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Un tímido principio, de Santiago González en El Mundo

Posted in Política by reggio on 21 Marzo, 2008

A CONTRAPELO

Zapatero cuadra en su cuartel vacacional de Doñana el sudoku para los próximos cuatro años. Tiene que cumplir con Bono, con algunas contraprestaciones a los nacionalismos catalán y vasco, en los que quiere apoyarse durante la legislatura que viene, sin que esto suponga agravio para el PSC y el PSE, especialmente para el primero. Al mismo tiempo, se siente obligado a cuadrar con muy pocas sillas mucha demanda de asientos: los nacionalismos supervivientes del 9-M, por supuesto, pero también su compromiso con la paridad y con sus barones autonómicos.

Por si lo antedicho fuese poco, el cambio de ciclo económico, que ya describió el Antiguo Testamento con la gran metáfora de las vacas flacas tras las gordas, le aconseja cambiar el clima de enfrentamiento que venía manteniendo con el Partido Popular en todas las materias de gobierno.

La primera valoración de Zapatero en la noche electoral parece confirmada por algunos pasos significativos. Daba cuenta ayer La Vanguardia del tímido deshielo que se apunta entre los dos grandes partidos en torno al Poder Judicial. Es un paso grande para el PSOE y el PP, aunque todavía insuficiente para la democracia española. No es asunto menor que el candidato a presidente haya encargado la misión negociadora al ministro de Defensa en funciones. José Antonio Alonso ha sido, en una legislatura como la venturosamente superada, un hombre razonable, poco dado a escándalos o declaraciones altisonantes en una trayectoria profesional marcada por una gestión más que aceptable en los dos ministerios que le han sido confiados.

Sí es significativo que Zapatero haya encargado esta tarea al discreto Alonso en lugar de encomendársela a Mariano Fernández Bermejo, titular en funciones de la cartera a la que afecta la materia. ¿Quiere esto decir que a Bermejo le huele la cabeza a pólvora? Muy probablemente. Zapatero, una vez superada la sesión de investidura, no podría mantenerlo en el Gobierno, salvo al precio de incurrir en una grave contradicción consigo mismo.

Dicho de otra manera: si la voluntad de abrir un tiempo nuevo le ha llevado a prescindir de Bermejo, ¿por qué razón lo nombró hace 13 meses? Su sectarismo no es una cualidad sobrevenida al cargo, aunque la incompetencia mostrada en la gestión de la huelga del personal de Justicia no era presumible. Ni de lejos parece el hombre idóneo para muñir acuerdos de Estado con el partido de la oposición.

¿Quiere esto decir que estamos en puertas de resolver los grandes problemas que la Justicia tiene planteados en España? Sería una presunción aventurada. Está pendiente la renovación del Tribunal Constitucional hasta tanto no sustancie el actualmente existente los recursos planteados al Estatuto catalán. El PP quiere que este asunto se resuelva con la composición actual, de mayoría conservadora. Queda por resolver el gran problema de la Justicia española en este tiempo: la adscripción partidaria de los jueces. Es decir, la amenaza permanente sobre la independencia del Poder Judicial, que tuvo su expresión más vistosa en la regañina de la vicepresidenta del Gobierno a la presidenta del Tribunal Constitucional durante el desfile militar del 12 de octubre de 2007.

Resta mucho trecho y más materias, pero la música parece nueva. Ya sólo falta entonar la misma partitura en la lucha contra el terrorismo, política exterior, financiación autonómica (otro sudoku) y afrontar el impostergable pacto educativo. Y la batuta la tiene el presidente electo. Se la confiaron los españoles hace escasamente dos semanas.

© Mundinteractivos, S.A.

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