Reggio’s Weblog

Valle-Inclán en la conselleria, de Pilar Rahola en La Vanguardia

Publicado en Política by reggio en Abril 2nd, 2008

El hijo más insigne de la tradición quevediana de lo grotesco fue, sin duda, Valle-Inclán. No sólo elevó ese gusto por la deformación de la realidad a la categoría de arte, sino que redefinió para siempre el esperpento. Recuerdo que en mis años de filología, ese concepto me fascinó considerablemente, y durante un tiempo mis dos libros de cabecera fueron Martes de carnaval y Luces de bohemia. Con los años, la seducción por las luces de la bohemia se ha atemperado, pero el libro que Valle-Inclán dedicó al honor en el ejército, y que tituló con malvado sarcasmo -Martes, por el Dios de la guerra, y carnaval, por lo evidente-, se ha mantenido como una lectura querida, a la que acudo furtivamente, cuando los hados del tiempo lo permiten. Pero más allá de sus grandes obras literarias, Valle-Inclán legó al mundo una manera de mirarlo, una forma de distorsionar la realidad para encontrar su esencia real. Cito de memoria la definición que el mismo escritor hizo del esperpento, y lo hago de memoria para no traicionar mi propia referencia. “Un esperpento es el resultado de mirar un héroe griego, a través de un espejo cóncavo”. La deformación de lo aparente, para encontrar lo substancial.

Mirado de cerca, nuestro conseller Francesc Baltasar no llega a la categoría estética de un héroe griego, aunque permítanme la osadía de considerarlo un señor interesante. Pero, en la medida que estamos ante un conseller que detenta un área de gestión importante para los ciudadanos, resulta necesario aplicar el espejo cóncavo, para no dejarse seducir por la erótica del poder.

Y el resultado de la mirada cóncava es un esperpento valleinclanesco, quizás merecedor de reconocimiento literario. Todo lo ocurrido estas últimas semanas con el conflicto del agua podría parecer, paso a paso, un conjunto de iniciativas fallidas, pero sumadas todas, el resultado es un colosal despropósito. ¿Cómo se pueden concatenar tantos errores y, a la vez, persistir en ellos con alegre empecinamiento? Y, sobre todo, ¿cómo se puede perpetrar esa incapacidad de enmienda, cuando el error dispara al corazón mismo de un grave problema social? Si no fuera porque a Cesc Baltasar le conocemos un exitoso pasado de gestión política, pensaríamos que estamos ante un aprendiz de brujo, incapaz de diferenciar las hierbas de la abuela de las pócimas venenosas. A modo de pequeño resumen, estos son algunos de los errores que, desde mi punto de vista, han moteado feamente todo el debate sobre la sequía en Catalunya.

El primer error, de previsión. Sonoro, impertinente, evidente error. Es cierto que esa falta de previsión sería también imputable a los gobiernos del pujolismo, aunque con matiz: estos paliaron parte del problema con el minitrasvase, y siempre apostaron por el agua del Ródano, para acometer las necesidades del futuro, apuesta que falló por falta de interés del Estado. Pero incluso aceptando que Pujol no hiciera todos los deberes, y que durante años hayamos vivido -y bebido- de los pantanos del franquismo, lo cierto es que cinco años de tripartito son, en este aspecto, cinco años tirados a la basura. Para colofón, la decisión, reconocida por todos, de rebajar la dimensión del problema durante meses para “no interferir en la larga precampaña electoral”. Es decir, fue preferible mentir sobre la gravedad del problema, para poder vender la Catalunya optimista -que, por supuesto, no podía sufrir sed-, que no actuar con responsabilidad y no perder ni un solo día. Después de las elecciones, pasamos del “no pasa nada”, a la “emergencia nacional”, concepto nacido al albur de la presión que el periodista Josep Cuní hizo al conseller, en una atribulada entrevista. Así pues, al error de minimizar el problema, y dejar pasar los días sin solución aparente, sumamos el error de crear una alarma nacional con la frivolidad propia de la necesidad de un titular. Si estamos, pues, en emergencia nacional, ¿por qué el presidente Montilla aún no ha reunido a las partes y ha creado una mesa de urgencia? Ni parecía tan poco, ni parece tanto.

En este punto, sumamos el error de crear un debate infantil sobre el diccionario, y así nos vimos todos discutiendo si un trasvase era un trasvase, o era una tortilla. Después, el conseller anunció un encuentro de urgencia del president con Artur Mas, encuentro que se cargó Montilla con la rapidez de un rayo, y en un día histórico nos anunció a bombo y platillo un conjunto de encuentros para resolver el problema, que fracasaron todos. Sumado al error en mayúsculas: el de anunciar un trasvase que es competencia del Estado, sin que el Estado estuviera de acuerdo. Y más errores: ocupar fincas para hacer mediciones, a hurtadillas y mintiendo por los descosidos; no consensuar con los afectados; o pasarse la vida luchando contra los trasvases, para decir ahora que no todos son malos. En suma, ni un solo proyecto estructural serio sobre la mesa, falta rotunda de acuerdo con el único proyecto inmediatista planteado, e imposibilidad de llevarlo a cabo, porque no es competencia de la Generalitat. Se hace mejor, y nos pare la abuela. Lo dicho, pues: esto es puro Valle-Inclán, en versión ecosostenible.

www.pilarrahola.com

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Ciencia y propaganda, de Salvador Cardús i Ros en La Vanguardia

Publicado en Ciencia, Política by reggio en Abril 2nd, 2008

David Whitehouse, doctor en astrofísica, redactor científico de la BBC News Online entre 1998 y 2006 y que el 2004 recibió el título de Periodista de Internet Europeo del Año, publicó a finales del año pasado en New Statesman un controvertido artículo con el título “¿Se ha parado el calentamiento global?”. El periodista responde que posiblemente no sea así, pero cree importante señalar que desde el año 2001, la temperatura global del planeta, según los cálculos estadísticos disponibles, contra todo pronóstico, no ha subido. Entre 1980 y 1998, la temperatura global, como consecuencia del efecto invernadero, subió la barbaridad de 0,5 º C en el conjunto. Pero en la última década, que a la vista del aumento del CO2 la temperatura debería haber subido otros 0,3 º C, esta se ha mantenido invariable. Estos datos servían a Whitehouse para insistir en la necesidad de seguir profundizando en el fascinante y complejo conocimiento científico del clima y también en la necesidad de deslindar las urgencias políticas de los objetivos del saber científico.

