Gobierno de estilizada continuidad para encajar la borrasca económica, de Enric Juliana en La Vanguardia
ARRANCA LA IX LEGISLATURA
Factor femenino, Innovación e Igualdad como novedades, y poderío andaluz
Siempre hábil dentro del área, José Luis Rodríguez Zapatero ha conseguido fijar como grácil y novedoso el primer Gobierno de la IX legislatura, un Gabinete virado al centro, que, en lo esencial, es continuista; prudentemente continuista a la espera de conocer la profundidad real de la crisis económica que todos los indicadores pronostican.
Un incremento de la cuota femenina que rompe la paridad a favor de las mujeres (nueve ministras y ocho ministros); el interesante nombramiento de Carme Chacón en Defensa, más la creación de los ministerios de Ciencia e Innovación, e Igualdad, encargados a Cristina Garmendia (País Vasco) y Bibiana Aído (Andalucía), son las novedades más sugerentes del Zapatero-2.
Tres novedades que connotan modernidad. Estilización. Ganas de pelea ideológica. Zapatero parece aguardar los posibles estragos de la crisis hincando bien los pies en su propio terreno: una socialdemocracia atenta a los nuevos lenguajes, un socialismo perspicaz y táctico que ahora desea pactos “estables y predecibles” con las fuerzas centristas y burguesas de Catalunya y el País Vasco. He ahí el perímetro real de la legislatura que comienza.
Hay continuismo. En un reajuste ministerial en el que sólo cesan tres ministros (Jesús Caldera, Joan Clos y Cristina Narbona), hay continuismo. Los principales pesos pesados siguen en su puesto: María Teresa Fernández de la Vega, en la vicepresidencia política; Pedro Solbes, en la vicepresidencia económica; Alfredo Pérez Rubalcaba, en el difícil cuadro de mandos de Interior; Miguel Ángel Moratinos, en Asuntos Exteriores; Mariano Fernández Bermejo, en Justicia, donde le siguen esperando grandes batallas; Magdalena Álvarez, en Fomento, malagueña y numantina; y la férrea Elena Salgado, en Administración Públicas.
También siguen, con competencias reforzadas, la eficiente Elena Espinosa, que unifica Medio Ambiente y Agricultura; y Mercedes Cabrera, que suma asuntos sociales (la ley de la Dependencia y política de guarderías, por ejemplo) a la cartera de Educación. Zapatero tampoco ha encontrado motivo para relevar a Bernat Soria en Sanidad y a César Antonio Molina en Cultura, ambos ministros desde julio.
El cese más significativo es el de Caldera. Caldera quería ser vicepresidente de Asuntos Sociales, es decir, superministro de Bienestar Social. En el 2004 ya se perfilaba como número dos del Gobierno, pero Zapatero le mantuvo en segundo plano, como titular de Trabajo y Asuntos Sociales. Hace unos meses fue llamado de nuevo al cuarto de máquinas para que coordinase el programa electoral del PSOE y diseñase las líneas maestras de la campaña.
El salmantino Caldera, hombre de grandes entusiasmos, se puso manos a la obra con el renombrado manual de George Lakoff (No pienses en un elefante) bajo el brazo y se pasó la campaña repitiendo que no debíamos pensar en la crisis económica. “Las elecciones se van a disputar en el terreno de los valores”, repetía, a modo de mantra oriental.
Tuvo suerte Caldera. Y Zapatero, también. El 9 de marzo, la crisis financiera internacional sólo rozó el timón de cola del PSOE. Si las elecciones llegan a tener lugar un mes después, el 9 de abril, estando de cuerpo presente el reciente informe del Fondo Monetario Internacional que rebaja drásticamente el crecimiento español en dos puntos, en estos momentos el elefante de Lakoff estaría pegando brincos. Zapatero no ha querido que Caldera fuese el ministro del gasto social.
Antes de la posmodernidad, a eso se le llamaba caer en desgracia. Caldera, sin embargo, no irá a galeras. El presidente le ha encargado agrupar en un único think tank las cinco fundaciones y centros de estudios que se hallan en la órbita socialista. En definitiva, idear una alternativa a la influyente Fundación para el Análisis Económico y Social (FAES), que pilota José María Aznar. Que Lakoff le ampare.
El hueso más duro de roer, para un catalán. Trabajo e Inmigración, el ministerio más difícil de los próximos cuatro años, es la cartera asignada a Celestino Corbacho, el dirigente del PSC que un día podría desafiar a José Montilla, sin que hoy esté enfrentado a él. Corbacho es de l´Hospitalet, no del Baix Llobregat.
Bajo la óptica del PSOE, la elección de Corbacho es de una gran finura maquiavélica. Aunque arduo y difícil, el Ministerio de Trabajo e Inmigración amplificará una voz del PSC favorable a la entente con CiU y la buena sintonía de la calle Nicaragua con el socialismo español. Carme Chacón recibe, sin duda, un gran espaldarazo a su carrera política; estará en el foco de los medios durante semanas, pero Defensa es un ministerio que exige discreción. Hay que hablar lo justo. En el nuevo Gobierno, el PSC ha sido alejado de la gestión territorial.
Y el PSOE andaluz, como siempre, gana. El PSOE andaluz es el principal lobby político que opera hoy en España. Manuel Chaves ha apretado fuerte y ha conseguido que Magdalena Álvarez no fuese inmolada en el altar del català emprenyat. El nuevo Ministerio de Igualdad -frente ideológico- ha sido encargado a la gaditana Bibiana Aído, de 31 años.
Otro dato interesante en relación con Catalunya. La nueva responsable de la política de aguas es la ministra Espinosa, gallega y persona afín al secretario de organización del PSOE, José Blanco, poco reticente al estudio del trasvase del Ródano. O, mejor dicho, firme partidario de un pacto “estable y predecible” con CiU.
La nueva relación de fuerzas en el interior del socialismo español está fijada. Y el lunes comienza en la Catalunya tripartita la retirada del Segre.