Falta de autoestima, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo
A FONDO
Rajoy no lo tenía nada fácil ayer. Acudió al Congreso de los Diputados con los ecos del discurso pronunciado por Esperanza Aguirre zumbándole en los oídos. Es decir, con su liderazgo cuestionado.
De hecho, la expectación política y mediática no estuvo centrada en el discurso de investidura del presidente en funciones, sino en el tono, en la actitud y en la capacidad de reacción del líder de la oposición.
Zapatero, por su parte, acudió al envite relajado, con la autoestima reforzada no sólo por la victoria del 9-M, sino porque era consciente de que su máximo oponente llegaba a la cita un tanto tocado.
Como es costumbre en él, nos mostró un panorama tan irreal como idílico. Zapatero parece que siempre camina a 100 metros de la realidad. Para el presidente, la situación económica no genera grandes preocupaciones. Las dificultades sólo se perciben, en su opinión, en un «horizonte transitorio». De hecho, a pesar del menor crecimiento, del aumento de la inflación y de los tipos de interés y del incremento del paro, el líder del PSOE se comprometió a mantener las políticas sociales y a rebajar algunos impuestos.
Las medidas que apuntó para hacer frente a la «desaceleración» (devolución de 400 euros, más obra pública, viviendas sociales, ampliación en el pago de hipotecas, etcétera) parecen meros edulcorantes ante la que ya se califica como la peor crisis de los últimos 50 años.
Rajoy le contestó con un discurso de altura en el apartado económico y dio la impresión de que podía salir airoso de este complicado trance.
Especialmente atinado estuvo en la cuestión del agua, donde arrinconó al presidente en sus propias contradicciones, que han llevado a una situación inaudita: los que se opusieron al trasvase del Ebro ahora lo defienden para apagar la sed de Barcelona.
Sin embargo, Rajoy desaprovechó una gran ocasión para pedirle a Zapatero concreción en sus planes sobre el terrorismo y sobre su modelo de Estado.
El presidente, que se mostró dispuesto a «corregir y a mejorar» su política antiterrorista, no dio detalles sobre el marco en el que piensa establecer el gran pacto de Estado que propugna. Por ejemplo: ¿Se descarta completamente la negociación con ETA hasta su derrota? ¿Es compatible ese acuerdo con el referéndum que Ibarretxe piensa convocar en octubre? ¿Se va a exigir a los partidos que quieran firmarlo que apoyen también la Ley de Partidos?
En fin, Rajoy, incomprensiblemente, no puso en un brete a Zapatero en esos asuntos. ¿Por qué? ¿Acaso tiene ya un convenio con el presidente para alejar del debate la política antiterrorista? ¿O es que no está en la mejor disposición psicológica para el combate?
En resumen, el presidente fue ayer más agresivo que el líder de la oposición. Hasta el punto de que Rajoy le tuvo que frenar: «¡No se altere!».
¿Será éste el tono de la legislatura que ahora comienza?
Cuanto antes se resuelva la situación interna del PP, mejor. De aquí al congreso de junio, a Rajoy le esperan días difíciles. Pero a un político nadie le regala el liderazgo. Es una prueba que debe superar. En su caso, con un retraso de varios años.
casimiro.g.abadillo@el-mundo.es
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