Desde el propio New Statesman, y después del escándalo producido por el artículo de Whitehouse, Mark Lynas, columnista de la revista experto en temas ambientales y conocido activista, respondió a principios de este año con un nuevo artículo: “¿Se ha parado realmente el calentamiento global?”. El argumento fundamental de Mark Lynas es que no cabía confundir la evolución año a año, ni tan siquiera por décadas, con la evolución a largo plazo, que es como debe estudiarse el cambio climático. La atmósfera del planeta, escribía el experto, es un sistema caótico con una gran variabilidad interanual. De manera que el cambio climático sólo se puede constatar observando largos periodos temporales, incluso superiores a las décadas. Lynas denunciaba que el artículo de Whitehouse había sido utilizado por los escépticos y los contrarios a la tesis del cambio climático, pero justificaba la inclusión del mismo en New Statesman en aras de un debate de interés público. Pero como activista, insistía en el compromiso de la línea editorial de la publicación con una “acción agresiva” a favor de la reducción de las emisiones de CO2 y de apoyo a la estabilización de la temperatura por debajo de los dos grados superior a los niveles preindustriales.

Traigo este debate a colación de lo que creo que está siendo una oportunidad perdida en el tan necesario desarrollo de una cultura científica en nuestro país. La inclusión en las agendas informativas del cambio climático ha superado todas las expectativas racionales, y más allá del debate científico y las políticas medioambientales necesarias, se ha convertido en un ingrediente que se utiliza hasta la náusea en todos los platos informativos. Incluso nuestros hombres y mujeres del tiempo televisivos han acabado plegados a esta presión ambiental, de manera que los datos meteorológicos diarios, absolutamente independientes de lo que pueda ser el cambio climático global -que como incluso sostiene el activista Lynas, sólo puede observarse a muy largo plazo-, siempre acaban condicionados por este. En todas las informaciones meteorológicas aparece el inevitable comentario propagandístico. De manera que incluso cuando hay lluvia, se consigue que parezca una mala noticia: por poca, por mal situada, por inútil, por ser menos de la esperada… Cuando llueve en las zonas de secano, se lamenta que no lo haya hecho en las cabeceras de los ríos. Si nieva en las montañas, la queja es por no haber llegado a las zonas de secano… Nuestros meteorólogos nos inundan con toda suerte de datos que puedan probar la gran amenaza del cambio climático, insistiendo que tal año es el menos lluvioso de la década, tal otoño el más seco de los últimos veinticinco años y tal día el más caluroso del siglo. La información meteorológica, al amparo de la amenaza del cambio climático, se ha convertido en una mala noticia permanente.

Como decía, el uso demagógico del debate científico sobre el cambio climático y la conversión de este en ideología política al servicio de la propaganda para favorecer las transformaciones necesarias para frenarlo, están echando a perder una buena oportunidad para mejorar la cultura científica de nuestros ciudadanos. Una cultura científica que debería entenderse como una mayor capacidad para el juicio racional, amparado en teorías sometidas al contraste empírico de los hechos. El interés que ha despertado el cambio climático debería transformarse en una gran oportunidad para el mejor conocimiento de cómo funciona la ciencia, cómo se avanza gracias a la especulación y la prueba, cómo comete también sus errores y cómo se detectan, cómo se relacionan su carácter especulativo, el riesgo para descubrir datos nuevos, con la exigencia de rigor, cómo se combina la certeza con la provisionalidad de lo sabido. Lo mejor de todo debería ser el redescubrimiento -en tiempos de relativismos autoritarios- del gusto y la pasión por la verdad que, aun sabiendo que nunca va a conseguirse de modo absoluto, sí es posible acercarse a ella o, por lo menos, seguir apartándose de la ignorancia y el engaño.

Dicho de otro modo: no puede ser que se confunda a la gente queriendo presentar la actual sequía en nuestro país como resultado del cambio climático. Este tipo de comportamientos oportunistas, aunque persigan objetivos deseables, acaban pagando el alto precio de su descrédito el día que cambian las tornas. Si esta primavera o el próximo otoño -¡Dios lo quiera!- acaban siendo muy lluviosos, ¿querrá decir que se ha acabado el cambio climático? En absoluto. Simplemente hay que saber explicar que no hay ninguna prueba científica que permita establecer una relación directa entre la actual sequía con el cambio climático global, cosa que no desmiente la evidencia de la primera ni la certeza de lo segundo.

salvador.cardus@uab.cat

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Minorías globales, de Eugenio Trías en El Mundo

Publicado en Cultura, Política by reggio en Abril 2nd, 2008

TRIBUNA LIBRE

Siempre he creído que la expresión cultura de masas constituye un eufemismo. Se trata de una cultura que elimina de su repertorio la mejor de nuestras facultades. Las masas somos todos en nuestras horas más bajas. Esa cultura se halla, en los países mejores y más civilizados, poco a poco cuestionada y contestada (o por lo menos contrastada). Tardarán quizás años o lustros para que nos enteremos en España de este interesantísimo proceso, que demuestra una vez más la gran vitalidad de ese Ave Fénix que llamamos capitalismo en la edad postindustrial: un modelo tan mefistofélico como capaz de renacer de sus cenizas.

En el mundo global, en países que apuestan por la calidad, cada vez posee mayor presencia y prestancia lo que podría llamarse una cultura de minorías globales. Debería escribirse alguna vez sobre la sorda -casi inaudible- rebelión de esas minorías. Nada tienen que ver éstas con las elites económicas y sociales que vivían con temor y temblor el irresistible auge del hombre masa en el periodo de entre guerras, cuando Ortega y Gasset escribió su célebre libro.

Se trata -ahora- de un sector social cada vez más amplio en los países innovadores, especialmente entre clases medias ilustradas que apuesta por una cultura cualificada y diversa, cifrada en temas de imposible generalización colectiva pero de gran predicamento entre seguidores apasionados.

Los políticos tienen que contar con esas minorías globales en los países más cultos e inteligentes. También han de saber de ellas los empresarios, los financieros, los fabricantes de arte, literatura y pensamiento. Se está gestando una incipiente civilización de la inteligencia y del conocimiento que cada día contribuye al lento entierro de esa forma paleolítica de cultura que todavía denominamos cultura de masas: la que convoca nuestras vísceras y nuestros órganos menos sutiles; la que se encandila con los asuntos más escabrosos y peleones.

¿Es que esta cultura apta para minorías globales está ausente en España? ¿Tan mal andamos? ¿Tan pobre es el balance cultural e intelectual de una de las 10 principales potencias económicas del planeta? ¿Será verdad que somos un país de nuevos ricos que sólo han sabido pactar y ponerse de acuerdo -desde hace 50 años- los modos expeditivos necesarios para salir del hambre? La cultura, el arte y la educación son las asignaturas en las que este país siempre suspende. Y aun así, en un terreno poco visible, pueden advertirse contra-tendencias.

¿Existe aquí, en España, un recinto de meditación y reflexión donde nuestras mejores facultades, la inteligencia y la sensibilidad, se sientan reconfortadas? ¿Un verdadero templo laico lleno de vibraciones espirituales?

Ese templo existe, incluso en este país a veces tan desdichado en asuntos de cultura. En Barcelona lo constituye el cine Verdi. Seguro que en Valencia, en Madrid, en Zaragoza, en Bilbao, en Las Palmas, en A Coruña se puede encontrar algún recinto similar.

