para que los políticos pudieran presentarse como auténticos guardianes, primero deberían ejercer el poder que tienen y garantizar que reciben una información comprensible. Como escribe Gerog Christoph Lichtenberg, ‘entender unas ideas o una circular no es una razón para considerarlas verdaderas, aunque el gusto de entender una teoría o una circular sumamente abstracta y oscura lleve a algunos a pensar que ya está demostrada’.

En nuestro caso -el de la comunicación de EnelViesgo- ni siquiera podemos acceder a su inteligibilidad, cuanto menos a considerar demostrado lo que nos propone. ¿Dónde está el libro de reclamaciones? ¿Podría intervenir la Real Academia invocada por la ministra de Igualdad para un caso de mucha menor cuantía?

Miguel Ángel Aguilar. Periodista

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Estepona no es una rareza, de Javier Ortiz en Público

Posted in Economía, Política by reggio on 20 junio, 2008

El Estado de Derecho es, en teoría, un sistema regulador de la desconfianza generalizada. A cada uno de los tres poderes clásicos (el ejecutivo, el legislativo y el judicial) le corresponde vigilar a los otros dos para asegurar que ninguno incumple su función, sea por exceso o por defecto. La misión del llamado cuarto poder, constituido por los medios de comunicación, es (debería ser) la de vigilar desde fuera al conjunto.

Se trata de un sistema ideado a partir del principio –desagradable, pero prudente– de que quienes ejercen el poder tienden a abusar de él, razón por la cual han de tener bien acotada su función y estar sometidos a constante inspección pública.

Así debería ser, pero así no es. Nunca ha sido así, en realidad, pero cada vez lo es menos. Entre los poderes del Estado (en todas sus variantes, incluida la local) reina hoy en día el compadreo y la falta de vigilancia, en plan “hoy por ti mañana por mí”, y los grandes medios de comunicación, integrados en grandes consorcios político-empresariales, se suman a la complicidad, denunciando sólo lo que conviene a su bandería privada.

Den ustedes por seguro que si no se corrompen muchos alcaldes o concejales de los de ahora es porque su ética no se lo permite, pero no porque el sistema lo tenga bajo estricta vigilancia. La legalidad española, a todos los niveles, tiene más escapatorias que un colador. Y, sin pasarme de suspicaz, aliento la sospecha de que no es así por casualidad.

Cuantos hemos trabajado de uno u otro modo relacionándonos con administraciones locales de zonas turísticas mediterráneas e insulares sabemos que el chanchullo campa a sus anchas en los más variados terrenos, casi todos edificables.

A mí lo de Estepona no me ha sorprendido nada. Precisaré: me ha sorprendido que haya salido a la luz, porque eso indica que hay mar de fondo. Pero rara es la población de por esas zonas cuyo vecindario no sepa que todo es un perfecto cachondeo.

No hace falta ser Sherlock Holmes. Si ves a un concejal que hace cuatro días era un muerto de hambre y ahora tiene una finca enorme y conduce un lujoso descapotable, sumas dos y dos.

Y te salen cuatro. Fijo.

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Aburrimiento, de Germán Yanke en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 20 junio, 2008

Se ha tardado tanto en saber los nombres principales del equipo de Mariano Rajoy, por mucho que algunos de ellos hayan estado en los mentideros desde el principio, que la tardanza anula cualquier sorpresa. Una cierta pesantez se añade al constatar, en el comienzo del Congreso, que los críticos, ya sean pretendidamente renovadores o abiertamente reaccionarios, se han consumido en los amagos y las maniobras de distracción: atacar al jefe para disimular su impotencia. El equipo, por tanto, es un recurso, no el rostro de un proyecto contrastado en el debate.

Y, sin duda, es el ámbito de las ideas en el que la política española es cada día más aburrida. En el PP ha habido, soterrado, ligero, a menudo poco serio, un cierto debate sobre el discurso, sobre el modo de dirigirse a los ciudadanos que en estos últimos cuatro años no les han dado el respaldo necesario para gobernar, pero de ideas nada. Por eso se ha refugiado la refriega en aparentes principios y valores y se ha hurtado la discusión allí donde debe estar sometida a la contradicción entre iguales y a la falibilidad de las proposiciones. Con esos mimbres se llega al Congreso.

