Reggio’s Weblog

Paraguay, Barrett y las gallinas, de Gregorio Morán en La Vanguardia

Publicado en Literatura, Política by reggio en Mayo 3rd, 2008

SABATINAS INTEMPESTIVAS

Admito que estoy del señor Obama y de la señora Clinton hasta la coronilla. Debemos ser uno de los países punteros en el seguimiento de la campaña electoral norteamericana y la verdad sea dicha que no encuentro razón alguna para hacerlo. No logro dar con la pasión electoral de los ciudadanos españoles en los caucus o las primarias, en Wisconsin o Pensilvania. Sé que habré de sufrir desgraciadamente las consecuencias de cualquiera que sea presidente de EE. UU. y que preferiría a un negro a esa señora frígida o al anciano reaccionario lleno de medallas, pero no entiendo muy bien ese furor paleto por algo que no depende de nosotros en ninguna medida y con el añadido de que la inmensa mayoría de lectores no tiene ni zorra idea ni de dónde cae el estado de Vermont, no digamos ya Wyoming.

Lo que son las cosas; aún estoy esperando el resultado de las elecciones en Paraguay una vez escrutado el cien por cien.

Y lo que es más llamativo, que alguien me explique algo sobre los siete partidos que al parecer forman la coalición Alianza Patriótica por el Cambio (APC) que ha llevado a la victoria a un tipo tan singular como el obispo católico Fernando Lugo, en un país donde hay minorías religiosas que controlan buena parte de su economía; la esposa del presidente saliente, el ultraconservador Duarte, pertenece a una de ellas.

No es que compare el humildísimo Paraguay con la primera potencia del mundo, pero desde que los diarios escritos han empezado a hacerse para gente con pretensiones me siento como parroquiano de un casino de provincias. No es grano de anís haber roto con siglos de corrupción y vasallaje político. No se trata sólo, que ya es mucho, con retirar del poder al Partido Colorado tras 61 años de monopolio, incluida la dictadura del generalísimo Alfredo Stroessner (1954-1989), sino que rebuscando en la historia de ese país, con escasa población pero casi tan grande como la España peninsular, no creo que haya posibilidad de encontrar un gobierno decente, simplemente decente, en toda su historia moderna. Al fin aparece uno, o el proyecto de uno, y no lo consideramos como el milagro democrático que es.

Encajonado entre dos grandes países, como Argentina y Brasil, que lo sablearon a modo desde que dejamos de hacerlo los españoles, ha pasado por todo. Y nada bueno. Siento hacia Paraguay una querencia, no sé si malsana, desde que un día me despedí de unos amigos en Buenos Aires que aún no daban crédito a qué se me había perdido a mí en Asunción. El desdén, por no decir el desprecio, de los argentinos en general y de los porteños en particular hacia Paraguay y los paraguayos es algo que quizá esté enraizado en la historia y la leyenda. No creo que existan países con suerte, porque las sociedades son lo que son y están formadas siempre por un puñado de afortunados y un montón de gente sin fortuna, pero sí considero que hay pueblos con mala suerte: aquellos que siempre les ha tocado el lado malo de la historia. Paraguay podría considerarse un paradigma.

Ni siquiera de la diáspora de la inteligencia española, que sucedió a la guerra civil y que regó con éxito toda la América de habla hispana, el único país que no recibió nada, lo que se dice nada, fue Paraguay. Hasta la República Dominicana del asesino Leónidas Trujillo tuvo egregios emigrados españoles. En el Paraguay la única huella española notable y digna en el campo de la cultura lo constituyó una mujer, la tan ninguneada Josefina Pla, que había llegado al país antes de la guerra y gracias a su matrimonio con el artista paraguayo Julián de la Herrería. Para mayor sarcasmo, Franco envió como representante de la inteligencia hispana a uno de los golfos más notables de nuestra singular fauna cultural, Ernesto Giménez Caballero, un pirata verborreico que tuvo la fortuna de sobrevivir a todos los gobernantes a los que aduló del modo más lacayuno, desde Primo de Rivera padre, Primo de Rivera hijo, Azaña, Mussolini, Franco, Hitler, Franco de nuevo y muchas veces, Stroessner, y me olvido premeditadamente de un puñado.

La gran aportación española a la cultura paraguaya fue la de un personaje singular, apenas conocido en España hasta fechas muy recientes, que llegó a Paraguay el 24 de diciembre de 1904, tras una azarosa peripecia en Madrid que le llevó al destierro voluntario. En apenas cinco años se convertiría en la principal figura de las letras paraguayas -Roa Bastos dijo de él que había enseñado a escribir a los literatos paraguayos-. Me estoy refiriendo a Rafael Barrett (1876-1910), en mi opinión el escritor de artículos más importante de nuestra literatura, después de Larra. Yo descubrí a Barrett poco antes de descubrir Paraguay donde no había estado en mi vida y del que apenas había oído hablar más allá de las aventuras jesuíticas. Lo conté en una sabatina hace ahora cinco años. Y lo hice a propósito de una antología de artículos que acababa de aparecer en una modesta editorial -La Dinamo- con el brillante título A partir de ahora el combate será libre, con un prólogo voluntarioso de Santiago Alba Rico.

Ahí empecé una aventura que me llevó varios años y que habría de tener varias consecuencias. La primera, gozosa, un librito que publicó Anagrama el año pasado -Asombro y búsqueda de Rafael Barrett-que hasta el día de la fecha ha tenido esa acogida común que se reserva a los libros en España cuando uno tiene la reiterada costumbre de ir haciendo amigos en cada página que escribe. O lo que es lo mismo, sorprendido por algunos artículos entusiastas de personas a las que respeto, y también cachazudo ante el imperturbable y correoso mundo de los críticos de oficio, ese silencio rumoroso al que uno se acostumbra -”¡de Morán, en este suplemento, ni una línea!”, como afirmó la responsable cultural de un diario capitalino, liberal por supuesto. “No viene de un día”, como dirían en Catalunya si fuera posible traducir la expresión.

El intento más ambicioso aparecido en España sobre Barrett era obra de un licenciado adscrito hace años a la embajada española en Paraguay, Francisco Corral, que descubrió en Asunción al autor español. A él dedicaría su tesis doctoral, aparecida luego en forma de libro -El pensamiento cautivo de R. Barrett ¡ha escrito hasta al director de La Vanguardia, insultándome!- con la intención, imagino, de que nadie descubra el conjunto de perlas que yo describo de este pobre tipo, al que ni conozco ni tengo nada contra él, salvo denunciar su desfachatez de convertir a Rafael Barrett en lo que este más hubiera despreciado: ser pasto de funcionarios con trienios.

Pero esto es anécdota. Lo fundamental está en la singularidad de nuestra cultura y de nuestro manejo de la información. Ningún país de nuestra área tiene las lagunas que nosotros aún mantenemos. ¿Alguien se imagina la incorporación de Rafael Barrett a los manuales de nuestra literatura, o de nuestro periodismo, o de nuestra cultura general? ¿Sería posible mostrar que para nosotros es tan importante, o más, la información sobre Latinoamérica que la campaña electoral de EE. UU.? Ahí está la vinculación entre los dos fenómenos sobre los que merece la pena detenerse, Paraguay y Barrett. Porque van en el mismo lote. El desdén por lo real y la pasión por el espectáculo.

¿Y las gallinas? Nadie describió el instinto de propiedad del nuevo rico como Rafael Barrett en un brevísimo relato, prodigioso en su sencillez. Se titula Gallinas y es tan actual que podría considerarse una provocación. Somos consumidores de basura a precio de oro.

