Zapatero y Montilla, de Lluís Foix en Los Blogs de La Vanguardia
Dos meses después de las elecciones, hay tanta tensión en los partidos como temor en la sociedad por la crisis económica que está encima. He comentado en más de una ocasión que lo más interesante de esta legislatura sería la relación personal y política entre el presidente Zapatero y el president Montilla.
Dicho de otra manera, entre centro y periferia, entre el poder político, económico, mediático y funcionarial con sede en la capital de España y los distintos poderes que han ido consolidándose en las autonomías con resultados más que positivos. Esperanza Aguirre no puede, de momento, batirse con Rajoy porque no cuenta con la periferia en las sedes populares de Valencia, Andalucía, Murcia, Galicia y Castilla León.
El primer asalto de este pugilato lo protagonizó el domingo José Montilla con un artículo en El País que iba dirigido a Zapatero y a la vieja y nueva guardia socialistas que han insinuado que antes de cumplir lo que dispone el Estatut hay otras necesidades más perentorias como afrontar la crisis económica.
Montilla responde con claridad, contundencia y con argumentos. Nos veremos las caras, dijo el presidente de Extremadura hace unos días, si la financiación prevista en el Estatut se lleva a cabo. Montilla contesta que “es mejor que veamos los números reales, los argumentos y las razones y que, en base a ellas, encontremos un acuerdo más razonable y más justo.
El president de la Generalitat no amenaza a nadie. Simplemente pide que se cumpla la ley. La ley, me dice esta tarde el notario López Burniol, “vincula tanto a los que la dictan como a los que la acatan”. Si el ciudadano vulnera la ley ya sabe a que atenerse. Lo más inquietante es cuando el Estado es el que la no la cumple porque el ciudadano se encuentra indefenso.
Montilla utiliza argumentos obvios. Dice, por ejemplo, que Cataluña tiene tantos pobres como habitantes tiene alguna otra comunidad autónoma. Se refería a Extremadura. No lo hace desde el egoismo territorial sino desde la solidaridad diciendo que “Cataluña no puede seguir siendo penalizada por ser solidaria”.
Repite otra palabra que suena a segundo aviso. La desafección de Cataluña respecto a España puede aumentar. Es impredecible cómo se va a desarrollar el contencioso entre Zapatero y Montilla.
Pero en los primeros compases de la pugna involuntaria pero real entre España y Cataluña, Montilla está defendido serenamente los intereses de Cataluña previstos en una ley orgánica por encima de los intereses del PSOE.
Queda mucho partido por delante. Pero las peleas en el partido socialista pueden ser de envergadura si Zapatero no sabe tratar con finura sus compromisos adquiridos con Cataluña. Dice Montilla que “la España democrática, plural y federal debe ser la solución para todos sus pueblos y la mejor garante de los derechos de todos sus ciudadanos. Si España deja de interesar y convenir a todos, no será de todos. Esta es la cuestión y ése es el riesgo. Es tan claro como el agua que nos falta”.
Menos mal que ha llovido generosamente y los efectos de la sequía se alejan unos meses. Salvador de Madariaga, tío abuelo de Javier Solana, escribió que la guerra empezó con la guerra civil dentro del Partido Socialista. Y Josep Tarradellas, ya de vuelta a Cataluña, dijo también que la guerra civil comenzó con los enfrentamientos dentro de la Federación Socialista madrileña.
Afortunadamente no estamos en esta situación. Pero la historia del PSOE está jalonada de enfrentamientos. En la campaña electoral de febrero de 1936, Indalecio Prieto fue recibido a tiros en Écija, Sevilla, por partidarios de Largo Caballero.
La apoteosis de aquel enfrentamiento se perpetró en abril del mismo año en el palacio de Cristal del parque del Retiro de Madrid. Había división entre los socialistas sobre si había que apoyar la designación de Manuel Azaña como presidente de la República sustituyendo innecesariamente a Niceto Alcalá Zamora. Los ánimos estaban tan agitados que Luís Araquistaín, partidario de largo Caballero, le propinó una solemne bofetada a Julián Zugazagoitia, que militaba en la corriente de Indalecio Prieto.
No estamos en esa dramática situación. Ni Zapatero es Largo Caballero ni Montilla tiene nada que ver con Prieto. Ni los españoles son los de los años treinta.
Pero las peleas de la derecha pueden reproducirse en la izquierda con tanta o más virulencia. No hay nada nuevo bajo el sol.