Y ZP mandó parar, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia
En el PSC mandan, es cosa sabida, tres nombres: José Montilla, José Zaragoza y Miquel Iceta. El primero pone los silencios, el segundo pone los ataques y el tercero tiene la pizarra en la cabeza. Nada se mueve en el universo socialista catalán que no pase por estas tres figuras, verbigracia el nombramiento (no sin forcejeos) del sustituto de Corbacho al frente de la bien nutrida Diputación de Barcelona, Antoni Fogué, a la sazón marido de Manuela de Madre, vicepresidenta del partido. ¡Qué lejos quedan los tiempos en que la izquierda oficial condenaba la endogamia político-familiar en los adversarios! Así las cosas, es de suponer que el XI congreso del PSC, previsto para el mes de julio, será lo más parecido a una balsa de aceite. Nadie prevé que surja contestación al trío que dirige la máquina, ni tan sólo por parte de Antoni Castells, que hace pocos días lamentó -como hace de vez en cuando- la falta de un grupo socialista catalán en el Congreso de los Diputados, algo que también reclama Ernest Maragall y que Narcís Serra -entrevistado ayer en RAC1- augura que algún día llegará.
A Castells, en los despachos de la calle Nicaragua, le llaman maliciosamente “el conseller de Catalunya”, título imaginario que, a lo mejor, deberá exhibir de verdad el responsable de Economia de la Generalitat a la hora de negociar la nueva financiación autonómica con el Gobierno central. Castells ya ha empezado a batirse duramente para que el president Montilla pueda cumplir su compromiso más importante. Por ahora, y aprovechando que la crisis ya ha sido oficialmente certificada por el ministro Solbes, Zapatero ha mandado parar los movimientos catalano-valencianos destinados a tomar posiciones (por encima de las lealtades partidistas) ante las previsibles maniobras del lobby socialista andaluz, presto a liderar los recelos de las autonomías descamisadas. “Que nadie vaya por libre” es la consigna de Ferraz, lo cual es un fraude a la letra y espíritu del Estatut y una forma perversa de condenar a Montilla al fracaso.
Iceta, que militó en el PSP de Tierno Galván y tiene capacidad para poner en limpio lo que se tercie, ha armado 60 densas páginas de ponencia marco para el festival de julio. El federalismo vuelve a adornar la prosa nicaragüense con fantasías animadas, pero la distancia entre las palabras y los hechos se hace insostenible. A la hora de la verdad, Montilla se juega su credibilidad (y su maltrecha autoridad ante Madrid y los ciudadanos) en el tablero del despliegue financiero y estatutario, donde el PSOE pondrá a bailar a todo barón viviente. Sin contar lo que ocurrirá con las prometidas inversiones en infraestructuras, de las que ya hay que descontar las obras urgentes del minitrasvase del Ebro a Barcelona, jugarreta que da la medida exacta de la lealtad de Zapatero hacia el territorio que le hizo ganar. Que ERC juegue otra vez a ser gobierno y oposición no es, queda claro, la peor pesadilla del president.