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Los Clinton, de Manuel Castells en La Vanguardia

Publicado en Internacional, Política by reggio en Mayo 3rd, 2008

OBSERVATORIO GLOBAL

Los Clinton son animales políticos de una raza especial. Representan un nuevo tipo de política basado en un viejo principio: sólo importa ganar. Lo nuevo son sus tácticas sofisticadas basadas en la destrucción mediática del contrincante y el marketing político ajustando el mensaje en cada contexto. Utilizan el tiempo en el poder para acumular donaciones y contactos a cambio de favores. Su gran innovación es la estrategia de sucesión dinástica horizontal que empieza a hacer furor en el mundo (Kirchner, por ejemplo). El primero que llega le prepara el puente al otro (elección al Senado para Hillary desde la presidencia) para seguir de socios en el poder: si Hillary gana, habrán sido copresidentes 12 años y tal vez 16. Su fuerza proviene de su vacuna contra cualquier veleidad principista por haber vivido la política sucia de los republicanos en los años ochenta y noventa. Los ataques a los Clinton, unos con datos probados (ligues de Clinton, Monica, las mentiras televisadas de Clinton sobre el tema, etcétera), otros sin verificación judicial (especulación inmobiliaria en Arkansas, utilización indebida de la agencia de viajes de la Casa Blanca y otras lindezas), forjaron su casta. Decidieron que su poder, y el de los demócratas, dependía de hacer la política sucia mejor que los republicanos. Empezando por acumular fondos. Preparándose para la reelección de 1996 y bajo en las encuestas, Bill recurrió a métodos tales como vender invitaciones a la Casa Blanca, con precios entre 12.000 y 250.000 dólares según prestaciones y supertarifa para dormir en la suite de Lincoln. Entre los invitados: estafadores financieros, tratantes de armas chinos y otros por el estilo. En otro episodio de mayor relevancia, los hombres del presidente, según reveló David Schippers, un abogado demócrata central en el caso, evitaron la ratificación de su destitución por el Senado tras el asunto de Monica preparando información sobre las prácticas sexuales y fraudulentas de senadores claves en la votación (incluido Newt Gingrich) y amenazándoles con difundirlas. Así pudo acabar su presidencia y firmar en el último día de su mandato numerosos nombramientos, privilegios y perdones presidenciales para quienes le habían apoyado. Así se forjó la candidatura de Hillary, preparada con tiempo, con enormes recursos financieros y el equipo más capaz de consultores políticos, liderados por Mark Penn (el equivalente del republicano Karl Rove) y James Carville, el genio táctico sin escrúpulos, que hizo ganar a Bill en 1992 y recargó sus armas para Hillary. La estrategia de largo plazo pasaba por ganar el apoyo de un areópago de generales y almirantes que arroparan a Hillary como futura comandante en jefe. Por eso Hillary votó por la guerra de Iraq, apoyó las amenazas de Bush a Irán y se hizo halcón en política internacional.Y de repente la descontada victoria de Hillary se esfumó en Iowa. No habían previsto el fenómeno social de Obama.

Ahí empezó a funcionar la máquina de guerra. Hillary en Nuevo Hampshire se transmutó de aguerrida presidenta a frágil mujer, ganando el corazón de las mujeres maduras que eran su ejército de reserva. Funcionó en esa primaria. Pero luego cuando Hillary tuvo que ganar entre los obreros blancos de Ohio y Pensilvania se hizo matrona de armas tomar, dura como metalúrgico, bebiendo cerveza y whisky, anunciándose en un cuadrilátero de lucha libre y dejándose presentar como “la mujer comparada con la cual Rocky parece casi maricón”. Política científica: definir el grupo clave de electores y proyectarse como ellos. Bill asumió el papel de perro de presa. Recordó que Obama era negro. Que su campaña era un cuento de hadas. Y contrastó la dureza de su mujer con la blandura de Obama. Su frase favorita refiriéndose a Obama: “Ensilla tu caballo y lo discutimos. Eso es América”. Pero ni aun así frenaron el entusiasmo de millones, sobre todo jóvenes, por Obama. Entonces, cosas extrañas empezaron a suceder. La más importante, la única que puede destruir a Obama, son los vídeos de discursos extremistas del reverendo Wright. Reverendo que, por cierto, formó parte del grupo de religiosos que los Clinton reunieron en la Casa Blanca para guiarlos en su penitencia después de Monica (algo conocido, pero que curiosamente no aparece en los medios). ¿De dónde salen los vídeos? El origen fue ABC News.¿Pero quién inició el asunto? ¿Y por qué de repente el famoso reverendo reaparece justo antes del momento decisivo de la campaña? Nadie puede demostrar nada pero los caminos de los Clinton son infinitos, incluidas sus conexiones con un sector de políticos negros. Hillary no desaprovecha ocasión para poner el dedo en la llaga. Y sus mensajes subliminales en este y otros temas intentan destruir la imagen de Obama. Internet está lleno de revelaciones sobre trampas, ilegalidades y ataques sucios de Hillary. En parte para ganar ella ahora. Pero si no puede, se trata de dejar tocado a Obama para noviembre, que pierda y así ella tener una nueva oportunidad en el año 2012.En cualquier caso, la jubilación está asegurada. Desde el 2000, los Clinton han ganado 110 millones de dólares, sobre todo con conferencias y consultorías de Bill. Además, el presidente Clinton se aseguró una base financiera a través de su fundación, cuyas multimillonarias donaciones incluyen algunos de los ladrones perdonados por él (caso de Marc Rich), empresas que recibieron sus favores, gobiernos y negocios árabes, y empresas chinas como Alibaba (se supone que con sus cuarenta socios) especializada en la censura de internet. Clinton oficia de intermediario entre empresas y gobiernos a cambio de donaciones. Hace poco, tras conseguir una concesión minera en Kazajistán, el financiero canadiense Giustra donó 130 millones.

El estilo político de los Clinton ha creado escuela. Acumular dinero y poder mediante el arte del asesinato mediático y sus antídotos. Fue Clinton quien enseñó a Blair y a su equipo (hoy en el fin de su recorrido) la nueva política mediática. Y sus consultores han recorrido el mundo vendiendo la receta. Es esa política la que, por eliminación de su competencia, está corroyendo la democracia en el mundo.

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La perversión de los ideales / 4, de José Vidal-Beneyto en El País

Publicado en Política by reggio en Mayo 3rd, 2008

Éstos son tiempos de confusión, de voracidad, de desvergüenza. En todos los ámbitos, muy en primer lugar en el político y en el económico. Sólo existe el que gana. De ahí que el casi siempre indecente emparejamiento de los más ricos con quien manda no perdona país. Los tenéis en Francia todos apiñados en torno de Sarkozy: Bolloré, Arnault, Lagardère, Pinault, Bouyghes. No falta nadie de los que cuentan en esta ceremonia del glamour y del dinero que a todos nos engorda, en esta celebración de esos microfascismos supervivientes que son la especulación y el beneficio. Un poco a trasmano quedan las desigualdades que matan: la falta de trabajo, la miseria, la cárcel, pero sobre todo, el hambre. Pero es inútil, nos dicen, plantearse problemas en política que no se pueden resolver, especialmente en democracia que es un régimen definitivamente modesto, pragmático, para el que lo bueno coincide siempre con lo posible. Este primado de la sola racionalidad de lo practicable, contrafigura heredada de los desperfectos causados por la radicalidad de los grandes planteamientos totalitarios de cualquier signo -fascismos y comunismos en particular- tenía que traducirse en un rechazo de las ideologías mayores que les sirvieron durante los últimos dos siglos de antecedente. Y lo han hecho por el procedimiento más indoloro: la dilución. Que ha producido ese pensamiento único en el que todos estamos y en el que nadie se reconoce. Un producto blando, informe, absolutamente maleable, que puede justificar cualquier cosa y borra las fronteras entre lo público y lo privado, el gobierno y los negocios. Entre los que se establece una rentable circulación, alimentada en España sobre todo por personalidades del PP como Rodrigo Rato, Manuel Pizarro, Eduardo Zaplana, sin olvidar a su fundador José María Aznar, hoy homme à tout faire del primer tycoon mundial de la información, Robert Murdoch.

