Lo de Asturias es la leche…, de Juan Vega en su Blog
El Blog de Juan Vega
Se acerca el momento en que los legítimos propietarios de Central Lechera Asturiana van a decidir si acceden a vender barata su titularidad sobre el grupo industrial Corporación Alimentaria Peñasanta, a quien consiguiese hacerse con su control, de prosperar la operación conocida como “Plan Silva-Cuervo”, o si por el contrario mantienen su propiedad, y siguen desarrollando la cooperativa sin regularizar la situación interna, y la venden ellos mismos, o la gestionan como consideren oportuno, teniendo en cuenta que son muchos los que afirman que una cooperativa no puede mantenerse indefinidamente en manos de un grupo mayoritario de ganaderos que ya no lo son, porque no mantienen la actividad, y por lo tanto sus cuotas sociales debieran haber sido liquidadas.
La situación es asombrosa desde todos los puntos de vista, pues si ya resulta sorprendente que se haya llegado a la situación actual, sin que los ganaderos en activo, hayan liquidado a los que ya no lo están -ahora dicen que ya es imposible sin quebrar-, la sorpresa ya no es tan grande, cuando se descubre públicamente que la industria transformadora de leche en España ha tenido que recurrir, durante años y años, a lavar mediante la emisión de facturas falsas, a través de un conglomerado de sociedades investigado por la Audiencia Nacional, la existencia de un enorme contingente de leche, denominada “leche negra” que se producía fraudulentamente, porque superaba la cuota permitida por la Unión Europea. Según afirmó en su momento el diario El País, Capsa es una de las sociedades más implicadas en este escándalo. También atribuyó la prensa, al consejero delegado de Capsa, una participación personal en el proceso, quedándose para él con una cantidad sobre el litro de leche vendido. De la lectura de la información se desprende que el ejecutivo lo desmiente y que quien formulaba las acusaciones se murió.
A la difusión, -no a la existencia (la guarrindonguería se puede mantener mientras no se conoce públicamente)- de este turbulento asunto de la “leche negra”, y su situación sub iudice, que sin duda ha contribuido enormemente hay que atribuir el cambio de actitud de los políticos asturianos, medios de comunicación, Cajastur y otras entidades de la vida pública, periodística, empresarial y económica de Asturias, que han pasado de la alegría y entusiasmo báquicos, ante el despojo de la propiedad de los ganaderos activos y retirados de la actividad, por parte de un grupo de ejecutivos, abogados, intermediarios y beneficiarios mil, que consideraban que lo mejor que se podía hacer con CLAS era arrebatarle a los propietarios su propiedad, y así todo resuelto, hay que añadirle otro asunto aún más desconocido, y no menos preocupante, como es el porcentaje indeterminado de leche francesa que ha venido a suplir a la “leche negra”, pues si ésta ha dejado de fluir, y el número de ganaderos cayó en picado, salta a la vista que de algún sitio ha de salir la leche que bebemos, etiquetada como asturiana.
Y llegados a este punto es cuando tenemos que preguntarnos por qué aquí sólo se habla de asturianía, cuando se trata de dar un palo, y la asturianía ya no importa nada, cuando se trata de buscar soluciones a un problema. De CLAS y CAPSA dependen muchas cosas -entre ellas la única industria asturiana que conserva en activo un terminal de contenedores de Renfe-, demasiadas, como para que la única solución del asunto para nuestros políticos sea que, o bien esto se lo queda Pascual, o Ebro-Puleva, -que tal y como dijo públicamente el ejecutivo Pedro Astals, ése era su plan-, o bien se hace con el control del negocio Cajastur, una entidad que sin duda tiene unos ejecutivos muy brillantes, que en absoluto despide la sensación de que su fin último no sea hacerse con el control de la operación, para al final tener las riendas de la venta de este negocio -y en definitiva gestionar las “plusvalías”, es decir, la “pasta”-, sin duda uno de los últimos grandes emporios industriales, con los pies de chicle, que nos quedan en Asturias.
Asturias Paraíso Natural, la tierra de los quesos artesanos, donde marcas y denominaciones de origen reconocidas internacionalmente, como el cabrales, el gamonéu, el afuega el pitu, y otros muchos quesos artesanales, junto con los más industriales, de indudable éxito, no han sido convertidos en banderín de enganche de una industria ecológica, de calidad y con precio, que pudiese tirar de Asturias, como de una Normandía más, como una región quesera de Europa, distinguida por la calidad de sus productos, de su paisaje y de sus servicios, en un mundo en el que, ¡oh casualidad!, la industria alimentaria se está convirtiendo en una de las grandes estrellas de la economía. Una región tan corrupta no puede aspirar a algo tan noble como desarrollar su industria con limpieza. Eso es demasiado para nosotros, aunque tuviésemos algunos de los mejores quesos, pastos e imágenes de marca de toda España, y buena parte de Europa. ¡A la mierda con todo lo bueno, con todo lo que vale! ¡Aquí lo único que importa son las comisiones de cuatro sinvergüenzas! Los demás, quietos parados….
Europa demanda ahora carbón, barcos y productos agroalimentarios, tres cosas en las que Asturias era una referencia de singular importancia. El carbón, ya se sabe, lo hemos cambiado por las importaciones masivas del propio mineral, y de gas, que destruyen la calidad del paisaje y contribuyen a crear una industria inútil para nuestro desarrollo, amén de dejar sin actividad el gran centro económico regional que debería ser el puerto de El Musel, convertido en terminal granelera. La construcción naval la hemos abandonado por la construcción de pisos -nos gustan los sectores en quiebra que dan jugosos convolutos a los políticos-, y cerramos los últimos astilleros cuando el mercado inmobiliario entra en colapso. Y ahora damos este espectáculo con nuestra última industria pujante: la leche.
Esta entrada fue escrita y publicada en Mayo 21, 2008 a las 9:34 am