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El mito de Sísifo, de Ricard Zapata-Barrero en La Vanguardia

Publicado en Derechos, Política by reggio en Marzo 6th, 2008

DEBATE: La inmigración

Vistos los claros objetivos electoralistas que animan el debate sobre la inmigración, donde prevalece más el supuesto interés del ciudadano frente al interés del inmigrante, donde todo se mide en términos de efectos negativos sobre nuestro bienestar personal y autointeresado, donde no importan los derechos humanos, sino los supuestos peligros en términos de seguridad y de mantenimiento de una supuesta identidad nacional histórica, los que trabajamos el tema desde el punto de vista constructivo, los que trabajan diariamente en los barrios y ciudades a través de las ONG, las asociaciones de inmigrantes y otros colectivos, la sensación general de tener que incorporar estos discursos que tienen como objetivo arrancar el voto al ciudadano desinformado presa de una sociedad materialista es casi unánime.

Estos discursos de la seguridad y de la identidad retrógrada no solucionan nada, sino que forman parte del problema que resolver. Estamos en pleno escenario de Sísifo de la mitología griega. Según algunos, había revelado los designios de los dioses a los mortales; según otros, no quería morir y nunca moriría a cambio de un alto precio: en el infierno Sísifo fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo. ¡Así hasta la eternidad! Esta imagen de castigo fue usada por Camus como metáfora existencialista del esfuerzo inútil de la persona contemporánea.

Cada discurso electoralista que estigmatiza al inmigrante, que sólo revela todo aquello que nos incomoda, simboliza una caída de la piedra y una vuelta a empezar. Por hacer referencia a las inoportunas declaraciones del señor Cañete hace unos días, el estar sentado en un bar cómodamente, y pedir un café y que no nos entiendan molesta al común ciudadano acomodado, sin plantearse cómo esta persona ha llegado aquí, sus problemas y dificultades diarias de vida. Esta situación es una imagen directa de nuestra sociedad hipócrita, que vive de la inmigración, pero no quiere que le altere su cotidianidad.

Debemos plantearnos cómo romper este castigo divino de Sísifo. La concesión de derechos políticos a los que tengan residencia permanente (cinco años de estancia ininterrumpida) es el primer paso para ser más los que votan y los que puedan decir no a este espectáculo populista que deshumaniza la vida pública. Al final deberá ser el voto inmigrante el que introduzca humanidad al discurso político.

RICARD ZAPATA-BARRERO, profesor titular de Teoría Política, UPF. ricard.zapata@upf.edu

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