Gracias, ilustrísimos obispos; gracias, señora Aguirre; gracias, señor Llamazares. Firmado: ZP, de Carlos Sánchez en El Confidencial
Gracias, ilustrísimos obispos y cardenales por haber hecho tanto por nosotros con sus pastorales; gracias, señores locutores y tertulianos por hacer amigos cada mañana para nuestra causa; gracias, señor Alcaraz por su impagable contribución a nuestro triunfo electoral; gracias, señora Aguirre por apartar de la campaña a Gallardón y dejar el camino despejado; gracias, señores Zaplana y Acebes por estar ahí. Pero, sobre todo, gracias a Gaspar Llamazares por haber hecho el trabajo sucio y no pedir nada a cambio, ni siquiera un cambio de la Ley Electoral o un mísero Ministerio.
Firmado José Luis Rodríguez Zapatero.
No hace falta ser un lince en ciencia política para llegar a la conclusión de que el triunfo electoral del Partido Socialista -de forma holgada y sin paliativos- tiene una primera explicación. Su estrategia, encaminada a aislar socialmente al Partido Popular hasta hacerlo parecer ante sus posibles electores como un partido radical y de ‘derecha extrema’ -la célebre expresión de Zapatero-, le ha dado unos magníficos resultados. Zapatero ha logrado movilizar el voto anti-PP como nunca antes lo había hecho ningún otro dirigente socialista. Ahí está su victoria. En haber sido capaz de convencer a muchos votantes de la izquierda -entre 500.000 y 750.000- de que el regreso del PP a la Moncloa era la vuelta a los tiempos -no demasiado lejanos- en que el jefe del Estado caminaba bajo palio del brazo de los obispos.
Trasvase de votos
La segunda explicación de la victoria socialista tiene que ver con el hecho de que Zapatero ha sabido gobernar durante los últimos cuatro años con unos y con otros. Unas veces con IU, otras con el PNV, otras con ERC y en ocasiones con CiU, lo que le ha convertido a los ojos de los afiliados y simpatizantes de esas formaciones en un partido con escaso rechazo. Algo que ha hecho posible (y hasta ha favorecido) el trasvase de votos. Muy al contrario, el Partido Popular se enrocó en la pasada legislatura sobre sí mismo. En lugar de abrirse hacia otras fuerzas -que con el tiempo hubiera podido fagocitar como ha hecho el PSOE con IU y ERC- se dedicó a aislarse cada vez más. Esta estrategia suicida explica el fuerte rechazo que tiene Mariano Rajoy entre millones de ciudadanos, algo verdaderamente inexplicable teniendo en cuenta que se trata de un partido con casi 10 millones de votos, y que ya ha gobernado durante ochos años (la segunda por mayoría absoluta).
El PP ha caído en su propio error estratégico, y lejos de ampliar la base de su potencial electorado ha optado por meterse en su propio corralito -por muy grande que sea-, despreciando un segmento del electorado -el más moderado y laico- que le hubiera podido ser muy útil para tener mejores resultados. Episodios como los del alcalde de Madrid o el de Josep Piqué deberían hacer pensar a sus dirigentes sobre lo dañino de determinados comportamientos de algunos de sus dirigentes: léase Esperanza Aguirre.
Votos e impuestos
La tercera explicación tiene que ver con que el PSOE ha sabido mejor leer que el Partido Popular la cultura política de muchos españoles, que asignan al Estado un determinado papel en la redistribución de la renta y la riqueza, ya sea mediante subvenciones o un sistema fiscal potente. El PP, por el contrario, y ahí está esa eminencia que es Manuel Pizarro, se ha empeñado en vender la rebaja de impuestos como el bálsamo de fierabrás que todo lo cura. La propuesta es la más adecuada para ganar el voto de las clases medias y los sectores profesionales, pero olvida que en España votan 35 millones de ciudadanos, muchos de ellos con rentas muy bajas, y que necesitan al Estado para seguir tirando, por lo que favorecer un desmantelamiento del sistema fiscal va contra sus intereses. El PSOE también está por la labor de bajar impuestos, pero ha tenido la ‘habilidad’ de presentar una rebaja del IRPF como una subvención en forma de 400 euros.
La cuarta explicación tiene que ver con un componente más emocional y cultural que político. La guerra civil sigue ahí para muchos españoles, setenta años después. Y el PP, para amplias capas sociales, sigue siendo el partido heredero del franquismo. Por eso, lo que ha hecho el PSOE en estos cuatro años es agitar ese fantasma sin que el PP haya sido capaz de contrarrestar esa ofensiva. No es casualidad que la Ley de la Memoria Histórica viera la luz al final de la legislatura, lo que ha encendido la mecha de las dos españas.
Y si a todo esto se añade que la economía ha crecido por encima del 3% durante toda la legislatura, no es de extrañar que el PSOE haya revalidado su mayoría. Si algo han demostrado estas elecciones es que al PP no le basta con sus propios votos para llegar a la Moncloa, sino que tiene que pescar en otros calderos. Por eso, ha perdido. Y por eso, el PSOE ha ganado. Así de fácil.