Encanto, misterios y algo de desafío, de Fernando Ónega en La Vanguardia
ARRANCA LA IX LEGISLATURA
Encanto, lo que se dice encanto, lo tiene. Eso de imaginar a Carme Chacón, mujer y embarazada, al mando de los ejércitos nos promete escenas inolvidables. Y eso de ver un Consejo de Ministros tan femenino, con más señoras que señores firmando en el Boletín Oficial, garantiza un espectáculo de mucho más colorido en las fotos. El sexo es la primera noticia del cambio de gobierno.
Después, los nuevos ministerios y los refundidos suenan bonito. Igualdad suena muy socialista. Ciencia e Innovación, muy moderno y necesario. Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, muy ecologista. Claro que también suena muy clásico Fomento, y sigue Magdalena Álvarez. Muy ostentoso Asuntos Exteriores, y continúa Moratinos. Y muy solemne Justicia, y seguiremos oyendo a Bermejo.
Zapatero, tras el parto, se confesó muy contento: se nota que el equipo se parece a él: las mismas cejas, los mismos sueños, las mismas palabras. No necesita pruebas de ADN para demostrar su paternidad. La lista de carteras parece un resumen del discurso de investidura. Es como si a la utopía le hubieran puesto coche oficial.
Es, además, una paternidad valiente, desafiante, orgullosa. No me digan que no parece un desafío a la opinión lo que hizo con algunos nombres. Si Jesús Caldera era bien valorado, lo retira a pensar ideología. Si a Magdalena la reprobaron, la confirma. Si los funcionarios y el PP pedían la dimisión de Bermejo, lo mantiene. Toda esa tozudez se compensa con la ternura de no dejar descolgado a su Miguel Sebastián del alma.
Lo que Zapatero no ha conseguido contagiarme es su entusiasmo por la estructura del Gabinete. Es cierto que hay carteras nuevas y prometedoras. Pero también lo es que siguen teniendo rango ministerial funciones transferidas a las autonomías; que hay ministerios fronterizos condenados al choque de competencias; que se mantiene el esquema orgánico de siempre, aunque se creen dos nuevas carteras. Si las piezas fundamentales de un gobierno son su propia coordinación, la política interior, las relaciones exteriores, la Hacienda pública, la justicia o las obras públicas, todas esas carteras siguen exactamente igual y en las mismas manos. Zapatero no debiera considerar una crítica lo que se ha dicho de continuismo. No es una censura. Es una definición.
La cuestión fundamental es saber si el equipo da la talla. Hay nombres que inspiran confianza, como Corbacho; incógnitas intrigantes, como Aído; misterios sin resolver, como Moratinos… Y una pequeña decepción: por qué Zapatero no aprovechó el momento para una mayor movida. Creo que se está volviendo conservador.