Reggio’s Weblog

Belleza y muerte en Sicilia (4), de Gregorio Morán en La Vanguardia

Posted in General by reggio on 22 marzo, 2008

SABATINAS INTEMPESTIVAS

De todas las obviedades que nos malenseñaron, la más escandalosa quizá sea la de Grecia, la civilización helénica. Se hizo necesario viajar para darnos cuenta de que la cultura griega era tanto más isleña que continental, y que recorriendo la Grecia moderna estaban más visibles las tradiciones del imperio bizantino, de la Iglesia de Oriente, con sus ritos y sus pompas, que la propia idea helenística. La primera gran sorpresa del visitante que cae en Sicilia sin complejos y sin guías es que estamos bajo el bucle de acanto de la cultura helenística. El filósofo Gorgias nació aquí, Arquímedes también, y Teócrito, y otros. Y si fuera posible distinguir entre la fealdad de la Gela de hoy descubriríamos que a esa ciudad se retiró Esquilo para morir, porque había perdido el favor del público helénico, desbancado por Sófocles.

Basta con ir a Segesta. El templo de Segesta merece por sí solo una visita a Sicilia. Por muy sencillo que sea el visitante le provocará una reflexión sobre cómo nace, crece y sobrevive la belleza entre los eriales de la barbarie. Debió de ser durante siglos pastizal de cabras y meadero de ovejas, y ahí está, impávido, con su majestuosa planta rectangular y sus 36 columnas excelsas, tan trabajadas por el tiempo que tienen la piel picada de viruela; arrugas de la edad, tan intimidantes y orgullosas como las de un abuelo que hubiera aguantado en pie después de haber visto pasar 25 siglos de historia. ¡Y qué historia! Se murió el río que acompañaba el idilio entre arte y naturaleza, talaron los bosques que rodeaban la gloria, espantaron los rebaños y robaron las piedras para mansiones de notables, pero ahí está, perfecto en su desamparo. Un templo desnudo de todo lo que no sea esencial: la proporción exacta de la belleza. Un acicate para la reflexión que no sería capaz de provocar ningún otro templo o catedral. Templos como este no necesitan instalar dioses para llegar a la trascendencia; se bastan a sí mismos. Los dioses son ellos, con su perfección y su atmósfera. Al fin y a la postre, ¿qué es un dios, sino alguien que otorga dones accesibles a los humanos?

Así es la belleza de Sicilia. Pero basta dejarse caer hacia el mar para recuperar el pálpito de la barbarie. En apenas unos kilómetros saltamos de la reflexión trascendente sobre la belleza a la conversación sobre lo definitivo, la muerte. No hace falta esfuerzo alguno, simplemente echarse hacia la costa y entrar en el primer puerto, Castellammare del Golfo. No se exige ningún ejercicio espiritual para ese salto entre trascendencias. En Castellammare del Golfo estamos en una fábrica de muerte. De aquí salieron grandes capos de la Cosa Nostra. Y cuesta creerlo, porque en este pueblo pequeño arropado a un puerto aún más pequeño, nadie en su sano juicio se detendría para nada de no ser por un par de restaurantes con terraza acristalada, volada sobre el muelle, donde no es difícil detectar que se maneja dinero, o más exactamente sangre y dinero, mucho dinero. Aquí, en cualquiera de las tabernas del puerto puede usted degustar uno de los platos más insólitos de la cocina siciliana, el cuscús de pescado.

Aseguran que uno de los enigmas para la policía de Estados Unidos consistía en situar Castellammare del Golfo. Sospechaban que debía tratarse de una gran ciudad de gente ingeniosa e implacable, a tenor de su influencia en la vida norteamericana. Familias importantes de la mafia procedían de Castellammare del Golfo, una mierda de pueblo que, como tantos en la Sicilia contemporánea, hay que contemplar en la distancia porque patear sus calles decepciona. Unos miles de habitantes y mucha pobreza, modestas actividades pesqueras y notables movimientos portuarios de irregulares mercancías. Aquí echaron los dientes los Bonnano. La irresistible ascensión de aquel chico, Giuseppe Bonnano, que salió de Castellammare y se convirtió en el rey de Brooklyn, el famoso Joe Bananas,y lo hizo sin llegar jamás a hablar inglés. ¿Qué sería de la ciudad norteamericana de Buffalo sin su casino y sin su dueño, Stefano Magaddino? ¿Y el famoso boss Salvatore Maranzano? Leyendas sangrientas de Castellammare del Golfo.

La belleza y la muerte, vecinas. No creo que haya otro lugar mejor para instalar un gran monumento a la muerte que Portopalo.

Es el punto más meridional de Sicilia, con un puerto destartalado y algunos viejos barcos disfrazados de bajeles piratas. No es fácil visitar Portopalo a menos que te lleven y por más que te pregunten “¿qué coño se le ha perdido a usted en Portopalo?”. A lo máximo que se llega con cierta facilidad es a la vecina Pachino, paso casi obligado, hacia ese fin del mundo que se llama Portopalo. Pachino dicen que es buen lugar para cultivar tomates. Nadie cuenta que allí nació Vitaliano Brancati. Así es Sicilia, te acercas a un barandal de basura sobre un fondo de muro histórico y te aseguran que en esa casa creció Elio Vittorini, o rodó una película Giuseppe Tornatore, que era de Bagheria, o tenía unos almendros Pirandello, o cultivaba limones la familia del filósofo Giovanni Gentile, el fascista laico que disputaba la hegemonía a Benedetto Croce. Pedanterías que se me ocurrieron cuando cruzaba la vulgar Pachino donde nació Brancati, un siciliano de manual, que escribió una novela de lectura fascinante, El bello Antonio (Seix Barral, 1983; descatalogado), y un libro brillante y primerizo, utilísimo para entender algo de Catania y los cataneses, Don Juan en Sicilia (Quaderns Crema, 1994; descatalogado).

En Portopalo ocurrió una de esas historias que retratan una sociedad, una época y una concepción del mundo. La noche de Navidad de 1996 zozobró un barco cargado de emigrantes. Murieron ahogadas 283 personas, entre indios, pakistaníes y tamiles. Posiblemente la mayor catástrofe en aguas del Mediterráneo. Pero lo curioso es que no se enteró nadie; o más exactamente nadie se dio por enterado. Los pescadores de Portopalo estuvieron durante semanas sacando sus redes cargadas de cadáveres, enteros o troceados, que echaban de nuevo en alta mar. Tuvieron buen cuidado de no dar parte a los carabineros porque los jueces habrían confiscado las barcas y se hubiera decretado un moratoria pesquera; es decir, el paro. Silencio. Lo mismo ocurrió, aunque por diferentes motivos, con las autoridades y con los medios de comunicación. Todos, sin demasiado esfuerzo, se propusieron no darse por enterados hasta que un periodista sardo, Giovanni Mario Bellu, escribió su estremecedor libro I fantasmi di Portopalo (Mondadori, Milano. 2004).

Para contrastar, puede elegir bellezas. Hacia un lado Noto. Solicite que le dejen en la vía principal, es ancha, borbónica, emparedada de grandes edificios también borbónicos y eclesiales. Las escaleras de las iglesias conventuales de Noto, de su catedral barroca, parecen escenarios para un auto sacramental de Calderón. Si va hacia el otro lado, tiene Modica, la patria del poeta Quasimodo, premio Nobel en 1959, ciudad tan curiosa que puede escoger entre la de arriba y la de abajo. Ya está en condiciones de dirigirse hacia Ragusa, pero recomiéndele al conductor que vaya despacio, no porque pueda despeñarse, que en eso están los dioses mafiosos que se ocupan de las obras públicas, sino porque llegará a una curva, y allí, como en un milagro de la naturaleza, verá Ragusa incrustada en la pared de la montaña, esculpida en blancos grisáceos y sepias encanecidos. Si puede hacerse trampas a sí mismo, esa actividad tan siciliana, debería decirle al conductor que usted se tapará los ojos para que él dé marcha atrás, y repetir la aparición de Ragusa hasta que su retina la fije a buril sobre su mente. Pocas veces la impresión de un hallazgo, tal plenamente insólito en su belleza, le dejará una evocación tan duradera.

