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El incierto techo del petróleo, de Enrique Badía, en Estrella Digital

Publicado en Economía by reggio en Mayo 13th, 2008

Aunque ha comenzado la semana —ayer— con cierto respiro, el petróleo suscita hace tiempo una pregunta: ¿hasta dónde puede llegar el precio del barril? Son más quienes se lo preguntan que los que se aventuran a responder. Ahora mismo ronda los 120 dólares, pero ya se pueden leer pronósticos que lo sitúan en torno a los 200 dólares en los próximos meses. Una hipótesis cuyo impacto casi nadie se atreve a calcular.

Hace apenas un par de años proliferaban augurios sobre todo tipo de catástrofes si la escalada del crudo no se detenía por debajo de los 70-75 dólares. Lo mismo que abundaban vaticinios asegurando que se estabilizaría en rangos alrededor de los 40-50 dólares. Acaso por ello, debido al marcado contraste con la realidad, la nómina de profetas ha decaído con celeridad. Pero que escaseen los cálculos a futuro no significa que las consecuencias del persistente encarecimiento de la factura energética no se acaben notando, antes o después. Se pueden atisbar razones coyunturales para que el petróleo se haya disparado, entre ellas la pérdida de cotización del dólar estadounidense, que sigue siendo la divisa de referencia en ese mercado, o la existencia de algunas tensiones concretas en zonas de producción y suministro, pero es evidente que el fondo tiene un componente estructural: la demanda está creciendo a mayor ritmo que la capacidad de producción, más allá de las decisiones estratégicas adoptadas en el seno de la OPEP, animando los temores de futura escasez. Y ese desajuste no sólo se está percibiendo en la extracción, también alcanza las capacidades de refino y transformación.

La clave, por tanto, estará en cómo evolucione la demanda; esto es, en qué medida se vea afectada por el alza de los precios. Dicho de otra forma: ¿acabará por producirse una retracción del consumo en las economías importadoras? De momento no parece, pero no es descartable que una continuidad en la progresión del precio acabe por provocarla. ¿En Estados Unidos, primer consumidor del mundo? ¿En las economías emergentes, nuevos y grandes demandantes?

Más de una vez se ha intentado buscar similitudes entre la situación actual de los mercados del petróleo y la acaecida en 1979. Entonces, el impacto sobre la economía mundial fue muy fuerte, la demanda se redujo notablemente, se acometieron notables esfuerzos para ganar eficiencia y los precios cayeron hasta niveles inferiores a los previos al encarecimiento. Baste recordar que el presente siglo comenzó con un barril a 12 dólares e intentos vanos de la OPEP para elevarlos recortando la producción.

¿Es adecuada la asimilación? Por una parte, a diferencia de aquellos años, las economías emergentes —no sólo asiáticas— han irrumpido con fuerza como demandantes en el mercado. Por otra, da la sensación de que los ahorros por ganancia de eficiencia energética han agotado su recorrido, pendientes de nuevos desarrollos tecnológicos. Y, por si fuera poco, no parece que la escalada de los precios haya servido para poner en producción yacimientos de extracción más costosa en cantidad suficiente para alterar la actual relación entre oferta y demanda de forma sustancial.

La realidad es que dos aspectos añadidos complican el panorama todavía más. El primero es que los países productores no han aprovechado ni están aprovechando el acopio ingente de fondos para invertir en ampliar o cuando menos modernizar sus capacidades de extracción, entre otras razones debido a la generalizada renuencia a dar participación en su industria petrolera a las compañías occidentales. El segundo ingrediente negativo son los escasos avances cosechados en materia de sustitución de fuentes primarias de energía. La única excepción a considerar es la extensión de los usos del gas natural, pero el mercado de aprovisionamiento no se ha desarrollado lo suficiente y sus precios fluctúan claramente ligados al recorrido que sigue el petróleo.

Llevamos años asistiendo a todo tipo de veredictos sobre la futura caducidad del petróleo como fuente energética preponderante, pero no se perciben intentos serios y creíbles de sustituirla. La apelación a la extensión del uso de fuentes renovables se puede entender positiva, pero choca con la evidencia de que siguen siendo económicamente poco viables y los cálculos más optimistas no van más allá de atribuirles una capacidad para cubrir entre el 10 y el 20 por ciento de las necesidades energéticas de cualquier país desarrollado.

Cualquiera diría que no está en juego el modelo de producción y vida del mundo presente… y por venir.

ebadia@hotmail.com

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