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Degradación de los medios, de Javier Ortiz en Apuntes del Natural

Posted in Medios, Política by reggio on 27 Abril, 2008

Noto un creciente desaliño en la confección de los más importantes periódicos españoles y, de manera especialmente llamativa, en El País, en el que puede que el deterioro resalte más porque antes tenía un control de calidad relativamente alto.

No estoy refiriéndome a los contenidos ni a la línea editorial (ése es otro asunto), sino al rigor técnico, profesional. La redacción de los textos es ramplona y descuidada; la mezcla de información y opinión, constante; el montaje, efectista pero confuso; la elección de las fotos, hecha al buen tuntún, como para rellenar… Podría poner ejemplos a mansalva, pero hay algunas pifias de los últimos días que me han dejado estupefacto. ¿Cómo es posible meter una noticia destacada en la que se insiste en afirmar que una procesada que se llama Dolores tiene como nombre de guerra “Lola”? ¿Qué clase de nombre de guerra es ése? Los nombres de guerra se eligen para disimular la verdadera identidad y, que yo sepa, las Lolas siempre han sido Dolores. ¿Tienen previsto decir, la próxima vez que se refieran al último ex premier británico, que se trata de «Anthony Blair, alias Tony»?

No ya el cuerpo de las noticias; incluso los títulos y subtítulos están con frecuencia mal redactados, con llamativo desprecio del diccionario, la gramática y los libros de estilo. Es penoso.

El fenómeno puede tener dos explicaciones, en nada excluyentes.

La primera es la degradación del rigor del lenguaje mediático, político y literario, cada vez más apabullante en España. Se habla y escribe de manera abúlica, echando mano de constantes frases hechas y tópicos, que nadie se toma el trabajo de pensar dos veces. Y como el resultado tampoco parece que incomode a quienes escuchan o leen, todos tan felices.

La segunda explicación, acumulable a la primera, es que los responsables de los medios de comunicación españoles están tan ocupados en sus batallas empresariales, viendo qué compran y qué venden (o quién los compra y quién los vende), que no tienen tiempo para ejercer de periodistas rigurosos, en el hipotético caso de que supieran hacerlo.

Esto último me tiene especialmente fascinado en las últimas semanas. O mareado, más que fascinado. Es tal la cantidad de informaciones y rumores que corren sobre cambios de propiedad en los grandes medios de comunicación que ya no tengo ni idea de cómo están en este mismo momento las cosas, y mucho menos aún de por dónde van a ir.

Además, tampoco es que me importe demasiado. Doy por hecho que, cambie como cambie la titularidad de las acciones de este, el otro o aquel, el rollo de fondo que soltarán seguirá siendo el mismo.

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