Se proyecta una película que es barcelonesa, española y europea, y que satisface con creces esas exigencias de Minoría Global a la que antes he hecho referencia.

En todas partes, aquí o en Beijing, en Nueva Orleans, en Barranquilla, en Lima, en Umea, en Novo Sibirsk, en Seúl, en Melbourne, en Jerusalén, en Constantinopla, en Yakarta, en Beirut o en Ciudad del Cabo habrá siempre una pequeña minoría -quizá incluso una minoría respetable- que ame, adore y hasta sienta adición por la música de Juan Sebastián Bach. Una gran película española satisface la demanda de quien quiera sumergirse en la verdad actual de esa música. Me refiero a El silencio antes de Bach, de Pere Portabella.

A través de una curiosidad inagotable sobre el modo en que esa música existe y se fabrica, en recorridos con la cámara por los mandos, los tubos y los teclados de un gran órgano, o mediante la filmación del traslado en camiones de transporte de pianos de cola y otros instrumentos musicales, siempre en la evocación de esos escenarios tan materiales, tan fabriles, tan propios de nuestro modo de construir, vender y transportar, se va cercando el entorno en el que la música de Juan Sebastián Bach surge y se expansiona en el mundo de hoy.

Se escuchan conversaciones de camioneros sobre este músico, un concierto de armónica en el recorrido por la autopista de esos transportistas de grandes instrumentos; se advierte la increíble presencia de una pianola ambulante; y una conversación teológica en torno a un libro de poemas de título emparentado con el de la película.

Ese magnífico puzzle cinematográfico muestra y demuestra que en un mundo de graffitis, de turismo cultural, de metros y salidas de metros (con violoncelos incorporados, y con piezas para violoncelo solo de Juan Sebastián Bach) hay siempre un lugar para este inmenso compositor. También en el mundo de hoy se crean las condiciones materiales para la escucha de este músico sublime.

Esa película proporciona -como valor añadido- un argumento posible para una teología imaginativa y crítica. En relación a las cinco vías tomistas de la existencia de Dios establece una posible Sexta Prueba.

De la conversación -crucial en la película- en torno a un libro de poemas titulado El mundo antes de J. S. Bach (de donde Pere Portabella ha derivado el título de la película) se desprende una reflexión de auténtico vuelo especulativo teológico. Ese núcleo de la película me ha suscitado tentativas -pruebas y contrapruebas- en torno a temas religiosos de primera magnitud.

Quizás no sean hoy transitables las cinco vías tomistas, que sin embargo eran plenamente congruentes con el universo de Tomás de Aquino. Las autopistas teológicas vigentes deberían inferirse de las pruebas cosmológicas actuales. Se pueden razonablemente desprender de un darwinismo espiritual perfectamente compatible con la teoría de la evolución. O de la idea extraordinaria del Universo Abierto (de Karl R. Popper). Yo situaría el Big Bang como primera vía (no en vano fue un jesuita uno de sus principales teorizadores). Las razones seminales evolucionistas serían, entonces, la segunda. La teoría del corrimiento al rojo, o efecto Doppler, y el armónico ensancharse del espacio-tiempo cuyos átomos son galaxias, podría dar lugar a la tercera vía. La cuarta sería sonora, musical, pero de música callada, sólo perceptible en la ondulación del espectro sonoro: la radiación de fondo de la explosión inicial (inferencia de la citada desviación hacia el rojo). La quinta prueba no sería cosmológica sino moral: la existencia de nuestra inteligencia ética, y su perpetuo combate contra el mal del mundo.

La sexta prueba, quizás la más convincente, seria la que El silencio antes de Bach presiente. La existencia de Juan Sebastián Bach parece postular una causa ausente. Se trata de una prueba metaestética. O de un argumento ontológico invertido: porque existe Juan Sebastián Bach se impone el postulado que permite pensar en su causa metonímica eficiente (un Dios artista). Lo que demuestra la existencia de Dios -y que ese Dios no es un Dios de cuarta categoría- es justamente la pura y simple existencia del Maestro Cantor de Leipzig. Dios no es sólo gran artesano, como creyó Platón. ¡Es artesano y gran artista! El viejo Kant llegó a pensar esto en las páginas finales de su Crítica del juicio.

La calma, la paz espiritual de esta película -El silencio antes de Bach- garantiza un encuentro con nosotros mismos: con el daimon propio. Una película de esta naturaleza puede iluminar la mente. Puede también serenar el ánimo. Consigue que se disipe en la lejanía el eco de un griterío de voces encarnizadas que apremian y golpean.

Eugenio Trías es catedrático de Filosofía y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

© Mundinteractivos, S.A.

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Ucrania y Georgia deben entrar en la Alianza, de Bernard-Henri Lévy y André Glucksmann en El Mundo

Publicado en Internacional, Política by reggio en Abril 2nd, 2008

CONCLAVE ATLANTICO EN BUCAREST

CARTA ABIERTA A ANGELA MERKEL Y NICOLAS SARKOZY

Señora canciller, señor presidente,

Hace casi 20 años, asistíamos con entusiasmo al acontecimiento más extraordinario de finales del siglo XX: la caída del muro de Berlín. La Alemania reunificada abría el camino a la resurrección de nuestro continente. Una ola de revoluciones de terciopelo arrastraba, una a una, a las dictaduras comunistas. Tras luchar sin tregua contra esos regímenes inicuos desde los tiempos ya lejanos de la Nueva Filosofía, nos alegrábamos por aquella magnífica fiesta de la libertad. Porque, guste o no a las almas cansadas y agrias, veíamos en ese acontecimiento el comienzo de una nueva era.

Una década después, la revuelta continúa. Lejos de haberse quedado en un momento de gracia, enigmático y efímero, es un gran impulso que se prolonga, porque, a orillas del siglo XXI, la revolución de las rosas en Georgia y, después, la revolución naranja en Ucrania, marcaron el triunfo en esos países de las mismas ideas democráticas. Liberaciones colectivas, alegres y pacíficas, estas dos insurrecciones demostraron, una vez más, que la Historia humana era más que una acumulación de malas noticias. Marx estaba muerto en sus cabezas, pero la voluntad de emancipación le sobrevivía, alimentándose incluso de su desaparición.

Si hoy nos dirigimos a ustedes, señora canciller y señor presidente, es porque, hoy, en Bucarest, se inaugura la cumbre más importante de la OTAN desde el final de la Guerra Fría y porque queremos que recuerden, en ella, a los cientos de miles de estudiantes, campesinos y obreros que invadieron las calles de Tiflis y de Kiev en 2002 y 2004, enarbolando banderas europeas, francesas, alemanas, inglesas y americanas. Estos hombres y mujeres desarmados eran los dignos herederos de Vaclav Havel y de Lech Walesa, de los pastores de la Alemania del Este y de los intelectuales húngaros o rumanos. Encarnaban Europa, esa gran aventura de nuestro tiempo, cuyo aspecto exultante y profundamente revolucionario nos cuesta tanto asumir, sobre todo desde París o desde Berlín.

