La limitación, de David Gistau en El Mundo
AL ABORDAJE
Chacón… Hay que esperar unos segundos después de escribir la palabra Chacón por si llama al timbre un piquete moralista, como el de las mujeres de la liga anti-alcohólica en el Western, trayendo consigo una mula, un cubo de brea y unas plumas. Como no ha ocurrido, prosigo.
Chacón limita el acceso a internet de los militares. No es censura ni custodia matriarcal de unos adultos tutelados como niños, puesto que limitaciones semejantes son habituales en empresas avaras con el horario laboral que no quieren que nadie se disperse.
Lo interesante de la restricción es su condición de selectiva. Y que, por tanto, esboza un retrato-robot de estos usuarios en concreto: lo que no sabemos es si de ella hay que deducir cómo son los militares, o cómo cree Chacón que son los militares cuando apenas empieza a conocerlos, cuando unos y otra todavía se olisquean el culo como los perros en el primer contacto. ¿Decir culo y Chacón en el mismo párrafo es machista? Avisen, que lo borro.
La limitación de Chacón -no confundir con que Chacón sea limitada: no reconocerle una sabiduría oceánica quedaría machista y probablemente facha- especifica que quedan prohibidos los accesos a Marca, As e Interviú. Nada se dice, en cambio, de Le Monde Diplomatique, La Revista de Occidente y Zero. A mí me quitan el Marca y me quedo tan triste como el coronel de Coppola no pudiendo oler napalm por la mañana, así que intuyo cuán cruenta puede volverse la hora del café en la milicia, abolido el servicio de inteligencia futbolero: ¿cómo dejan a los desplazados al exterior sin el Marca, sin ese cordón umbilical que les une con el hogar y con los hábitos que aguardan a ser recuperados? Sin embargo, lo que alguien de Defensa debería aclarar es si la persecución de esas tres cabeceras en particular se ha decidido en función de las visitas controladas o, simplemente, de acuerdo con los prejuicios personales de la ministra. Porque entonces resultaría que, a pesar de su urgente iniciación castrense, Chacón tiene del militar promedio la siguiente noción: es un tipo que vaguea en internet las más de las horas, que chatea intrascendencias y que jamás pinchará una crítica literaria, o un patrón de ganchillo, o un reportaje sobre los Rolling, o un artículo de fondo sobre la represión en el Tíbet, porque tan sólo desatiende los resultados de los partidos para buscar una foto en la que salga un par de tetas, como si sólo eso, por cierto, diera Interviú. O sea, la visión de los militares que sale en El Jueves. Más allá de que habría sido demasiado atrevido vigilar los parámetros de su pensamiento agregando periódicos críticos a la lista de los prohibidos, es posible que haya comenzado la evangelización progre en Defensa, abocando a los militares a no leer sino a Ramonet en Le Monde Diplomatique.
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