El puñal del godo, de Enric Juliana en La Vanguardia
ANÁLISIS DEL DEBATE PRECONGRESUAL EN EL PP
Jaime Mayor Oreja, vasco, democristiano y neoespañol, está detrás del fatal torpedo contra Rajoy
Jaime Mayor Oreja podría figurar en la lista de los reyes godos. Por su aspecto físico y por su habilidad en la intriga. Bajo la apariencia de un afable barón medieval hay una personalidad astuta y una mentalidad predispuesta al choque. Mayor es de linaje vasco. Y democristiano de filiación, es decir, hábil, muy hábil, en el ataque por sorpresa.
En época de José María Aznar, el entonces ministro del Interior puntuaba alto en todas las encuestas: su habla sosegada, su barba señorial y su serenidad antigua tranquilizaban al personal. Mayor parecía el ministro más moderado del aznarato (Javier Tusell) y de la aznaridad (Manuel Vázquez Montalbán).
Moderado lo parecía, pero Mayor no tardaría en convertirse en el más acérrimo defensor de la visión balcánica de España, que posteriormente Aznar haría suya, superada la fase del catalán en la intimidad y de los arrumacos con Xabier Arzalluz y Juan José Ibarretxe en el aeropuerto bilbaíno de Sondika, cuando el PNV ostentaba el titulo de “socio preferente”.
A Mayor y al círculo intelectual articulado por él desde el Ministerio del Interior, corresponde buena parte el viraje estratégico del PP tras la mayoría absoluta del año 2000, que hizo bascular a la derecha española de la pragmática componenda con los nacionalistas moderados hacia una áspera y hostil confrontación con los mismos.
El desarrollo ideológico de una visión agónica y sufriente de España, capaz de generar una sólida mayoría social bajo la bandera del antinacionalismo es obra de Mayor y de sus intelectuales amigos (y protegidos). El viejo choque del carnero. La estrategia de polarización importada del neoconservadurismo norteamericano.
La nueva noción de combate democrático -teóricamente superadora de las blandezas y relativismos socialdemócratas- fracasó en las elecciones vascas del 2001, ya que la política de choque logró movilizar a todo el electorado potencial del PNV. Y de manera indirecta indujo el fatal error del equipo de Aznar en la gestión de los atentados del 11-M en Madrid.
Mayor se refugió en el Parlamento Europeo tras haber figurado infructuosamente en la terna sucesoria del aznarato. Desde Bruselas, sin embargo, el de San Sebastián sigue teniendo mando a distancia sobre el PP vasco y los círculos periodísticos e intelectuales afines. Por ello, cuando declaró hace unos días que el PP se enfrenta “al momento más difícil y crítico desde su refundación”, Jaime Mayor lanzaba una señal de fondo, quién sabe si concertada con Esperanza Aguirre y el propio Aznar.
“Hemos topado con un iceberg y todavía no sabemos cuáles van a ser los daños”, confesaba ayer, atribulado, un colaborador de Rajoy, tras conocer la retirada de María San Gil, discípula de Mayor y heroína de la moderna derecha española, de la ponencia política del próximo congreso del PP.
Hay una discusión evidente y trascendental: el mantenimiento de la confrontación con los nacionalismos (línea Aguirre-Mayor) o la pragmática adaptación a la orografía dominante, en busca de futuras alianzas (línea Rajoy-Camps-Arenas). Pero hay más. El morbo gótico. La pulsión autodestructiva que persigue a la derecha española desde los tiempos del rey Sigerico, que sólo Aznar pareció conjurar con su adusto ademán. Rajoy ganará el congreso de Valencia, pero le esperan días difíciles. Puñales, puñales.