De excesos y provocaciones, de Cayetano González en El Mundo
LA NUEVA LEGISLATURA
Está comprobado que tanto la euforia que produce la victoria electoral como la depresión que conlleva la derrota, no evita que algunos de los principales dirigentes del PSOE y del PP nos deleiten en estos días con varios excesos verbales e incluso con provocaciones. Ejemplos hay para dar y tomar. Empezando por lo último, está el esfuerzo denodado del Gobierno y de sus medios afines para no llamar trasvase a lo que claramente lo es. Y todo porque no se puede dar pie a que la opinión pública piense que Zapatero estaba mintiendo cuando afirmó solemnemente una semana antes de las elecciones en un mitin celebrado en la plaza de toros de Zaragoza que no habría trasvase del Ebro, sabiendo ya en esa fecha que si ganaba en las urnas tendría que hacer lo que al final se va a hacer.
Sí cabe calificar de exceso que la nueva y joven ministra de Igualdad, Bibiana Aído, afirme sin ningún rubor que «la igualdad es el valor más noble de la democracia». ¿Y la libertad, ministra, qué lugar ocupa? Ella contaba con 18 años cuando ETA asesinó a Gregorio Ordóñez, 20 cuando hizo lo propio con Miguel Angel Blanco y 23 cuando acabó con la vida de su compañero de partido Fernando Buesa. Es decir, tampoco era una niña. ¿Qué esquema mental tiene la nueva ministra para anteponer la igualdad a la libertad, al derecho a la vida? También se puede calificar de exceso que el inefable ‘Pepiño’ Blanco proclame a los cuatro vientos, y sin ponerse colorado, que Magdalena Alvarez «es la ministra de Fomento de la democracia que mejor gestión ha realizado si la juzgamos por la cantidad de kilómetros de autovía y de alta velocidad licitados». Después de la victoria electoral, José Blanco está que se sale, también de los trajes, pero tendría que reconocer que en este caso se le ha ido un poco la mano.
En el capítulo de provocaciones, se pueden encontrar varias en los nombramientos hechos por el presidente del Gobierno en los últimos días. El más comentado ha sido el de la ministra de Defensa y no faltan motivos para ello, pero tampoco le va a la zaga el mantener al peor ministro de Justicia que ha tenido la democracia -¿estamos de acuerdo en ello, Blanco?- al frente de una cartera que, si algo necesita, no es una persona bronca y rencorosa como Fernández Bermejo, sino alguien que ponga un poco de orden en una materia tan sensible e importante. Como también constituye una provocación el mantener en su puesto al fiscal general del Estado, el sumiso Conde-Pumpido, dispuesto siempre a hacer y decir lo que convenga a su jefe político.
En el barrio popular, los excesos y provocaciones también están a la orden del día. La mayor, la más importante, es que pasadas ya cinco semanas desde las elecciones, da toda la impresión de que Rajoy todavía no se ha enterado de que, lisa y llanamente, las perdió. No hacer un diagnóstico correcto de la situación creada tras esa derrota para poder aplicar los remedios oportunos, es en sí una provocación a los 10 millones largos de españoles que votaron al Partido Popular.
Rajoy puede seguir repitiéndose y repitiendo, tantas veces cuantas quiera a lo largo del día, que tuvo unos resultados magníficos porque subió 400.000 votos y seis diputados respecto a hace cuatro años, pero con ese análisis puede ir, como de forma tan gráfica como acertada decía hace unos días en este periódico Luis Herrero, de ovación en ovación, hasta la derrota final.
Mientras tanto, muchos votantes del PP se hacen la pregunta clave: ¿con Mariano Rajoy se ganan las elecciones a Zapatero dentro de cuatro años? Al parecer, Arriola ya tiene la respuesta y el actual líder del PP se la ha comprado.
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