Nunca olvidaré la aparición de Ragusa y aquellos versos de Quasimodo “para el hermano muerto”, donde se refiere a la “herencia de ensueños deshechos… donde cada cosa es más fuerte que el hombre”.

Tagged with:

La vulnerabilidad moral de los mercados, de Robert Skidelsky en Project Syndicate

Posted in Economía by reggio on 22 marzo, 2008

Hoy parece no existir ninguna alternativa coherente para el capitalismo. Sin embargo, los sentimientos anti-mercado están bien en forma, lo cual queda de manifiesto, por ejemplo, en la reacción moralista contra la globalización. Como ningún sistema social puede sobrevivir mucho tiempo sin un sustento moral, las cuestiones planteadas por los defensores de la antiglobalización son urgentes –mucho más en medio de la actual crisis económica.

Es difícil negar cierto valor moral del mercado. Después de todo, le adjudicamos valor moral a los procesos así como a los resultados, como en la frase “el fin no justifica los medios”. Es mejor, desde un punto de vista moral, que nuestros productos sean suministrados por mano de obra libre que por esclavos y que podamos elegir nuestros productos en lugar de que el Estado los elija por nosotros. El hecho de que el sistema de mercado sea más eficiente a la hora de crear riqueza y satisfacer las necesidades que cualquier otro sistema es un beneficio adicional.

Las críticas morales del mercado se centran en su tendencia a favorecer un tipo de personalidad moralmente deficiente, privilegiar motivos desagradables y promover resultados indeseables. Al capitalismo también se le adjudica la falta de un principio de justicia.

Consideremos la personalidad. Muchas veces se dijo que el capitalismo retribuye la cualidad de autocontrol, trabajo arduo, inventiva, austeridad y prudencia. Por otra parte, deja afuera todas las virtudes que no tienen ninguna utilidad económica, como el heroísmo, el honor, la generosidad y la piedad. (El heroísmo sobrevive, en parte, en la idea romántica del “empresario heroico”).

El problema no es sólo la insuficiencia moral de las virtudes económicas, sino su desaparición. El trabajo arduo y la inventiva siguen siendo retribuidas, pero el autocontrol, la austeridad y la prudencia seguramente empezaron a desvanecerse con la primera tarjeta de crédito. En el Occidente opulento, todos piden dinero prestado para consumir tanto como sea posible. Estados Unidos y Gran Bretaña están ahogándose en deuda.

Adam Smith escribió que “el consumo es el único fin y propósito de la producción”. Pero el consumo no es un objetivo ético. No es positivamente bueno tener cinco autos en lugar de uno. Hay que consumir para vivir y consumir más de lo estrictamente necesario para vivir bien. Esta es la justificación ética del desarrollo económico. Desde el punto de vista ético, el consumo es un medio para llegar al bienestar y el sistema de mercado es el motor más eficiente para sacar a la gente de la pobreza: lo está haciendo a un ritmo prodigioso en China e India.

Pero esto no nos dice en qué punto el consumo nos conduce a una mala vida. Si la gente quiere más pornografía o más drogas, el mercado le permite consumir estos productos al punto de la autodestrucción. Ofrece una superabundancia de algunos productos moralmente dañinos y no suministra la cantidad suficiente de bienes moralmente beneficiosos. Para la calidad de vida, tenemos que basarnos en los principios, no los mercados.

Sin duda, es injusto culpar al mercado de las malas elecciones morales. La gente puede decidir cuándo dejar de consumir o qué quiere consumir. Pero el sistema de mercado depende de un motivo particular para la acción –Keynes lo llama “amor al dinero”- que tiende a socavar la enseñanza moral tradicional. La paradoja del capitalismo es que convierte la avaricia, la codicia y la envidia en virtudes.

Nos dicen que el capitalismo descubre necesidades que la gente desconocía tener y, por ende, hace avanzar a la humanidad. Pero es más válido decir que a la economía de mercado la sustenta el estímulo de la codicia y la envidia a través de la publicidad. En un mundo de publicidad ubicua, no existe ningún límite natural para la sed de bienes y servicios.

La cuestión moral final es la falta de un principio de justicia del capitalismo. En un mercado perfectamente competitivo, con información plena, los modelos del mercado demuestran que todos los factores de producción reciben recompensas iguales a sus productos marginales; vale decir, a todos se les paga lo que valen. La plena competencia y los requerimientos de información aseguran que todos los contratos sean voluntarios (no existe ningún poder monopólico) y todas las expectativas se cumplan. Es decir, la gente obtiene lo que quiere. La justicia en la distribución está supuestamente asegurada por la justicia en el intercambio.

Sin embargo, ningún sistema de mercado capitalista existente genera espontáneamente justicia en el intercambio. Siempre existe algún poder monopólico, los de adentro tienen más información que los de afuera, la ignorancia y la incertidumbre son generalizadas y las expectativas frecuentemente no se cumplen. La justicia en el intercambio tiene que ser proporcionada desde afuera del mercado.

Es más, las dotes que la gente trae consigo al mercado incluyen no sólo sus propias cualidades innatas, sino sus posiciones de partida, que son radicalmente desiguales. Esta es la razón por la cual la teoría liberal de justicia demanda una igualdad mínima de oportunidades: el intento –siempre que sea compatible con la libertad personal- de eliminar todas esas diferencias en las posibilidades de vida que surgen de puntos de partida desiguales. Como resultado, confiamos en que el Estado proporcione bienes sociales como la educación, la vivienda y la atención sanitaria.

Para concluir, el argumento de que a todos –en condiciones ideales- les pagan lo que valen es una valoración económica, no moral. No se corresponde con nuestra intuición moral de que a un presidente ejecutivo no debería pagársele 500 veces el sueldo promedio de sus trabajadores, o con nuestra creencia de que si el salario de mercado de alguien es demasiado bajo como para poder vivir, no debería permitirse que se muriera de hambre. A medida que nuestras sociedades se volvieron más ricas, llegamos a creer que todos tienen derecho a un estándar mínimo, ya sea en el trabajo o la enfermedad o el desempleo, lo que permite un nivel continuo de confort y florecimiento. El sistema de mercado no garantiza esto.

Si bien el mercado hoy no tiene ningún contendiente serio, es moralmente vulnerable. Se ha vuelto peligrosamente dependiente del éxito económico, de modo que cualquier fracaso económico de gran escala expondrá la superficialidad de sus pretensiones morales. La solución no es abolir los mercados, sino remolarizar las necesidades. La manera más simple de hacerlo es restringiendo la publicidad. Esto cercenaría el papel de la codicia y la envidia en la operación de los mercados, y crearía espacio para el surgimiento de otros motivos.

Robert Skidelsky, miembro de la Cámara de los Lores británica, es profesor emérito de economía política en la Warwick University, autor de una biografía galardonada del economista John Maynard Keynes y miembro de la junta de la Escuela de Estudios Políticos de Moscú.

Copyright: Project Syndicate, 2008.
www.project-syndicate.org


Traducción de Claudia Martínez

La reimpresión de material de este sitio Web sin el consentimiento por escrito de Project Syndicate es una violación de las leyes internacionales de derechos de autor. Para obtener autorización, póngase en contacto con distribution@project-syndicate.org.

Tagged with:

Anatomía de un colapso financiero, de Nouriel Roubini en Project Syndicate

Posted in Economía by reggio on 22 marzo, 2008

Actualmente existe un círculo vicioso en Estados Unidos y su alcance se podría ampliar a la economía global. La crisis financiera de ese país ha desatado una severa contracción del crédito que está empeorando la recesión estadounidense, lo que a su vez está generando mayores pérdidas en los mercados financieros – y socava así la economía en general. Ahora hay un riesgo grave de un colapso sistémico en los mercados financieros estadounidenses a medida que estallan las enormes burbujas del crédito y los activos.

El problema ya no son solamente las hipotecas de alto riesgo, sino un sistema financiero “de alto riesgo”. En la recesión inmobiliaria –la peor en la historia de Estados Unidos y que empeora cada día—los precios de las casas caerán con el tiempo en más del 20% y millones de estadounidenses perderán sus hogares. Las liquidaciones y los impagos se están extendiendo de las hipotecas de alto riesgo a las de riesgo medio y bajo. De esa manera, las pérdidas totales de los instrumentos relacionados con las hipotecas –incluyendo derivados crediticios exóticos como las obligaciones de deuda avalada (CDO por sus siglas en inglés)—se elevarán a más de 400 mil millones de dólares.

