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El voto “confesional” de los españoles, de José Luis González Quirós en El Confidencial

Publicado en Política by reggio en Marzo 26th, 2008

Desde 1977 se han celebrado en España 10 elecciones generales; en seis ocasiones ganó el PSOE y en cuatro perdió: dos veces contra UCD (1977 y 1979) y dos veces contra el PP (1996 y 2000). Incluyendo la legislatura que acaba de comenzar, el PSOE ha mantenido el poder durante 22 años, y solo ha estado 13 en la oposición. Esta tendencia podría obviamente alterarse, pero debería dar que pensar tanto a los políticos de la derecha como a sus electores. AP no ganó nunca unas generales, pese a presentarse en cinco ocasiones sucesivas (desde 1977 a 1989). La primera victoria de los populares se produjo tras un enorme desgaste de Felipe González y tras la refundación del PP, en un proceso de hibridación entre los restos de la desaparecida UCD (y del CDS) y el sector más joven de AP.

La democracia española se basa en una estructura sociológica que no resulta homologable con la del resto de naciones europeas, ni, por supuesto, con Norteamérica. Tanto por la presencia de los nacionalistas como por la cultura política dominante, la derecha parte siempre desde una posición de inferioridad. Entre nosotros no es corriente que el elector escoja en función de méritos de gestión, de oportunidades o de intereses. Nuestro voto es mayoritariamente confesional: la gente no se limita a votar al PSOE o al PP si no que es del PSOE o del PP. Esta peculiaridad del caso español -la inmunidad de la izquierda ante su fracaso de fondo y/o la capacidad de supervivencia de su imagen idílica- es un dato político de primera magnitud que se traduce en un alto nivel de rechazo hacia el PP, un obstáculo que los populares no siempre saben neutralizar. Solamente un dato: mientras los españoles que nunca votarían al PP se acercan al 50%, los que nunca optarían por el socialismo apenas llegan al 20%.

Ante estas circunstancias, enteramente vigentes a fecha de hoy, la derecha tiene, forzosamente, que hacer dos cosas, una de fondo y otra de forma. En cuanto al fondo, tiene que empeñarse en cambiar la cultura política dominante, aspecto en el que han mejorado algo las cosas. Todo cuanto se haga en este terreno es poco. En el plano de las formas, el PP tiene un gran trabajo por delante. Aunque se preste a malentendidos, su actitud tiene que modularse de tal manera que tienda a desalentar ese abundante rechazo de fondo. Se puede hacer: por dos veces, han ganado las elecciones. Pero siempre que el PP se presente de modo altisonante y con la convicción de tener no se qué clase de superioridad, ideológica, intelectual, moral, o del tipo que sea, estará labrando su desgracia electoral.

La derecha no puede volver a caer en el error estratégico de confiar en lo que se llamó la mayoría natural, una suposición que terminaba siempre en batacazo electoral, fiándose exclusivamente en la extensión de las fórmulas de éxito en Madrid o en Valencia. Tras esos resultados hay, evidentemente, un buen trabajo, adaptado a las peculiaridades del electorado y unos avances de fondo muy importantes en la cultura política de esas comunidades. Pero sería un error confiar exclusivamente en el trabajo, necesario en cualquier caso, sin prestar atención a los errores de principio que deben evitarse.

El desequilibrio en la distribución de votos del PP tiene que ser una preocupación determinante de su línea estratégica. Nadie puede pedir a los populares que renuncien a sus convicciones o a defender con todo el ardor del mundo sus ideas; lo que hay que pedir es habilidad para saber defenderlas y para hacer que los electores más reticentes a un posible Gobierno de la derecha pierdan el miedo a que eso suceda. Por supuesto que es pueril pensar que el PSOE vaya a desistir de golpear por ese flanco, lo que hará más complicado el trabajo del PP, pero los de Génova se equivocarán de nuevo si no afrontan la legislatura con una conciencia muy viva de cuáles son sus debilidades y cómo deben tratarse.

Rajoy tiene que hacer más cosas y hacerlas mejor. Naturalmente, tiene que hacer también cosas bastante distintas a las que ha hecho hasta ahora. Tiene un espejo en que mirarse y es el largo camino recorrido por el PP del joven Aznar hasta llegar, tras una quincena de años, a la mayoría absoluta del 2000. Y tiene también un abundante repertorio de errores conocidos para evitar caer de nuevo en ellos. Del éxito de su nueva singladura, que quizá no sea larga, dependerá en buena medida la estabilidad democrática de la España que conocemos.

José Luis González Quirós es analista político y escritor.

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