Ellos piden hoy asociarse a la organización que asegura la seguridad de nuestras democracias desde los años 60. ¿En nombre de qué se lo podríamos negar? ¿Quién se atreverá a asumir ante las futuras generaciones haberles dado con la puerta en las narices en este momento tan decisivo de su historia y de la nuestra?

En Bucarest, se hablará de Afganistán, de Kosovo, de Macedonia y, lo queramos o no, de Georgia y Ucrania. Será la hora de saber si el Occidente democrático asume sus valores de libertad y de tolerancia, apoyando a sus aliados naturales y tendiendo la mano o no a aquellos que, en Europa o en sus fronteras, celebren con fervor sus ideales constitutivos. Rechazar la adhesión de Ucrania y Georgia sería un error dramático.

Desde hace decenas de años, tanto uno como el otro, a menudo uno y el otro, hemos apoyado a los combatientes de los derechos del hombre y a los demócratas perseguidos en todo el mundo. Desde Bosnia a Afganistán y a Pakistán, de Darfur a Chechenia o al Tíbet, Pekín o Minsk, constatamos lo que cuesta ser amigo de un Occidente tan reticente a ayudar a sus partidarios y tan rápido a ceder ante sus enemigos. Por una vez, en Bucarest, no se trata de condenar una dictadura o de boicotear una tiranía, sino de reconocer la evolución y la voluntad de dos pueblos soberanos, integrándolos en nuestra familia político-militar. Eso no costará un solo puesto de trabajo a nuestras economías. Ni nos privará de un solo barril de petróleo. No. Lo que se nos pide es muy sencillo. Y, sin embargo, se presenta como algo muy complicado.

Una vez más, el problema es que nuestra comunidad de naciones y de pueblos se divide y se enroca en sí misma. Por temor a molestar a Rusia, algunos gobiernos dudan, cuando no se oponen, a este gesto poco costoso pero tremendamente simbólico del apoyo a las jóvenes democracias de Ucrania y de Georgia. De confirmarse, esta oposición significaría una terrible quiebra moral. Y sería también un pecado político y un grave error de juicio y de cálculo estratégico.

Si Georgia y Ucrania consiguiesen el apoyo de la OTAN, el Kremlin protestaría, amenazaría, colocaría uno o dos misiles, si no lo ha hecho ya, apuntando hacia Kiev o hacia Tiflis. Pero no realizaría ninguna otra acción contra estos países ni rompería sus relaciones con ellos ni con la OTAN ni con la Unión Europea. Nuestra decisión convertiría en santuarios a los dos países. Y el gas seguiría llegando. Y la lógica de la guerra, a la que tanto temen nuestros políticos, encallaría de inmediato.

Tomemos a Georgia: este pequeño país del Cáucaso está bajo el embargo ruso desde hace largos años. Su territorio ha sido bombardeado en varias ocaciones por los aviones del ex Ejército Rojo. Dos de sus regiones (Abjasia y Osetia del Sur) están gobernadas por separatistas pagados y preparados por Moscú. «Una buena razón para no hacer nada», musitan medio avergonzados, medio embriagados por su propia sutileza, nuestros estrategas de la realpolitik. ¿Olvidan Checoslovaquia y los Sudetes, la capitulación y los sacrificios de Múnich? ¿No se acuerdan de la integración de la RFA en la OTAN a pesar del bloqueo de Berlín, a pesar de la división del país, a pesar de las amenazas soviéticas? ¿No se acuerdan de la estrategia de la renuncia y la del coraje, la que mejor funciona? ¿La que hace progresar la paz, la prosperidad y la práctica de la democracia en el continente europeo?

Tomemos el caso de Ucrania. «Kiev es la cuna simbólica del Imperio ruso, la Historia habla por sí misma», aseguran, perentorios, algunos diplomáticos prontos a referirse al pasado para no tener que actuar en el presente. Han olvidado ya las consignas de los manifestantes de 2004 proclamando, acentuando: «Somos libres e independientes; somos europeos».

Los firmantes de esta carta no tienen función ni mandato. Sólo se esfuerzan por pensar el mundo tal cual es, sin renunciar a nada de aquello que forjó, y todavía forja, la grandeza de la civilización europea. Y por eso, se niegan a admitir la idea de ver a Occidente sacrificar, de nuevo, en el altar de unos intereses mal entendidos, a sus amigos en democracia y a sus hermanos en libertad.

No dejemos en manos del Kremlin un derecho a veto sobre las relaciones que Europa y América quieran entablar con sus aliados naturales. Abramos las puertas de la OTAN a Ucrania y a Georgia.

Señora canciller, señor presidente, su responsabilidad en este día es inmensa. Escuchen a su corazón, a su destino y al de sus pueblos. No cedan a las sirenas de la renuncia ni a las comodidades del apaciguamiento. El futuro -cercano- les observa y nos juzga.

Bernard-Henri Lévy y André Glucksmann son filósofos franceses.

© Mundinteractivos, S.A.

Un millón de vacas perdidas, de Jordi Gracia en El País

Publicado en Política by reggio en Abril 2nd, 2008

Las últimas elecciones han dejado con dos representantes parlamentarios a una fuerza política con un millón de votos: Izquierda Unida. Si no ha sido un tsunami entonces habrá sido una irresponsabilidad de la izquierda socialista, si es que no ha sido un rebrinco tardío de las desconfianzas y recelos de la familia marxista histórica. Son dos cosas distintas pero pueden haber tenido efectos convergentes en dañar un poco más al sector más débil de la izquierda, o el sector menos dispuesto a asumir el camino del centrismo universal como espacio de decantación de unas elecciones. Hay razones para la autocrítica en Izquierda Unida: una de ellas es la exhibición identitaria de una bandera muy parecida a la que enarbola con desenvoltura y power point un antiguo candidato del Partido Demócrata de Estados Unidos, Al Gore, aplaudido por todos los poderes antes o después, y líder inevitable de la ola ecologista.

Otra razón para la autocrítica es menos obvia y algo más delicada: tiene que ver con las dos áreas de sensibilidad política que Izquierda Unida quiso reunir hace muchos años. La herencia del PCE ha sido biológica, en términos humanos, y ha sido ideológica en términos políticos: en ambos casos constituye una suerte de rémora difícil de defender en el contexto de la Europa contemporánea. Pero es también una herencia generacional: el impulsor de las crisis más agudas y más recientes de Izquierda Unida ha sido el comunismo veterano, cuya figura pública más visible es Francisco Frutos, que pareció encontrar en Julio Anguita su continuación natural y generacionalmente renovada. Con Gaspar Llamazares esa tradición parece diluida y en términos estratégicos ha rehuido el enfrentamiento para buscar la única vía posible de participación en el poder, es decir, la cooperación concreta o específica, mientras pueda aportar algo. Hoy ya no puede aportar nada con dos votos repartidos entre dos formaciones aliadas, Izquierda Unida e Iniciativa por Catalunya.

