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Los Clinton, de Manuel Castells en La Vanguardia

Publicado en Internacional, Política by reggio en Mayo 3rd, 2008

OBSERVATORIO GLOBAL

Los Clinton son animales políticos de una raza especial. Representan un nuevo tipo de política basado en un viejo principio: sólo importa ganar. Lo nuevo son sus tácticas sofisticadas basadas en la destrucción mediática del contrincante y el marketing político ajustando el mensaje en cada contexto. Utilizan el tiempo en el poder para acumular donaciones y contactos a cambio de favores. Su gran innovación es la estrategia de sucesión dinástica horizontal que empieza a hacer furor en el mundo (Kirchner, por ejemplo). El primero que llega le prepara el puente al otro (elección al Senado para Hillary desde la presidencia) para seguir de socios en el poder: si Hillary gana, habrán sido copresidentes 12 años y tal vez 16. Su fuerza proviene de su vacuna contra cualquier veleidad principista por haber vivido la política sucia de los republicanos en los años ochenta y noventa. Los ataques a los Clinton, unos con datos probados (ligues de Clinton, Monica, las mentiras televisadas de Clinton sobre el tema, etcétera), otros sin verificación judicial (especulación inmobiliaria en Arkansas, utilización indebida de la agencia de viajes de la Casa Blanca y otras lindezas), forjaron su casta. Decidieron que su poder, y el de los demócratas, dependía de hacer la política sucia mejor que los republicanos. Empezando por acumular fondos. Preparándose para la reelección de 1996 y bajo en las encuestas, Bill recurrió a métodos tales como vender invitaciones a la Casa Blanca, con precios entre 12.000 y 250.000 dólares según prestaciones y supertarifa para dormir en la suite de Lincoln. Entre los invitados: estafadores financieros, tratantes de armas chinos y otros por el estilo. En otro episodio de mayor relevancia, los hombres del presidente, según reveló David Schippers, un abogado demócrata central en el caso, evitaron la ratificación de su destitución por el Senado tras el asunto de Monica preparando información sobre las prácticas sexuales y fraudulentas de senadores claves en la votación (incluido Newt Gingrich) y amenazándoles con difundirlas. Así pudo acabar su presidencia y firmar en el último día de su mandato numerosos nombramientos, privilegios y perdones presidenciales para quienes le habían apoyado. Así se forjó la candidatura de Hillary, preparada con tiempo, con enormes recursos financieros y el equipo más capaz de consultores políticos, liderados por Mark Penn (el equivalente del republicano Karl Rove) y James Carville, el genio táctico sin escrúpulos, que hizo ganar a Bill en 1992 y recargó sus armas para Hillary. La estrategia de largo plazo pasaba por ganar el apoyo de un areópago de generales y almirantes que arroparan a Hillary como futura comandante en jefe. Por eso Hillary votó por la guerra de Iraq, apoyó las amenazas de Bush a Irán y se hizo halcón en política internacional.Y de repente la descontada victoria de Hillary se esfumó en Iowa. No habían previsto el fenómeno social de Obama.

Ahí empezó a funcionar la máquina de guerra. Hillary en Nuevo Hampshire se transmutó de aguerrida presidenta a frágil mujer, ganando el corazón de las mujeres maduras que eran su ejército de reserva. Funcionó en esa primaria. Pero luego cuando Hillary tuvo que ganar entre los obreros blancos de Ohio y Pensilvania se hizo matrona de armas tomar, dura como metalúrgico, bebiendo cerveza y whisky, anunciándose en un cuadrilátero de lucha libre y dejándose presentar como “la mujer comparada con la cual Rocky parece casi maricón”. Política científica: definir el grupo clave de electores y proyectarse como ellos. Bill asumió el papel de perro de presa. Recordó que Obama era negro. Que su campaña era un cuento de hadas. Y contrastó la dureza de su mujer con la blandura de Obama. Su frase favorita refiriéndose a Obama: “Ensilla tu caballo y lo discutimos. Eso es América”. Pero ni aun así frenaron el entusiasmo de millones, sobre todo jóvenes, por Obama. Entonces, cosas extrañas empezaron a suceder. La más importante, la única que puede destruir a Obama, son los vídeos de discursos extremistas del reverendo Wright. Reverendo que, por cierto, formó parte del grupo de religiosos que los Clinton reunieron en la Casa Blanca para guiarlos en su penitencia después de Monica (algo conocido, pero que curiosamente no aparece en los medios). ¿De dónde salen los vídeos? El origen fue ABC News.¿Pero quién inició el asunto? ¿Y por qué de repente el famoso reverendo reaparece justo antes del momento decisivo de la campaña? Nadie puede demostrar nada pero los caminos de los Clinton son infinitos, incluidas sus conexiones con un sector de políticos negros. Hillary no desaprovecha ocasión para poner el dedo en la llaga. Y sus mensajes subliminales en este y otros temas intentan destruir la imagen de Obama. Internet está lleno de revelaciones sobre trampas, ilegalidades y ataques sucios de Hillary. En parte para ganar ella ahora. Pero si no puede, se trata de dejar tocado a Obama para noviembre, que pierda y así ella tener una nueva oportunidad en el año 2012.En cualquier caso, la jubilación está asegurada. Desde el 2000, los Clinton han ganado 110 millones de dólares, sobre todo con conferencias y consultorías de Bill. Además, el presidente Clinton se aseguró una base financiera a través de su fundación, cuyas multimillonarias donaciones incluyen algunos de los ladrones perdonados por él (caso de Marc Rich), empresas que recibieron sus favores, gobiernos y negocios árabes, y empresas chinas como Alibaba (se supone que con sus cuarenta socios) especializada en la censura de internet. Clinton oficia de intermediario entre empresas y gobiernos a cambio de donaciones. Hace poco, tras conseguir una concesión minera en Kazajistán, el financiero canadiense Giustra donó 130 millones.

El estilo político de los Clinton ha creado escuela. Acumular dinero y poder mediante el arte del asesinato mediático y sus antídotos. Fue Clinton quien enseñó a Blair y a su equipo (hoy en el fin de su recorrido) la nueva política mediática. Y sus consultores han recorrido el mundo vendiendo la receta. Es esa política la que, por eliminación de su competencia, está corroyendo la democracia en el mundo.

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