En paralelo a esta popularización divulgadora discurren dos procesos de mucho mayor calado, uno desde la posición liberal y otro desde la socialista que intentan reforzar sus respectivas opciones incorporando los elementos más valiosos de la otra que consideran compatibles con su propia identidad. Comenzando con el liberalismo social que tiene su gran arranque en John Stuart Mill que con su propuesta de un New Liberalism no sólo libró a la corriente liberal de los excesos de un individualismo extremo y estéril, sino que dotó de nuevas bases a la economía política y con su obstinada insistencia en asociar la libertad a la igualdad, abrió el camino a una nueva práctica de la democracia. Pionero en muchas cosas, en lo político postuló la extensión del sufragio en todos los ámbitos e impulsó las libertades locales promoviendo el mayor autogobierno posible. Luego acompañado por su mujer, Harriet Taylor, pionera militante feminista, luchó por la igualdad política y civil de los dos sexos y se movilizó en favor del movimiento obrero defendiendo la autoeducación de los trabajadores y la sustitución de la empresa capitalista por la organización cooperativa. Distinguiendo entre producción de riquezas y su distribución proponía introducir la asociación de trabajadores libres en la segunda para, mediante las cooperativas de distribución, reducir las injusticias sociales iniciales derivadas de la producción.

Por lo demás sólo recurriendo a la instrucción universal, a una aceptada limitación de los nacimientos y a una creciente participación de todos en los beneficios, podemos acercarnos al autogobierno económico. Pero quizá la aportación más importante y actual de Mill es su impugnación del productivismo y de los desastres medioambientales que produce con la autolimitación que propone, en la tercera edición de sus Principios de Economía Política (1871), en su cuadro “del estado estacionario” y en la estabilización del capital y la riqueza. Propuesta que le enfrenta totalmente a Hayek y a los neoliberales al uso y lo acerca a las teorías del decrecimiento de Georgescu-Roegen y a las tesis del estacionarismo de Daly. Thomas Hill Green y Leonard T. Hobhouse son los dos grandes compañeros de viaje de Mill en su ruptura con el liberalismo clásico y su justificación de una limitada pero imprescindible intervención del Estado. Green desde su cátedra en Oxford, apoyado en el neohegelianismo lanzó el nuevo credo con el sujeto como una noción abierta y comunitaria y con la libertad positiva como aquella que nos permite hacer algo útil para y con los demás. Hobhouse primer catedrático de Sociología de Londres y editorialista de The Guardian nos ofrece un repertorio de las libertades esenciales -libertad civil, personal, familiar, política, local, internacional, etcétera- todas encardinadas en torno de la libertad social que no es la de un individuo frente a la de los demás sino la que se realiza con y a través de ellos. La libertad de uno, sólo se cumple con la de todos los otros. Estamos en el cogollo del liberalismo social.

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Economía melancólica, de Félix Ovejero Lucas en El País

Publicado en Economía, Política by reggio en Mayo 3rd, 2008

Si yo fuera argentino y echará la mirada a años atrás, la crisis financiera también me sumiría en la melancolía. Después de haberme pasado media vida pendiente de transmitir confianza a los desconfiados vigilantes de la economía internacional, me resultaría desolador comprobar cómo están avalando el comportamiento despendolado de bancos, intermediarios financieros y aseguradoras. No mejoraría mi ánimo la sospecha de que, tal como es el mundo, mejor que sea así.

Hasta anteayer la doctrina parecía recomendar un tratamiento implacable con los frívolos. Se aplicó sin sombra de titubeo a los países de la parte baja del escalafón. Las razones no eran inmediatamente moralistas. El argumento último, atendible, apelaba a la asignación eficiente de recursos. Eso sí, en el camino hasta él se deslizaban tintas justicieras. El que la hace, la paga. Si actúas de modo cabal, obtendrás beneficios. Si no, a cada palo su vela. Una invitación a la responsabilidad que, en las versiones más periodísticas, se sazonaba con críticas al Estado “papá protector”.

El argumento, destripado, perdía resabios redentores. A hueso desnudo lo importante era transmitir la sensación a quienes tienen los dineros de que las reglas se cumplen. Por dos razones. Para que anticipen los escenarios sin temor a que a mitad del partido se cambien las reglas, lo que, por lo común, invita a salir corriendo. Y también para que los temerarios no se entregaran a la insensatez, confiados de que, llegado el momento, si se despeñaban con otros, nada les sucedería. Si sabe que el Banco Central acudirá a salvarlo con el dinero de todos, cualquier majadero se embarca a hacer negocios.

A esto último los economistas lo llaman azar moral y, en estos días, les tiene de los nervios. En buena lógica empresarial es una invitación a persistir en el pecado, a volver a comprar sin preguntar por los avales. Si sale bien, el negocio del siglo. Si no, tranquilos, que se trabaja con red. Eso sí, siempre que en la desgracia se arrastre a muchos. A la ruina se debe acudir acompañado. Por aquello de Keynes: “Si yo te debo una libra, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo”.

Ahora el Financial Times sugiere que el Banco Central garantice las deudas hipotecarias. La explicación del cambio de actitud de quienes no hace tanto decían que “a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga”, no hay que buscarla en las páginas del American Economic Review. Por si lo habíamos olvidado, la experiencia reciente nos recuerda que, a la hora de la verdad, para quienes toman las decisiones, incluidas personas instruidas como Bernanke, la teoría económica parece transmitirles la misma confianza que los posos del café. Si acaso se la invoca para decorar, cuando camina con el mismo paso que las decisiones previamente adoptadas. Después, cuando pasen los años, si las cosas van bien, alguien, quizá para salvar el honor del gremio, reconstruirá lo sucedido cuadrando las decisiones con las doctrinas. Cosas de la memoria histórica.

Cabe la tentación de acudir a la explicación que nunca falla: la conspiración. Si el agua que se negó a tantos se suministra sin tasa a Wall Street es porque en las bambalinas están los que mandan. Una explicación con escaso vuelo en su versión más rústica, la que hace de los gobernantes una suerte de miserables a sueldo de los poderosos. Pero a la que esta vez no le falta un germen de desoladora verdad. El mecanismo, eso sí, no es el de una simple correa de transmisión. Al menos, no en los países con instituciones que no son de cartón piedra. El mecanismo es más respetuoso con los políticos, aunque más desalentador con el orden del mundo.

Se llama expectativas. Hay que transmitir seguridad a quienes disponen de los recursos. Si se quiere que la máquina funcione, hay que allanar el camino a sus deseos. Sobre ese paisaje se edifican nuestras economías. El problema no está, como algunos moralistas parecen creer, en la codicia. La codicia, con ser importante, no es el único cemento con el que está amasada la especie. Sobran los experimentos que muestran que estamos dispuestos a echarnos una mano incluso a costa de nuestros ingresos. Puestos a decirlo todo, no está de más recordar que otros tantos experimentos confirman que quienes han sido retribuidos por una actividad, expuestos al mercado, por así decir, muestran una menor disposición a colaborar gratis et amore en cualquier cosa que se les pida.

No, la codicia no es el problema. Si acaso, que sólo cuenta la codicia de unos cuantos. La frustración de los anhelos de la mayor parte de la gente incumbe, a lo sumo, a los próximos e, incluso, puede beneficiar a unos cuantos psicólogos. Para unos pocos, en cambio, su mala suerte es la mala suerte de todos. Sucede sin estridencias. Si las cosas no les parecen bien, si sus voces no son atendidas, se irán con lo suyo a otra parte en donde les hagan más caso.

Esa discreción contrasta con la protesta de los de abajo, de aquellos cuya desgracia empieza y acaba en ellos mismos. Si les vienen mal dadas y quieren hacer oír su voz, tienen que hacer ruido, un ruido que muchos juzgan molestias injustificadas. Ese “por qué tengo que pagar yo” acude pronto a la boca de los afectados por las huelgas, pero apenas se esboza ante las discretas decisiones de los poderosos, cuando los impuestos de todos tienen que cubrir los desastres de sus trapicheos especulativos. Es lo que tiene la discreción, que no hace ruido. Quizá por eso los norteamericanos digieren con mayor naturalidad los 350.000 millones que se defraudan a Hacienda que los 525 millones que cuestan los atracos. En esas están los argentinos y los usuarios de cercanías.

Un desolador círculo vicioso que los políticos no tienen fácil quebrar. Zapatero no estaba recibiendo instrucciones cuando presentó el informe económico del Gobierno en la sede de la Bolsa de Madrid o cuando dejó plantado al Consell Nacional del PSC para reunirse a comer en casa del presidente de La Caixa con próceres de la burguesía catalana. Simplemente estaba escuchando a quienes de verdad cuentan.

