Reggio’s Weblog

El SMS, de David Gistau en El Mundo

Posted in Política by reggio on 3 Junio, 2008

AL ABORDAJE

Durante su primera legislatura, ‘Zetapé’ impuso una división social tan maniquea y burda como eficaz: la del famoso cordón sanitario. El era el profeta de la luz y los derechos, sostenido por actores e intelectuales orgánicos como por costaleros, propietario y hacedor de todos los valores oficialmente buenos. Y, más allá de los fuegos de campamento, se extendía un oscuro extramuros en el que permanecía agazapada la derecha más extrema: los fachas, cualquier otro.

Aunque la palabra facha, tan manida, tan vaciada de contenido, acabara avalando un pedigrí contestatario cuando te la endosaba para anularte el oficialismo, a muchos se les hizo engorroso tener que salir a la calle llevándola tatuada en la frente como si fuera un prontuario criminal, un cartel colgado del cuello en el cepo. De hecho, el mérito mayor de los militantes del PP durante los últimos años fue no dejarse arrugar por esa coacción que les obligaba a la vergüenza y el complejo y les señalaba poco menos que como enemigos del sistema en los que se perpetuaba el golpismo africanista. A los políticos y periodistas más visibles de los del lado malo del cordón sanitario les hizo falta mucha entereza de carácter y una enorme fe en los principios cuya defensa desgastaba tanto en términos sociales por culpa de la picadora de carne progresista.

En este sentido, la actual fractura en el PP supone un descanso para los menos entregados, para aquellos a los que abrumaba la marca del facha impuesta por la propaganda rival. Cuando José Manuel Soria envía a María San Gil un SMS en el que se burla de ella con un «¡Arriba España!», lo que hay que entender es cuán aliviado se siente el hombre por pertenecer a una corriente del partido autorizada por el socialismo, y acogida por tanto en el canon del Círculo de Bellas Artes. Por primera vez desde que Zetapé se puso a repartir credenciales democráticas, existe una solución para ser del PP sin que te llamen facha en las tertulias progresistas. Es más, puede uno incluso ponerse a llamar facha a los demás, disfrutando con saña del derecho recién adquirido, lo cual es todo un síntoma de integración en el lado bueno del cordón sanitario, donde todo es más fácil y llevadero que cuando Luppi te llama «terror gótico» como a un vampiro.

Lo malo es cómo queda el «¡Arriba España!» burlón de Soria ante los militantes y votantes del partido. Los que soportaron insultos cavernarios e intentos de exclusión civil porque creían compartir con sus políticos una defensa de principios que valían la pena. Y que ahora han de sentirse estafados porque uno de los suyos ha interiorizado tanto la propaganda rival que les llama fachas a todos, que les abofetea en la cara de una mujer que, a diferencia de Soria, ha tenido que soportar mucho más que el peso de un adjetivo malintencionado. La energía de los últimos cuatro años, mejor habría sido entregársela a Rosa Díez, a la que no acomplejan las coacciones.

© Mundinteractivos, S.A.

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