Aznar, en la encrucijada, de Pablo Sebastián en Estrella Digital
Crece la expectación en el PP sobre la posibilidad de que José María Aznar acabe entrando en el público debate de la crisis del partido, y se pronuncie a favor de algún candidato a la presidencia del PP y en contra de la apuesta de Rajoy. La noticia de que María San Gil llamó al ex presidente Aznar, en plena discrepancia con Rajoy, tiene por todo ello su interés, a sabiendas de que no ha sido la única llamada recibida por el presidente de honor del PP, y hecha por parte de los sectores más conservadores e integristas de este partido que buscan el apoyo y amparo de Aznar para provocar un vuelco en el congreso del PP contra Rajoy, y en favor de Esperanza Aguirre. Lo que no está claro que quiera hacer Aznar, si en su mente prima el deseo de una derrota de Zapatero por encima del empeño de algunos de anclar al PP en una derecha dura y “sin complejos”.
En caso de que Aznar decidiese intervenir en el congreso del PP, bien en público o soterradamente, no está claro que lo vaya a hacer a favor de Aguirre o de Mayor Oreja, que también tiene sus ambiciones, y que acudió en santa peregrinación a FAES, para hablar con el patrón. Como puede que también lo hayan hecho Acebes y Zaplana, antes de anunciar sus sonadas y lastimeras despedidas de la dirección del PP sin que, por ahora, el ex presidente del Gobierno se haya dignado a hacer pública su posición en esta crisis. Bien porque cree que no es el momento oportuno, bien porque está meditando sobre el alcance del problema y las posibilidades de salida a este conflicto interno y cainita, que no para de crecer. O porque, como ha dicho, ya no es un dirigente político y está más volcado en sus actividades de índole privada, lo que no es del todo cierto.
Más bien al contrario, da la impresión de que Aznar agradece esas llamadas que le dan importancia y lo sitúan por encima de Rajoy, e incluso se ha dicho que él mismo podría haber hecho gestiones con algunos de los pesos pesados del partido, lo que provocó el enojo de Aguirre cuando aseguró que a ella no la había llamado, diciendo “a lo mejor a mí me considera una pipiola”.
Lo que está buscando el clan de Aguirre es que Aznar haga con Rajoy lo que Fraga hizo con Hernández Mancha, cesarlo y nombrar a un segundo sucesor —que en ese caso fue el propio Aznar—, pero las cosas, por ahora, no son tan sencillas ni tan urgentes. Porque si Aznar da ese paso y se inclina a favor del sector más conservador del PP corre el riesgo de sufrir también una derrota de las bases del partido, impulsada por los barones que apoyan a Rajoy en un momento en el que el hasta hoy único candidato al liderazgo del PP está a punto de anunciar que cuenta con la firma de gran mayoría de los compromisarios al congreso del partido, que le han ido recaudando sus barones y el aparato central de Génova, puesto al servicio del presidente en funciones.
Además, si Aznar diera un paso al frente y entrara en la polémica, es muy posible que no lo hiciera para apoyar a Aguirre, aunque sí lo hiciera contra Rajoy, por lo mal que lo hizo en la pasada legislatura y la segunda derrota cosechada, y por lo mal que ha gestionado las semanas previas al congreso del PP, en las que no hubo día sin bronca, escándalo, despedida, cese, portazo o rebelión, como la reciente de María San Gil.
La revuelta de San Gil, que se está volviendo contra la presidenta del PP vasco por haberle dicho, en sus narices, al líder del PP que no es de fiar, provocando el malestar de muchos de sus compañeros de partido, y de una manera muy especial el de sus compañeros de Vizcaya y Álava, que han discrepado de todo el escándalo y de la manera de convocar el congreso del PP de Euskadi, con el mismo autoritarismo del que San Gil hizo gala en los debates de la ponencia política del PP, presentándose como la guardiana de los principios del PP y amenazando con lo de: o se hace lo que digo, o me voy y armo el escándalo. Lo que, al final, hizo de todas las maneras, porque ya estaba preparando su fuga junto al clan de Aguirre y Mayor, y escapando de la que será su próxima derrota en las elecciones autonómicas vascas, que están al caer.
Pero si parece claro que Aznar puede sentirse decepcionado con Rajoy, no está tan claro que esté decidido a apoyar a Aguirre, siguiendo la estrategia que en el PP quieren imponer El Mundo y la COPE. Porque, como ahora le ocurre al propio partido, tanto Aznar como el PP deben escoger entre las dos opciones que marcan su actual dilema estratégico e ideológico: o seguir abanderando la derecha dura y sin complejos, convencidos que la estrategia de la crispación les llevará al poder (como ellos creen que ocurrió en 1996), o centrar el partido y proponer un candidato más moderado que pueda, de verdad, derrotar a Zapatero en el 2012.
Esto es lo que está en juego en el PP y lo que se pondrá sobre la mesa del próximo congreso, si la reunión no queda reducida a una aclamación a la búlgara que incluye los viejos principios de la derecha dura, y unos guiños al centro lanzados por Rajoy. Un candidato que carece de credibilidad para abanderar ese giro hacia la moderación del Partido Popular, visto lo que hizo en la pasada legislatura y en la campaña electoral.