¿Ha sido un tsunami? ¿Un tsunami se lleva por delante tres víctimas? El desastre es que un millón de votos no tengan apenas representatividad parlamentaria cuando un sistema electoral mejorado hubiese permitido a IU acceder a un 10% de los diputados actuales del PSOE (en torno a 16). Pero se han quedado en dos. Eso empieza a parecerse más al efecto de una catástrofe y lo aleja del efecto de una simple derrota. Y además era tan previsible que la reforma de la Ley Electoral estuvo en el programa electoral del PSOE. Ese déficit profundo de nuestra democracia se pudo paliar corrigiendo los efectos democráticamente indeseados de la ley D’Hondt: el socialismo español, político e intelectual, ha de asumir entre sus inconsecuencias morales y sus irresponsabilidades políticas haber favorecido la desaparición parlamentaria de un millón de votantes que se sitúan a la izquierda del PSOE.

Argumentar con los errores de la propia IU su situación actual, minimizando la madre del cordero, es una forma de sutileza argumental parecida a la teología recreativa. El voto de IU responde a una evolución a la baja en el último decenio largo que no podía modificar su declinación con sus propias fuerzas. Ni siquiera en el mejor de los mundos, con esa misma ley, hubiese podido pasar de 6 o 7 diputados, e incluso en ese caso quedaría muy lejos del respeto por las decisiones democráticas de los ciudadanos. Un partido nacido coyunturalmente pero con razones de fondo como UPyD espera turno en las próximas dos elecciones para seguir ese camino y volver a minimizar en el Parlamento la representatividad de sus 300.000 votantes.

IU ha perdido votos y ha perdido credibilidad con sus conflictos internos e incluso con algunas decisiones locales disparatadas, pero quien ha terminado con el grupo parlamentario de IU no ha sido su millón de votos, sino la administración interesada de esos votos por parte de una ley electoral retóricamente denunciada y protestada por la izquierda socialista española. Quizá los resquemores históricos han seguido funcionando como última secuela de la escisión de la vieja familia marxista. Pero ése no es un argumento consolador, sino más bien al contrario: muestra demasiado crudamente la cara desideologizada y estrictamente pragmática de un centro- izquierda socialista que prefiere acabar con otra formación política y aspira a atraer, en plena resignación fatalista del votante de IU, un porcentaje de votos que engrose sus propias mayorías.

Y entonces se dará la amarga paradoja según la cual la desaparición parlamentaria de IU habrá servido para mejorar los resultados del PSOE y ratificar su instalación en el centro-izquierda sin contrapeso alguno en el Parlamento y progresivamente tampoco entre los ciudadanos (porque otro poco del desánimo de IU acabará en la abstención). Es política, por supuesto: los socialistas no leen todos de manera idéntica el pasado histórico pero han apoyado la Ley de Memoria y sin embargo no han impulsado la defensa del derecho actual de la representatividad parlamentaria de IU. No sé si merece la pena pagar el precio ético de una tan ventajosa dejadez política. Esa neutralización de IU pudo haberse hecho con armas más francas y no propiciando por vía pasiva la invisibilidad parlamentaria de un millón de votos: acabaremos siendo como el millón de vacas que en algún sitio debían estar pero nadie había visto nunca, según un hermoso relato de Manuel Rivas.

Jordi Gracia es catedrático de Literatura Española en la UB.

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Criterios de país, de José Luis Gómez en El País de Galicia

Publicado en Política by reggio en Abril 2nd, 2008

La creciente influencia del nacionalismo gallego en Madrid, donde avanza lentamente, pero avanza, está viéndose acompañada de movimientos que no pueden pasar inadvertidos en los otros dos grandes partidos, el PP y el PSOE. Más que valorar la presencia de políticos nacidos en Galicia en el poder central -siempre los hubo-, la clave está en comprobar si esos dirigentes actúan en defensa de los intereses de Galicia o, por el contrario, desempeñan el papel de empleados en Madrid.

Franco era gallego, tuvo ministros gallegos -entre ellos el ex presidente Manuel Fraga- y no por ello eso supuso ninguna ventaja para Galicia. Al contrario, fue clasificada como territorio apacible y bucólico donde ni siquiera había que compensar su desapego a la causa con mejores aranceles, como sucedió con Cataluña, o con más industrias de fundición, como pasó con Euskadi. También con UCD hubo gallegos en Madrid -alguno tan brillante como Pío Cabanillas- e incluso el andaluz Felipe González le dio cierta cancha en su Gobierno a políticos todavía en activo como el ex ministro y ahora alcalde Abel Caballero, quien se había llevado de ayudante a Emilio Pérez Touriño, ahora presidente de la Xunta. El propio Salvador Fernández Moreda, presidente de la Diputación coruñesa, fue miembro de la ejecutiva federal del PSOE y un guerrista convencido y complaciente, sobre todo en aquel verano del 87 en Mera.

Aznar fue igualmente considerado con los populares gallegos y se llevó de ministro a un buen ex conselleiro como José Manuel Romay Beccaría, al tiempo que le daba cancha a Mariano Rajoy, que terminó siendo vicepresidente y sucesor del propio Aznar, aunque sin tanto éxito electoral como su mentor político. Y de vuelta al poder, el PSOE quedó en manos de un gallego de Palas de Rei, de quien se decía que era el chico que le ponía cafés a Paco Vázquez en la vieja sede compostelana del PSdeG, pero que demostró una capacidad de mando y organización en el aparato socialista que para sí quisieran muchos de los cátedros que le ningunean.

Pero el problema de Galicia no se resuelve contando los políticos gallegos que están en Madrid, entre los que también destacan Elena Espinosa, César Antonio Molina, Carmela Silva o Ana Pastor y, hasta cierto punto, Alberto Núñez Feijóo, quien se sabe más valorado allí que aquí. El problema es la capacidad de decisión de todos ellos en clave gallega, algo que aquí se estila tan poco y que, en cambio, forma parte del manual de navegación de cualquier político del PSC, por poner un ejemplo del partido que gobierna, que es al que más hay que mirar en estos casos.

El PSC actúa en Cataluña y en Madrid como un partido cohesionado que no sólo defiende los intereses de Cataluña, sino que tiene una visión propia de los asuntos de España y de Europa. Pero pasa lo mismo con la prensa catalana y con tantos otros estamentos de Cataluña. Es un papel que Galicia parece encomendarle en solitario al Bloque, pero sin echarle suficiente gasolina para tamaño viaje.

Ahora que el BNG de Anxo Quintana habla el mismo lenguaje de Artur Mas o de Íñigo Urkullu -más bien habría que decir Josu Jon Imaz, pero no está- es también un momento ideal para comprobar hasta dónde llega el proyecto del PSdeG en clave de país y hasta dónde es capaz de abrirse el PP para dar cabida al lenguaje de una España plural frente a una España centralista que se ancla en las cabezas de Aznar, Acebes y Zaplana. Mientras, parece ir soltando lastre en los nuevos tiempos que abandera Mariano Rajoy, ese gallego que no habla gallego pero que traduce del gallego cada una de sus expresiones y casi, casi, de sus gestos, a menudo incomprendidos, por cierto, en Madrid.