No, los políticos no son simples gestores de los intereses de los poderosos. Están atrapados en un juego en el que éstos mandan y que se parece muy poco al mercado descrito en los libros de economía. Su truco, el de los poderosos, consiste en disponer del suficiente poder como para que sus intereses se presenten como los intereses de todos. El resultado es un fijo: la banca siempre gana. Porque si pierde, perdemos todos. Y si gana, no tanto. Unas reglas que difícilmente estará dispuesto a quebrar quien quiera ganar las próximas elecciones. Que nadie se olvide del primer Mitterrand. Sin duda, para dejarse llevar por la melancolía.

Félix Ovejero Lucas es profesor de Ética y Economía de la Universidad de Barcelona.

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Jovellanos y los afrancesados, de Alejandro Diz en El Mundo

Publicado en Historia, Política by reggio en Mayo 3rd, 2008

TRIBUNA LIBRE

Cuando en España suceden los complejos y difíciles acontecimientos de 1808, para muchos españoles a los que se podría calificar de ilustrados liberales se les iba a presentar un conflicto de lealtades, ese tipo de conflictos que plantean la necesidad de tener que hacer elecciones dolorosas entre alternativas incompatibles entre sí. En lo esencial, aquella elección dolorosa consistió bien en ponerse del lado de la mayoría del pueblo español, incluyendo a una parte considerable de autoridades locales, de militares, nobleza y clero, que sintieron la imperiosa obligación moral de luchar por la independencia del país frente al considerado como invasor, aunque ello supusiera afrontar una terrible guerra; bien, en apoyar al nuevo régimen de la dinastía bonapartista, pese a la resistencia popular que había, con la justificación de que ello iba en bien del país, al evitar así una guerra y una revolución y, a la vez, efectuar la necesaria reforma que la nación necesitaba y que, pretendidamente, aseguraría el régimen napoleónico de José Bonaparte.

Esa elección fue la que tuvo que hacer el gran ilustrado Jovellanos quien, como es sabido, optó por la alternativa de apoyar la guerra contra el invasor napoleónico. Pero, ¿acaso Jovellanos fue una especie de mirlo blanco por su rareza entre los viejos ilustrados al apoyar y sumarse al bando de la resistencia nacional? La argumentación tantas veces repetida de que, en lo fundamental, los ilustrados de tiempos de Carlos III se pusieron del lado josefino y constituían el núcleo duro del partido napoleónico habría que matizarla, puesto que, si bien es verdad que, por ejemplo, la lista del primer gobierno formado por José Bonaparte ciertamente impresiona por los nombres de viejos ilustrados que la componen: Urquijo, Cabarrús, los generales Azanza y O’Farrill, y el marino Mazarredo (todos ellos amigos y bien considerados, hasta entonces, por Jovellanos), sin embargo, también es verdad que otros ilustrados importantes se pusieron del lado antinapoléonico, como por ejemplo, aparte de Jovellanos, el antiguo ministro de Hacienda Saavedra, el geógrafo Antillón, el poeta Quintana o Floridablanca.

Además, entre los colaboradores españoles del régimen bonapartista se da algún caso que defiende ya no sólo planteamientos propios del Antiguo Régimen, sino incluso de defensa de la teoría descendente-teocrática de la legitimidad del poder propia de la Alta Edad Media, como el del abad de San Ildefonso y confesor de Carlos IV, el catalán Félix Amat, quien en una carta pastoral del 3 de junio de 1808 que se hizo famosa, y que se publicó en la Gaceta de Madrid, justificando el cambio de dinastía a favor de los Bonaparte, escribía: «Dios es quien da y quita los reinos y los imperios y quien los transfiere de una persona a otra persona, de una familia a otra familia y de una nación a otra nación o pueblo [...] Desechemos, pues, con el mayor horror toda especie que pueda dirigirse a insubordinación. …Dios es quien ha dado al gran Napoleón el singular talento y fuerza que le constituye el árbitro de la Europa. Dios es quien ha puesto en sus manos los destinos de España».

Los afrancesados justificaban la legalidad de las abdicaciones de Bayona a favor de la nueva dinastía de los Bonaparte, que no hay que olvidar que estaba apoyada en las tropas ya asentadas en el país. Y solapado con esto se da una disputa de importante calado jurídico-político como es el de la defensa del derecho real frente al derecho nacional como legitimador de la Corona y de la soberanía, defensa llevada a cabo por Napoleón y los colaboracionistas españoles, en el sentido de que el rey -Carlos o Fernando- tenía un derecho patrimonial de disponer de la Corona, frente a la teoría del derecho nacional que defendería la resistencia española, en el sentido de que sólo la Nación en Cortes dispone de esa prerrogativa -argumentación que también se apoyaba en la tradición de la constitución histórica española-, por lo cual las abdicaciones de Bayona no tendrían validez jurídica. Teoría, la del derecho nacional, que recogería la Constitución de Cádiz de 1812, al afirmar que «la Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona».

Esta dualidad de defensas acerca de la cuestión de en dónde residía la disponibilidad de la Corona, y en última instancia la soberanía, es -desde mi punto de vista- uno de los argumentos principales que desmonta la teoría de que los afrancesados eran los que, fundamentalmente, representaban el verdadero progreso, frente a un bando patriótico que representaría, supuestamente, la defensa más oscura del Antiguo Régimen.

Jovellanos apoyó la lucha por la independencia del país, pese a sus temores hacia el posible desencadenamiento de una guerra civil. Con aquel Jovellanos de 1808 hay que hacer un esfuerzo especial de empatía por intentar comprender su estado anímico y físico. El 5 de abril de 1808 recibe en el castillo de Bellver de Mallorca la orden de libertad tras haber pasado los últimos siete años en confinamiento y prisión en condiciones vejatorias. Por entonces tenía 64 años y la salud muy quebrantada. Tras un largo viaje por Cataluña y Aragón, llega a la localidad alcarreña de Jadraque, donde residía su íntimo amigo Arias de Saavedra. Ya durante este recorrido ve -como refleja en su Diario- lo agitados que están los ánimos, e incluso subraya su temor por una posible guerra. Nada más llegar a Jadraque se inicia una serie de repetidas e insistentes peticiones de antiguos conocidos que por entonces ya habían abrazado el partido afrancesado, Azanza, O’Farrill y Mazarredo, entre otros, y también, indirectamente, de Murat, José Bonaparte y del mismo Napoleón, que le apremian para que colabore con el nuevo régimen o para que apacigüe con su autoridad los ánimos exaltados de su tierra asturiana. Jovellanos ya conocía, por entonces, lo de las abdicaciones de Bayona.

Ante estos apremios, se excusa y se parapeta en la necesidad de curar su salud. Y es acerca de estas excusas en lo que se han basado algunas interpretaciones sobre su posible vacilación o tibieza en aquellos días de mayo y junio. En mi opinión, es muy posible que las excusas de su precario estado de salud eran basadas en algo cierto pero que ya tenía interiorizado cuál era el carácter de la lucha y decidido de qué lado tendría que situarse. Así, en una carta enviada a Mazarredo el 21 de junio, escribe: «La Nación se ha declarado generalmente y se ha declarado con una energía igual al horror que concibió al verse tan cruelmente engañada y escarnecida [...] Hacerla retroceder ya no es posible. [...] …y pues que el gran problema de si convenía inclinar la cerviz o levantarla está ya resuelto [hay que] resolver otro que aún queda en pie: ¿Es por ventura mejor una división que arma una parte de la nación contra el todo, para hacer su opresión más segura y sangrienta, o una reunión general y estrecha que hará el trance dudoso y tal vez ofrecerá alguna esperanza de salvación?».

