Reggio’s Weblog

Paraguay, Barrett y las gallinas, de Gregorio Morán en La Vanguardia

Posted in Literatura, Política by reggio on 3 Mayo, 2008

SABATINAS INTEMPESTIVAS

Admito que estoy del señor Obama y de la señora Clinton hasta la coronilla. Debemos ser uno de los países punteros en el seguimiento de la campaña electoral norteamericana y la verdad sea dicha que no encuentro razón alguna para hacerlo. No logro dar con la pasión electoral de los ciudadanos españoles en los caucus o las primarias, en Wisconsin o Pensilvania. Sé que habré de sufrir desgraciadamente las consecuencias de cualquiera que sea presidente de EE. UU. y que preferiría a un negro a esa señora frígida o al anciano reaccionario lleno de medallas, pero no entiendo muy bien ese furor paleto por algo que no depende de nosotros en ninguna medida y con el añadido de que la inmensa mayoría de lectores no tiene ni zorra idea ni de dónde cae el estado de Vermont, no digamos ya Wyoming.

Lo que son las cosas; aún estoy esperando el resultado de las elecciones en Paraguay una vez escrutado el cien por cien.

Y lo que es más llamativo, que alguien me explique algo sobre los siete partidos que al parecer forman la coalición Alianza Patriótica por el Cambio (APC) que ha llevado a la victoria a un tipo tan singular como el obispo católico Fernando Lugo, en un país donde hay minorías religiosas que controlan buena parte de su economía; la esposa del presidente saliente, el ultraconservador Duarte, pertenece a una de ellas.

No es que compare el humildísimo Paraguay con la primera potencia del mundo, pero desde que los diarios escritos han empezado a hacerse para gente con pretensiones me siento como parroquiano de un casino de provincias. No es grano de anís haber roto con siglos de corrupción y vasallaje político. No se trata sólo, que ya es mucho, con retirar del poder al Partido Colorado tras 61 años de monopolio, incluida la dictadura del generalísimo Alfredo Stroessner (1954-1989), sino que rebuscando en la historia de ese país, con escasa población pero casi tan grande como la España peninsular, no creo que haya posibilidad de encontrar un gobierno decente, simplemente decente, en toda su historia moderna. Al fin aparece uno, o el proyecto de uno, y no lo consideramos como el milagro democrático que es.

Encajonado entre dos grandes países, como Argentina y Brasil, que lo sablearon a modo desde que dejamos de hacerlo los españoles, ha pasado por todo. Y nada bueno. Siento hacia Paraguay una querencia, no sé si malsana, desde que un día me despedí de unos amigos en Buenos Aires que aún no daban crédito a qué se me había perdido a mí en Asunción. El desdén, por no decir el desprecio, de los argentinos en general y de los porteños en particular hacia Paraguay y los paraguayos es algo que quizá esté enraizado en la historia y la leyenda. No creo que existan países con suerte, porque las sociedades son lo que son y están formadas siempre por un puñado de afortunados y un montón de gente sin fortuna, pero sí considero que hay pueblos con mala suerte: aquellos que siempre les ha tocado el lado malo de la historia. Paraguay podría considerarse un paradigma.

Ni siquiera de la diáspora de la inteligencia española, que sucedió a la guerra civil y que regó con éxito toda la América de habla hispana, el único país que no recibió nada, lo que se dice nada, fue Paraguay. Hasta la República Dominicana del asesino Leónidas Trujillo tuvo egregios emigrados españoles. En el Paraguay la única huella española notable y digna en el campo de la cultura lo constituyó una mujer, la tan ninguneada Josefina Pla, que había llegado al país antes de la guerra y gracias a su matrimonio con el artista paraguayo Julián de la Herrería. Para mayor sarcasmo, Franco envió como representante de la inteligencia hispana a uno de los golfos más notables de nuestra singular fauna cultural, Ernesto Giménez Caballero, un pirata verborreico que tuvo la fortuna de sobrevivir a todos los gobernantes a los que aduló del modo más lacayuno, desde Primo de Rivera padre, Primo de Rivera hijo, Azaña, Mussolini, Franco, Hitler, Franco de nuevo y muchas veces, Stroessner, y me olvido premeditadamente de un puñado.

La gran aportación española a la cultura paraguaya fue la de un personaje singular, apenas conocido en España hasta fechas muy recientes, que llegó a Paraguay el 24 de diciembre de 1904, tras una azarosa peripecia en Madrid que le llevó al destierro voluntario. En apenas cinco años se convertiría en la principal figura de las letras paraguayas -Roa Bastos dijo de él que había enseñado a escribir a los literatos paraguayos-. Me estoy refiriendo a Rafael Barrett (1876-1910), en mi opinión el escritor de artículos más importante de nuestra literatura, después de Larra. Yo descubrí a Barrett poco antes de descubrir Paraguay donde no había estado en mi vida y del que apenas había oído hablar más allá de las aventuras jesuíticas. Lo conté en una sabatina hace ahora cinco años. Y lo hice a propósito de una antología de artículos que acababa de aparecer en una modesta editorial -La Dinamo- con el brillante título A partir de ahora el combate será libre, con un prólogo voluntarioso de Santiago Alba Rico.