Además, los bienes raíces comerciales están empezando a seguir la tendencia a la baja de las propiedades residenciales. Después de todo, ¿quién quiere construir oficinas, tiendas y centros comerciales en los pueblos fantasma del oeste estadounidense?

Además de la desaceleración en los bienes raíces, ahora se está colapsando la burbuja más amplia del crédito al consumo: a medida que la economía estadounidense se acerca a la recesión, los impagos de las tarjetas de crédito, los préstamos para comprar automóviles y los créditos estudiantiles aumentarán bruscamente. Los consumidores estadounidenses han comprado en exceso, no tienen ahorros y están abrumados por las deudas. Dado que el consumo privado representa más del 70% de la demanda agregada de Estados Unidos, la disminución en el gasto doméstico agravará la recesión.

También podemos añadir a estos riesgos financieros los enormes problemas de los aseguradores de bonos, quienes garantizaron muchos de los riesgosos productos de titulización como las CDO. Una muy probable reducción de la calificación crediticia de estos aseguradores obligará a los bancos e instituciones financieras que tienen estos activos de riesgo a cancelarlos, lo que añadirá otros 150 mil millones de dólares a las crecientes pérdidas del sistema financiero.

Además, está la exposición de los bancos y otras instituciones financieras a las pérdidas crecientes relacionadas con los préstamos utilizados para financiar adquisiciones apalancadas (LBO pos sus siglas en inglés) imprudentes. Con una recesión que empeora, muchas LBO que tenían demasiada deuda y no suficiente capital fracasarán en la medida en que las empresas con ganancias menores o pérdidas mayores no puedan cubrir sus préstamos.

Ante todo esto, la recesión conducirá a un brusco aumento de los impagos corporativos, que habían sido muy bajos en los últimos dos años, con un promedio de 0.6% anual, en comparación con el promedio histórico de 3.8%. Durante una recesión típica, la tasa de impagos entre las corporaciones puede aumentar al 10-15%, lo que constituye una amenaza de grandes pérdidas para quienes tienen bonos corporativos de riesgo.

Como resultado, el mercado de swaps de impago de crédito (CDS por sus siglas en inglés) –en el que se compra y vende protección contra los impagos corporativos—también puede experimentar pérdidas importantes. En ese caso, también habrá un grave riesgo de que quiebren algunas de las empresas que vendieron protección, lo que desencadenará pérdidas adicionales para los compradores de protección cuando sus contrapartes no puedan pagar.

Encima de todo esto, existe un sistema secundario de instituciones financieras no bancarias que, al igual que los bancos, piden préstamos líquidos a corto plazo y prestan o invierten a plazo más largo en activos no líquidos. Este sistema secundario incluye los vehículos de inversión estructurada, los conductos, los fondos del mercado monetario, los fondos de cobertura y los bancos de inversión.

Al igual que los bancos, todas estas instituciones financieras están sujetas al riesgo de liquidez o de refinanciamiento –el riesgo de quebrar si los prestamistas no refinancian sus líneas de crédito a corto plazo. Pero, a diferencia de los bancos, no tienen la red de seguridad que implica el papel del banco central como prestamista de última instancia.

Ahora que la recesión está en marcha, los mercados de valores de Estados Unidos y del mundo están empezando a caer: en una recesión típica estadounidense, el índice S&P 500 cae un promedio de 28% a medida que los ingresos corporativos y las ganancias se hunden. Las pérdidas en los mercados de valores tienen un efecto doble: reducen la riqueza de los hogares y los conducen a gastar menos; y provocan enormes pérdidas a los inversionistas que pidieron préstamos para invertir en acciones y desencadenan así llamadas de margen y ventas forzadas de activos.

Hay por lo tanto un riesgo mayor de que muchos inversionistas apalancados tanto en los mercados de capital como en los de crédito se vean obligados a vender activos no líquidos en mercados no líquidos, lo que conducirá a una caída en cascada de los precios de los activos por debajo de sus valores fundamentales. Las pérdidas que de ahí se derivarán agravarán el desorden financiero y la contracción económica.

En efecto, al sumar todas estas pérdidas en los mercados financieros, se llega a una abrumadora cifra de un billón de dólares. Un racionamiento más estricto del crédito afectará aún más la capacidad de los hogares y las empresas para pedir préstamos, gastar, invertir y apoyar el crecimiento económico. El riesgo de que una crisis financiera sistémica impulse una recesión más pronunciada en Estados Unidos y a nivel mundial rápidamente ha pasado de ser una posibilidad teórica a un escenario cada vez más posible.

Nouriel Roubini es profesor de economía en la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York y presidente de RGE Monitor (www.rgemonitor.com).

Copyright: Project Syndicate, 2008.

www.project-syndicate.org

Traducción de Kena Nequiz

La reimpresión de material de este sitio Web sin el consentimiento por escrito de Project Syndicate es una violación de las leyes internacionales de derechos de autor. Para obtener autorización, póngase en contacto con distribution@project-syndicate.org.

Tagged with:

Un baño de realidad inflacionaria, de Kenneth Rogoff en Project Syndicate

Posted in Economía by reggio on 22 marzo, 2008

Mientras la inflación sigue creciendo en todas partes, quizá los bancos centrales del mundo necesiten una sacudida que los saque de la complacencia. ¿Qué tal llevar a cabo una de sus reuniones bimensuales en la Zimbabwe hiperinflacionaria? Tal vez no resulte cómodo, pero sería educativo.

Según la agencia oficial de estadísticas de Zimbabwe, la inflación alcanzó el 66.000% en 2007, lo que se asemeja más a la Alemania de Weimar que al Africa moderna. Si bien nadie está completamente seguro de cómo hizo el gobierno para calcular los precios, dado que prácticamente no hay nada a la venta en los negocios, la mayoría de los indicadores sugieren que Zimbabwe tiene buenas chances de romper los récords mundiales de inflación.

Por supuesto, por más curiosos que pudieran parecer, los banqueros centrales podrían decidir que reunirse en Harare sería demasiado inconveniente y políticamente indigerible. Por suerte, hay otros muchos destinos inflacionarios agradables, aunque menos espectaculares. La inflación en Rusia, Vietnam, Argentina y Venezuela está sólidamente instalada en los dos dígitos, sólo para nombrar algunas posibilidades.

De hecho, a excepción de Japón que está acosado por la deflación, los banqueros centrales podrían reunirse casi en cualquier parte y ver una inflación alta y en alza. A las autoridades chinas les preocupa tanto la inflación del 7% de su país que están imitando a la India e imponen controles de precios sobre los alimentos. Incluso Estados Unidos tuvo una inflación del 4% el año pasado, aunque la Reserva Federal de alguna manera esté convencida de que la mayoría de la gente no se va a dar cuenta.

Muchos banqueros centrales y economistas sostienen que la creciente inflación global de hoy es sólo una aberración temporaria, impulsada por los crecientes precios de los alimentos, el combustible y otras materias primas. Es verdad, los precios de muchas materias primas clave están entre un 25% y un 50% más altos que a principios de año. Pero si los banqueros centrales piensan que la inflación de hoy es simplemente producto de una escasez de recursos a corto plazo y no de una política monetaria laxa, se equivocan. El hecho es que, en gran parte del mundo, la inflación -y llegado el caso las expectativas inflacionarias- seguirá subiendo a menos que los bancos centrales empiecen a ajustar sus políticas monetarias.

Estados Unidos hoy es el origen de la inflación global. Frente a una combinación viciosa de precios de viviendas que colapsan y mercados crediticios que implosionan, la Fed ha sido agresiva a la hora de recortar las tasas de interés en un intento por evitar una recesión. Pero aunque la Fed no lo admita en sus pronósticos, el precio de esta “política de aseguramiento” casi con certeza será una inflación más elevada, y quizá por varios años.