Con estos planteamientos de junio de 1808 Jovellanos lanza un auténtico torpedo a la línea de flotación de la justificación moral del partido de los colaboracionistas con el régimen napoleónico. Por si cabía alguna duda, están las propias palabras que Jovellanos escribió en su Memoria en defensa de la Junta Central, de septiembre de 1810, en donde, en la parte en que expone su conducta y opiniones desde que había recobrado la libertad en la primavera de 1808, escribe que, al poco tiempo y «cuando empezaba a peligrar la [libertad] de mi patria, no sólo abracé con firmeza la santa causa de su defensa, sino que me negué a todas las sugestiones y ofertas lisonjeras con que la amistad y el poder procuraron empeñarme en el opuesto partido».

El 7 de julio, Urquijo le comunica desde Bayona que el rey José le ha nombrado su ministro de Interior, a lo que el asturiano, aunque con un estilo convencionalmente cortés, rehúsa alegando de nuevo su precario estado de salud. El 8 de septiembre le llegó el nombramiento para representar a Asturias en la Junta Central, lo que admitió, según sus propias palabras, por «el amor a la patria, …y resignado a sacrificar en su servicio cualquier resto que hubiese quedado de mis débiles fuerzas».

Hay una carta suya fechada en septiembre de aquel año, considerada como un auténtico manifiesto acerca de la guerra de liberación y especialmente interesante para comprobar sus verdaderos sentimientos ante el régimen impuesto y la lucha del pueblo, que dirige a su antiguo amigo Cabarrús, en respuesta a otra de éste de finales de agosto comentándole la retirada del Gobierno de José Bonaparte tras la derrota que los franceses habían sufrido en Bailén. En ella escribe que, si antes pudiera haber alguna disculpa en haber «abrazado el partido menos justo», ahora tras Bailén, «cuando ya no queda al opresor otro recurso que conquistarnos», lo que recrimina a Cabarrús es el apoyo que sigue dando al régimen bonapartista y su reconocimiento de la necesidad de conquista, y «esto -le dice con amargura al viejo amigo- es lo que ni el honor ni la razón podrán disculpar jamás».

En esta carta también se desmontan algunas de las justificaciones de los colaboracionistas, cuando le interroga a Cabarrús: «Dirá Vd.,… que Napoleón no quiere esclavizar [a España], sino regenerarla, mejorando esta Constitución, y levantarla al grado de esplendor que merece… Seamos sinceros. ¿Cree Vm. que es esto lo que quiere Napoleón, o quiere sólo levantar un trono para su familia? [...] si sólo trata de hacer feliz a España, ¿quién es el que le llama a tan sagrada y benéfica función? ¿Quién le ha dado derecho para ingerir en ella? [...] ¿España no sabrá mejorar su Constitución sin auxilio extranjero?».

Y Jovellanos escribe unos párrafos con cierto estilo vibrante, auténtico manifiesto político, que desmonta la pretendida adscripción de los afrancesados al partido del progreso y de los partidarios de la resistencia a simples defensores del Antiguo Régimen: «Pero no; España no lidia por los Borbones ni por los Fernando; lidia por sus propios derechos, derechos originales, sagrados, imprescriptibles, superiores e independientes de toda familia o dinastía. España lidia por su religión, por su Constitución, por sus leyes, sus costumbres, sus usos, en una palabra, por su libertad,… [...] España juró reconocer a Fernando de Borbón; España le reconoce y reconocerá por su rey mientras respire; pero si la fuerza le detiene, o si la priva de su príncipe, ¿no sabrá buscar otro que la gobierne? Y cuando tema que la ambición o la flaqueza de un rey la exponga a males tamaños como los que ahora sufre, ¿no sabrá vivir sin rey y gobernarse por sí misma?». Comentando estas palabras de Jovellanos, el historiador Somoza escribió «¿Qué demócrata dijera más?».

Alejandro Diz, es profesor de Historia de las Ideas de la Universidad Rey Juan Carlos.

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El pueblo, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Publicado en Historia, Política by reggio en Mayo 3rd, 2008

SABATINA SABATICA

El pueblo madrileño saltó a la calle, en 1808, para defender la cabeza del rey. Veinte años antes, el pueblo parisino había saltado a la calle para cortar la cabeza del rey. Ay, los pueblos, tan iguales y tan distintos, según. Los franceses habían vivido cien años de ruptura con el pensamiento mítico -¿o no pensamiento?- imperante: las Luces, la Ilustración, la Enciclopedia. El auge de la Razón, el contagio del libre examen protestante. Los españoles gozábamos en la plaza pública con los autos de fe de la Inquisición, algo bien poco razonable.

Aquí ya teníamos, sin ser todavía nada definido (ni por definir, tal como vamos), una larga experiencia en echar invasores. Romanos y árabes, todos tenían más cultura y civilización que los habitantes de la tierra de conejos. Los echamos. También echamos a los diferentes, judíos y moriscos. Los centroeuropeos, plantando cara a Roma, se embarcaron en la Reforma, y los españoles organizamos ejércitos de armas y cruces para implementar la Contrarreforma. La ruina dura.

Aquí vivimos gente rara, gente que se subleva para ajustar mejor sus propias cadenas o que se echa al monte (y a la mar océana) para imponer cadenas a los demás. Es nuestra Historia, un elevado e intenso sentimiento capaz de confundir esclavitud y libertad tan ricamente. Aquí vive gente fascinada por una Idea única y, consecuentemente, por una Persona única: el Papa, el Rey, el Dictador, formas de reconocer al Padre, de aceptar la Autoridad que viene de arriba, de someterse al Orden impuesto desde la altura indiscutida.

En esta olla a presión, surgen, como es natural, los excedentes que no soportan tanta temperatura de cocción. Liberales, anarquistas, herejes, republicanos, ilustrados. Buena parte de todos ellos, será casualidad, acababan tomando el camino que lleva a Francia. Siempre nos quedará París, aunque ahora a los chicos ya no les enseñamos el francés: el Sistema detectó que las instrucciones que gobiernan el mundo se imparten en inglés.

Pero quizás, y aun con doscientos años de retraso y atraso, todavía estemos a tiempo de ir cambiando un poco la dirección y el contenido del fervor. Gracias a Dios -¿a quién si no?-, disfrutamos de una Monarquía constitucional -¡lo que ha costado!- y parlamentaria que nos permite simularnos republicanos. Hablo de valores. Aunque, frente al democrático discurso igualitario, de la real figura emana el persistente símbolo indicativo de la inevitabilidad de la existencia del Uno. ¡No vamos a cambiar de la noche a la mañana!

Tuvimos un Siglo de Oro deslumbrante, con el honor y la honra, eso sí, en el centro del teatro y con la religión en el centro de la pintura. Nos queda llegar a algo en Filosofía, Música y Ciencia para sanear el subconsciente de la idea de que la libertad consiste en apiolar franceses (u otras especies ajenas) de la mano de frailes y déspotas. ¿Exagerado? Yo lo digo por las noticias de hace 200 años que hoy publican con entusiasmo los periódicos como si fueran de ayer mismo.

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Motines del hambre, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (mayo de 2008 - nº 151)

Publicado en Ecología, Economía, Energia, Medio ambiente by reggio en Mayo 3rd, 2008

Ya son más de treinta y siete los países en los que la inseguridad alimentaria ha provocado protestas. Las primeras tuvieron lugar en México el año pasado por el aumento exagerado del precio del maíz. También en Myanmar (antigua Birmania) la insurrección de los monjes, en septiembre de 2007, comenzó por manifestaciones de descontento contra la carestía de los alimentos. Y en las últimas semanas hemos asistido a tumultos en diversas ciudades de Egipto, Marruecos, Haití, Filipinas, Indonesia, Pakistán, Bangladés, Malasia y sobre todo de África Occidental (Senegal, Costa de Marfil, Camerún y Burkina Faso) (ver “Crisis cerealera”, págs. 16 a 18).

Son rebeliones de los más pobres y limitadas al ámbito urbano. El campesinado, por el momento, no se ha amotinado, y las clases medias no se han sumado al alboroto. Pero lo harán si los precios de la comida siguen aumentando. Y éstos subirán pues lo paradójico de la situación es que nunca la producción agrícola había sido tan abundante. O sea que la carestía actual no se debe a la penuria, sino a otros factores. Habrá pues nuevos amotinamientos por hambre y durante un largo periodo. Que se traducirán por nuevas oleadas de emigración. Pues la comida representa hasta el 75% de los ingresos de las familias de países pobres, contra un 15% en los países ricos.

