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Felipe crisóstomo, de Antoni Puigverd en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 9 Mayo, 2008

Preocupado por la crisis, pero confiando en las posibilidades del superávit acumulado, sostiene Felipe González que las autonomías deben esperar. Hay que priorizar, dice, las inversiones en infraestructuras, en vivienda protegida y en rehabilitación, como propone el Gobierno. La inversión pública es “generadora de actividad y recuperadora del empleo”. Mientras que, si el dinero se va a las autonomías, producirá un gasto improductivo. En manos del Gobierno, el dinero público cundirá, mientras que en manos autonómicas se volatilizará. El argumento pretende ser demoledor, pues enfatiza la responsabilidad del Gobierno, mientras que las autonomías aparecen como irresponsables en un momento grave. Habíamos olvidado la formidable capacidad que tiene Felipe (sin duda el mejor pico de oro de la democracia) para la falacia retórica. Ya cuando amenazó con dimitir ante sus marxistas compañeros y también cuando lo de la OTAN, la retórica felipista se construía sobre el mismo esquema: la emoción y el folklore ideológico son vuestros, pero la razón y la responsabilidad son mías. Sigue en las mismas: existen unos compromisos con las autonomías, cierto, pero “la única manera de afrontar la realidad es mirar de frente las necesidades de los ciudadanos”.

Analicemos las necesidades de los ciudadanos. De los votantes socialistas de la Catalunya metropolitana, por ejemplo, que deben compartir sus servicios de educación, sanidad y protección social con el millón largo de emigrantes que se han instalado en los últimos años en aquel entorno. Felipe ha estado pidiendo su voto allí con gran éxito. El gasto social es para ellos. No para una Catalunya genérica sino para unos ciudadanos de carne y hueso cuyo nivel de incomodidad puede llegar a ser insoportable. Es serio y responsable que a un socialdemócrata como González le preocupe activar la economía y reconvertir el empleo perdido, pero es chocante que un socialdemócrata sostenga que el gasto social no es una necesidad ciudadana, sino abstracta reclamación autonómica. En momentos de crisis debe pedirse a todo el mundo que se apriete el cinturón, naturalmente, pero estos temas deberían poderse discutir con luz y taquígrafos en una cámara federal. El sistema es casi federal, pero no dispone de mecanismos para la discusión. Aunque Miquel Iceta en su libro proclame una y otra vez el ideal federalista, no se observan ni tan siquiera avances de tortuga en tal dirección. El socialismo español trata a Montilla como a Pujol: he ahí un nuevo portador de egoísmo y abstracciones. Las dos líneas socialistas no avanzan en paralelo: el Govern de Montilla y el Gobierno de Zapatero chocarán fatalmente en un punto de esta discusión. Veremos quien tiene que retirarse cabizbajo. Si el PSC consigue un resultado aceptable, consolidará su posición. Pero si fracasa, el entero sistema catalán de partidos tocará fondo. Inmovilizado, sin capacidad de alternativa, eterno perdedor.

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