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Las dos recetas frente a la crisis, de Primo González en Estrella Digital

Publicado en Economía by reggio en Marzo 20th, 2008

Hace ya algunos meses que se viene poniendo en comparación la estrategia monetaria que siguen los dos bancos centrales más importantes del mundo, es decir, la Reserva Federal norteamericana por un lado y el Banco Central Europeo (BCE) por el otro. El primero baja tipos porque está preocupado con la debilidad del crecimiento económico, aunque últimamente sus preocupaciones se han extendido también, y con no menor intensidad, a los riesgos de inflación. En la orilla opuesta, el BCE está preocupado por la aceleración de los precios, aunque cada vez observa con mayor inquietud la creciente paralización de la economía. El primero está bajando tipos a toda velocidad y acaba de ponerlos en el 2,25%. El segundo se resiste a tocar sus tasas de interés que se mantienen en el 4%. ¿Quién lo está haciendo mejor?

Esta discrepancia no es además del todo inocente, ya que los diferenciales de tipos de interés, al abrirse de forma tan acusada y repentina en los últimos meses (hay que recordar que la Reserva Federal los tenía en el 5,25% hace seis meses), generan serios problemas de agravios comparativos que toman su vehículo predilecto por la vía de los tipos de cambio. Es por eso por lo que principalmente el dólar se está hundiendo y el euro vale tan caro. Y de ello se derivan consecuencias muy importantes que explican, por ejemplo, por qué el petróleo aumenta de precio tan deprisa o por qué los productos europeos son cada vez menos competitivos en el exterior, generando con ello crecientes dificultades a los exportadores, es decir, a la industria y, al final, al empleo.

Son, en todo caso, dos recetas diferentes e incluso diametralmente opuestas en una situación en la que el riesgo principal que está ganando peso es el de la denominada estanflación, es decir, la inflación sin crecimiento. Las economías tuteladas por ambos bancos centrales no están creciendo mucho últimamente y, sobre todo, muestran una tendencia aparentemente imparable hacia la creciente debilidad. Incluso hacia el frenazo puro y duro. Incluso algunos hablan de recesión cada vez más próxima en el caso de Estados Unidos. Se ha acuñado la palabra recesión para definir la situación de aquella economía cuyo PIB desciende por dos trimestres consecutivos, algo que lógicamente está todavía lejos de definir la situación actual de las dos grandes economías del mundo, la de Estados Unidos y la de las Unión Monetaria, aunque en el caso de la norteamericana hay muchos que dicen que está más cerca de lo que pudiera parecer. Hay también bastante gente, alguna de mucho peso, que opina lo contrario. Lo que nadie niega es que las economías van a peor, es decir, a menor crecimiento y a mayor dificultad para generar empleo y prosperidad.

La creciente diferencia de tipos de interés entre Estados Unidos y la Unión Monetaria puede abrir un abismo económico importante entre ambas partes, ya que Europa, con una divisa tan fuerte, tiene indudablemente una barrera frente a la inflación, pero asusta pensar lo que sucedería con los precios si no fuera por esa apreciación constante del tipo de cambio frente al dólar. Claro que si el dólar no estuviera tan débil es posible que los precios del petróleo no habrían sobrepasado la barrera de los 100 dólares por barril como han hecho. Todo ello induce a la conclusión fácil de que la estabilidad de las divisas es un asunto bastante más importante y necesario de lo que a veces se diagnostica.

En la medida en que las diferencias de las divisas han estado reflejando en los últimos meses las diferentes estrategias monetarias aplicadas por los dos bancos centrales (aunque a la postre no sea ese el único asunto que explica las oscilaciones en los tipos de cambio), podría parecer sencillo recomendar que ambos bancos centrales se pongan de acuerdo y desarrollen unas políticas monetarias coordinadas y más homogéneas. Da la impresión de que en esto de los tipos de interés se están aplicando los principios de la puñalada de pícaro, a ver quien logra engañar antes y mejor al adversario o al colega. No se entiende muy bien qué papel juegan los organismos supranacionales como el FMI, la OCDE o el mismo G-8, en donde todos los responsables de estos países se reúnen quizás para hablar de cosas en común. A la vista de los hechos, cabe sospechar que tales reuniones distan mucho de ser útiles. El mundo occidental, y el G-8 sería el escenario quizás idóneo, tendría que organizar una estrategia común para casos de gestión macroeconómica y monetaria como el que se nos está presentando y a punto de estallar bajo nuestros pies.

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