Para prevenir las próximas algaradas, algunos Gobiernos ya han multiplicado las medidas: Kazajistán ha suspendido todas sus exportaciones de trigo, Indonesia ha decidido limitar las de arroz, Filipinas ha declarado la guerra a los especuladores, y Argentina, Vietnam y Rusia han restringido sus ventas de trigo, arroz y soja al extranjero.

Pero los precios siguen en alza. Desde marzo de 2007, el valor de los productos lácteos ha subido un 80%, el de la soja un 87%, y el del trigo, un 130%. El Banco Mundial, que no está exento de responsabilidad (léase, p. 32, el artículo de Serge Halimi), afirma que estos aumentos han empujado al abismo de la miseria a más de cien millones de habitantes de los países pobres. Y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola estima que por cada aumento de 1% del coste de los alimentos de base, 16 millones de personas se ven sumergidas en la inseguridad alimentaria. Lo cual significa que 1.200 millones de seres humanos podrían padecer hambre crónica de aquí a 2025.

¿Por qué aumentan los precios de la comida? Esencialmente, por cuatro razones. Primero porque la elevación del nivel de vida de países como China, la India y Brasil ha modificado los hábitos alimentarios. Se consume más carne, luego hay que criar más ganado. El cual consume una parte importante de las cosechas de cereales. Las nuevas clases medias comen más veces a la semana carne de pollo y de cerdo, y estos animales se nutren a base de soja y de maíz. Como la población mundial va a seguir creciendo y el poder adquisitivo de muchas personas va a continuar elevándose, se producirá un cambio estructural. El ecologista Lester Brown lo anuncia: “Cuando los chinos consuman tanta carne como los estadounidenses, absorberán el 50% de los cereales del mundo” (1).

Segundo, porque una parte de la producción alimentaria (caña de azúcar, girasol, colza, trigo, remolacha) se destina ahora a la producción de agrocarburantes. Las tierras y los cultivos que se dedican a esa actividad ya no dan alimentos para los seres humanos. Y esto también se va a agravar. La Unión Europea ha decidido que un 10% del total de hidrocarburos consumidos de aquí a 2020 deben ser agrocarburantes. Y el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, pide que sea un 15%, de aquí a 2017. A tal punto que países con déficit alimentario como Senegal o Indonesia han resuelto producir agrocarburantes en vez de vegetales comestibles. Responsable en parte de esta situación, el Fondo Monetario Internacional afirma que entre un 20% y un 50% de las cosechas mundiales de maíz y de colza ya están siendo desviadas para elaborar carburantes.

Tercero, porque el estallido de los precios del petróleo -por encima de 115 dólares el barril- encarece el coste de los transportes, en particular el del traslado de los artículos del agro y por consiguiente el valor de los alimentos.

Cuarto, por efecto de la especulación financiera. Huyendo de la crisis de los subprime , los fondos de inversiones apuestan en este momento por los productos alimentarios: soja, trigo, arroz, maíz. Son valores refugio. Los fondos compran y almacenan apostando por el alza. Como los acaparadores de siempre, los nuevos especuladores no dudan en enriquecerse con las hambrunas que ellos mismos contribuyen a crear. Se estima que la especulacion está causando un 10% de las subidas de los alimentos.

Los países ricos se comprometieron hace tiempo a consagrar el 0,7% de su Producto Interior Bruto al apoyo de los países pobres. Muy pocos han cumplido esa promesa. En su conjunto, el año pasado la ayuda disminuyó un 8,4%. ¡Y la asistencia a la agricultura de los Estados del Sur bajó, en los últimos veinte años, un 50%! ¿Cómo extrañarse de la proliferación de los motines? ¿A qué se espera para crear, por fin, un gran Fondo Mundial contra el Hambre?

Notas:

(1) Capital , París, marzo 2006.

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Bioetanol, precios agrícolas y pobreza, de Carlos Sebastián en Cinco Días

Publicado en Ecología, Economía, Energia, Medio ambiente by reggio en Mayo 3rd, 2008

La lucha contra el cambio climático pasa por transmitir al usuario el coste de emitir CO2 y otros GHG (encareciendo la energía fósil) y por impulsar las energías renovables, sabiendo que ninguna de ellas por sí sola será capaz de sustituir a la energía fósil en un horizonte bastante dilatado. Pero una combinación de ellas podrá conseguir una sustitución sustancial.

Los biocombustibles, especialmente el bioetanol, tienen un papel que jugar en ese proceso, sustituyendo parcialmente a los combustibles líquidos de origen fósil. La campaña en contra se basa fundamentalmente en dos afirmaciones: no ahorran ni energía fósil ni emisión de GHG y son los principales responsables de la elevación de los precios agrícolas. Ambas proposiciones son falsas.

Cada vez es más difícil encontrar un estudio científico que muestre que el bioetanol no ahorra energía y no emite menos GHG. Nadie duda que el producido a partir de la caña de azúcar y el bioetanol celulósico que se deriva de los residuos agrícolas y forestales (y de determinadas hierbas) tengan una alta eficiencia energética y conllevan una sustancial reducción de GHG. La mayor parte de los últimos estudios apuntan a que el producido con cereales también tiene efectos favorables, sobre todo si se tiene en cuenta todos los productos que se obtienen en el proceso de producción del bioetanol.

Los últimos estudios contrarios al bioetanol no comparan un galón de etanol con uno de gasolina, sino que se centran en las consecuencias ambientales y energéticas de un empleo masivo de bioetanol derivado de los cereales. Pero nadie tiene en mente ese empleo masivo. Tanto la industria cómo los Gobiernos que están impulsando los biocombustibles están pensando que pronto se va a producir una sustitución del etanol de primera generación (producido con caña de azúcar y cereales) por bioetanol celulósico. De hecho en no más de cinco años las plantas híbridas, que utilizaran toda la planta del cereal (no sólo el grano), serán una realidad. Y más adelante no habrá que utilizar grano.

Sobre los precios agrícolas: en los últimos años se ha producido una elevación enorme de la mayor parte de las materias primas (agrícolas y no agrícolas). Entre las agrícolas, es cierto que el maíz y el trigo (y las materias oleaginosas de las que se deriva el biodiésel) se han encarecido enormemente. No así el azúcar, que es con el maíz el mayor input en la producción de etanol. Otras elevaciones como las del arroz nada tienen que ver con el bioetanol, porque el arroz no se dedica a esa industria y sus tierras no son adecuadas para producir cereales para la destilación.

No hay duda de que se ha producido un incremento de la demanda de cereales y un mal comportamiento de la oferta. Pero los cereales utilizados en la producción de etanol representan poco más del 3% de la demanda mundial. Y, aunque ha crecido su uso para biocombustibles, del 4% en que se incrementó el consumo mundial de cereales en 2007, un 0,8% se debe a la industria del bioetanol. La fuerte caída de los stocks ha estimulado una demanda especulativa en los mercados organizados de grano. Estos datos y la relevancia de las deficiencias en la oferta de cereales han llevado al subdirector general de la FAO a afirmar que los biocombustibles son sólo responsables de entre un 5% y un 10% del aumento de los precios.

Las deficiencias en la producción son debidas a malas cosechas en grandes productores. Pero también a muchas décadas de erróneas políticas agrarias, en países desarrollados y en los subdesarrollados.

En los primeros hay millones de hectáreas de tierra cultivable en retirada y en los segundos, los productores agrícolas han sido laminados por las políticas del primer mundo pero también, y sobre todo, por sus propios Gobiernos.

Y este segundo factor es el que condiciona que estos países estén perdiendo la gran oportunidad que les brinda la elevación de los precios agrícolas.

Los Gobiernos de los países subdesarrollados se han pasado décadas sustrayendo rentas de los sectores agrícolas (mediante impuestos, tipos de cambio sobrevaluados y otras acciones), pese a que en algunos casos era la principal fuente de riqueza.

Y lo han hecho no por ignorancia, sino como estrategia para mantenerse en el poder, pues transferían recursos de una población dispersa poco fidelizable a grupos afines en los que se apoyaban.

