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Un poco de simpatía para Mayo del 68, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Publicado en Historia, Política by reggio en Mayo 12th, 2008

A FONDO

En la noche del 10 de mayo de 1968 un grupo de estudiantes cortó con barricadas unas cuantas calles del Barrio Latino de París.Nadie era consciente entonces de que estaba naciendo un mito que marcó a toda una generación y que aún hoy sigue siendo objeto de controversia política e intelectual.

Sarkozy ha instado a sus compatriotas a «acabar con la herencia del 68». Daniel Cohn-Bendit (el líder estudiantil por excelencia del Mayo francés, conocido entonces como Dany el Rojo) aconseja ahora «olvidar el 68» (su penúltimo libro se titula justamente así: Forget 68).

Sin embargo, el filósofo Alain Touraine, profesor hace 40 años de la Universidad de Nanterre y abogado de Dany el Rojo en plena refriega, defiende su vigencia en la entrevista de Rubén Amón publicada la semana pasada por El Cultural: «Mencionar tanto como hacemos el 68 demuestra que ocupa todavía un lugar y que recomienza a tener un sentido».

En general, a la luz de lo que se ha publicado estos días, los intelectuales de izquierda miran con cierta nostalgia o escepticismo aquellas manifestaciones de rebeldía, mientras que los de la derecha los critican por lo que supusieron de cuestionamiento de los valores tradicionales o los tratan con cierto desdén.

De lo que no hay duda es de que, al margen de las interpretaciones ideológicamente sesgadas, ocurrieron muchas cosas importantes durante aquel año.

Los jóvenes franceses, en un movimiento espontáneo que contó con el rechazo inicial del Partido Comunista, que lo consideraba una algarada pequeñoburguesa, alzaron su voz contra el autoritarismo.

Aunque hubo un intento de conexión entre la contestación estudiantil y el movimiento obrero (de hecho, los sindicatos convocaron una huelga general para pedir subidas salariales aprovechando el acoso al que estaba siendo sometido el Gobierno de De Gaulle), los estudiantes no pretendían hacer una revolución. O, al menos, no una revolución proletaria al estilo clásico.

Raymond Aron, sociólogo y conocido columnista de Le Figaro, se refirió a los protagonistas del Mayo francés como «niños de papá tocados por la gracia».

Fernando Vallespín (en un artículo publicado en la edición española de Foreign Policy) sitúa los acontecimiento de París en el contexto de La sociedad opulenta, el libro de Kenneth Galbraith, publicado justo 10 años antes.

Aunque la extrema izquierda, los trotskistas de Alain Krivine y los maoístas pretendieron capitalizar el levantamiento, nadie puede arrogarse el mérito de haber puesto en pie a una juventud que tenía mucho más claro lo que detestaba que hacia dónde quería ir. En lugar de tomar el Palacio de Invierno, o del Elíseo, los estudiantes se conformaron con ocupar el teatro Odeón, en un gesto más propio de un happening que de una insurrección de manual.

Durante aquellos días de batallas callejeras sin un solo muerto, los jóvenes se reivindicaron a sí mismos. Sus eslóganes no tenían la paternidad de ninguna sigla partidista: «Seamos realistas, pidamos lo imposible».

Aquello no fue ni la revolución de 1848 ni la Comuna de París de 1871. Marx no fue el referente ideológico, aunque las obras de algunos intelectuales marxistas, como Marcuse, Althusser o, naturalmente, Sartre, dieron soporte a sus aspiraciones.

El pálpito antiautoritario, mezclado con la liberación sexual, la reivindicación del papel de la mujer, la ruptura con las ataduras del pasado, la pérdida del miedo a cuestionar lo establecido, el pacifismo… todo ello conectó el Mayo francés con lo que estaba ocurriendo casi al mismo tiempo en otras partes del mundo.

En el 68 estaba en pleno auge el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. La Universidad californiana de Berkeley irradiaba la contestación contra la guerra de Vietnam y la segregación racial. El movimiento hippie surgió como una respuesta pacífica y antisistema a la muy conservadora y belicista sociedad americana.Todo ello bien condimentado con dosis de LSD (justo hace unos días murió su inventor, Albert Hoffman) y efluvios de marihuana.

Praga vivió en el verano del 68 una oleada de protestas, protagonizadas también por estudiantes, contra el sistema comunista y la sumisión de Checoslovaquia a la URSS, finalmente aplastadas por los tanques del Pacto de Varsovia el 20 de agosto.

En marzo del 68 se produjo la matanza de My Lai en Vietnam, contada con todo detalle por el periodista Seymour Hersh. Es el año de la fotografía en la que se ve al general survietnamita Nguyen Ngoc Loan pegándole un tiro en la cabeza a un militante del Vietcong con las manos atadas a la espalda en pleno centro de Saigón.Es el año del asesinato de Robert Kennedy. También es el año en el que mataron al líder negro Martin Luther King. Y, por supuesto, el año en el que el Ejército mexicano aniquiló a decenas de estudiantes al disolver a tiros una concentración en la plaza de las Tres Culturas.

Eran las aspiraciones de toda una generación enfrentada con sus ideales a la brutalidad de un sistema que empleaba como norma el lenguaje de la represión.

En España, naturalmente, mandaba Franco y los grises no se andaban con chiquitas a la hora de poner en vereda a los todavía escasos estudiantes que osaban a plantar cara al régimen.

Fue el año en el que Bob Dylan se convirtió en el poeta de la protesta global.

Fue, que nadie lo olvide, el año en el que los Rolling Stones grabaron el disco Beggars Blanquet, en el que se incluye su magistral Sympathy for the devil, inspirado en la novela de Mijail Bulgakov El maestro y Margarita, prohibido por Stalin y que no llegó a publicarse en Europa ¡hasta 1968! Los Stones reclamaban un poco de simpatía para el diablo en una sociedad que aceptaba con normalidad las barbaridades hechas cínicamente en nombre de Dios.

Unos meses después, ya en 1969, Dennis Hopper dirigió Easy Rider, road movie con música de The Byrds, The Band y Jimi Hendrix.Los tres jóvenes contraculturales (protagonizados por el propio Hopper, Peter Fonda y Jack Nicholson) terminarían siendo vapuleados por la intransigencia de la América profunda.

El sueño de Mayo del 68, como el de los moteros de Easy Rider, el de los jóvenes de Praga o el de los estudiantes mexicanos, se estrelló contra la cruda realidad.

Pero no fueron del todo derrotados, a pesar de la aplastante victoria de Charles De Gaulle, o de los tanques, o de los bombardeos con napalm en Vietnam.

Muchas de las cosas que se reivindicaron entonces ahora están asumidas con naturalidad por el sistema. Al fin y al cabo, ésa era la teoría de Marcuse en El hombre unidimensional.

Pone Eugenio Trías como ejemplo de la herencia de Mayo del 68 el hecho sin precedentes de que una mujer y un negro estén luchando en las primarias para lograr la candidatura demócrata a la Presidencia de Estados Unidos. La conquista de nuevos derechos, la tolerancia, la democracia en su sentido más participativo comenzaron a gestarse en las calles de París hace 40 años. Aquella rebeldía políticamente huérfana dejó una semilla saludable. Por más que Sartre afirmara que lo único que quedó del Mayo francés fue él mismo, una parte de sus aspiraciones se ha hecho realidad.

casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

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