Para apretarse el cinturón, de Primo González en Estrella Digital
Las primeras cuentas públicas del año 2008 han sido bastante explícitas y pueden ser un anticipo de lo que algunos expertos ya vienen adelantando desde hace algunos meses, que el superávit del Estado está en riesgo. Las cifras del primer trimestre reflejan un aumento de los pagos de casi el 13% y un débil incremento de los ingresos, de poco más del 1%. El resultado ha sido una reducción del superávit a la mitad, comparando las cifras de este año con las del mismo periodo del pasado. Con tres meses a nuestras espaldas ya hay motivos suficientes para someter a una exigente revisión el Presupuesto del 2008, naturalmente por la vía del gasto, que es en donde el sector público sigue comportándose como si viviéramos en una etapa de prosperidad. El déficit ha disminuido a la mitad porque el Estado apenas recauda un poco más que el año pasado pero, sobre todo, porque sigue gastando a todo trapo, como si nada hubiera pasado.
A la fuerte caída de la actividad de la construcción se le puede imputar una buena dosis de este giro en las cuentas públicas, un giro que posiblemente se traduzca en problemas bastante más serios en las finanzas municipales, ya que los ayuntamientos del país han vivido en estos últimos años días de esplendor en el gasto a cuenta de las magras rentas que proporcionó la febril actividad inmobiliaria, fruto de recalificaciones generosamente distribuidas y de los consiguientes ingresos que proporcionaba la pujante actividad de la construcción, ahora semiparalizada y con dudosas perspectivas de reanimación inmediata.
Si alguien tiene que apretarse el cinturón, o simplemente vivir de acuerdo con sus actuales posibilidades, son los municipios españoles que más han vivido de las rentas del esplendor inmobiliario. Es probable que la crisis económica, o la desaceleración, sea diferente según los territorios. La merma en los ingresos fiscales a la que se enfrentan muchos municipios españoles, sobredimensionados en gastos, va a ser uno de los rasgos más característicos de la nueva etapa que vive la economía.
No hay, en todo caso, más motivos de alarma que los que se puedan derivar de una reflexión posiblemente bastante lógica: a media que avance el año y se empiecen a pagar los compromisos de la reciente campaña electoral (unos 6.000 millones de euros), el superávit puede esfumarse. La demanda que se le viene haciendo al vicepresidente del Gobierno para que revise y actualice las previsiones de crecimiento económico es un tema menor en relación con la exigencia, que ahora adquiere características mucho más verosímiles, de revisión a fondo del gasto público para el año en curso.
Si en los meses que vienen el Estado consigue mantener el ritmo de los ingresos de este primer trimestre (poco más del 1% de incremento), podría darse por satisfecho. No hay que olvidar que en las partidas de ingresos cuenta mucho en volumen recaudado en concepto de impuestos especiales, es decir, la tributación derivada de los combustibles que salen del petróleo. En el primer trimestre, estos ingresos han descendido ligeramente, pero el frenazo del consumo privado posiblemente se note con más fuerza en este renglón que en los demás relacionados con el consumo de las familias. La actualización de las cifras del Presupuesto del año en curso quizás plantee la necesidad de ajustar a la baja las previsiones de ingresos, a la vista de la experiencia del primer trimestre.
En donde se van a centrar los problemas es presumiblemente en el gasto. Cómo mentalizar a una economía que vive a ritmo de crecimiento del 4% para que gaste y viva conforme a un ritmo de crecimiento del 2% o quizás menos, es el problema al que se enfrenta el Gobierno en los próximos meses. Las generosas distribuciones de dinero a cambio de nada pueden provocar una mayor pérdida aún de la competitividad de la economía española, algo de lo que no andamos muy sobrados precisamente, como el propio partido gobernante se ha encargado de predicar con motivo de sus exhortaciones en busca de un nuevo modelo de crecimiento económico. Ese modelo sólo puede ir en la dirección adecuada si la economía mejora la productividad.