Ministro de Inmigración, con otro aire, de Enrique Badía en Estrella Digital
Sin prodigarse demasiado, el nuevo ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, ha dado suficientes muestras de sustentar un discurso y unas ideas sobre inmigración no demasiado coincidentes con la que venía siendo doctrina desde el año 2004. Su característica esencial es que dice en voz alta y sin eufemismos lo que muchos piensan, pero no expresan públicamente por el dudoso pudor de no alejarse de lo tenido por políticamente correcto. La duda —lógica— es si con el tiempo atemperará su discurso y, lo que es más importante, hasta qué punto tendrá capacidad para implementar sus postulados en la vida real.
Cualquiera que haya seguido su trayectoria sabe que, en la medida de sus posibilidades, lo ha hecho en su larga década al frente de un municipio que, aunque adherido sin solución de continuidad a Barcelona, es la segunda concentración demográfica de Cataluña: L’Hospitalet. Una ciudad cuyo elevado componente migratorio viene de antiguo: primero, proveniente de otras zonas de España; en los diez últimos años, llegados de varias decenas de países del resto del mundo. Sabe, por tanto, de lo que habla y ha tenido oportunidad de poner en práctica siquiera una parte de lo que patrocina hacer. Sólo que acceder a una cartera ministerial tiene bastante de reto para quien procede de la gestión municipal: contrariamente a lo que suele pensarse, se dan mayores limitaciones para aplicar ideas a la realidad.
Una propuesta que ha merecido especial resonancia es que los inmigrantes puedan votar, al menos en los comicios de alcance municipal; opción que ya tienen los de origen comunitario, en virtud de los tratados que rigen la Unión Europea. Pero quizás más interesante sea el matiz que introduce, tanto en ésta como en otras que ha formulado y las varias más acumuladas en sus años de alcalde: graduar la concesión de derechos a criterios de implantación y, en definitiva, temporalidad.
El razonamiento suena atractivo y preñado de lógica: no puede considerarse lo mismo al inmigrante recién llegado que al ya establecido y a ser posible integrado en la comunidad que ha elegido para vivir y trabajar. O, por decirlo de otra manera, no debería mantenerse la drástica diferenciación entre negar derechos y otorgarlos todos por la simple posesión de los ansiados papeles. Una visión del fenómeno, o si se prefiere una concepción de la política migratoria que discurre lejos de lo que hasta ahora ha sido considerado doctrina oficial.
Sin duda, ese eventual giro ideológico comporta replantear muchas cosas, pero es posible que abriera una vía de solución a problemas reales que, no por negados desde la esfera pública, dejan de ser sentidos por la sociedad. Por ejemplo, en la prestación de servicios tan esenciales como la salud o la educación, en los que, se admita o no, muchos ciudadanos autóctonos se sienten hasta discriminados o cuando menos mal atendidos como consecuencia de la afluencia foránea. Así lo reflejan las encuestas, independientemente de que les asista o no razón, o sea más consecuencia de la falta de previsión, organización y planificación de las administraciones encargadas de prestarlos, que atribuibles a unos inmigrantes que simplemente ejercitan derechos que les han sido otorgados.
Es una evidencia que en los últimos diez años se ha incrementado en más de un diez por ciento la población española, pero el dato resulta engañoso si no se desagrega y considera que en ciertos territorios el añadido triplica ese porcentaje: son los casos de Madrid y Cataluña, más concretamente del área metropolitana de Barcelona que el ministro Corbacho conoce tan bien. Y la realidad es que las administraciones no han respondido, ni en campos concretos ni globalmente, a esa multiplicación.
Ha faltado, en suma, correspondencia entre atribución de derechos a recibir prestaciones y capacidad de atenderlos. No ya anticipadamente, que sería lo deseable, sino incluso en paralelo o a continuación. Lo que a todas luces es más grave y reprobable para quienes han ostentado u ostentan esa responsabilidad.