Reggio’s Weblog

Los arbitristas, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Publicado en Derechos, Economía, Política by reggio en Junio 18th, 2008

El ojo del tigre

La propuesta hecha por la ministra de Igualdad para la feminización del sustantivo masculino miembro ha provocado un tremendo trueno inquisitorial en el que están implicados, por un lado, los puristas de la lengua española; por el otro, los santurrones de la esencialidad españolista. Aquellos, porque con la doctrina de la Real Academia de la Lengua no se juega (a ser revolucionario ); estos, porque no toleran -ni en broma- que la más joven de las miembras del Gobierno de Rodríguez Zapatero pretenda audazmente feminizarles su divina masculinidad. Evidentemente, la ministra no tuvo en cuenta que, en este país, la derecha superlativa tiene muy sensible su entrepierna.

Lo más llamativo de este asunto -que es más político que lexicográfico- es que en esta estruendosa y virulenta reacción han coincidido solidariamente unos cuantos demócratas ilustrados con muchos demócratas neocatólicos. Es realmente llamativa esa coincidencia en atizar la hoguera inquisitorial con la que se quiere chamuscar a la joven hereje de la lengua sacralizada por los teólogos de la RAE. Sin embargo, no sorprende. Desde hace mucho tiempo -unas tres décadas- se suceden demasiadas coincidencias entre lo que piensan algunos demócratas de cuño clásico y los (seudo) demócratas de nueva impronta, a la hora de pronunciarse en voz alta -a veces, a grito pelado- sobre determinados aspectos de la política nacional.

Tantas coincidencias aceleran el recelo que tienen algunos sobre la calidad del actual lenguaje democrático. Y, más que nada, de su pureza ideológica. Esta rara unanimidad inquisitorial contrasta con los silencios -e indiferencia- ante la cada vez menos disimulada operación ultramontana para lograr la recuperación del viejo pensamiento fascista. O fascistoide, según los casos…

A nadie que tenga bien puestas las clavijas de la ideología democrática se le ocurre encender una hoguera para asar a herejes imaginados o reales. Más bien se pronunciaría abiertamente contra el peligro que entraña, para la convivencia nacional civilizada, la resurrección del apocalípsis de la democracia según Mussolini. O, probablemente, Hitler… Ya teníamos suficiente con la sutil mixtificación de lenguaje democrático (y las ideas) provocada por los neologismos supuestamente democráticos que introdujo la revolucionaria Transición, para que vengan ahora a adulterarnos -con sus tropos neofascistas- la pasable limpieza de la democracia que, según la constitución de 1978, propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político (Art. 1.1).

Por lo que se ve, nadie en este país se siente preocupado -mucho menos ofendido- por la cada vez más evidente ultraderechización de Europa; como lo demuestra, por ejemplo, el intento reduccionista de los derechos sociales conseguidos en el siglo XX, no sin grandes fatigas y graves riesgos para quienes lucharon hasta conseguirlos. Especialmente, la clase más débil: la obrera. Nadie alza su voz para defender la jornada laboral de ocho horas cuando se pretende aumentarla hasta alcanzar, por lo menos, las 65 horas semanales de trabajo. Nadie se atreve a rechazar contundentemente ese eufemismo capitalista (flexibilizar ) que propone revisar las actuales relaciones entre el capital y el trabajo.

Ni el Gobierno socialista obrero español -según afirman algunos-, ni los sindicatos obreros de clase (¿haylos…?), expertos, como el Gobierno, en emitir ambigüedades sociales y políticas; tanto filológica como ideológicamente. Si en este país -subalterno de USA y de Europa…- la izquierda ideológica fuera algo más que una simple hipótesis sociológica (o un barbarismo provocador, para mantener a la derecha atentamente vigilante) es posible que, entre entretener el ocio del proletariado español con teatrales flagelaciones a quienes osan avanzar hacia la igualdad social proponiendo incluso revisiones del lenguaje -tan del pueblo como de la RAE-, o luchar sin solapamientos por el derecho a disfrutar de ese derecho (ociar honestamente, después del trabajo racionalmente reglamentado), otra democracia nos cantaría al oído…

Hace mucho tiempo que esas graves ocurrencias del capitalismo global debieron declararse incompatibles con la cultura democrática, con el principio de igualdad de derechos, con los derechos y las libertades institucionalizadas mucho antes de que fuera democratizado el régimen -es decir, el Imperio- de aquel general que admiraba más a Hitler que a Mussolini.

Pero lo peor de todo no es que la neoprogresía -quiero decir, los antiguos progres reciclados por la Transición- enmudezca ante las barbaridades sociales que acuñan apresuradamente los filólogos del nuevo poder político-económico (o viceversa), sino que detrás de ellos avanzan a paso de carga las falanges que limpian, abrillantan, fijan y les dan esplendor a los viejos conceptos del fascismo europeo, que ahora quieren poner de moda otra vez. Gracias, sin duda, entre otros factores, a esa peculiar y talentosa pareja de líderes que componen los señores Sarkozy y Berlusconi. Pareja de arbitristas…

Lorenzo Cordero. Periodista.

Etiqueta con:

Leave a Reply