En Argentina, la presidenta Cristina Fernández está actualmente transfiriendo, con su impuesto a la exportación, recursos de los agricultores (grandes y pequeños) a los grupos afines al peronismo con el mismo objetivo. Y en los países africanos, desde su independencia, la política agraria puede ser explicada por esa lógica.

La campaña contra el bioetanol es feroz. La ‘industria de la negación’, cómo G. Monbiot llama a la que obstaculizó la aceptación del fenómeno del cambio climático, sigue machacando a la opinión pública. Seguimos, por ejemplo, oyendo a diario que el bioetanol americano es culpable del encarecimiento de las tortillas mexicanas, cuando éstas se obtienen de un maíz diferente (blanco en lugar de amarillo) producido íntegramente en México. Y la campaña puede tener éxito. El resultado sería retrasar el desarrollo de la biomasa como alternativa a los combustibles líquidos sin mejorar la evolución de los precios agrícolas. Se seguiría agravando la pobreza y los países rurales seguirían perdiendo su oportunidad.

Carlos Sebastián. Catedrático de Análisis Económico de la Universidad Complutense.

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Contra éstos y los otros, de Javier Ortiz en Público

Publicado en Derechos, Política by reggio en Mayo 3rd, 2008

No me parece mal que se exija a las representaciones municipales de ANV que se pronuncien sobre los atentados de ETA. Su silencio es perverso, por más que el silencio, por definición, no diga nada. Lo que me irrita es que esa demanda, presentada en varios ayuntamientos de Euskal Herria, sea bautizada como “moción ética” y que se asegure a continuación que se esgrime porque no cabe tener relaciones “con quienes no condenan la violencia”.

Ya lo he explicado en anteriores ocasiones, pero lo volveré a hacer, porque no pierdo la esperanza de que alguna gente se dé cuenta de que están manipulándola, ya sea desde los telediarios o desde la Presidencia de Izquierda Unida, que se ha sumado a ese rollo con gran entusiasmo.

En primer término: ¿Qué es eso de “condenar la violencia”? Ni siquiera lo hace el Código Penal, que es la expresión regulada de la violencia que ejerce el Estado contra las conductas que él mismo tipifica como inaceptables. El Estado es la estructura organizada y más acabada de la imposición. Él decide qué instrumentos de violencia no sólo son aceptables, sino incluso estupendos: las Fuerzas Armadas, las policías, los tribunales, las cárceles. En consecuencia, pedir a alguien que condene “la violencia”, ¿qué quiere decir? ¿Que se le reclama que esté en contra de cualquier actitud coercitiva? ¿Se nos han vuelto todos bakuninistas, o qué?

En segundo lugar, ¿de qué ética se está hablando, cuando se presentan las mociones yendo de la mano de gente que no condenó y sigue sin soltar prenda, tantos años después sobre otras muchas manifestaciones de violencia ilegítima, desde el Batallón Vasco-Español hasta los GAL, pasando por Intxaurrondo (dicho sea ciñéndonos a los asuntos internos y sin salir al extranjero)? Torturas, secuestros, asesinatos… Francamente, elaborar una “moción ética” con los mismos que pagaban a Amedo y Domínguez recuerda al título de Alberti: “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho ser dos tontos”.

Tengo claro por qué estoy también en contra del abstencionismo ético de ANV. Pero resalto y subrayo en qué términos: he escrito “también”. No me gustan ni los unos ni los otros.

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¿Mociones éticas o ingeniería electoral?, de Alvaro Reizabal en Gara

Publicado en Derechos, Política by reggio en Mayo 3rd, 2008

El mapa político se altera por diversos sistemas antes, durante y después de la celebración de las elecciones. Bajo tanta palabra altisonante se esconde un sistema de ingeniería electoral para acceder al poder de manera, cuando menos, no muy escrupulosa

Bajo el eufemismo de «mociones éticas» se está procediendo a una maniobra orquestada de alteración de los resultados electorales de las últimas elecciones municipales. No es la primera vez que ocurre, pues ya en ocasiones anteriores hemos asistido al espectáculo de que concejales en franca minoría y, por tanto, sin respaldo popular, desbancaban a alcaldes que gozaban de amplias mayorías.

En la actual coyuntura se está disfrazando de cuestión ética lo que no es sino un asalto al poder: tratar de conseguir por otros medios lo que las urnas les han negado. Ciertamente en ocasiones anteriores han conseguido ocupar alcaldías por este mismo método, pero no parece que convencieran a nadie, pues elección tras elección la ciudadanía se empeña en que vuelvan a gobernar en esos pueblos, objeto del despojo, los mismos a los que de forma poco ortodoxa se les arrebataron los bastones de mando en ocasiones anteriores. Así pues, desde el punto de vista de llevar a la ciudadanía a posiciones políticas diferentes de las de los desbancados, la operación ha venido constituyendo un fracaso histórico.

Por eso, al comprobar que ahora, otra vez se intenta la misma operación bajo el manto justificador de la ética, uno pueda preguntarse si lo que realmente se pretende es lo que se dice a los cuatro vientos o sencillamente hacerse con una poltrona, con un poder, que las urnas les niegan tozudamente, lo que evidentemente no resulta ni democrático ni ejemplar, por mucho que los promotores del invento nos quieran vender la moto.

Además llueve sobre mojado, porque hay que recordar en qué condiciones se tuvo que presentar la izquierda abertzale a las municipales: legal en unos pueblos y eliminada de la contienda electoral en otros al declararse ilegales sus listas, pese a pertenecer al mismo partido. Las actuales mociones pretenden alcanzar el poder que no alcanzaron ni por el sistema de las ilegalizaciones.

Se utilizan los grandes conceptos como el imperio de la ley, la democracia, la ética, la Constitución para, con esa cobertura, proceder a llevar a cabo actuaciones que parecen más propias de la mera rapiña política. Y así, el mapa político se altera por diversos sistemas antes, durante y después de la celebración de las elecciones. Bajo tanta palabra altisonante se esconde un sistema de ingeniería electoral para acceder al poder de manera, cuando menos, no muy escrupulosa. Incluso hay casos en que quienes acceden a ser alcaldes por estos sistemas son personas que han fracasado en el intento, porque sus vecinos no quieren que sean alcaldes, pero lo consiguen desbancando al elegido de forma natural.

Y si las mociones fracasan estrepitosamente y no se consigue el propósito perseguido, siempre aparecerá en escena la toga de algún Supertramp dispuesto a solucionar el entuerto y judicializar la situación política encarcelando a los mandatarios no desalojados de sus puestos a golpe de moción. El fin justifica los medios.

Alvaro Reizabal. Abogado.

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Ino Galparsoro, en prisión, de Mariano Gómez en IzaroNews

Publicado en Derechos, Política by reggio en Mayo 3rd, 2008

Tal como preveíamos, se había estado preparando el terreno para cometer un nuevo atentado al sentido común… un posicionamiento político es criminalizado y una ciudadana más de este país acaba en prisión. Los posicionamientos políticos, sean o no reprobables, políticamente tienen que ser rebatidos, y no mediante el estado de excepción, criminalizándolos y llevándoles a prisión…. acción-reacción-acción… ¿hasta cuando?

Es desesperante. ¿Hasta cuando, hasta donde va a seguir esta escalada represiva y sin sentido?…. El P.P, perdón el PSOE, se ha propuesto emular a Aznar, acosar a toda la izquierda abertzale, tengan que ver con ETA o no… ¿Nos hemos parado a pensar cuantos de los presos vascos estan en prisión por relación directa y cierta con ETA?, o dicho de otro modo ¿cuántos presos lo están por la teoría del todo es ETA, sin tener ninguna vinculación directa con dicha organización?, por ser miembros de una organización política sin más, por pertenecer a medios de comunicación, a organismos sociales, culturales o juveniles a los que previamente se les ha identificado con Batasuna, y a esta con ETA?.

Es evidente que ambos actores se encuentran a gusto en esta dinámica porque creen que es la mejor para la defensa de sus intereses.