Galicia es un proyecto en común de los gallegos, del mismo modo que lo es España para los españoles. A estas alturas, no se trata tanto de buscar la contradicción entre una cosa y otra, sino de aplicar una pizca de realismo a la acción política, con criterios de modernidad, altura de miras y todo lo que se quiera -tampoco es imprescindible llevar boina- pero, sobre todo, con criterios de país. Empleados en Madrid ya hay muchos. Gallegos, gallegos, más bien pocos. ¿O no?

xeira@mundo-r.com

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Tras las elecciones, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Hora de Asturias

Publicado en Asturias, Política by reggio en Abril 2nd, 2008

Si hay algo claro tras las elecciones del 9 de marzo, es que abocan al PP a una profunda reflexión. Podrá pensarse que la indiscutible victoria del PSOE fue más o menos justa o injusta, en función de la labor de sus diputados en Madrid a lo largo de la anterior Legislatura, pero tal cosa, legítima y hasta necesaria, no va más allá de la conjetura, y, en todo caso, el resultado, como en el fútbol, es inamovible.

La decisión de Gabino de Lorenzo de encabezar la lista de su partido, la singular campaña que llevó a cabo y, sobre todo, la fijación que tuvieron frente a él sus adversarios políticos, dotaron de vida a la campaña. El Alcalde de Oviedo dio el paso, apostó fuerte y perdió.

¿Consecuencias? Aparte del desquite de Álvaro Cuesta, que lo ganó tras trece años después de haber sufrido una derrota muy severa, la primera lectura invitaba a pensar en el reforzamiento de Ovidio Sánchez, pues, a pesar de las muchas críticas cosechadas como eterno perdedor, la realidad es que el hasta ahora máximo dirigente del PP en Asturias no salió peor parado en las pasadas elecciones autonómicas que Gabino en estas generales. Sin embargo, en el momento de escribir estas líneas, se da casi por hecho en muchos medios de comunicación que Alicia Castro está dispuesta a dar la batalla, optando a ocupar la máxima responsabilidad en el partido conservador en Asturias.

Si esto es así, habrá que concluir, de entrada, que la decisión de Gabino de Lorenzo fue el acicate para que algo empezase a moverse en el PP asturiano, obligado a renovarse, al menos en lo que a sus principales dirigentes se refiere. Se diría que la derrota de Gabino lleva a los populares de esta tierra a una innovación que llevaba sin producirse desde la crisis del ‘marquesado’ a esta parte. De momento, pues, cambios en la formación conservadora.

Por su parte, no ha sido nuevo ni inesperado el descalabro de IU en estos comicios, también en Asturias. Jesús Iglesias perdió cuatro años antes el escaño que siempre había tenido el PCE primero e IU después desde las primeras elecciones democráticas.

Si la crisis interna de la coalición de izquierdas es notoria en toda España, en Asturias, tras el bochornoso espectáculo de la plaza de América el pasado verano, se hizo más patente aún. Pero no parece que se haya querido tomar nota de ello por parte de los principales dirigentes de esta formación política.

Y, en cuanto al PSOE, es de desear que las declaraciones de Javier Fernández, tras conocerse los resultados electorales, fuesen algo más que la búsqueda de un titular periodístico. Esperemos que los diputados socialistas por Asturias ejerzan de tales y se dediquen a algo más que a votar lo que proceda según las consignas que dé en cada momento el partido.

Son ellos los que han recibido más votos de la ciudadanía asturiana y, por tanto, están obligados a administrar con dignidad su victoria política. El señor Cuesta expresó en repetidas ocasiones a lo largo de la campaña ser un buen conocedor de la realidad de esta tierra. Lo que le toca es ser consecuente con ello. Atentos estaremos. Por último, conviene que nadie pierda de vista que se trataba de unas elecciones generales, que el votante sabía que, más allá de los nombres que iban en cada candidatura, estaba optando por Zapatero o por Rajoy, es decir, por renovarle la confianza al Presidente que había sido elegido cuatro años antes, o por un cambio en la orientación del Gobierno de España.

Y, en lo que a esto último se refiere, más allá del caso concreto de Asturias, no es infundado pensar que un partido que no aceptó una derrota electoral hace 4 años no es merecedor de la confianza de la ciudadanía.

Tiene por delante una Legislatura en la que podrá demostrar haber sabido perder como punto de partida de su labor opositora. Y, en Asturias, mientras tanto, pueden renovarse y, sobre todo, dejar claro ante su electorado, que cuentan con un liderazgo que, para empezar, tiene un proyecto creíble para esta tierra, más allá de los localismos que, en esta oportunidad, jugaron en su contra.

Viajes morrocotudos, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

Publicado en Asturias, Política by reggio en Abril 2nd, 2008

El ojo del tigre

Desde aquellos viajes iniciáticos por lo que entonces era el Tíbet asturiano (Ibias, Oscos, Degaña, etcétera…) organizados por Mateu de Ros, el último gobernador civil de la provincia de Oviedo, y guardián de la ortodoxia del régimen, realizados en la década de los años 60 del siglo pasado, para descubrirles a los asturianos de la zona centralista, y centralizadora, la existencia de un territorio prácticamente ignorado por el poder político regional, hasta los actuales viajes intercontinentales del Gobierno del Principado en busca de nuevos mercados que sean capaces de enriquecer la balanza comercial de este pequeño e introvertido país septentrional, han transcurrido los años suficientes para que de aquel mundo tan celosamente vigilado por el poder autárquico de la época pasáramos al actual, en donde apenas hay fronteras imposibles de atravesar ni mercados inaccesibles para quienes quieran conquistarlos.

(Conviene advertir que los viajes de Mateu de Ros tuvieron, años más tarde, una segunda parte protagonizada por quienes lideraban el curso democrático de la vida pública en el Principado. A cada uno, lo suyo…)

Es probable que entre aquellos viajes iniciáticos, realizados en dos etapas distintas, en busca del Trifinus Melancólicus en los bosques de Ibias y los Oscos, y los actuales viajes del Gobierno del Principado en busca de otros mundo en donde puedan balancearse gozosamente nuestros emprendedores empresarios, aún persista la tendencia congénita de los asturianos a ensimismarse en la contemplación de sus respectivos ombligos geopolíticos, pero es evidente que algo ha cambiado desde que el Gobierno de la autonomía asturiana descubrió que más allá de la barrera física de la Cordillera Cantábrica y del incómodo -y oneroso- obstáculo económico del peaje del Huerna hay otros mercados…

Los viajes intercontinentales de la primera institución autonómica demuestran que merece la pena abandonar la autocomplacencia para comprometerse con otros mundos, allende el Pajares. Después de haber descubierto que Europa es también España; de haber recorrido el continente americano desde el Norte hasta el Sur y de haber realizado el largo viaje hasta el Extremo Oriente, por el camino que abrió Marco Polo hace siglos, el Gobierno del Principado emprende ahora una nueva ruta, emulando al mítico David Livingstone, por el continente africano. Mas no para descubrir las fuentes del Nilo, sino nuevas fuentes del mercado internacional para nuestros activos empresarios.

