Reggio’s Weblog

Alucinar por un tubo, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 3 Junio, 2008

Si la política es, por definición, la mayor construcción del hombre frente al imperio de la naturaleza, lo que ha ocurrido en Catalunya a raíz de la reciente sequía merece ser estudiado en todas las universidades del mundo como ejemplo revelador de que siempre estamos a un paso de regresar, sin saberlo, al paleolítico. Como ha escrito el documentado colega Antonio Cerrillo, “las lluvias han acudido a salvar la situación”. La tesis doctoral que a propósito del caso podría elaborar algún becario aplicado podría titularse, por ejemplo, Pluviometría versus indecisión política: el miedo a gobernar en la España del año 2008. Sobran materiales para un análisis profundo, empezando por las declaraciones que han ido intercambiando, durante las pasadas semanas, personajes tan relevantes como la vicepresidenta Fernández de la Vega, la ministra Espinosa, el conseller Baltasar, el delegado de la Generalitat en las comarcas del Ebro o el president Montilla. Este próximo viernes, el Consejo de Ministros derogará el real decreto que preveía la construcción de una tubería para aprovechar los excedentes de agua del Ebro ya trasvasados al Camp de Tarragona. El dichoso tubo, convertido en tabú de la tribu, finalmente no se hará. A pesar de que todos se llenan la boca hablando de la necesidad de pensar a largo plazo, el problema de la escasez hídrica se aparca otra vez, hasta que la madre naturaleza nos obligue, de nuevo, a entonar rogativas, con el pío Baltasar encabezando las procesiones.

Los políticos -es fuerte tener que repetirlo- tienen como especialidad profesional tomar decisiones difíciles y asumirlas responsablemente. En democracia, esta responsabilidad se substancia, luego, en las urnas. Un político que no decide y que no da la cara para evitarse líos no merece gobernar. Ahora, vemos que, en lugar de aprovechar el momento para explicar con calma la necesidad de prever futuras sequías, el Gobierno central opta por olvidarse de la interconexión. Esto es aplaudido por ICV y ERC, mientras el PSC, que está obligado a un mayor realismo, traga, pero sabe que lo serio sería ejecutar el proyecto. El alcalde Hereu -justo es destacarlo- es una de las pocas voces socialistas que han defendido públicamente la necesidad de hacerlo.

El amigo Max Weber, si pudiera resucitar, se lo pasaría en grande viendo a unos gobernantes que prefieren parecer idiotas en manos de la lluvia a ser impopulares y jugarse los votos que les dieron el acceso al poder autonómico. Nos recordaría que no hay más que dos pecados mortales en política: “la ausencia de finalidades objetivas y la falta de responsabilidad, que frecuentemente, aunque no siempre, coincide con aquella”. Me acuerdo ahora del gran conseller Salvador Milà, quien, hace tres años, pronosticó que en el 2008 Catalunya se aseguraría el abastecimiento de agua “en cualquier situación”. Que le den la Creu de Sant Jordi, aunque sea como galardón “puntual, provisional y desmontable”.

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