En la izquierda el panorama es igual o más descorazonador. A la arbitrariedad intelectual del PSOE durante el primer mandato de Rodríguez Zapatero ha seguido, amasada por una ola de hipotético realismo, la inanidad. La izquierda española no tiene, como se está viendo, las ideas precisas para proponer una determinada política económica en momentos de crisis ni, en el ámbito internacional, un proyecto original. Andan organizando un laboratorio de ideas, es decir, que, por el momento, no hay ideas ni laboratorio. Más allá, en una Izquierda Unida abonada al desconcierto, más que inanidad hay parálisis.

Hay en España, sin duda, aportaciones intelectuales interesantes para las grandes cuestiones políticas y sociales de este comienzo del siglo XXI. Algunas de ellas tienen como protagonistas a personas que viven en el ámbito de la política. Y, sin embargo, los partidos y sus aledaños parecen refractarios no ya al debate serio, sino a la formulación atractiva de proyectos con una cierta profundidad, aunque no fueran precedidos del citado debate. Si repasamos lo que se oye en el escenario de la política española sobre la crisis de Europa, sobre la aconfesionalidad del Estado y la laicidad, sobre la educación, sobre el papel y el significado de la Justicia –ý se podría alargar la lista- la conclusión no es otra que aburrimiento y frivolidad. Seguramente por eso hay que hablar tanto de nombres, y entre los nombres de integración, y en medio de la integración, de ausencia de debate. Y, en tan clamorosa ausencia, de aburrimiento.

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‘No’ irlandés a una UE abstracta, de Sami Naïr en El Periódico

Posted in Derechos, Internacional, Política by reggio on 20 junio, 2008

LA SUERTE DEL TRATADO DE LISBOA ABRE OTRA CRISIS EN EUROPA

Los irlandeses han dicho no. Esta vez al tratado constitucional de Lisboa, después de haber rechazado en el 2000 el Tratado de Niza, que obligó a los jefes de Estado europeos a modificarlo. Por supuesto, las élites políticas y financieras encuentran esta actitud muy poco educada, muy poco fair, muy poco “europea”. Unos dicen que un país con tan pocos habitantes no puede parar la marcha hacia delante de la Unión. Estos, desgraciadamente, no conocen la ley europea, según la cual no existe la regla de la mayoría absoluta porque no existe un solo pueblo europeo, sino 27 y pronto 30, implicados en el proyecto europeo, y cada uno tiene el derecho de decidir acerca de su porvenir. Europa no es una nación: es un conjunto de naciones libres y soberanas.

Otros dicen que los pueblos no son bastante maduros, que el tratado no ha sido bien explicado, que etcétera, etcétera. Bueno: el mero hecho de que uno de los pueblos que más se ha aprovechado de la Unión no quiera este tratado debería dar que pensar. Y, tal y como los sondeos lo demuestran, un referendo sobre el mismo texto hubiera dado el mismo resultado en Francia. Por eso, Nicolas Sarkozy no quiso consultar al pueblo.

Lo que pasa es muy sencillo: la confianza se ha perdido; los pueblos no creen en sus dirigentes políticos en lo que se refiere a Europa; la ven como algo abstracto, lejano, dominador, socialmente regresivo, financieramente destrozador, con un euro que hizo estallar el precio de la vida diaria, una competencia desleal de las sociedades europeas, una privatización del vínculo social insoportable para los pobres y las capas medias, y una impotencia política caricaturesca. Es lo que ha constituido el programa de los defensores del no en Irlanda hoy; ayer, en Francia y en los Países Bajos.

¿Cuáles son las lecciones de esta situación?

Primero, el rechazo de un poder supranacional, representado por los tecnócratas de Bruselas. ¿Por qué? A causa de la falta de consulta democrática sobre un modelo económico concebido como una nueva religión, el liberalismo sin reglas, que hace de la competencia la única vía posible de la construcción europea, olvidando el empleo, el crecimiento, los servicios públicos, la educación para todos, la lucha real (y no retórica) contra la inflación.

Segundo, la desconfianza ante la ampliación sin preparación suficiente a nuevos países, abriendo sus mercados a las multinacionales europeas pero echando a la calle a millones de ciudadanos que no encuentran trabajo en casa. Los cuales, para sobrevivir, huyen hacia los países europeos más desarrollados, donde son acusados de incrementar la competencia entre trabajadores. Lo que pasa con los rumanos en Italia, con los polacos en otros países, es emblemático de esta ampliación anárquica, hecha solo a beneficio de las grandes empresas europeas, que aprovechan por doquier la competencia a la baja de los sueldos.