Ahí empecé una aventura que me llevó varios años y que habría de tener varias consecuencias. La primera, gozosa, un librito que publicó Anagrama el año pasado -Asombro y búsqueda de Rafael Barrett-que hasta el día de la fecha ha tenido esa acogida común que se reserva a los libros en España cuando uno tiene la reiterada costumbre de ir haciendo amigos en cada página que escribe. O lo que es lo mismo, sorprendido por algunos artículos entusiastas de personas a las que respeto, y también cachazudo ante el imperturbable y correoso mundo de los críticos de oficio, ese silencio rumoroso al que uno se acostumbra -”¡de Morán, en este suplemento, ni una línea!”, como afirmó la responsable cultural de un diario capitalino, liberal por supuesto. “No viene de un día”, como dirían en Catalunya si fuera posible traducir la expresión.

El intento más ambicioso aparecido en España sobre Barrett era obra de un licenciado adscrito hace años a la embajada española en Paraguay, Francisco Corral, que descubrió en Asunción al autor español. A él dedicaría su tesis doctoral, aparecida luego en forma de libro -El pensamiento cautivo de R. Barrett ¡ha escrito hasta al director de La Vanguardia, insultándome!- con la intención, imagino, de que nadie descubra el conjunto de perlas que yo describo de este pobre tipo, al que ni conozco ni tengo nada contra él, salvo denunciar su desfachatez de convertir a Rafael Barrett en lo que este más hubiera despreciado: ser pasto de funcionarios con trienios.

Pero esto es anécdota. Lo fundamental está en la singularidad de nuestra cultura y de nuestro manejo de la información. Ningún país de nuestra área tiene las lagunas que nosotros aún mantenemos. ¿Alguien se imagina la incorporación de Rafael Barrett a los manuales de nuestra literatura, o de nuestro periodismo, o de nuestra cultura general? ¿Sería posible mostrar que para nosotros es tan importante, o más, la información sobre Latinoamérica que la campaña electoral de EE. UU.? Ahí está la vinculación entre los dos fenómenos sobre los que merece la pena detenerse, Paraguay y Barrett. Porque van en el mismo lote. El desdén por lo real y la pasión por el espectáculo.

¿Y las gallinas? Nadie describió el instinto de propiedad del nuevo rico como Rafael Barrett en un brevísimo relato, prodigioso en su sencillez. Se titula Gallinas y es tan actual que podría considerarse una provocación. Somos consumidores de basura a precio de oro.

Etiquetado con:

3 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. Poli said, on 3 Mayo, 2008 at 3:59 pm

    ¡Gregorio Morán quejándose de que le insultan! Esto es el colmo del sarcasmo, la descojonación de San Apapucio. La serpiente se queja de la avispa. ¡Pero si en sus “sabatinas” Morán no hace más que insultar a quien se le pone por delante!
    Se ve que se siente tocado. Claro, lo peor que le puede pasar a un pedante es que alguien le demuestre sus disparates y errores ¿con qué derecho y con qué argumentos va a poder ahora seguir criticando e insultando?
    Ahí va el enlace con la crítica a su libro hecha de Francisco Corral (el que dice que le insulta) demostrando las imposturas y disparates de Morán en su libro:

    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=63063

    Y, de nuevo, el texto del comentario publicado en El País de Montevideo por la periodista Virginia Martínez:

    BIOGRAFÍA INTEMPESTIVA
    Una llamada telefónica descubrió al periodista español Gregorio Morán la existencia de un escritor llamado Rafael Barrett. Una mañana de sábado un amigo le interrumpió el descanso para leerle una brillante página de Barrett que describe cómo la posesión de unas pocas gallinas -pretexto y símbolo en el relato de los males de la propiedad privada- perturbó el alma de un hombre común.
    La lectura telefónica tuvo en Morán la fuerza de una revelación que lo impulsó a iniciar un viaje tras las huellas del autor. “Las putas gallinas tuvieron la culpa”, acusa la primera línea de Asombro y búsqueda de Rafael Barrett. El periodista repite la expresión al menos siete veces en las primeras quince páginas de la obra. Barrett le disparó reflexiones que lo llevaron lejos. Mientras escuchaba al amigo en la actitud de “un historiador en trance de cerrar el ciclo del imperio romano”, lo asaltó una duda: “¿Se follarían los romanos a las gallinas?” Las cavilaciones de Morán tomaron luego otros rumbos: “¿Se puede entender por violación el follarse a una gallina? ¡Joder, qué tema!”
    No se puede reprochar al periodista haber descubierto tarde al escritor hispano paraguayo ni que, hasta la reveladora llamada, ignorara la historia y ubicación geográfica del país donde, según sus propias palabras, Barrett se volvió un hombre bueno. (Confiesa Morán: “Yo nunca había estado en Sudamérica, apenas sabía dónde caía Paraguay en el viejo mapa del colegio”). Lo inadmisible es que Morán se convierta, de la noche a la mañana y con un trabajo que no ahorra errores ni ligerezas, en su más puro exegeta. Todos quienes se ocuparon de Barrett antes que él merecen desprecio o ironía: le “afectan el trigémino” o le “descomponen las meninges”. Morán la emprende particularmente contra Francisco Corral, autor de El pensamiento cautivo de Rafael Barrett (Siglo XXI, 1994), obra que combina la investigación minuciosa de las buenas biografías con la profundidad y el vuelo de los mejores ensayos. Pues bien, Morán llama a Corral “inefable profesor” y califica el trabajo como “infumable en su prosa y aberrante en su contenido”.
    Morán es bien conocido en España por sus “Intempestivas sabatinas”, que publica en La Vanguardia. Cáustico y agudo articulista, pocos temas caen fuera de su interés. Parecería como si, entusiasmado por el ingenio y la originalidad de su columna, hubiera decidido trasladarlos a una empresa que requería otra actitud y competencia. La obra que resulta es flaca en contenido e inadecuada en estilo. Y “el estilo es el hombre”, escribió Barrett.
    Virginia Martínez