La inflación de Estados Unidos estaría contenida excepto por el hecho de que muchos países, desde Oriente Medio hasta Asia, pegan sus monedas al dólar. Otros, como Rusia y Argentina, no tienen una paridad literal con el dólar pero, de todos modos, intentan suavizar los movimientos. En consecuencia, cada vez que la Fed recorta las tasas de interés, ejerce presión sobre todo el “bloque del dólar” para que haga lo mismo, por miedo de que sus monedas se aprecien a medida que los inversores buscan mayores rendimientos.

Una política monetaria más laxa en Estados Unidos, en consecuencia, ha marcado el ritmo de la inflación en una porción importante -tal vez cercana al 60%- de la economía global. Pero, dado que la mayoría de las economías en Oriente Medio y Asia están en mejor forma que Estados Unidos, y teniendo en cuenta que la inflación ya trepa de manera sostenida en la mayoría de los países emergentes, un estímulo monetario agresivo es lo último que necesitan en este momento.

El Banco Central Europeo se mantiene calmo por el momento, pero probablemente él también esté frenando cualquier suba de la tasa de interés en parte por miedo a hacer subir aún más el euro, que ya alcanzó niveles récord. Y el BCE teme que si la recesión norteamericana demuestra ser contagiosa, tal vez tenga que cambiar de rumbo y empezar a recortar las tasas de todas maneras.

Ahora bien, ¿qué sucede a continuación? Si Estados Unidos pasa de una recesión suave a una recesión profunda, las implicancias deflacionarias globales cancelarán algunas de las presiones inflacionarias que enfrenta el mundo. Los precios de las materias primas globales colapsarán, mientras que los precios de muchos bienes y servicios dejarán de subir tan rápidamente a medida que crezca el desempleo y el exceso de capacidad.

Por supuesto, una recesión norteamericana también traerá aparejados más recortes de las tasas de interés por parte de la Fed, lo cual exacerbará los problemas más tarde. Pero las presiones inflacionarias serán aún peores si la recesión norteamericana sigue siendo suave y el crecimiento global se mantiene sólido. En ese caso, la inflación podría aumentar fácilmente a los niveles de los años 1980 (si no, de los años 1970) en gran parte del mundo.

Hasta ahora, la mayoría de los inversores pensaron que preferirían arriesgarse a una inflación alta por un par de años que aceptar incluso una recesión breve y poco profunda. Pero se olvidan fácilmente de los costos de la inflación alta y de lo difícil que es erradicarla del sistema. Tal vez ellos también deberían intentar llevar a cabo algunas conferencias en Zimbabwe y darse su propio baño de realidad.

Kenneth Rogoff es profesor de Economía y Política Pública en la Universidad de Harvard y fue economista principal del FMI.

Copyright: Project Syndicate, 2008.

www.project-syndicate.org

Traducción de Claudia Martínez.

La reimpresión de material de este sitio Web sin el consentimiento por escrito de Project Syndicate es una violación de las leyes internacionales de derechos de autor. Para obtener autorización, póngase en contacto con distribution@project-syndicate.org.

Tagged with:

La fiesta terminó, de Hans-Werner Sinn en Project Syndicate

Posted in Economía by reggio on 22 marzo, 2008

Ahora que Estados Unidos se balancea al borde de la recesión, el auge económico global ha llegado a su fin. La bonanza fue inusualmente prolongada y persistente, con cuatro años de un crecimiento aproximado del 5% -un período de dinamismo económico sostenido nunca visto desde alrededor de 1970.

La señal más clara de que la bonanza estaba terminando es el pronóstico del FMI de un crecimiento del 1,5% para Estados Unidos en 2008. Tal vez eso no suene a una recesión, pero la proyección marginalmente positiva del Fondo refleja principalmente el excedente de crecimiento del 2007, prácticamente sin ningún aporte nuevo en 2008. Esto es compatible con tres trimestres consecutivos de crecimiento cero en 2008.

Muchos sostienen que una recesión estadounidense ya no afectará al mundo porque China ha suplantado a Estados Unidos como motor de la economía global. Error. Si bien China está creciendo rápidamente, su poder económico todavía es reducido. Mientras que Estados Unidos aporta el 28% al PBI mundial, China sólo contribuye con apenas el 5%. Toda Asia, desde Turquía hasta China, aporta el 24%, menos que Estados Unidos solo.

En algún momento, el mundo tal vez ya no se resfríe cuando Estados Unidos estornude, pero eso está lejos de ser verdad actualmente. El 21% de las exportaciones de China y el 23% de las exportaciones de la UE a países no-miembro van a Estados Unidos. En consecuencia, el mundo no puede sino verse arrastrado por una recesión norteamericana.

La última Encuesta Económica Mundial (EEM) de CESifo entre 90 países lo confirma. Las evaluaciones de la situación económica actual y las expectativas para los próximos seis meses han empeorado en todas partes. Tanto en Europa occidental como del este, el índice se hundió más que en Asia o América latina. La caída en el indicador de la EEM durante los últimos dos trimestres fue la más abrupta desde 2001, cuando estalló la burbuja del mercado accionario. En Estados Unidos, el indicador de la EEM hoy está por debajo del nivel del 11 de septiembre de 2001. Lo mismo sucede con el índice de confianza del consumidor de Michigan.

Durante muchos años, Estados Unidos vivió más allá de sus medios: una tasa de ahorro de los hogares cercana a cero y una inversión financiada exclusivamente con fondos extranjeros. El déficit de cuenta corriente de Estados Unidos, que es idéntico a las importaciones de capital neto, creció marcadamente hasta alcanzar los 811.000 millones de dólares anuales en 2006, o el 6% del PBI -por lejos, el mayor desde la Gran Depresión-. Año tras año, Estados Unidos logró vender sus activos en el exterior y disfrutar de la buena vida en casa. Ya no. El mundo cayó en la cuenta.

Los bancos en todas partes están aprendiendo a los ponchazos que la deuda con la que Estados Unidos financió su auge de consumo no necesariamente será saldada. Los títulos con respaldo hipotecario que los bancos norteamericanos lograron venderle al mundo no son comparables con los activos europeos con nombres similares.

En Europa, en particular en Alemania, un título respaldado por hipoteca ( Pfandbrief ) es un activo ultraseguro, ya que normalmente los bancos no financian más del 60% del valor de una propiedad. Por el contrario, este tipo de títulos en Estados Unidos son como un billete de lotería. Los bancos norteamericanos financian hasta el 100% del valor de una vivienda, a veces incluso más, y el mercado de hipotecas de alto riesgo hasta incluye préstamos a personas sin trabajo ni ingresos. Muchos bancos europeos tal vez no lo hayan entendido, pero aún así se negaron a revelar estas inversiones dudosas en sus balances. Por el contrario, las colocaron en canales radicados en países con bajas cargas tributarias.

Estos canales hoy arrojan pérdidas gigantescas que tienen que ser cubiertas por las casas matrices de los bancos -que, en algunos casos, están siendo arrastradas al borde de la bancarrota-. Esta primavera (boreal) mostrará las amortizaciones necesarias en los balances anuales, pero la verdad completa no se conocerá hasta que se publiquen los balances de 2008 en la primavera (boreal) de 2009.

A medida que los activos norteamericanos fueron perdiendo su atractivo, sus precios cayeron. Esto implicó una caída en los precios de los activos cotizados en dólares o en dólares cotizados en otras monedas. De hecho, ajustado según la inflación, el dólar hoy está casi tan bajo frente al euro como lo estuvo frente al marco alemán en 1992, cuando la unificación alemana resultó en el colapso del sistema monetario europeo.

Los precios de las viviendas norteamericanas también están cayendo a un ritmo acelerado, en muchas zonas en más del 10% anual. Los precios de los títulos respaldados por hipotecas han seguido la caída de los precios de la vivienda. Sólo los precios del mercado accionario norteamericano se han mantenido relativamente estables. Pero es sólo una cuestión de tiempo hasta que también caigan. Después de todo, la relación precio-ganancias de Standard & Poor’s para Estados Unidos sigue estando por encima de su promedio a largo plazo -26,84 en 2007, comprado con su promedio a largo plazo de 16,31 desde 1881.