Tercero, los irlandeses han dicho no porque, pese a lo que dicen los estrategas de café en Bruselas, Europa no es una marca deportiva o de moda: no se vende. Se vive, lo que es totalmente diferente. Eso es así porque mientras las élites no sepan ofrecer una verdadera alternativa positiva, social e identitaria a los europeos, el proceso global tendrá problemas.

Algunos empiezan a darse cuenta de la situación. El Gobierno español, uno de los más europeístas, ha hecho sonar la alarma al pedir al Banco Central Europeo que cambie un poco su política. La reacción del señor Jean-Claude Trichet, presidente de esta institución, ha sido tajante. Dijo, más o menos: nosotros, o sea, los miembros del consejo de dirección del banco, sabemos lo que hay que hacer, y nuestra política es la mejor posible. La independencia del banco es sagrada.

Luego, ¡no nos queda más que esperar la próxima crisis!

¿Qué van a hacer los dirigentes europeos ante el no irlandés? ¿Van a seguir diciendo que tienen toda la razón, que el pueblo irlandés no ha entendido nada y van a encontrar una argucia para desviar su votación?

Sería una catástrofe para Europa, pues la vía realista para volver a conseguir la confianza en este magnífico proceso de unificación europeo es pararse y replantear todo el proyecto. ¿No es totalmente satisfactorio el actual Tratado de Niza? ¿Por qué? Hasta la fecha, ha permitido un buen funcionamiento democrático de Europa. ¿Hay que mejorarlo? Si es así, esa reforma, ¿es realmente más urgente que la de la orientación económica global? Hay que plantearse esa simple cuestión: ¿es verdaderamente el problema de Europa un problema institucional? ¿No es una cuestión más profunda, más grave? Y no es esta: ¿qué Europa queremos?

La verdad es que tanto la derecha como la izquierda socialdemócrata han fallado ante esta cuestión. No tienen imaginación, han aceptado que todo el proceso europeo fuera dirigido desde las coacciones económicas, ahora monetarias, sin plantearse nunca la cuestión identitaria de fondo. Aún más: responsabilizan a la gente que quiere saber adónde vamos, tachándola de antieuropeísta. Plantear la cuestión del porvenir social de Europa es lo que los pueblos quieren. Las élites no lo han entendido. Y el resultado es la proliferación del rechazo de Europa. La única solución es, entonces, devolver el proyecto europeo a los pueblos y controlar, controlar más, a los tecnócratas que pretenden saber mejor que los ciudadanos cuáles son los intereses de todos. Hacer, en una palabra, de la ciudadanía europea algo más que una fórmula diariamente salmodiada, pero nunca realizada.

Sami Naïr. Catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad París VIII.

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Coyuntura de crisis y modelo fiscal insolidario, del Editorial en Gara

Posted in Derechos, Economía by reggio on 20 junio, 2008

La promesa electoral de los 400 euros ha sido aplicada de manera mimética por las entidades recaudadoras de Hego Euskal Herria, en una nueva demostración de los estrechos márgenes por los que discurre la llamada soberanía fiscal vasca. En todo caso, es indudable que el panorama de crisis económica en que nos encontramos obliga a abordar la asignatura fiscal, porque no se puede pretender que los mecanismos de ahorro y relanzamiento económico se conjuguen exclusivamente en clave de sacrificio salarial y aumentos de jornada como los que se anuncian desde Bruselas. A la vista de los datos que se recogen en el informe «Por una política fiscal justa y solidaria» presentado por LAB, el modelo impositivo que gestionan el Gobierno de UPN en Iruñea y el tripartito en Gasteiz responde a una misma lógica, tendente a otorgar un trato fiscal más favorable a las rentas del capital o del ahorro que a las rentas del trabajo. Para compensar el déficit recaudatorio a que ello conduce, se cargan las tintas sobre los impuestos indirectos, lo que agudiza la incidencia regresiva en el reparto de la renta. Se recauda menos de lo debido, de quien menos tiene y sin prevenir eficazmente el fraude, lo que disminuye la capacidad de inversión pública y de abordar una política social a la altura de las posibilidades de este país y de las necesidades ciudadanas.

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