  2. María said, on 5 Mayo, 2008 at 7:44 pm

    Éste Sr. Morán, además del “Complejo de Adán”, tiene una “manía persecutoria” contra todo aquel que tenga un título universitario. No soporta a los catedráticos ni a la universidad, ni a los profesores en general. Su manía persecutoria contra todo aquello que sea sobre enseñanza le produce escozor. Ha escrito tanto y tan mal de todos los enseñantes y científicos que además enseñan, que cada vez que te dispones a leerlo, lo primero que piensas es: “a ver en que parágrafo empieza el ataque a los catedráticos, o profesores o maestros.” Creo que quedó tan traumado por la expulsión de su escuela en Oviedo, cuando hacia el bachillerato, jamás acabado, que no ha superado la tal aflicción y su complejo lo ha generalizado, contra todo aquel que sea maestro, profesor o catedrático. Eso sí, el fue un profesor de la escuela de los comunistas en Rumania. Cuando Rusia comunista, pagaba los viajes al dicho país y allí, previa “selectividad” de los alumnos/as obreros/as o militantes; “El”, como buen profesor (”ex”) comunista, ejercía la docencia al más puro nivel del politburó. Estoy con Ud. Sr. Corral, leí el libro del Sr (¿?) Gregorio Morán y ya en las primeras palabras, es malsonante y falto de rigor.

  3. Poli said, on 5 Mayo, 2008 at 11:24 pm

    Mi buen amigo, Francisco Corral, me comunica que ha intentado varias veces colocar un comentario en esta página y que le es rechazado. No quiero pensar que, a estas alturas, se recurra a la censura electrónica en un blog de reflexión y de pensamiento de tan alto nivel como éste, pero es realmente extraño lo que me cuenta. Éste es su mensaje:

    Soy Francisco Corrral, a quien Morán en su artículo acusa de insultarle. He enviado una “carta al director” de la Vanguardia, que espero publiquen, con el siguiente texto:

    GREGORIO MORÁN ¿INSULTADO?

    Gregorio Morán me cita con nombre y apellidos en las páginas de su periódico (3/05) diciendo que le insulto. Es lamentable que un periodista abuse de su espacio para dirimir sus cuestiones personales; y da pena que quien descalifica e insulta constantemente en sus escritos, se sienta ahora tan sensible a la crítica ajena.

    Como botón de muestra, cito un párrafo de Morán en el libro sobre Barrett al que hace referencia: “La impunidad de la inteligencia académica española constituye una atrocidad cultural sin remedio; se podría decir que son los únicos criminales intelectuales a quienes corresponde el privilegio de decidir sobre la categoría de sus víctimas”. (p. 59)

    Resulta cómico que Morán tenga la desfachatez de insultar de “criminales intelectuales” a todo el mundo académico español, y luego pretenda adoptar una actitud victimista y llorona quejándose de que le insultan cuando le responden.

    El libro está lleno de joyitas del mismo calibre:

    - A Pío Baroja le trata de «impostor», «mediocre», «cafre», y de «maldad».

    - A Mario Benedetti le tacha de «retórica mediocridad» y de haber hecho «más mal aún que los regímenes gorilas», injurias que lanza también contra Daniel Viglietti.

    - A Santiago Alba Rico (autor de una excelente antología reciente sobre Barrett) le acusa de «ignorancia imaginativa», «farfolla», «desgana», «pedantería de la indolencia», «vagancia», «interpretación sesgada» y de «manipulador».

    - A Vladimiro Muñoz (principal biógrafo de Barrett) le trata de «patético», de «biógrafo asilvestrado» y de que «su cultura está en la franja que marca la voluntad de pasar del analfabetismo a manejar conceptos que no entiende».

    - A Enrique Marini le llama «filisteo» y le acusa de «desvergüenza».

    Y lo peor no son los constantes insultos a personas, lo peor es que el propio libro es un insulto a la inteligencia, al rigor y a la honestidad intelectual; un compendio de disparates, errores e imposturas. Ahí va el enlace con mi crítica en detalle, que tanto ha molestado a Morán:

    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=63063

    Francisco Corral


Escribe un comentario