Este colapso de los activos es lo que explica la posible recesión. Primero, los consumidores, enfrentados a un crédito más ajustado y a una caída en los valores de la vivienda, necesitarán recortar el gasto, lo cual desacelerará la economía estadounidense y afectará a todos los países a través del comercio mundial. Segundo, en un momento en que los bancos pierden cantidades sustanciales de patrimonio neto -las estimaciones hoy alcanzan los 300.000 millones de dólares o más-, la necesidad de mantener relaciones mínimas de capital-deuda los obligará a reducir el préstamo a las empresas, obstaculizando con esto la demanda de inversión.

Es verdad, la Reserva Federal de Estados Unidos ha intentado impedir una recesión recortando sus tasas de interés. Pero la Fed no puede darles a los bancos nuevo patrimonio neto e impedir una crisis crediticia. Más prometedor es el recorte impositivo de 150.000 millones de dólares que decretó recientemente el Congreso norteamericano. Equivalente al 1% del PBI norteamericano, es grande desde donde se lo mire. Si es o no suficiente para compensar a los propietarios por las pérdidas de capital que resultaron de la caída en los precios de la vivienda e impedir la recesión latente, todavía está por verse. Pero, suceda lo que suceda, la fiesta terminó.

Hans-Werner Sinn es profesor de Economía y Finanzas, Universidad de Munich, y presidente del Ifo Institute.

Copyright: Project Syndicate, 2008.

www.project-syndicate.org

Traducción de Claudia Martínez.

La reimpresión de material de este sitio Web sin el consentimiento por escrito de Project Syndicate es una violación de las leyes internacionales de derechos de autor. Para obtener autorización, póngase en contacto con distribution@project-syndicate.org.

Tagged with:

La caída del dólar, de Martin Feldstein en Project Syndicate

Posted in Economía by reggio on 22 marzo, 2008

Cuando el valor del euro llegó a un nivel histórico de 1.52 dólares, Jean-Claude Trichet, el presidente del Banco Central Europeo, declaró a la prensa que le preocupaba su rápida apreciación y que deseaba “subrayar” la política oficial del Tesoro de Estados Unidos de apoyar un dólar fuerte. Posteriormente, varios ministros de finanzas europeos hicieron declaraciones similares.

En realidad, naturalmente, Estados Unidos no tiene una política para el dólar –además de permitir que el mercado determine su valor. El gobierno estadounidense no interviene en el mercado de divisas para apoyar al dólar, y la política monetaria de la Reserva Federal ciertamente no está encaminada hacia ese objetivo. La Reserva Federal tampoco busca disminuir el valor del dólar. Si bien el recorte de la tasa de interés de los fondos federales del 5.25% en el verano de 2007 al 3% actualmente contribuye a la depreciación del dólar, el objetivo ha sido el de estimular una economía que se debilita.

Sin embargo, todos los secretarios del Tesoro de Estados Unidos desde al menos Robert Rubin en la administración Clinton han repetido el mantra de que “un dólar fuerte es bueno para Estados Unidos” cuando se les pregunta sobre el valor del dólar. Pero aunque esto parece ser una mejor respuesta que “sin comentarios”, no dice mucho sobre el curso de las acciones actuales y futuras del gobierno estadounidense.

En efecto, la única meta explícita del Tesoro en materia de divisas es presionar a los chinos para que aumenten el valor del renminbi, con el fin de reducir de esa forma el promedio ponderado en función del comercio global del dólar. Sin embargo, la presión sobre China es totalmente compatible con la política estadounidense más amplia de alentar a los países a que permitan que los mercados financieros determinen el tipo de cambio de sus monedas.

Por supuesto, hay algo de cierto en la afirmación de que un dólar fuerte beneficia al público estadounidense, ya que le permite comprar productos extranjeros a un costo menor en dólares. Pero mientras que la caída del dólar sí reduce el poder adquisitivo de los estadounidenses, la magnitud de este efecto no es grande porque las importaciones representan apenas el 15% del producto interno bruto de Estados Unidos. Por lo tanto, una depreciación del 20% del dólar reduciría el poder de compra de los estadounidenses en sólo un 3%. Al mismo tiempo, el dólar más barato hace que los productos estadounidenses sean más competitivos en los mercados globales, lo que conduce a un aumento de las exportaciones y una reducción de las importaciones.

El dólar ha disminuido en los últimos dos años no sólo frente al euro sino frente a la mayoría de las monedas, incluyendo el yen japonés y el renminbi. En términos ponderados en función del comercio real, el dólar ha perdido alrededor del 13% del valor que tenía en marzo de 2006.

La mayor competitividad de los bienes y servicios estadounidenses es necesaria para reducir el enorme déficit comercial del país. Aun con la caída del dólar y el aumento resultante del 25% en las exportaciones de Estados Unidos en los últimos dos años, el país tuvo un déficit comercial anualizado al final del cuarto trimestre de 2007 de alrededor de 700 mil millones de dólares (5% del PIB). Puesto que las importaciones estadounidenses son casi dos veces mayores que sus exportaciones, se necesita un aumento del 20% en las exportaciones para equilibrar un aumento del 10% en las importaciones. Eso significa que el dólar debe caer mucho más para reducir el déficit a un nivel sostenible.

Los inversionistas de todo el mundo quieren reducir sus posiciones en dólares por tres razones principales. En primer lugar, los intereses son más altos en euros o en bonos británicos que en títulos estadounidenses similares, lo que hace que invertir en esas divisas sea más lucrativo que en dólares.

En segundo lugar, dado que Estados Unidos tiene un déficit comercial grande que sólo puede remediarse con un dólar más competitivo (mientras que los países de la zona del euro tienen colectivamente un superávit comercial) los inversionistas esperan una tendencia a la baja en el dólar. Esa caída predecible del dólar hace que los rendimientos relativos de los bonos en dólares sean incluso inferiores a lo que implica el diferencial entre los intereses y los tipos de cambio por sí mismo.

Por último, los inversionistas están añadiendo a sus posiciones cerca de un billón de dólares en títulos denominados en esa moneda cada año, lo que aumenta el riesgo de una acumulación sostenida de dólares. Con un rendimiento total más bajo y un aumento en el riesgo de los portafolios, no es sorprendente que los inversionistas de todo el mundo quieran vender dólares.

Si bien los inversionistas extranjeros individuales pueden vender los títulos en dólares que poseen, sólo pueden venderlos a otros inversionistas extranjeros. Mientras Estados Unidos tenga un déficit en cuenta corriente, el valor de las acciones en manos extranjeras debe aumentar. Pero cuando los inversionistas extranjeros no quieren conservar sus títulos denominados en dólares, sus intentos por venderlos presionarán el valor a la baja hasta que la combinación de una exposición reducida y un menor temor a una mayor caída del dólar haga que estén dispuestos a conservar las acciones en circulación en dólares.

En lugar de simplemente desear que el dólar deje de caer, los gobiernos europeos deben tomar medidas para estimular la demanda interna a fin de sustituir la pérdida de ventas y empleos que de otra forma acompañará a un dólar más competitivo. Esta no es una tarea fácil, porque el Banco Central Europeo debe permanecer atento al aumento de la inflación y porque muchos países de la UE tienen déficit fiscales amplios.

Si bien el BCE tiene un margen de maniobra limitado, con modificaciones normativas y cambios con efecto neutro en los ingresos en la estructura fiscal (por ejemplo, un crédito fiscal temporal para inversiones financiado por un aumento temporal en el tipo de impuestos sobre las sociedades) se podría dar el estímulo necesario para contrarrestar la disminución neta de las exportaciones. Por lo tanto, es importante que los gobiernos de la UE presten atención a este desafío.

Martin Feldstein, profesor de economía en Harvard, fue Presidente del Consejo de Asesores Económicos del Presidente Reagan.

Copyright: Project Syndicate, 2008.

www.project-syndicate.org

Traducción de Kena Nequiz.

La reimpresión de material de este sitio Web sin el consentimiento por escrito de Project Syndicate es una violación de las leyes internacionales de derechos de autor. Para obtener autorización, póngase en contacto con distribution@project-syndicate.org.

