España no se rompe, de Miguel Sebastián en Mercados de El Mundo
MANO IZQUIERDA
Durante los últimos tiempos se nos ha martilleado con el mensaje de «España se rompe». No sólo ha sido un mensaje de la larga y dura campaña electoral, sino de toda la legislatura recién terminada. La primera pregunta que se le plantea a uno al escuchar este mensaje repetitivo es ¿qué quiere decir exactamente esto de que «España se rompe»?
Entiendo que la afirmación no se refiere a una ruptura política, dado que todos los partidos que han gobernado a España en democracia y los que lo harán en las próximas décadas (UCD, PP y PSOE) han dado muestras suficientes de su compromiso con la unidad de España, con la Constitución de 1978 y con el Estado de la Autonomías. Por ese motivo, y quizás también por deformación profesional, voy a interpretar dicha frase como que se refiere a una ruptura en términos socio-económicos. Es decir, que, como consecuencia de pactos políticos y por las exigencias de los apoyos parlamentarios al Gobierno socialista, cada vez se hacen más grandes las diferencias entre unas regiones y otras.
En efecto, esta parece ser la interpretación correcta, porque al mensaje de «España se rompe» se le une con frecuencia el de «España debe ser una nación de ciudadanos libres e iguales», como si hubiera dejado de serlo. Por tanto, parece que lo que se denuncia es que, con el favoritismo económico de unas regiones frente a otras, se está rompiendo la igualdad económica entre los ciudadanos españoles. Seguro que hay muchas formas de medir la «igualdad entre españoles». Pero un criterio objetivo, mesurable y ampliamente reconocido es el de las diferencias en renta per cápita. Así, de ser cierto el eslogan «España se rompe», en estos cuatro años tendrían que haber aumentado esas diferencias entre las regiones españolas.
El Instituto Nacional de Estadística, que pese a su prestigio nacional e internacional también está siendo objeto de duros ataques de los sectores más cavernícolas, hizo pública la semana pasada la Contabilidad Regional de España correspondiente a 2007.Lo primero que se puede destacar de los nuevos datos de crecimiento regional es que, en los últimos cuatro años, todas las Comunidades Autónomas españolas han crecido por encima de la media de la Unión Europea, que lo hizo en un 2,9%. De hecho, la que menos creció lo hizo siete décimas más, un 3,6%. Es más, si tomamos los cinco países más grandes de la UE, España, Italia, Francia, Reino Unido y Alemania, que representan casi un 90% del PIB europeo, de las 15 regiones que más han crecido en los últimos años 12 han sido españolas. Es cierto que estos datos, aunque sean muy positivos y reflejen el éxito de la economía española en los últimos años, no dicen nada sobre si España es hoy más o menos igual que hace 4 años, es decir, sobre si las distancias entre las Comunidades Autónomas han aumentado o se han reducido.
Una primera aproximación al tema en cuestión es analizar la distancia que separa a la Comunidad Autónoma más rica de la menos rica.En 2007, la renta per cápita de la región con menor renta, Extremadura, representaba el 53,7% de la renta per cápita de la más rica, Madrid, mientras que en 2003 ese porcentaje era de apenas un 49,8%, lo que supone un avance de cuatro puntos.
Ahora bien, este criterio omite la evolución de las otras 15 Comunidades Autónomas, además de Ceuta y Melilla. Una forma de analizar las distancias entre todas las regiones es mediante el concepto estadístico de desviación típica. La desviación típica es una medida del grado de dispersión de unos datos, en este caso los niveles de renta per cápita de las distintas regiones, respecto de su valor promedio, en este caso la renta per cápita de España. Una desviación típica grande indica que los puntos están lejos de la media, y una desviación pequeña indica que los datos están agrupados cerca de la media. En el caso extremo, si todos los datos estuvieran exactamente en la media, lo que significaría la igualdad total, la desviación típica tomaría el valor cero. Por tanto, a medida que el valor de la desviación típica se acerca a cero, se puede decir que hay más igualdad entre las distintas regiones. Pues bien, en 2003 la desviación típica de la renta per cápita de las Comunidades Autónomas de España era de 19,3 puntos y en 2007 se había reducido hasta los 17,7 puntos, es decir, se había recortado en cerca de un 8,5%.Por tanto, hoy España es un país más igual que hace 4 años, desde el punto de vista de la dispersión de la renta per cápita.
Es posible que muchos lectores encuentren este concepto de desviación típica como excesivamente técnico y farragoso. Una forma más intuitiva de ver cómo ha evolucionado la cohesión es comprobar que, en estos cuatro años, la renta per cápita de 12 de las 17 CC.AA, además de Ceuta y Melilla. ha crecido más que la de la región más rica, Madrid, tal y como recoge el mapa de la derecha.Es decir, todas las regiones menos Baleares, Comunidad Valenciana, Rioja y Canarias se han acercado a la renta per cápita madrileña.Con este panorama estadístico, la única posibilidad de mantener algún tipo de verosimilitud en la frase «España se rompe» es comprobar si en estos cuatro años, pese al indudable proceso de convergencia regional, éste ha sido inferior al que hubo en los años del PP.
En 1996, la renta per cápita de la región menos rica, Extremadura, se situaba en el 48,8% de la más rica, Madrid. Por tanto, esta distancia se recortó en sólo un punto en el periodo 1996-2003, frente a los casi cuatro puntos que se ha recortado en el periodo 2003-2007. La dispersión típica en los ocho años del PP se redujo en apenas un 2%, frente al 8,5% que se ha reducido en el periodo 2003-2007.
Y lo más intuitivo, como se puede comprobar en los mapas adjuntos, es que mientras que en los últimos cuatro años 12 de las 17 Comunidades Autónomas se han acercado a la renta per cápita de la región más rica, en los 8 años de Gobierno del PP sólo 5 regiones y Ceuta consiguieron reducir las distancias con la más rica. Es decir, en esos 8 años, 11 Comunidades y Melilla comprobaron cómo no sólo no convergían hacia la renta de la región más rica, sino que divergían. ¿España no se rompía entonces y lo hace ahora?
Parece obvio que España no se rompe. Si acaso, están más cerca de la ruptura los que han defendido en estos años el repetido eslogan que ahora los datos del INE demuestran falso. Continuar con la fortaleza de España requiere un nuevo sistema de financiación autonómico que combine la potenciación del dinamismo de cada región con la solidaridad territorial. Y un plan de inversiones públicas, en infraestructuras y en I+D+i, que haga compatibles la productividad con el equilibrio territorial.
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