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Zapatero, con aires de madurez, prepara el botiquín ante la crisis, de Enric Juliana en La Vanguardia

Publicado en Política by reggio en Abril 9th, 2008

LA CRÓNICA

Con aires de galán maduro en algunos momentos de la petición de investidura, José Luis Rodríguez Zapatero envió ayer cuatro o cinco mensajes de calado, que podrían resumirse en uno: más seriedad ante el mal tiempo que se aproxima. Pasamos del zapaterismo experimental a un zapaterismo afianzado, igualmente táctico, pero consciente de que vienen mal dadas. Zapatero en fase sénior. Ayer, comenzó.

He ahí los mensajes de calado: plan de choque para evitar el colapso de la construcción; reiteradas ofertas de protección socialdemócrata ante la crisis que se avecina; ofensiva en toda regla para proceder a la reforma de la Justicia y sus órganos de gobierno al calor del tremendo caso de la niña Mari Luz; más españolidad en el discurso socialista (adiós, España plural;hola, España unida y diversa); mano tendida al PP y doble guiño a CiU. Doble guiño. Primero con un ojo, luego, con el otro: compromiso de publicar las balanzas fiscales antes de dos meses y disponibilidad ante el trasvase del Ródano, de cuya agua occitana José Montilla no quiere beber.

Josep Antoni Duran Lleida, que tenía previa noticia de ambos dos pases al área convergente, aplaudió. Y un jarro de agua fría, recién trasvasada del río Segre, recorrió la espalda de los 25 diputados del socialismo catalán. Y Montilla, en Casablanca. En Casablanca, bajo la lluvia, comprobando la ocasional opulencia hídrica del Magreb. El día anterior, antes de su viaje oficial a Marruecos, el presidente de la Generalitat se negó a cualquier compromiso carolingio con Artur Mas a propósito de las aguas del caudaloso río francés, el Jordán de Convergència i Unió.

Volvamos al principio. Al cimiento del discurso de investidura. Contra la desaceleración, John Maynard Keynes. El Estado en obras para evitar que el colapso del sector de la construcción arrastre al resto de la economía y llene el país de parados. De más parados de los que ya se prevén por la caída a plomo del negocio inmobiliario.

Keynes, por tanto. Aceleración de la licitación de obra pública; reducción de cargas fiscales para la rehabilitación de viviendas; facilidades crediticias para la adquisición de viviendas de protección oficial; ampliación del plazo de la hipoteca, sin coste adicional para las familias en situación de dificultad, y plan especial para la recolocación de parados del sector de la construcción, previsiblemente en tareas de reforestación.

Keynes en formato ecológico. Aunque no todos los inmigrantes que se queden sin trabajo van a acabar plantando coníferas en los campos de Castilla. El Gobierno -dijo Zapatero- va a incentivar el regreso de inmigrantes en paro a su país de origen. Una de las fórmulas que se barajan es la capitalización de la prestación de desempleo o la concesión de microcréditos. Eso ya no es Keynes. En los años treinta, cuando en la Universidad de Cambridge teorizaban sobre el Estado y el empleo, la cuestión de la emigración se ventilaba con bastante mayor crudeza; en Estados Unidos, mayormente.

Recapitulemos: Estado en obras, dinero público en las hormigoneras ante el riesgo de recesión y repatriaciones subvencionadas para evitar que dentro de un año los barrios más humildes de las grandes ciudades se conviertan en polvorines imposibles. Este es el núcleo del mensaje de Zapatero en su segunda investidura. En 2004, imaginó nuevas fronteras, promulgó ansias infinitas de paz y ensalzó la palabra dada. En 2008, botiquín ante la incertidumbre, garantías de protección socialdemócrata y aires de seriedad para infundir confianza.

Mariano Rajoy también intentó ser otro. Nadie le negará audacia estas últimas semanas. Su intervención fue de un centrismo excitado. Moderada en el fondo y dura en algunas formas: en algún momento todavía parecía sediento de campaña electoral. El nuevo curso del PP aún no está asentado. Van a pasar cosas en la derecha española. Antes de que haya bofetadas -si las hay- en el congreso previsto para junio en Valencia, Rajoy será recibido en la Moncloa en clave de pacto de Estado; en clave de unidad nacional. Zapatero, por tanto, ha comprado boleto para el congreso del PP. De sus gestos también dependerá la buena estrella del Rajoy centrista. Ayer, por si acaso, cada vez que el de Pontevedra bajaba la guardia, Zapatero le zurraba.

Duran Lleida, florentino, subió a la tribuna con los dos guiños de Zapatero previamente pactados. Las balanzas fiscales y el medio sí al trasvase del Ródano le tintineaban en los bolsillos. Motivo más que suficiente para sentirse aliado preferente. Ja ho trobarem, vino a decir Duran.

Zapatero se mostró bastante afable con Joan Ridao, que ayer se estrenaba como portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya. Por fin uno de ERC que maneja bien la lengua castellana. Por fin uno que se sabe explicar; por fin uno que sube a la tribuna sin aires de leñador del Montseny. Ridao que orilló, inteligentemente, toda referencia al metafísico català emprenyat, manifestó su recelo ante el sí monclovita a las balanzas fiscales. ¿Con qué método?, preguntó. Zapatero le dio recuerdos para Joan Puigcercós, con quien había compartido más de una merienda en palacio. En aquella otra vida.

Envuelto en una nube de tristeza, Gaspar Llamazares, líder de lo que queda de Izquierda Unida, lloró por el mal trato al que le somete la ley electoral. Obtuvo unos mimos.

Entrada la noche, Josu Erkoreka subió a la tribuna para anunciar la abstención del PNV y dar unas lecciones de mus al candidato. Zapatero será presidente el viernes, tras segunda votación.

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