Se ha diho que Africa es la América del futuro. Ni corroboro, ni disiento. Simplemente, repito. Mas si es así, merece la pena asumir las fatigas de un largo viaje al penúltimo continente que les quedaba por visitar a los ejecutivos asturianos. Digo penúltimo porque, es probable, le llegará su turno al último continente que aún les queda por recorrer a los políticos, empresarios y sindicalistas: Australia. Más desarrollado, más rico, más atractivo desde el punto de vista de un europeo ilustrado y aficionado al confort que procura el bienestar social y económico.

Pero de momento, Africa es lo que ahora importa. Sobre todo, los países africanos que mejores garantías sociales y económicas prometen y les ofrecen: desde el más avanzado (República de Suráfica) hasta el menos subdesarrollado (Angola). En los inicios de la democracia autonómica en Asturias, un ejecutivo del Gobierno del Principado le pronosticó a la clase empresarial asturiana un pernicioso mal histórico: su ensimismamiento. Y les recomendó, como solución para acabar con aquel mal congénito, que aprendieran a perderse en los aeropuertos internacionales.

Se ha demostrado que no es necesario desorientarse buscando la puerta de entrada para un embarque, ni perderse intentando encontrar la puerta de la salida de una terminal. Es suficiente con viajar. Y punto. Eso es lo que promociona el Gobierno del Principado: los viajes intercontinentales para sus ejecutivos políticos acompañados de los empresarios y los sindicalistas. Aquella vieja teoría que explicaban los ideólogos del autarquismo económico español sobre la necesidad de conciliar los intereses del capital y los del trabajo, a través de la función sindical, tiene en estos momentos una vigorosa respuesta.

El Gobierno de los asturianos garantiza la armonía entre ambas partes -tan diferentes y tan antagónicas- apoyándose en un par de conjeturas: una, que las dos fuerzas son necesarias para el proyecto institucional de Gobierno (aupar a Asturias hasta el nivel más alto del concierto autonómico nacional); y dos, que la solución semántica es la ideal para lograr el éxito de tal empeño conciliador: no son empresarios, unos; ni sindicalistas, otros. Son, sencillamente, agentes sociales… ¿Qué sería de esta democracia -tan limitada- si no fuera por los eufemismos y las metáforas que tan magistralmente utilizan los políticos…?

Este nuevo viaje del Principado y de los agentes sociales sirve también para robustecer la idea que se le ocurrió a la FSA, como básica para agitar las conciencias de los asturianos ante el inminente nuevo Estatuto autonómico: la necesidad de suspender la exhibición de las balanzas fiscales -¡estos catalanes…!- para airear las balanzas comerciales. Se trata de una genial iniciativa asturiana -es decir, autóctona- en gran medida apoyada por los protagonistas de los viajes morrocotudos del Principado.

Debo advertir de que es morrocotudo todo aquello que supone importancia y dificultad. Por lo tanto, si estos viajes intercontinentales de la institución capital de la autonomía asturiana y de sus agentes sociales tienen gran importancia y además no están exentos de grandes dificultades (de organización, de realización, de gestión, etcétera, antes de lograr el éxito final) es evidente que, en estos momentos, el Gobierno del Principado protagoniza otro de sus habituales viajes morrocotudos. En una sociedad democrática tan culta y experimentada, como es la asturiana, conviene aclarar, de vez en cuando, conceptos que podrían inducir a dudas, recelos y malos entendidos. La historia de este país está llena de relatos de viajes morrocotudos: los tres de Colón, los de los Tercios de Flandes, los de la División Azul, el del Plus Ultra, el del general(ísimo) Franco desde El Pardo hasta Hendaya, etcétera, etcétera.

El viaje institucional de los asturianos a Angola y a Suráfrica es una generosa aportación más a la historia de la irresistible ascensión de la economía asturiana al Naranjo de Bulnes de la planificación regional. Suerte.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Entre Ankara y Madrid queda Estrasburgo, del Editorial en Gara

Publicado en Derechos, Política by reggio en Abril 2nd, 2008

El juez de instrucción de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón ha dado por concluido el sumario 35/02, conocido como «Herrikos-Batasuna», que se suma al proceso de ilegalización de Batasuna impulsado por el propio magistrado en 2002. En el auto dictado ayer, Baltasar Garzón da traslado de su instrucción a la Sala Segunda del tribunal especial español, señalando el procesamiento de 41 personas, conocidas todas ellas por su trabajo político. Incluido Jon Idigoras, dirigente abertzale ya fallecido y al que el juez no duda en mantener en las lista de encausados. Lo que podría ser entendido como una anécdota de mal gusto no viene sino a confirmar el sentido profundo de esta causa judicial en tanto que proceso político al compromiso igualmente político mantenido por la izquierda independentista en las tres últimas décadas.

El cierre del sumario contra Batasuna se daba a conocer el día después de que el Tribunal Constitucional de Turquía admitiera a trámite la demanda de ilegalización cursada por la Fiscalía de ese país -aspirante al ingreso en la UE- contra el partido islamista moderado AKP, que gobierna en Ankara. Como es sabido, Turquía acumula un triste récord en materia de ilegalización de siglas, cierres de medios de comunicación y, en general, de vulneración de derechos, ya sea a través de formas expeditivas -ofensiva militar contra el PKK en territorio bajo soberanía iraquí- o al amparo de las leyes.

La combinación de las herramientas puramente represivas con las legislaciones creadas al efecto de limitar determinadas expresiones políticas -caso de la Ley de Partidos- es parte de la receta turca, y también de la española, para enfrentar conflictos políticos.

La cuenta atrás hacia el juicio a Batasuna coincide con la deliberación del Tribunal de Estrasburgo sobre el recurso presentado por la formación política vasca. Un hecho a tener muy en cuenta, ya que una eventual amonestación del tribunal europeo hermanaría al sistema político-judicial español con el turco. Y hay compañías de banquillo que resultan muy incómodas.

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España enfila una recesión, de Rubén J. Lapetra en El Confidencial

Publicado en Economía by reggio en Abril 2nd, 2008

España vuelve a una situación de crisis económica. Los indicadores adelantados que se disponen sobre el papel así lo señalan. Se está poniendo fin en estos días a 15 años de expansión (ocho ejercicios de gobierno del PP, siete del PSOE). Un milagro económico como fue calificado por muchos estadistas europeos (políticos, que no economistas). Han sido tres lustros de crecimiento económico ininterrumpido, sin pausa, con prisa a veces como las que se produjeron antes de 1999 con objeto de pasar el corte de la Unión Económica y Monetaria (UEM).

