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El indiscutido poder de Zapatero, de Justino Sinova en El Mundo

Publicado en Política by reggio en Marzo 28th, 2008

EL REVES DE LA TRAMA

Aquel diputado sedente que durante varias legislaturas guardó el más cumplido sometimiento a la autoridad es hoy la autoridad también indiscutida. Los diputados socialistas mantienen la misma sumisión a Rodríguez Zapatero que él tributó a sus jefes. Ni una sola crítica, ni el más leve reproche a Zapatero se ha oído en sus filas parlamentarias; no se sabe de un parlamentario del partido que haya deslizado una protesta tampoco fuera de micrófonos. El acatamiento al jefe no conoció fisuras ni en los tiempos más delicados de la legislatura anterior, cuando decisiones fuera de programa hacían prever disidencias. Entonces, la lógica cedió ante el plomo de la disciplina. La sumisión del criterio propio a la obediencia fue ejemplar en personajes que se suponía autónomos, como Alfonso Guerra, que argumentó serios reproches al Estatuto de Cataluña para callarlos luego durante los debates parlamentarios que él mismo, además, presidía.

En los primeros pasos de la actual legislatura, tras haber afianzado su ámbito electoral el Partido Socialista, Zapatero exhibe su autoridad con mayor desenvoltura. Su indiscutido poder interno se adivina en múltiples detalles. Lleva a sus últimas consecuencias su decisión personal, anunciada ya antes de las elecciones, de colocar en la Presidencia del Congreso a José Bono, da por hecha la nominación de portavoz parlamentario en la persona de su amigo José Antonio Alonso sin que el partido se hubiera pronunciado, y busca una salida al anterior portavoz, López Garrido, a quien envía a una Secretaría de Estado de Exteriores sin que el ministro, aunque por imperativo legal en funciones, haya hecho oír su voz ni siquiera para cubrir el expediente de suscribir el nombramiento.

Todo ello discurre con la aprobación muda del partido, sólo ligeramente alterada por la protesta simbólica de un barón políticamente amortizado, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que se ha quejado sin reincidencia de que haya dirigentes del partido que no son afiliados, como es el caso de Alonso. Nadie le ha secundado, sino que todos han aceptado lo dispuesto por el jefe antes de que los órganos colegiados del partido lo hayan ratificado. La democracia interna de los partidos, que tan solemnemente exige la Constitución, se expresa en esos trámites de ratificación axiomática. Si un día un comité echara abajo una decisión del jefe, el partido se vería sacudido por un terremoto político de máxima intensidad.

Va a tener razón Rosa Díez cuando afirma que el PSOE ha perdido su identidad ideológica y que, desde esa perspectiva, «está muerto y sólo reacciona ante la pérdida de poder». El poder (externo, se entiende) es el aglutinante y hace fastidiosa la doctrina. Tan ausente está la ideología, el programa, del actual trazado partidario que todos auguraban la muerte política de Zapatero en caso de derrota electoral.

Zapatero no es un ideólogo, ni nadie quiere hoy un ideólogo, sino un pragmático. El motor de su gestión ha sido la conservación de ese poder externo, que es el que le da poder en el partido. Si conserva tiempo el Gobierno, será un genio y se le permitirá todo; si no, se le reprobará. Es el primer objetivo al que se supeditan todos los demás. Zapatero ha demostrado tener olfato para ello y seguirá orientando su gestión al mismo propósito.

Se dice mucho estos días que gobernará de otra manera. Mi impresión es que ese cambio será formal y no de fondo, porque hará todo aquello que le permita mantenerse, aunque no esté en el programa, aunque no esté siquiera en la ideología. Y lo hará con enorme seguridad personal, porque sabe que en ese plan su partido le apoyará unido como una piña.

© Mundinteractivos, S.A.

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