ETA con sus acciones busca la respuesta desmesurada del Estado, su represión generalizada, como mejor forma de evitar la discrepancia interna, de cohesionar el grupo (en periodo de acoso y derribo por parte del Estado, no es tiempo de debate ni de crítica, dicen y piensan). Pensando que esa es la mejor forma de llegar en la mejor situación posible a la nueva etapa de negociación.

Por su parte el Estado piensa que acosando y generalizando la represión, con razón o sin ella, sea jurídicamente posible o no (ahí también todos los poderes del estado se cohesionan y se mantienen firmes en el cierre de filas, en cerrar los ojos, en taparse la nariz. Es cuestión de Estado) consiguen ese cierre de filas en la izquierda abertzale y esa falta de debate. Estando convencidos de que esa es la mejor manera de acabar no con ETA, sino con el conjunto de la izquierda abertzale (el dos por uno).

Pero somos muchos los que pensamos que ambos se equivocan, que ninguno termina de conseguir sus objetivos. Salvo el de alargar el sufrimiento en esta sociedad. Es verdad que, en la ruptura de la anterior tregua, la represión generalizada, las ilegalizaciones, el todo es ETA, instigado por Aznar, permitió a la I.A salir de la crisis que había sufrido con dicha ruptura (bajando a la mitad de sus diputados en la C.A.V), minimizar el descontento, e ir recuperando progresivamente su apoyo electoral. Pero a costa de sufrir una importante merma en su capacidad de movilización, de ilusionar, y, sobre todo, de crear confianzas y de tender puentes con los más próximos.

Es una evidencia que las energías surgidas en esta última tregua no tenían nada que ver con las del 98, y posiblemente, en la siguiente, la correlación de fuerzas será aún peor.Por eso sería necesario llegar al convencimiento de que, independientemente de cual sea la actitud del estado, la etapa de la lucha armada ha terminado; y buscar grandes alianzas en favor del derecho de este pueblo a decidir su futuro, desde la defensa de todos los derechos, de todas las personas, y de que todas las ideas y proyectos son posibles. Desde una defensa conjunta ante las agresiones y el ninguneo por parte del Estado (ahora vemos, también, como estan tratando de nuevo al Lehendakari). Tenemos que ser capaces de reaccionar cuanto antes… El estado se encuentra fuerte y cómodo. Aprovechando todo su poder mediático, mezcla y equipara situaciones: no volverá a negociar con ETA, dice, pero tampoco con el Lehendakari (hablar sí, pero para decirle que de su proyecto nada de nada, aunque sea mayoritariamiente aprobado en el Parlamento de la C.A.V. Ya lo hizo una vez: mientras estaba hablando y dialogando con ETA, dieron portazo a la posibilidad de debatir siquiera sobre el llamado plan “Ibarretxe”).

En fín que mientras tanto no nos queda otra que ir condenando cada nueva violación de derechos que se va produciendo, sin entrar en graduarlas, en compararlas, sólo desde la desesperación de ver como el llamado estado de derecho cada vez parece más una quimera en este país.

Hoy, desde aquí pedimos la inmediata puesta en libertad de la alcadesa de Arrasate.

Mariano Gómez, miembro de Ezker Gogoa.

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El nacimiento de España, de Juan Carlos Escudier en El Confidencial

Publicado en Historia, Política by reggio en Mayo 3rd, 2008

El gran problema al que se enfrenta España no es el paro, que aumenta sí pero Zapatero ha prometido que no llegará a los niveles de cuando gobernaba el PP, lo cual siempre es un alivio para quienes perderán el trabajo; ni los precios, que tendrán que bajar como la manzana de Newton por efecto de la gravedad; ni siquiera el déficit exterior, porque desde el martes ya se pueden comprar letras del Tesoro desde las Islas Caimán sin tributar por los intereses. Lo que nos tiene en vilo es determinar la fecha exacta, y hasta la hora si se puede, en la que los españoles fuimos conscientes de que éramos una gran nación.

Sobre el particular hay ciertas discrepancias formales. Según nos explicó Aznar en su día, España nació con la Reconquista, y por eso estamos en el punto de mira de Al Qaeda. Sin embargo, la moderna historiografía acaba de sentenciar que, si bien la nación pudo alumbrarse en Calatañazor o antes, con Vermudo II de cuerpo presente, la conciencia de que había llegado al mundo la tuvimos hace exactamente dos siglos, dando navajazos a los soldados de Murat y recibiendo plomo de sus arcabuces.

Estamos ante uno de esos debates intensos que acalora a la gente en los bares y no le deja tomarse en paz el café. ¿Desde cuándo somos? Se trata de una pregunta que, por su importancia, ocupa espacio propio entre las grandes preocupaciones metafísicas del individuo hispano, junto a las de por qué estamos y la de si existe Dios. Millones de personas se mueren de hambre en el mundo, un loco mantiene a su hija encerrada dos décadas en un sótano y tiene siete hijos con ella, hay países cuyo estado natural es la guerra, sí, pero, ¿a partir de qué momento esta realidad rojigualda que nunca pasa de cuartos en los Mundiales es una nación?

Es comprensible que esta inquietud centre nuestra atención de manera prioritaria. Lo cotidiano es despreciable. No te puedes casar porque las listas de espera de los juzgados parecen de hospital; no te puedes operar porque las listas de espera de la Sanidad parecen de juzgado; no puedes llegar al trabajo a tu hora porque están en huelga los autobuses, se ha hundido el tren de cercanías o porque te acabas de quedar sin trabajo. No te compras una casa porque Botín no te da el crédito y si te lo diera dejarías de pagarlo porque te has quedado sin trabajo. Botín ya no da créditos pero se sigue forrando (bueno, eso también es metafísica). Sólo al trascender de lo nimio, la vida tiene sentido. Y es entonces cuando se alcanza la plenitud neuronal y el ser ibérico se cuestiona sobre su mismidad. ¿Desde cuándo soy español, carajo?

Hay sujetos, los más sensibles, que ven alteradas las funciones del sueño. La ciudadanía destripa la historia buscando el punto alfa, el origen de los toros, de la siesta, de las tapas y hasta de las sevillanas para poner sobre la tele. Queremos el dato, la revelación definitiva, que libere nuestra mente unos instantes para llevar a los niños con la abuela porque no hay plazas de guardería suficiente, y de paso, que nos deje ir al supermercado y comprobar así si la leche está más barata que en Alemania o nos mentía Zapatero.

Se teme que la indefinición sea aprovechada por otros que no tienen nada que hacer y se pasan la vida pariendo naciones inexistentes. Pero vamos a ver, ¿a quién puede interesar si los vascos tienen el Rh negativo o si sus txapelas son anteriores a los Reyes Godos? ¿Por qué Ibarretxe no se dedica a escribir recetas de bacalao al pil-pil como le pide ahora su partido? ¿Pero qué demonios es eso de que Cataluña es una nación si les tenemos que llevar una cañería hasta Barcelona para que se duchen en Barcelona?¿Nos hallamos acaso ante un trasvase internacional?

Y luego están los más peligrosos, a los que esto de la nación se la suda, los relativistas, los que opinan que lo importante es vivir cada vez mejor, los que disfrutan yéndose al parque con los niños o haciendo una paella con el vecino, sea vasco o calagurritano, los que se toman el vermú los sábados y, si pueden los domingos, los que se fuman el 59 segundos porque Zapatero se repite más que la fabada y les importa un bledo la crisis del PP o si Esperanza Aguirre quiere liquidarse al gallego de la barba, los que creen que este país no está del todo mal y que podría estar mejor si los políticos a los que pagamos se dedicaran a lo irrelevante: la educación, la sanidad, las pensiones, la justicia y el medio ambiente. Esos, que han sido incapaces de entender la importancia de la nación aunque paguen sus impuestos religiosamente, y que tendrían que adorar al Estado, pese a que nunca recibieron una beca, ni cheques por hijo, ni ayudas al alquiler, son los peores.

Por todo ellos es prioritario establecer el momento, saber con exactitud si los ajusticiados que pintaba Goya eran españoles o sólo madrileños. Estamos en un sinvivir. Si alguien puede ayudarnos, que nos diga ya la fecha y dejémonos de historias.

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