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Asombro y preguntas bajo la no lluvia, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 21 Abril, 2008

Apareció José Montilla entrevistado en la tele el pasado jueves por la noche y, unos minutos después, asomaron también por TV3 los cómicos del programa Polònia. Me costó mucho apreciar el corte entre el espacio informativo y el espacio humorístico, pues las declaraciones del president de la Generalitat se desplazaban inequívocamente hacia lo paródico, lo cual merecería un estudio del Consell del Audiovisual de Catalunya, organismo demasiado convencido de que los imitadores son la gran causa del descrédito de la vida pública. Llevamos tantos días -meses, si contamos la crisis ferroviaria y los apagones- viendo como se suceden las escenas esperpénticas que nuestra capacidad de sorpresa disminuye. No obstante, la pasada semana, con la imposición desde Madrid de una solución viable para hacer frente a la sequía, el asombro volvió a ganar terreno y con él surgieron muchas preguntas.

¿Por qué nadie asume responsabilidades políticas por una gestión tan desastrosa en el Govern de la Generalitat? La democracia tiene sus rituales y uno de los más importantes es el de sacrificar figuras como asunción de errores y como operación para soltar presión. Es verdad que, a la vista del mantenimiento de Magdalena Álvarez en Fomento, hay que concluir que este tipo de gestos no está de moda, algo que choca con la España decente que proclama Zapatero. Tampoco en Catalunya nadie piensa en dimitir ni nadie va a ser destituido, a pesar de que es un hecho que el combate contra la sequía se ha llevado muy mal. En la anterior etapa, por un asunto relacionado con encuestas oficiales, el convergente David Madí fue obligado a abandonar su cargo en el Govern, lo cual era exigido por los partidos de la oposición. ¿Por qué no se aplican hoy PSC, ICV y ERC esa doctrina que antes consideraban fundamental? ¿Es bueno para las instituciones que un conseller que ha mentido solemnemente en el Parlament siga en el cargo como si nada? ¿No se da cuenta el president de que por encima de su gabinete está la credibilidad de un autogobierno que, como les ocurre a las mujeres en el mundo laboral, debe demostrar con más celo su eficacia? No podemos aceptar que la responsabilidad política ya no signifique nada, pues ello invita a la impunidad y al abuso.

¿Por qué PSC, ICV y ERC no tienen el coraje de explicar sin eufemismos que la complejidad que implica gobernar les obliga a cambiar ahora de opinión? El miedo a hacer frente a la realidad está en la base de la inoperancia del tripartito ante la sequía, extremo que resulta más ridículo cuando, al final, el agua que llegará a Barcelona será la del minitrasvase del Ebro a Tarragona. Estas tres fuerzas políticas explotaron demagógicamente los sentimientos e intereses de varias comarcas y ahora se ven atenazados por ese compromiso maximalista. Se trata de un argumento usado hasta hace muy pocos días; en la última campaña electoral, un folleto del PSC, que imitaba un imaginario periódico del día después, afirmaba que, si ganaba Rajoy, se produciría la “recuperación del trasvase del Ebro”. Está claro que nadie quiere perder votos en las Terres de l´Ebre, pero ser político implica dar razones, dar la cara y, finalmente, buscar una síntesis que, respetando a las minorías, sirva al interés general. Ese interés general es hoy abastecer a la gran Barcelona.

¿Por qué socialistas catalanes y poscomunistas se niegan rabiosamente a considerar el trasvase del Ródano a la hora de buscar soluciones estructurales a la escasez de agua? Aunque no lo admitan abiertamente, el problema es el origen de la propuesta, no les gusta porque es una idea de CiU. Tan cierto como mezquino. Así, el tripartito, para descartar el proyecto del Ródano, ha llegado a copiar las tesis rancias de nacionalismo hidrológico de Aznar, que también era contrario a esa posibilidad. “No se puede depender de los franceses, nunca se sabe”, aseguran, como si viviéramos en la autarquía franquista, como si España no formara parte de la Unión Europea, como si nuestro bienestar no se basara ya en el crudo que compramos a México, Rusia, Nigeria o Arabia Saudí y el gas que adquirimos a Argelia o en el golfo Pérsico, como si el Gobierno central no estuviera comprometido con el despliegue de la línea de muy alta tensión que nos conectará eléctricamente con Francia, proyecto que, en cambio, sí apoya Montilla.

¿Por qué se habla tanto de las desalinizadoras sin explicar bien su alto coste energético y ambiental, así como las dificultades que conlleva fijar el precio del agua que producen estas plantas? Tras la retirada del plan hidrológico del PP, el primer gobierno de Zapatero trazó un programa muy ambicioso de construcción de 36 desalinizadoras en España. La ministra Narbona pretendía financiar la desalinización mediante un recargo universal sobre la factura de la luz, algo que, por suerte, contó con la oposición del entonces ministro de Industria, Joan Clos. Finalmente, el programa de Narbona se frenó, pero en Catalunya algunos lo ven como la panacea. Incluso aquellos que, como ICV, fueron contrarios a la desalinización durante años.

Las preguntas se suceden y el asombro aumenta. No se puede gobernar escondiendo la cabeza como el avestruz. El Govern Montilla ha confirmado el principio de Peter.

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