Desde principios de año se vienen constatando los síntomas. Sin embargo, los mensajes a la prudencia surgidos desde el stablishment político, económico y mediático, cómplices de la inacción y amantes de la teoría de que los problemas se resuelven solos, han campado por doquier. Se entiende que existan con un proceso electoral de por medio, como el del pasado 9-M. Sin embargo, como en pasadas crisis, algunas voces han vuelto a quedar en evidencia al intentar enmascarar la realidad. Ya no vale el mensaje de que viene el lobo; el lobo está aquí, pero algunos se empeñan en decir que no muerde.

Pero los datos son alarmantes. 1) La venta de coches se hunde un 28% en marzo, según datos de Anfac; 2) las de viviendas bajan un 27%, según el INE; los precios inmobiliarios de segunda mano (vinculados más al sector minorista que a los grupos empresariales) ceden más del 5% en un año, según IESE-Fotocasa; 3) la prima de riesgo por invertir en España se ha disparado, según la evolución de la deuda soberana… La crisis inmobiliaria galopante afecta a todos los niveles de la estructura productiva y pone en riesgo al sector financiero, al que le deben más de 300.000 millones de euros.

Todo resta y nada suma. La economía se enfrenta a una situación clara de contracción de la actividad. Con ello, parece inviable que se mantengan unas previsiones económicas con incrementos del PIB por encima del 2%. La inercia económica -que tiende habitualmente a la desaceleración en lugar de al frenazo- no siempre funciona como se ha demostrado en el pasado con los ‘aterrizajes bruscos’ de economía. En estos días existe además un condimento adicional que empeora las cosas: la inflación. El IPC adelantado se situó en marzo en el 4,6% y destapa el peor y menos deseable y antinatural de los escenarios económicos: estánflación (nulo crecimiento junto a incremento de los precios de consumo).

La última recesión, en 1993

En 1981, España registró una suave recesión derivada de la crisis energética de aquellos años, con la guerra Irán e Iraq de fondo. La más grave fue la última. Entre 1992 y 1993, tras la Guerra del Golfo y la devaluación de la peseta, la economía acumuló cuatro trimestres consecutivos de reducción en su Producto Interno Bruto (PIB). Hoy, lleva la friolera de casi quince años de crecimiento ininterrumpido, con tasas medias superiores al 3%, lo nunca visto desde los años 60 y 70, cuando abandonaba el estigma de país subdesarrollado para engrosar las listas de países europeos. No es difícil adivinar cuándo será la próxima si se mantiene el actual clima de empleo y consumo. Será la tercera en 30 años.

Nota: una recesión económica es oficial si transcurren dos trimestres de caída del Producto Interior Bruto (PIB)

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Faltan más cosas que agua, de Enrique Badía en Estrella Digital

Publicado en Economía, Política by reggio en Abril 2nd, 2008

La aguda sequía que padece Cataluña, con la subsiguiente escasez de caudales para el suministro al área metropolitana de Barcelona, está poniendo de los nervios a más de uno y constatando escasa diligencia en políticos y gobernantes —actuales y pretéritos— para hacer frente a un problema que en tiempos se llamó pertinaz.

Por extraño que parezca, no se acaba de asumir que el agua falta donde falta y está donde está. Quiere decir que se han configurado aglomeraciones de población sin tener en cuenta si había o no disponibilidades suficientes para garantizar el suministro. Y donde el recurso no está garantizado no existe más opción que captarlo donde existe y transportarlo hasta las áreas de consumo. Pasando al terreno práctico, sólo caben dos alternativas: trasvases entre cuencas o construcción de plantas para desalar agua del mar.

Lo lógico hubiera sido resolver la disyuntiva mediante debate político-social, pero no sólo no se ha propiciado, sino que los diferentes partidos han variado de postura, según las circunstancias, más negando que patrocinando lo uno y lo contrario sin solución de continuidad. Y, para acabar de complicarlo, el agua se ha convertido en elemento de reivindicación y agravio territorial.

Sin retroceder demasiado en el tiempo, la primera propuesta de trasvases entre cuencas data de los años 90, impulsada por el entonces ministro de Obras Públicas, el socialista José Borrell. A causa de la dinámica política, no pasó de ahí, dado que el Partido Popular materializó su oposición nada más ganar las elecciones de 1996. Pero, algunos años después, el Gobierno Aznar no sólo rescató lo esencial del plan Borrell, sino que logró tramitar su aprobación parlamentaria gracias a la mayoría absoluta cosechada en 2000. Aunque, cerrando el ciclo, apenas iniciadas las primeras obras, el Partido Socialista ganó las elecciones de 2004 y paralizó por vía de urgencia su ejecución, planteando como alternativa la intensificación del programa de construcción de plantas desaladoras que el PP había concebido como residual.

Cuatro años después, las cosas siguen esencialmente donde estaban: sólo se han puesto en funcionamiento dos plantas desaladoras, una de ellas terminada en la legislatura anterior, y la crisis de abastecimiento en Cataluña ha reabierto las disquisiciones sobre trasvase o desalación, con curiosa reconversión de posturas político-programáticas.

La todavía ministra de Medio Ambiente en funciones, Cristina Narbona, es uno de los mejores exponentes del vaivén político en torno al agua. En apenas una década, ha pasado de ser coautora del plan de trasvases del ministro Borrell a ejecutar la cancelación de la copia promovida por el PP. Pero no está sola. Los tres partidos que se reparten el gobierno de la Generalitat de Cataluña apuestan ahora por llevar agua del Segre al Llobregat, con la ingenua cobertura de no llamarlo trasvase para ocultar su cambio de posición. Y el consejero responsable del tema por cuenta de Iniciativa-Els Verds, Francesc Baltasar, apuesta por desaladoras, disintiendo del programa de su partido en pasadas elecciones.

El marco de tanto dislate es la falta de valentía política para afrontar la realidad de que el agua está en unos sitios… pero la gente ha elegido vivir en otros. O, si se prefiere, el oportunismo cortoplacista de captar votos en todos los territorios: los que piden agua porque no tienen y los que tienen pero no la quieren ceder. Comportamiento al que no escapa el Partido Popular, que en la última campaña electoral ha dicho en Murcia o Valencia lo contrario que en Castilla La Mancha o Aragón.

Con todo, el presente discurre centrado en una pugna política entre socialistas, respectivamente ubicados en los gobiernos del Estado y la Generalitat, cuyo desenlace no es fácil prever. Y en un cuadro de prohibiciones y sanciones por uso indebido de agua que, curiosamente, no alcanza al sector agrario, a pesar de que consume más de dos tercios del total disponible y algunos agricultores —no todos— siguen regando a manta, insensibles a la escasez.

Parece que no es sólo agua lo que escasea: también se echan en falta cosas como racionalidad, valentía política y responsabilidad.

ebadia@hotmail.com

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