Tagged with:

Palabrería, de Gustavo Duch Guillot en La Jornada

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 22 marzo, 2008

Notaba que las rodillas le temblaban, quería levantarse inmediatamente, pero aún no era su turno. Se recolocaba constantemente los cascos de la traducción y miraba curioso al auditorio que tenía enfrente. La gente sentada escuchaba distraída al conferenciante que lo precedía mientras hojeaban el periódico o tecleaban mensajes en el móvil. Para Henry Sarahig, líder campesino indonesio y representante internacional de Vía Campesina, era buena ocasión para trasladar sus experiencias y argumentos. Se trataba de una conferencia internacional de la FAO para resolver el hambre en el mundo.

Para tranquilizarse se concentró en repasar su intervención que llevaba escrita en un papel. En primer lugar iba a plantear el tema candente de la situación de los precios de los alimentos. “Los consumidores de todo el mundo han visto que los precios de los alimentos básicos se han incrementado dramáticamente durante los pasados meses, creando unas extremamente difíciles condiciones de vida, especialmente para las comunidades más pobres. Durante el año pasado, el trigo ha doblado su precio y el maíz ha subido cerca de 50 por ciento. Sin embargo, no hay crisis productiva. Las estadísticas muestran que la producción de cereales nunca ha sido tan alta como en 2007. Los precios se han incrementado porque una parte de la producción es ahora derivada a agrocombustibles y las reservas globales de comida están en su momento más bajo de los últimos 25 años debido a la desregulación de los mercados marcada por la OMC y el clima extremo que han padecido algunos países exportadores como Australia. Pero los precios también se han incrementado porque las compañías financieras especulan con la comida de las personas, ya que anticipan que los precios de los productos agrícolas seguirán subiendo en el futuro próximo. La producción de alimentos, su proceso y su distribución quedarán cada vez más bajo el control de las empresas trasnacionales que monopolizan los mercados”.

Y levantaría el tono de voz para advertir que “no todos los campesinos se benefician de los altos precios. Los precios récord en todo el mundo de los alimentos golpean a los consumidores, pero, contrariamente a lo que se podía esperar, no benefician a todos los productores. Los ganaderos están en crisis debido al aumento del precio de los piensos, los productores de cereal se enfrentan a agudos incrementos de los precios de los fertilizantes, y los campesinos sin tierra y los trabajadores agrícolas no pueden darse el lujo de comprar alimentos. Los campesinos venden sus productos a un precio extremadamente bajo comparado con lo que los consumidores pagan”.

Después profundizaría sobre la trágica realidad de los agrocombustibles industriales, que pueden alimentar coches, pero no personas. “Los agrocombustibles (combustibles producidos a partir de plantas, productos agrícolas y forestales) se presentan como una respuesta a la escasez de combustibles fósiles y al calentamiento global. No obstante, muchos científicos e instituciones reconocen que su energía y su impacto en el medio ambiente serán limitados o incluso negativos. Todo el mundo de los negocios está apresurándose a invertir en este nuevo mercado que está compitiendo directamente con las necesidades alimenticias de las personas. Los agrocombustibles industriales son un sinsentido económico, social y medioambiental. Su desarrollo debe detenerse y la producción agrícola debe enfocarse prioritariamente hacia la alimentación.”

Pensaba que si iba bien de tiempo, debería denunciar también las grandes cantidades de tierra que se están dedicando al cultivo de eucaliptos para la producción rápida de papel, y que como cualquier otro monocultivo sólo genera pobreza. “Los campesinos necesitan la tierra para producir comida para su comunidad y su país. Ha llegado la hora de llevar a cabo auténticas reformas agrarias para permitir que los pequeños campesinos den de comer al mundo.”

Pasaron por fin los 30 minutos que le habían otorgado a cada ponente. Habían hablado ministros de agricultura de diversos países, ministros de desarrollo rural, cargos de la propia FAO y del Banco Mundial. El moderador presentó a Henry indicando que por primera vez en un foro de estas características se contaba con una voz representativa de los campesinos y campesinas, de la agricultura familiar. Pero lamentablemente el tiempo se les había echado encima y el aperitivo los esperaba.

–Le ruego al señor Henry Sarahig que tenga la bondad de concentrar su intervención en ocho minutos– dijo.

“No se preocupe”, expresó Henry. Tomó el papel que llevaba en la mano y se lo llevó a la boca para comerlo. Finalmente lo escupió, y de frente sentenció: “Los agrocombustibles o el papel no se comen. Sus discursos, su palabrería de buenas intenciones, tampoco solucionan nada. Muchas gracias”.

Le sobraron siete minutos.

Gustavo Duch Guillot. Director de Veterinarios Sin Fronteras. España.

Tagged with:

Italia: el bipartidismo único, de Pierluigi Sullo en La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 22 marzo, 2008

Hace unos días se enfrentaron en un debate radiofónico dos relevantes personajes pertenecientes a los principales partidos participantes en la campaña electoral: en Italia se vota para renovar el Parlamento el 13 y 14 de abril.

Los participantes fueron Enrico Letta, uno de los subsecretarios de Romano Prodi en el gobierno de centroizquierda en funciones, y Giulio Tremonti, ministro de Economía del régimen de Silvio Berlusconi finalizado en 2006. El primero sostuvo que el mercado debe permanecer abierto por ser el mejor camino para la economía italiana, además de la libre competencia; el segundo lamentó, en cambio, la “competencia desleal” de países como China e India, y anunció que, en caso de ganar Berlusconi los comicios, se adoptará una política proteccionista. Resultó extraño que el representante del Partido Democrático, de centroizquierda, fuese más liberal que el del Pueblo de la Libertad, de centroderecha. Más interesante fue el hecho que Letta sea el probable futuro jefe de una fundación cultural de la cual Tremonti es hoy presidente: el Aspen Institute Italia.

No es seguro que exista un Instituto Aspen-México, pero si así fuese, los mexicanos debieran preocuparse tanto como lo están los italianos. Aspen es una red de dirigentes cuyo presidente mundial, Walter Isaacson, renunció a presidir CNN. De ella forman parte Condoleezza Rice y Henry Kissinger, para dar un par de ejemplos. El año pasado el instituto italiano organizó un debate en conjunto con el principal centro de estudios italianos, el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNAC, por sus siglas en inglés), el think tank principal de los neoconservadores estadunidenses. Si se recorre el elenco de miembros del Aspen italiano se encontrarán los nombres del presidente de la república en funciones, Giorgio Napolitano, y de dos de sus predecesores; del gobernador del Banco de Italia, Mario Draghi; del director del principal periódico, el Corriere della Sera, Paolo Mieli; de la futura dirigente de la asociación patronal Confindustria, Emma Marcegaglia, y de otros personajes del tipo. Un surtido impresionante de poderes, rigurosamente “bipartisanos”: todos juntos en una fundación cuya única finalidad es “la internacionalización de la ampliación de las posibilidades del mercado político y cultural del país” y el debate de los “problemas, las soluciones actualizadas por la sociedad y los business community”. El método que Aspen practica es del “debate a puertas cerradas, que favorece las relaciones interpersonales”.

¿Qué hay de malo en todo esto? Nada ilegal, naturalmente. Se trata sólo de la puesta al día sobre aquello que Antonio Gramsci escribía en los años 30 a propósito del modo cómo las clases dirigentes debaten entre sí y concertan soluciones compartidas. Entonces, pase lo que pase en las elecciones, en realidad se trata de que las clases dirigentes se dividan en “partidos políticos” con diferentes razonamientos, sin que por ello se deba a conciencia dar el apoyo a un determinado partido: sólo se trata de un proyecto de sociedad alternativo al de los adversarios. Por eso, puede suceder que un hombre de centroizquierda sea más liberal que uno de centroderecha. O también puede ocurrir a la inversa, como sucedió en la campaña electoral de 2006, cuando La Unión, el agrupamiento de centroizquierda que reunía a los partidos progresistas, opuso al centroderechista Berlusconi un programa fundamentalmente liberal que, sin embargo, contenía múltiples vertientes acerca de la precariedad del ámbito laboral, orientaciones provenientes de la izquierda y de muchos y variados movimientos sociales italianos. Quizá la breve vida del gobierno Prodi se pueda explicar, más que por la endeblez de su mayoría parlamentaria, por su propio programa. La diferencia con una política monetarista dedicada a disminuir el débito público en nombre de las reglas europeas, y la decisión de finalizarla con una politica laboral y territorial dominada por la competitividad y el “desarrollo”, era tal que esta “mayonesa” no podía menos que echarse a perder. De hecho, el día posterior a la caída de Prodi, el postulado como líder del nuevo Partido Democrático (PD), actual alcalde de Roma, Walter Veltroni, anunció que habría “curso legal”, desechando la alianza con Refundación Comunista y con los otros partidos de la izquierda (Verdes, Comunistas Italianos e Izquierda Democrática, una pequeña escisión de los ex Demócratas de Izquierda, que luego regresaron para confluir en el PD; lo sé: la geografía política italiana da dolor de cabeza).

