El debate nuclear, de Primo González en Estrella Digital
La cuestión nuclear parece predestinada a correr algunos ríos de tinta en esta legislatura recién estrenada. Un accidente en la central nuclear de Ascó, al parecer de carácter no grave y atribuido a fallos humanos (han sido cesados dos de los máximos responsables de la planta, entre otras cosas por no informar a su debido tiempo) ha venido estos días a recordarnos la importancia que tienen las cuestiones de seguridad en estas instalaciones complejas especializadas, las más sofisticadas de cuantas producen electricidad y de las cuales en España contamos con siete asentamientos y nueve reactores, ya que en algunas hay más de un reactor nuclear.
De los nueve reactores existentes, seis han sido puestos en marcha durante el Gobierno socialista de Felipe González, aunque ninguno de ellos inició su andadura bajo Gobiernos socialistas, ya que las decisiones previas (que en algunos casos se han prolongado durante 16 años) fueron tomadas por Gobiernos anteriores. Otro grupo entró en operación en tiempos de UCD y dos más, los más veteranos, en tiempos de Franco, el primero en el año 1968, aunque es el primero que ha quedado fuera de explotación por haber concluido su vida prevista, de forma que ahora son ocho los que están en funcionamiento.
El primero que tiene que cesar sus actividades, por agotamiento de la vida útil (normalmente, 40 años) es el de Santa María de Garoña, el año que viene, ya que entró en servicio en el año 1970, aunque la prolongación de su vida útil es una de las alternativas que se han estado discutiendo en los últimos años, con serias discrepancias en el seno del Gobierno y del propio Partido Socialista. La proximidad de esta planta al País Vasco añade ingredientes políticos importantes, ya que en el País Vasco no existe ninguna central nuclear desde que ETA logró paralizar el doble grupo de reactores nucleares de Lemóniz.
La disponibilidad de asentamientos es uno de los problemas con los que tropezará cualquier intento de ampliar el parque nuclear español y a nadie se le oculta que buscar un nuevo espacio para implantar una nueva central nuclear tropezará con importantes reticencias. Por este motivo, el aprovechamiento de los asentamientos ya existentes, construyendo nuevas centrales nucleares sobre el terreno en el que ya han estado funcionando otros reactores en el pasado, es una alternativa que siempre se ha considerado como necesaria en caso de relanzar el programa nuclear español. Y asentamientos de estas características hay muy pocos en España ya que tan sólo se ha dado de baja una central nuclear (la primera, de José Cabrera, en Guadalajara, en el año 2006) y hay otra que puede correr la misma suerte, la de Garoña, aunque en este caso su vida útil puede ser prorrogada.
El debate nuclear, por lo tanto, tiene mucho que decir en los próximos meses, una vez cerrada la etapa electoral y el largo paréntesis previo a las recientes legislativas, que indudablemente ha condicionado la capacidad de asumir compromisos por parte de los partidos políticos mayoritarios. La defensa a ultranza de la opción nuclear sigue viéndose como un riesgo de pérdida de clientela electoral. Pero ahora, una vez en marcha el nuevo Gobierno, llega la hora de la toma de decisiones.
En estos prolegómenos, algunas declaraciones no han pasado desapercibidas, entre ellas la de Felipe González, quien ayer mismo ha dicho en una intervención pública que en España hay mucho anti nuclear de pacotilla, ya que —ha venido a decir, González— no se puede ser antinuclear y comprar electricidad masivamente en Francia, como hace España. Naturalmente, la electricidad que compra España en Francia y que comprará en el futuro si no espabilamos será en su gran mayoría de origen nuclear, no en balde un 80% de la electricidad que produce el vecino país es de este tipo, electricidad que exporta a países declaradamente antinucleares como Alemania, Italia o la misma España.
El debate nuclear tendrá que tener en cuenta este tipo de cuestiones. Es decir, si España puede estar financiando varios grupos nucleares en Francia para que el vecino país haga negocio a nuestra cuenta y, llegado el caso, seamos dependientes de su electricidad aunque la paguemos de nuestro bolsillo. Lo de no construir centrales nucleares en España por motivos de seguridad es una de las simplezas más ingenuas que se han edificado en torno a este debate. Las centrales nucleares con las que Francia nos abastece están al otro lado de la frontera. Y a cualquiera se le ocurre que cualquier accidente o falta de seguridad en una de esas instalaciones tardaría pocas horas en convertirse en un problema para España. Que se lo pregunten a los noruegos y finlandeses que todavía están gastando sus buenos dineros en costear los tratamientos de sus ciudadanos contaminados por las nubes radiactivas procedentes de Chernobil, a bastantes cientos de kilómetros de sus casas.
Conferencia sobre energia nuclear en C´S 18 Jun 1930h Carranza 5.
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