Dos apuntes americanos, de Javier Ortiz en sus “Apuntes del Natural”
Primero.– Hace años que no pongo en duda por principio ninguna hipótesis de estupidez humana, pero la idea de que un guerrillero deambule por la selva con tres ordenadores en los que lleva sin ninguna necesidad pruebas de altos secretos comprometedores se me hace bastante cuesta arriba. Admitamos por un instante que fuera cierto que los gobiernos de Venezuela y Ecuador han apoyado monetariamente a las FARC, o al revés. ¿Qué necesidad tenía el guerrillero Raúl Reyes de llevar constancia de ello en tres ordenadores portátiles que podían ser interceptados, robados e incluso extraviados, al desplazarse su dueño en condiciones tan difíciles e inseguras? ¿Para qué conservaba esos documentos? ¿Para hacer la declaración trimestral del IVA?
Quien sostiene la veracidad de esas imputaciones es Ronald K. Noble, secretario general de la Interpol. Pero el señor Noble, ex empleado del Gobierno de Washington, no resulta demasiado de fiar, y no sólo por su pasada (¿pasada?) vinculación con la Administración de los EEUU. Su parcialidad pro-Uribe es manifiesta, como lo prueba que haya evitado hacer ninguna observación crítica sobre cómo fueron incautados esos ordenadores, en condiciones claramente ilegales. Esas presuntas pruebas están contaminadas de origen.
La propia Interpol dista de ser una organización libre de toda sospecha. Recordemos que su anterior presidente hubo de dimitir tras revelarse que tenía relaciones ocultas con un importante mafioso sudafricano.
Ronald K. Noble no ha estado muy a la altura de su apellido. En su informe sobre los ordenadores, da un curioso salto argumental. Primero dice que “los expertos” no han encontrado nada que pruebe que hayan sido manipulados, y luego pasa a afirmar que no lo han sido. Hasta el más torpe de los policías sabe que una cosa es no poder probar algo y otra muy distinta que ese algo no se haya producido.
Digno de mención: casi toda la Prensa española da esta mañana por hecho que lo que dice Ronald Noble va a misa.
Segundo.– Vuelve a manejarse en estos días, con motivo de la reunión de la Cumbre de los Pueblos (la contra-cumbre de gobernantes europeos y americanos que se está desarrollando en Lima), la muy popular consigna alternativa: “Otro mundo es posible”.
Habré de reiterar, entonces, el escepticismo que me provoca esa afirmación.
No tendría nada que objetar si se dijera que cabe imaginar, como ejercicio teórico, otro modo de organizar el mundo: las relaciones entre los países, los intercambios económicos, las diferencias de clase… Cabe pensar otro modelo, justo e igualitario. Pero, ¿con qué fundamentos puede afirmarse que es posible?
Para empezar, no hay nada que asegure que ese modelo imaginario, en el hipotético caso de que cupiera llevarlo a la práctica, fuera a dar como resultado un mundo calificable de justo e igualitario. La experiencia humana ilustra elocuentemente más bien sobre lo opuesto: todos los intentos que ha habido a lo largo de la Historia de crear sociedades estupendas, integradas por seres libres e iguales, se han ido al carajo un poco antes o algo después, dando paso a formas de explotación y opresión distintas de las anteriores, pero también muy injustas y muy desiguales. A veces más soportables, eso es cierto, pero rotundamente fallidas en cuanto al enunciado inicial.
En segundo lugar, es tal la desproporción de fuerzas de todo tipo que hay hoy en día entre quienes quisieran “otro mundo” y quienes se están forrando con éste que mucho me temo que haya que poner bastante en duda ese “es posible”. Las fuerzas opuestas al tinglado que nos domina a escala internacional son numerosas, pero dispersas, desorganizadas y poco coherentes.
¿Es inútil combatir, entonces? ¡Desde luego que no! Lo que yo discuto es que haya que animar a la gente a la lucha diciéndole que es posible vencer. Creo que es mucho mejor dejarse de quimeras e incitar a los demás al combate apoyándose en lo que no ofrece duda: lo existente da asco.
Sé que hay que estar en contra de este mundo. Lo del otro mundo lo dejo para los creyentes.