Desde el momento de la dimisión hasta ahora han ocurrido dos cosas. Primero: Veltroni ha iniciado una campaña electoral que enfrenta a la de Berlusconi con las mismas armas de éste: el “anuncio” de cada día puede contener tanto la promesa de la abolición de un gravamen como la sorprendente candidatura del líder de los industriales metalmecánicos, en un nuevo experimento acerca de la abolición de “la lucha de clases”. En esto Veltroni se muestra más hábil que Berlusconi porque, como es notorio, en una campaña publicitaria una cosa que funciona siempre es la palabra “nuevo”. E increíblemente Veltroni y su grupo de ex funcionarios comunistas y de la antigua Democracia Cristiana están consiguiendo aparecer en la prensa “más nuevos” que el “anciano” Berlusconi, que es candidato por cuarta vez desde 1994.

Segunda cosa: el PD, como advierte en su explicación Letta, se presenta como el campeón de la “modernización” del país y del “crecimiento” económico.

Vivimos, por consiguiente, en esta semana, un clima que técnicamente se podría definir como alienado. La recesión estadunidense y mundial; la explosión del precio del petróleo, en fin, los tremendos reyezuelos de la globalización neolibal, arriban como rumores de fondo en titulares de las páginas económicas. Estas formas políticas son un triunfo de los lugares comunes sobre la “flexibilidad” laboral, las “grandes obras” necesarias para el “desarrollo”, etcétera.

Uno de estos días Veltroni anunció –tras un amplio crecimiento virtual en la intención de voto– que de acuerdo con los sondeos los dos partidos mayoritarios están finalmente empatados, cuando al comienzo de la campaña electoral Berlusconi estaba adelante por 10 puntos. No se sabe si la afirmación es cierta, pero tampoco es importante. Basándonos en la ley electoral –original del precedente gobierno de Berlusconi y cuyo autor la definió como “una cochinada”–, está pendiente un referendo, que en todo caso se deberá realizar el próximo año y que obligará a cualquiera que sea gobierno (probablemente la centroderecha) a volver rápidamente a las urnas. En este juego de billar electoral está haciéndose una apuesta destinada rápidamente a terminar en el basurero.

Pero, en todo caso existe entre las posibilidades electorales una segura víctima que resultará acabada: la izquierda. Los cuatro partidos que asumen su representación han hecho las cosas a medias con el “partido plural” y la presentación comicial, una cosa llamada Izquierda Arcoiris: han defendido, hasta cierto punto, al último gobierno de Prodi; han aprobado –por esas razones– leyes y orientaciones ofensivas para los movimientos sociales; se confabularon finalmente para presentar candidaturas que amparan únicamente a los grupos dirigentes, mientras el “candidato a premier”, Fausto Bertinotti, lleva a cabo una campaña conservadora, defensiva frente a los trabajadores asalariados. El principal argumento que propondrá será: se debe votar porque el riesgo en Italia que atrofia la izquierda política es aquel que ya se ha presentado en Francia y España.

Pero no parece ser ese un argumento muy convincente. En las redes y los movimientos sociales hay una oleada de indiferencia y antipatía de cara a las confrontaciones políticas –aun sobre esa izquierda– que no tiene precedentes. Muchos piensan: no queda más que buscar “otra manera de hacer politica”.

Pierluigi Sullo. Director de Carta Semanal.

Traducción: Ruben Montedónico

Tagged with:

El cara a cara Zapatero-Bush, de Enrique Montánchez en El Imparcial

Posted in Internacional, Política by reggio on 22 marzo, 2008

La Casa Blanca y La Moncloa preparan la reunión de Bucarest con sumo cuidado. Bush ha tenido que “tragarse”, muy a su pesar, la victoria del líder socialista español. Los informes enviados a Washington por los servicios de inteligencia norteamericanos en las semanas previas al 9-M despejaron las incógnitas: Zapatero ganará las elecciones porque su política ha sabido conectar con la mayoría del pueblo español, Rajoy no es un líder con empuje y su programa está desfasado. La Inteligencia norteamericana se confunde a menudo, y de ello hay pruebas evidentes, pero sus aciertos responden a un pragmatismo difícil de igualar.

Los funcionarios del Departamento de Estado, las agencias de Inteligencia, las influyentes fundaciones y los poderosos lobbys estadounidenses piensan que, después de cuatro años de poder, Rodríguez Zapatero ya ha tenido tiempo suficiente para conocer las “reglas del juego” y aprender a desenvolverse en el “gran tablero”. Ponen como ejemplo que Felipe González heredó un partido marxista y anti-OTAN y que, poco a poco, a medida que fue conociendo esas reglas con la inestimable ayuda del canciller socialdemócrata alemán Willy Brandt, dio un giro de ciento ochenta grados. Es decir, incorporó España a la Alianza Atlántica, renovó los acuerdos bilaterales de Franco, adaptándolos a los nuevos tiempos, y jugó en la escena internacional siguiendo las “reglas del juego”. Eso sí, de puertas adentro de España podía hacer lo que quisiera.

Algo similar espera ahora de Zapatero ese entramado de poder económico y militar que se extiende y ramifica por todo el mundo. Nada menos que el presidente del Gobierno español apoye a una OTAN liderada por Estados Unidos, que nos impliquemos más en la guerra de Afganistán, o que nos alejemos del frente populista latinoamericano, entre otras cuestiones abiertas en el “gran tablero”. Con una diferencia fundamental entre la época de González y la actual de Zapatero, que juega en contra nuestra: España ya no tiene el valor estratégico de antaño. En lo que al hemisferio occidental se refiere, en estas primeras décadas del siglo XXI, el Pentágono ha puesto sus ojos en África, en el acceso y control de los inmensos recursos energéticos y naturales del continente. Y en ese escenario, Marruecos (bases y territorio) ha pasado a ocupar el papel privilegiado que España desempeñó en plena Guerra Fría.

Por eso es importante para Washington conocer si Zapatero ha cambiado de forma de pensar a la hora de afrontar su segundo mandato. La ocasión se dará en el encuentro entre Bush y el presidente español durante la Cumbre de primavera de la OTAN en Bucarest (Rumanía) del 2 al 4 de abril. Estados Unidos lleva como tema principal a discutir con los aliados un aumento sustancial del esfuerzo militar europeo en Afganistán y acallar, al mismo tiempo, las voces dentro de la OTAN que piden la retirada de Afganistán. En el último año se ha extendido la opinión en el seno de la OTAN, compartida de forma oficiosa por altos mandos españoles, de que la guerra afgana, bajo la excusa del terrorismo yihadista, es un problema estrictamente norteamericano que encubre su estrategia global de acceso y control del petróleo, en este caso, de los ricos yacimientos de las ex repúblicas soviéticas de Asia Central.

Un Bush políticamente amortizado quiere arrancar en Bucarest el compromiso de enviar más soldados europeos a Afganistán. Significativamente, este jueves el vicepresidente norteamericano, Dick Cheney, llegaba en visita sorpresa a Kabul para analizar sobre el terreno la situación del país antes de la Cumbre de la OTAN. Durante la pasada legislatura, Zapatero fue contrario a un aumento de la presencia militar española en el país asiático, entre otras razones de peso, por el coste electoral de una medida de tal naturaleza, sobre todo después de la retirada de Irak. En el PSOE se oyen opiniones contrarias a que la nueva legislatura esté marcada por el enfrentamiento con Estados Unidos, por el desgaste que supondría en todos los ámbitos, especialmente para las empresas españolas en el exterior. Tampoco confían en que, de ganar las elecciones norteamericanas un candidato demócrata, cambien significativamente las grandes líneas de la política exterior norteamericana. Ni enfrentamiento ni sumisión al Imperio, pero Bucarest servirá de test para valorar cómo serán las relaciones de Zapatero con Estados Unidos en los próximos cuatro años.

