Demasiada doble moral, de Javier Ortiz en sus “Apuntes del Natural”
Este Ortiz (o sea, yo) se habría puesto en cosa de segundos de acuerdo con la otra Ortiz (Telma) en que sus andanzas privadas no son de interés general y que, por tanto, tiene todo el derecho del mundo a hacerlas sin que la persigan para inmortalizarlas en papel couché (que en francés, por cierto, quiere decir “acostado”).
A no ser que ella misma haya dado pie a que sus intimidades sirvan de carnaza para los medios dedicados al cotilleo, cosa que ignoro, pero me dicen que no.
Imagino que la vida de esa señora, en tanto que hermana de la princesa de Asturias, tendrá una cierta dimensión pública, porque acudirá a algunas recepciones y otros actos protocolarios invitada por sus regios familiares. En ellos podrá ser fotografiada sin parar, claro. Pero, finalizado ese capítulo, el resto es cosa suya. Puede salir o entrar con quién le dé la gana (y ser madre o abortar, enamorarse o reñir, tener un amante o siete) sin que su parentesco con la princesa le obligue a aguantar que una docena de ocupados en entretener a los desocupados la persigan para ver si captan lo que come, a quién besa o qué cara pone cuando hace fuerza en la taza del WC.
Lo más irritante es que esta polémica se haya montado en un país cuya prensa es especialista en ocultar cuidadosamente las actividades de tarambana de la mayor autoridad del Estado. A mí, que el rey de España se lo monte así o asao me trae sin cuidado, siempre que lo haga en horas libres y que luego no nos dé por Navidad lecciones de moralidad católica. Pero si por acudir a citas galantes hace dejación de sus obligaciones, como sucedió cuando retrasó la firma del decreto de nombramiento de un ministro de Exteriores porque estaba desaparecido en Suiza en compañía de una señora, entonces me parece obvio que se trata de un comportamiento privado de interés público, que merece todas las portadas que se quiera.
Pero no las hubo.
¿Hemos de entender, entonces, que es un asunto clave para la libertad de expresión saber qué narices hace la hermana de la nuera del jefe del Estado cuando va de aquí para allá, pero que el respeto constitucional a la intimidad debe cubrir las actividades privadas más o menos estrafalarias del propio jefe del Estado, incluidos los presentes que recibe, navegables, con ruedas o en metálico?
Demasiada doble moral junta.
Coda.– Hace unos días lo hablaba con un conocido, que me preguntó: “¿No te angustia tener que escribir una columna todos los días?”. Podrá pareceros que mi respuesta fue propia de alguien de Bilbao, pero no, porque soy de Donostia y no se me dan las fantasmadas. Le dije: “La mayoría de los días lo que me fastidia es no poder publicar más columnas”.
Tengo constantes ganas de responder a las realidades que me provocan. Normalmente acumulo los temas para tener un colchón de columnas de reserva en el que apoyarme por si he de viajar, o por si tengo un día demasiado liado, o por si no me encuentro bien (mis gripes son antológicas). Pero en otras ocasiones soy incapaz de aguantar las ganas y me pongo a escribir, así sean Apuntes del Natural como éste de hoy, o como los dos de ayer.
Y todavía tengo sobre la mesa de trabajo un recorte cuyo titular dice: “El fantasma del racismo emerge con el avance de Obama”. ¿A que da ganas de escribir también sobre eso?