Yo espero, tú esperas, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia
No sólo a ERC hay que exigirle seriedad. El Tribunal Constitucional (TC), organismo que debería velar por la limpieza de las reglas del juego del sistema, es hoy un escenario a medio camino entre las novelas de Agatha Christie y los chistes escenificados por Esteso y Pajares en la tele en blanco y negro de cuando éramos niños. El futuro del Estatut de Catalunya, aprobado democráticamente y refrendado por la ciudadanía, depende hoy del fallecimiento de un magistrado o de la filtración de unas escuchas policiales en las que aparece la presidenta del alto tribunal. Mañana, a lo mejor, dependerá del número de goles que marque la selección española (patrocinada por La Caixa) en la Eurocopa. Al menos, en la Rusia de Putin o en la Venezuela de Chávez ya se da por descontado que la separación de poderes no es algo que deba preocupar demasiado.
En la España de Zapatero& Rajoy, la misma justicia que persigue con mayor celeridad la quema de una bandera que delitos muy graves contra la integridad de las personas tiene como vértice el TC, luz y ejemplo que seguir. En este rincón de la dimensión desconocida, libran una batalla interminable PP y PSOE, mientras la ley orgánica de la que depende el autogobierno catalán espera y espera. Tal vez por eso, para que la espera de la sentencia sobre el Estatut no se nos haga tan pesada, la Moncloa ha tenido el detalle de retardar la publicación de las balanzas fiscales. Así, al final, distraídos con tantos aplazamientos, caeremos más simpáticos, que es de lo que se trata cuando uno es sistemáticamente engañado.
Todo un sinfín de políticas y medidas que dependen del nuevo Estatut (sin mencionar lo que se relaciona con la nueva financiación) están bloqueadas o avanzan penosamente sobre el vacío a causa del espectáculo en el TC. Las páginas de esquelas y de sucesos del gran Madrid son hoy las entrañas donde el president Montilla y sus consellers tratan de leer, cada mañana, el porvenir colectivo. ¿Ha estirado ya la pata un conservador o un progresista? ¿Han ido ya los agentes del CSI a analizar el teléfono de doña María Emilia Casas? ¿Cambió el subsecretario el agua del canario? En fin, cuestiones ordinarias. El olvidado Alfonso Paso escribiría una comedia muy divertida con estos materiales. Tan divertida que podría estrenarse dentro de unos meses, cuando el PP y el PSOE empiecen a concretar los grandes acuerdos de Estado, esos que tanto gustan a quienes tienen la enorme capacidad de serlo todo a la vez, por si acaso: aznaristas, marianistas, maragallistas, montillistas, comunistas, felipistas, zapateristas, republicanos y juancarlistas.
La suerte de la autonomía catalana depende de la partida de Cluedo que se juega ahora en el TC. Es lo que hay. La primavera me afecta tanto como a Solbes, pero, en lugar de negar la crisis, yo prefiero sobrellevarla observando estos fenómenos. El médico me ha recomendado que, para sanar pronto, espere la llegada de los papeles de Salamanca. Sentado, mejor.