Farmers contra hunters, de Carlos Hernanz en El Confidencial
Es tiempo de cuidar la siembra. Ahora que el dinero ya no llueve del cielo, la industria del capital riesgo ha plegado las velas de sus hiperactivos fondos de inversión. El signo actual de los mercados financieros, con una crísis de liquidez y de confianza en el sistema como en años, ha cortado de raíz la infinita capacidad de endeudamiento de la que habían gozado durante el último lustro todos los agentes del mundo del private equity, desde grandes a pequeños. También a ellos les toca cambiar el paso.
Es tiempo de farmers. O sea, de granjeros. “Digamos que el cambio de ciclo en el sistema financiero nos ha obligado a permanecer en letargo. Estamos mucho menos activos”, reconoce el managing director de una firma internacional afincada en Madrid. “Aunque también en tiempos de crisis es ocasión de comprar con descuentos, la realidad es que la mayoría nos hemos quitado la chaqueta de financieros para ponernos la de empresario o gestor. Y toca remangarse”.
Es tiempo de hacer empresa. Más que nunca, el manual básico de comprar con un alto apalancamiento (80% deuda/20% capital), vender activos para hacer caja y endeudar la compañía comprada para recapitalizar la inversión ha quedado inservible. Los agresivos hunters del capital riesgo están obligados, en este eventual periodo de inactividad, a mirar hacía sus participadas y volcarse más que nunca en su gestión, dado que los meros ejercicios financieros no servirán para poner en valor su inversión.
Y no es una cuestión baladí. Dado que muchas de las más recientes e importantes transacciones de los últimos tiempos, tanto en la Península como más allá, se efectuaron pagando múltiplos hasta once y doce veces ebitda, resulta imprescindible que en un entorno de tipos de interés más caros la generación de caja de las compañías compradas permita seguir pagando la deuda. Sin embargo, en economías con signos de agotamiento como la española, cuando no recesión, estas expectativas pueden venirse abajo.
La señal de alarma se ha encendido para las firmas de capital riesgo con intereses en compañías pertenecientes a segmentos como el consumo, la distribución, los servicios auxiliares, la construcción… “El alto grado de exigencia autofijado, que nos obliga a obtener retornos superiores al 20%, puede verse fácilmente tocado”, explica el socio de otra casa paneuropea. “Es verdad que los meses de operaciones millonarias no se repetirán en algún tiempo. Ahora los ejecutivos cazadores no están en valor”.
El crédito se agotó tras el estallido de la crisis subprime. Las habituales megaoperaciones han desaparecido. Desde hace casi un año no se cruza ninguna operación de más de 5.000 millones de euros. En el mercado español, sin ir más lejos, será difícil ver una transacción de 1.500 millones como la realizada por Carlyle para quedarse con Applus. El mérito estará ahora hacer que la crisis no termine afectando a los trajes de Cortefiel, la masa de Telepizza y la noria del parque de atracciones. Es tiempo para los farmers.