‘We are María’, de Lucía Méndez en El Mundo
ASUNTOS INTERNOS
María San Gil es una mujer valiente y admirable. Como todos los políticos amenazados del País Vasco. Pocas mujeres estarían dispuestas a renunciar a llevar a sus hijos al parque a cambio de ocupar un puesto político en el que te juegas la vida. María San Gil es un referente moral del PP y también un símbolo de la lucha contra el terror. Una mujer llana, sincera y sin dobleces, capaz de presenciar el asesinato de su jefe, Gregorio Ordóñez, y tomar el testigo. María San Gil es eso y mucho más, todo lo que quiera la gente del PP que la quiere. «Todos somos María», ha dicho Esteban González Pons, como Michael Jackson: «We are the world, we are the children». Es bonito.
Otra cosa distinta es que María San Gil tenga la razón política. Ella y Jaime Mayor Oreja comparten una determinada visión de la política en el País Vasco y en España. Tan respetable como la de cualquiera. Otra cosa es que sólo ellos estén en lo cierto y todos los demás estén equivocados. De hecho, los resultados electorales del PP en el País Vasco no son precisamente brillantes.
María y Jaime son dos políticos que defienden sus principios patrióticos sin matices. Seguramente no les importa que el PP pierda las elecciones en España. Ellos están acostumbrados a la resistencia contra el terror y por ello su lenguaje es siempre titánico, bélico y heroico. Como su política. Otra cosa distinta es que todo el mundo en el PP esté obligado a utilizar ese mismo lenguaje y a compartir la estrategia que ellos marcan, a expensas de ser considerado un traidor a los principios morales básicos de la Humanidad. Jaime asegura que María dice la verdad. Seguro que sí. Otra cosa distinta es que todo el mundo tenga que compartir su «verdad» o, de lo contrario, se sitúe en el lado de la maldad.
La salida en tromba de numerosos dirigentes populares a respaldar a la presidenta del PP vasco da una idea bastante aproximada de las ganas que le tienen hombres y mujeres del partido a Mariano Rajoy. Cada uno/a movido por sus cuentas pendientes. Alguien debería aconsejarle al presidente del PP que desde ahora hasta el Congreso de Valencia borre los lunes de su calendario e incluso los domingos por la noche. Es matemático. El líder popular no empieza una semana bien desde hace un mes. Lo que le pasa a Rajoy es un chollo para los amantes de las conspiraciones. ¿Cuál será el próximo disgusto?
El penúltimo episodio del caos en el que está instalado el PP ha tenido la virtud, sin embargo, de poner al descubierto el principal problema al que se enfrenta Mariano Rajoy. El ha defendido durante los últimos cuatro años las posiciones políticas de San Gil y Mayor Oreja sobre España y los nacionalismos. Todo indica que ahora Rajoy quiere dar un giro a esa política, siquiera sea de forma, porque el fondo es el mismo, según atestigua el contenido de la ponencia política. La gran pregunta es si la misma persona -o sea él- puede llevar a cabo ese giro. En definitiva si Mariano Rajoy puede renovar el PP sin renovarse a sí mismo. Aquí ya vamos tocando médula.
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