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Habrá otros miércoles, de David Gistau en El Mundo

Posted in Política by reggio on 15 Mayo, 2008

ETA VUELVE A MATAR: BARRA BRAVA EN EL CONGRESO

El Congreso es en estos días el «esqueleto de multitudes» que Benedetti apercibió en la melancolía de un estadio vacío. La tensión política vibra en otros ámbitos: en los cenáculos, en los rumores, en la calle de Génova, todo ello con un aliento conspirativo que evoca anillos cargados de veneno.

Mientras San Gil le concede un plazo que le convierte en un meritorio de los principios, en un capitán emasculado al que se le ha amotinado el Tercio viejo de Flandes con todo su prestigio campamental, Rajoy necesitaba esta primera sesión de control de la legislatura para vigorizarse en su dimensión parlamentaria y espabilar con el regreso a los asuntos a una oposición pasmada. No hubo tal. Ni tampoco pudo Soraya Sáenz de Santamaría debutar en un primer debate que revelara si hay cuajo y colmillo detrás de esa retórica suya que, cuando se pone emotiva, recuerda a Escarlata O’Hara jurando que no volverá a pasar hambre.

El asesinato del guardia Juan Manuel Piñuel rindió triviales las riñas del faccionalismo y postergó el arranque de la legislatura en el propio hogar de la política. A otro momento corresponderá hacerse la pregunta de si no se está concediendo demasiado poder y proyección al criminal que, con sólo apretar el botón de un explosivo, logra bloquear las inercias parlamentarias y erigirse en protagonista único de un escenario solemne. Pero al menos, muy en la onda de lo que se pretende que sea esta legislatura menos rota por cordones sanitarios y distancia de trincheras, ayer el Parlamento recuperó una de esas imágenes de unión ante el terrorismo que parecían irrecuperables desde la extinción del espíritu de Ermua y aquella inversión de valores que pretendió hacer pasar a los asesinos por hombres de paz, aunque fuera a costa de desamparar la cohesión civil. Habrá sin duda quien, ansiando una oposición feroz incluso en los trances excepcionales, reproche ahora a Rajoy que no ajustara cuentas con Zapatero por el proceso. Pero la buena noticia es que Rajoy no lo hizo, que tuvo altura cuando se ofreció a «apretar los dientes» junto al Gobierno, dejando atrás, en vez de usarlas como munición, las circunstancias del pasado inmediato, que no han de interferir en los propósitos de derrotar al terrorismo ahora que los partidos mayoritarios han regresado a las posiciones y al lenguaje que jamás debió ser abandonado.

Dicho esto, Rajoy y Zapatero se escabulleron rumbo al Norte, dejando la jornada parlamentaria vacía de contenido: hasta en los corrillos hubo tregua, como si se hubiera convenido que ya llegarán otros miércoles más apropiados que éste para jugar al ping-pong dialéctico. Será cuando no haya un caído rindiendo triviales los asuntos inflados en titulares. Pero es cierto que la legislatura se esboza menos combativa.

Fernández de la Vega, cuando replicó a Sáenz de Santamaría, deseó suerte a la novata con una ternura fugaz en la que cabría suponer reconocimiento de la frescura de un rostro nuevo, todavía no asociado a una estela de querellas, y hasta añoranza de su propio primer día en la juventud perdida.

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