ENRIQUE MONTÁNCHEZ es subdirector de EL IMPARCIAL

Tagged with:

El significado de la condena, de Carlo Frabetti en Rebelión

Posted in Derechos, Política by reggio on 22 marzo, 2008

Carta abierta a un amigo perplejo

Querido amigo:

Como bien sabes, tengo pocas dudas sobre tu honradez y menos aún sobre tu inteligencia, por lo que tu perplejidad e indignación ante la negativa de la izquierda abertzale a “condenar” los últimos atentados de ETA me han parecido especialmente preocupantes. Porque si la perversa lógica de la “condena” ha calado en personas como tú, me temo que estamos aún peor de lo que parecía.

No hace falta que te diga que no apoyo a ETA, no pertenezco a Batasuna y ni siquiera soy vasco, por lo que las razones que yo veo para no “condenar” los atentados del 30 de diciembre de 2006 y del pasado 7 de marzo (ni ningún otro) tal vez te ayuden a comprender las de quienes se ven afectados por el “conflicto” (es decir, por la represión) de forma mucho más directa y dolorosa que nosotros. En los últimos años he expuesto esas razones en al menos media docena de artículos (cf., por ejemplo, Condenados condenantes, www.nodo50.org/contraelimperio/rtf/125.rtf), pero, dadas las circunstancias, creo que es oportuno repetirlas una vez más.

1. Si usamos el término en su estricto sentido jurídico, solo los jueces, y solo tras un juicio justo y un veredicto de culpabilidad, pueden condenar a alguien. Si lo usamos en el sentido religioso, condenar equivale a mandar al infierno, es decir, a demonizar. Y si lo usamos en sentido figurado (como cuando se condena una puerta o una ventana), equivale a bloquear de forma definitiva, a incomunicar. No es casual que el poder intente imponernos un término cuya polisemia permite, de un solo golpe, criminalizar (sin juicio previo), demonizar (equiparar al mal absoluto) e incomunicar (negar toda posibilidad de diálogo).

2. Y aun en el caso de que fuera lícito “condenar” públicamente ciertas acciones, ¿con qué criterio habría que elegirlas? ¿No habría que “condenar” también la inconcebible negligencia de quienes hicieron explosionar la bomba de la T-4 sin antes asegurarse de que no hubiera nadie en el aparcamiento? Y hablando de negligencia, ¿no habría que “condenar” todos los días los accidentes laborales evitables, que en el Estado español duplican la media europea (sale más barato enterrar a un trabajador que pagar las medidas de seguridad que podrían salvar su vida), o los accidentes de tráfico debidos a intolerables deficiencias de la red viaria? ¿Con qué autoridad y con qué criterio nos puede decir nadie lo que debemos y no debemos condenar?

3. Pero vamos a suponer por un momento que, como decía Aznar a todas horas (y también Bono, por cierto), “el problema de España es ETA”. Olvidémonos de las pateras, la especulación inmobiliaria, el empleo precario, el paro, la violencia de género, el envío de tropas a Afganistán y a Líbano, las bases militares estadounidenses… Aunque ETA fuera realmente el único –o el mayor– problema del Estado español, para intentar solucionarlo y antes de “condenar”, ¿no habría que analizar las causas de la existencia de una organización de esas características? Somos muchos, dentro y fuera de Euskal Herria, los que pensamos que si la tortura no fuese una práctica sistemática e impune (es decir, sistémica), ETA habría muerto de inanición hace tiempo, porque lo que alimenta sus filas es, sobre todo, el odio y la desesperación que inevitablemente genera el terrorismo de Estado. Esto no justifica (ni siquiera las explica) barbaridades como la bomba de Barajas o el asesinato de Isaías Carrasco; pero sí explica el hecho de que algunos no condenen la violencia disidente cuando nadie condena la violencia institucional, infinitamente más grave. Si el carnicero que secuestró, torturó, asesinó y enterró en cal viva a Lasa y Zabala no estuviera tranquilamente en su casa escribiendo sus memorias; si Felipe González se hubiera sentado en el banquillo de los acusados por la infamia de los GAL; si Iñaki de Juana no hubiera sido condenado a catorce años de cárcel por un artículo de opinión; si no se hubiera perpetrado la aberración jurídica del 18/98; si no se pusieran (en vano) más de setecientas denuncias por torturas al año; si los presos políticos no fueran dispersados y segregados de forma inconstitucional… Si esto fuera realmente un Estado de derecho, a lo mejor la izquierda abertzale “condenaría” un atentado como el del 7 de marzo. Aunque en ese caso ya no sería necesario, porque seguramente no habría habido ningún atentado.

Tagged with:

Digo vivir, de Javier Ortiz en Apuntes del Natural

Posted in Política by reggio on 22 marzo, 2008

Día de asueto

Hoy hay un lío de ésos de que aquí sale el periódico, pero allí no, o al revés, que nunca me aclaro del todo. Sólo sé que me ha tocado escribir dos columnas para tres días, y como no es cosa de repetir una de las tres, ayer metí una y meteré otra mañana, y lo de hoy lo dejo en blanco, aprovechando para resucitar los Apuntes del Natural y hacer uno.

Hasta mañana.

Digo vivir, de Javier Ortiz en Apuntes del Natural

Llevo mes y medio (o algo así) sin escribir Apuntes del Natural y algunos amigos me preguntan cómo me sienta. «¡Tantos años haciéndolo…!», me dicen.

Y es verdad que escribí esos Apuntes a diario durante muchos años. Pero también es cierto que pasé muchos más años antes de eso sin escribirlos.

De modo que tengo costumbre de lo uno y de lo otro.

Puesto que os debo la sinceridad, al menos a algunos (y también a algunas, a las que he de citar explícitamente, porque para mí el masculino ni las abarca ni es neutro), habré de reconocer que me siento muy apacible con este parcial silencio.

Desde hace ya algún tiempo, me he distanciado del lado sentimental de la escritura. Asumo que ni yo soy capaz de expresar con la suficiente claridad lo que pienso (muy probablemente porque no lo pienso con la suficiente claridad) ni la mayor parte de la gente que me lee (supongo que como lógica consecuencia de lo anterior) es capaz de entender medianamente bien lo que quiero decir. Por lo que me cuentan –yo he dejado de leer los comentarios que suscitan mis escritos: me entristecía ojearlos y decidí dejar de hacerlo–, mis columnas siguen sin animar demasiado a la reflexión independiente y desprejuiciada. O sea, que no sirven para gran cosa. Parece que valen, eso sí, para que algunos hagan vudú con mi persona, atribuyéndome de todo, lo cual tengo entendido que es un buen modo de liberarse de los traumas propios. Quizá en ese sentido, tirando a freudiano, sí sea de alguna utilidad.

En tiempos me definí como «opinante compulsivo». Eso tenía relación con mi vieja idea, harto ingenua, de que lo importante es razonar, es decir, animar a razonar. Vas tú y dices cómo ves las cosas, para que los demás hagan lo mismo, y así tratamos de ir aclarándonos.

Valiente bobada. Según mi experiencia, es poquísimo el personal que reflexiona sobre lo que le rodea con el deseo de entender. Lo único que pretende es justificarse, y con eso va que chuta.

Bah, qué más da. De momento, me limito a hacer la cuenta atrás, viendo cómo se acerca, despacio pero gozoso, el día de mi jubilación.

No aspiro a más. Así que llegue, escribiré cuando me apetezca, y para mí mismo. No me hará falta ni publicarlo. ¿Para qué? Es antiecológico. ¡Se ha puesto tan cara la tinta invisible!

Homenajearé una vez más en silencio a mi buen maestro Blas: «Porque escribir es viento fugitivo / y publicar, columna arrinconada / digo vivir, vivir, como si nada / hubiera de quedar de lo que escribo».

Tagged with:
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.